de Rojas Zorrilla | Nuestra señora de Atocha | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 331, 162 Seiten

Reihe: Teatro

de Rojas Zorrilla Nuestra señora de Atocha


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9816-987-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 331, 162 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9816-987-4
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La reconquista de Madrid en 1083 por Alfonso VI, fue atribuida a la intercesión de Nuestra señora de Atocha. Atocha: es una palabra mozárabe que proviene de la voz prerromana taucia cuyo signicado es mata, matorral. Según las crónicas la Virgen de Atocha fue visitada por los reyes: Alfonso VII, Alfonso IX, Sancho IV el Bravo, Enrique II, Enrique III, Enrique IV, Juan I, Juan II de Castilla y los Reyes Católicos, quienes en 1478 confirmaron las fundaciones hechas a favor del santuario por Enrique IV en 1455. En Nuestra señora de Atocha Francisco de Rojas Zorrilla muestra los conflictos entre musulmanes y cristianos, inspirados los últimos por una devoción profunda por la virgen de Atocha.

Francisco de Rojas Zorrilla (Toledo, 1607-Madrid, 1648). España. Hijo de un militar toledano de origen judío, nació el 4 de octubre de 1607. Estudió en Salamanca y luego se trasladó a Madrid, donde vivió el resto de su vida. Fue uno de los poetas preferidos de la corte de Felipe IV. En 1645 obtuvo, por intervención del rey, el hábito de Santiago. Empezó a escribir en 1632, junto a Pérez Montalbán y Calderón de la Barca, la tragedia El monstruo de la fortuna. Más tarde colaboró también con Vélez de Guevara, Mira de Amescua y otros autores. Felipe IV protegió a Rojas y pronto las comedias de éste fueron a palacio; su sátira contra sus colegas fue tan dura al parecer que alguno de los ofendidos o algún matón a sueldo le dio varias cuchilladas que casi lo matan. En 1640, y para el estreno de un nuevo teatro construido con todo lujo, compuso por encargo la comedia Los bandos de Verona. El monarca, satisfecho con el dramaturgo, se empeñó en concederle el hábito de Santiago: las primeras informaciones no probaron ni su hidalguía ni su limpieza de sangre, antes bien, la empañaron; pero una segunda investigación que tuvo por escribano a Quevedo, mereció el placer y fue confirmado en el hábito (1643). En 1644, desolado el monarca por la muerte de su esposa Isabel de Borbón y poco más tarde por la de su hijo, ordenó clausurar los tablados, que no se abrirán ya en vida de Rojas Zorrilla, muerto en Madrid el 23 de enero de 1648.
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Jornada segunda


(Salen Rosa, Limonada y moros.)

RosaEse cautivo cristiano

conmigo llegue el primero,

y quedaos todos, que quiero

recibir sola a mi hermano;

y aquel monte a trechos hueco

del Manzanares confín,

la lición de su clarín

haga repetir al eco.

LimonadaYa el su rey Celín ahora

por uno y otro sendero

llega a hablar el primero.

Rosa¿Vesle venir?

Limonada Sí, Señora.

Rosa¡Ah Celín, ardiente rayo

que el África congeló!

LimonadaCuido que no te escochó.

RosaEmulación de Pelayo.

LimonadaNo te oyó.

Rosa Llámale, y toma

las señas de su valor.

¿Azote de Alá?

Limonada ¿Ha el Señor

discípulo de Mahoma?

RosaEl que da voz a la fama.

LimonadaQue da a Castilla pavor.

RosaPrimer padre del valor,

hijo del Sol.

(Sale Celín.)

Celín ¿Quién me llama?

RosaTu hermana es quien te llamó.

CelínYa tu acento he conocido.

Rosa¿Vienes bueno?

Celín Sí.

Rosa ¿Has vencido?

Celín¿Cuándo no he vencido yo?

RosaSaber el triunfo quisiera.

CelínY mi fortuna verás.

RosaHabla, no te tardes más.

¿Cómo fue?

Celín Desta manera:

salí con negros pendones...

RosaEso, Celín, ya lo sé.

CelínA sangre y fuego llevé

veinte y cuatro poblaciones.

RosaEs tu valor inhumano.

CelínNo reservó vigilante,

ni mi piedad al infante,

ni mi templanza al anciano.

RosaTu coraje y saña impía

aún más que tu acero ha obrado.

CelínVeinte templos he saqueado

de la imagen de María.

RosaGracias me doy, pues que llego

a escuchar tu ira ardiente.

CelínY esa que es tan fría fuente,

dejé abrasada de fuego.

RosaAlá permite que fueses

rayo de su mano airada.

CelínHice hoz sangrienta mi espada

de las flores y las mieses.

RosaAsí a mi crueldad enseñas.

CelínNo reservó mi cuchillo

al humilde corderillo

que balaba entre las peñas.

RosaHalle el cristiano escarmiento

en ti, que rendirle sabes.

CelínCon el polvo ahogué las aves

que eran población del viento.

RosaSea indicio tu osadía

del fuego que en ti se ve.

CelínCon el humo dél tizné

la rubia tela del día.

RosaDeste triunfo hagan memoria

mármoles insensitivos.

¿Qué traes?

Celín Cuatro mil cautivos.

Rosa¿Qué más?

Celín Aquesta es mi historia.

RosaPues ya, valiente Celín,

que al son de tus parches tiemblan

los oídos de aquel monte,

refiriendo el golpe en quejas

oye la más infeliz

fortuna, la más adversa

pasión que el ánimo mío

dispensar pudo a la lengua;

ya sabes que don García

de Vargas, en esa tela

de quien el príncipe Mayo

cortó a las flores libreas,

dio la muerte a Aben-Jucef,

nuestro hermano; ¡el cielo quiera

que acierte a justar la ira

la venganza con la ofensa!

ya te acuerdas que quedó

de mi arbitrio en la cadena

prisionero don Fernando

de Luján; pues porque sepas

cuando es grande la desdicha

cuánto la desdicha cuesta,

sabrás, que al ver su valor,

al admirar su presencia,

o por astro, si es verdad

que inclinar saben estrellas,

quise bien a don Fernando,

permíteme la indecencia

de decir mi voluntad,

siempre en mi dolor secreta;

que es fuerza, cuando el doliente

de achaques de amor enferma,

para sanar del remedio

quejarse de la dolencia;

dile señas de mi amor

con los ojos, de quien eran

desperdiciadas palabras

lágrimas que el fuego seca

mas como el odio es tan rudo

que nunca entiende por señas,

me aproveché de la voz,

tan tarda en obrar mi lengua,

que le vendí por recato

lo que era sólo vergüenza

oyome, y dijo que amaba;

pregunté a su amor quién era

el sugeto de sus ojos;

enmudeció a la respuesta,

y viendo en su voluntad

tan seguras resistencias,

me obligué de que el silencio

su llama oculte secreta,

que una voluntad que es noble

más del secreto se prenda;

y en fin, a los cortos plazos

de un ruego me dijo que era

Leonor el feliz dueño,

bien que el mérito no tenga

de su voluntad, y entonces

a mi rostro, que antes era

como tímido de nieve,

le pintó sin diligencia

al temple de sus palabras

mil colores la modestia;

agradecí el desengaño

con amorosa cautela,

que tal vez es menester,

cuando amor no se remedia,

agradecer los desdenes

como si fueran finezas;

y sabiendo que García

de Fernando en el ausencia

pudiera lograr favores

de Leonor, sabiendo que era

de sus luces o sus rayos

diligente competencia,

viendo imposibles de alivio

los dolores de mi pena,

quise más que don Fernando

(sabe amor lo que me cuesta)

fuese a lograrse en sus brazos,

que permitir que merezca

el que dio muerte a mi hermano

su hermosura y su belleza;

y dejando este retrato

en rehenes de dar vuelta

a la prisión, permití...

(Dale el retrato.)

CelínDetente.

Rosa Que fuese...

Celín Espera.

¿Es de Leonor esta copia?

RosaEsta es su hermosura mesma,

de artífice temporal

lisonjeada belleza.

Celín¿Y no ha vuelto don Fernando?

RosaNo ha vuelto.

Celín ¿Pues cómo deja

de aquel libre original

tan divina copia presa?

RosaOye, y te diré por qué.

CelínProsigue, y dime qué intentas.

RosaLa mayor industria...

Celín Dila.

RosaDe que fue capaz la idea.

Celín¿Para hacer que venga?

Rosa Sí,

y porque a mis iras muera.

Celín¿Cómo ha de ser?

Rosa Desta suerte.

CelínYa tengo la ira atenta.

RosaFernando, como te he dicho,

no quiso volver, o sea

porque cobrar una copia

es ociosa diligencia,

o sea porque Leonor

no le permite que venga

a rescatar la pintada

pues goza la verdadera;

o sea porque no debe

cumplir su palabra...



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