E-Book, Spanisch, Band 331, 162 Seiten
Reihe: Teatro
de Rojas Zorrilla Nuestra señora de Atocha
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9816-987-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 331, 162 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9816-987-4
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Francisco de Rojas Zorrilla (Toledo, 1607-Madrid, 1648). España. Hijo de un militar toledano de origen judío, nació el 4 de octubre de 1607. Estudió en Salamanca y luego se trasladó a Madrid, donde vivió el resto de su vida. Fue uno de los poetas preferidos de la corte de Felipe IV. En 1645 obtuvo, por intervención del rey, el hábito de Santiago. Empezó a escribir en 1632, junto a Pérez Montalbán y Calderón de la Barca, la tragedia El monstruo de la fortuna. Más tarde colaboró también con Vélez de Guevara, Mira de Amescua y otros autores. Felipe IV protegió a Rojas y pronto las comedias de éste fueron a palacio; su sátira contra sus colegas fue tan dura al parecer que alguno de los ofendidos o algún matón a sueldo le dio varias cuchilladas que casi lo matan. En 1640, y para el estreno de un nuevo teatro construido con todo lujo, compuso por encargo la comedia Los bandos de Verona. El monarca, satisfecho con el dramaturgo, se empeñó en concederle el hábito de Santiago: las primeras informaciones no probaron ni su hidalguía ni su limpieza de sangre, antes bien, la empañaron; pero una segunda investigación que tuvo por escribano a Quevedo, mereció el placer y fue confirmado en el hábito (1643). En 1644, desolado el monarca por la muerte de su esposa Isabel de Borbón y poco más tarde por la de su hijo, ordenó clausurar los tablados, que no se abrirán ya en vida de Rojas Zorrilla, muerto en Madrid el 23 de enero de 1648.
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Jornada segunda
(Salen Rosa, Limonada y moros.)
RosaEse cautivo cristiano
conmigo llegue el primero,
y quedaos todos, que quiero
recibir sola a mi hermano;
y aquel monte a trechos hueco
del Manzanares confín,
la lición de su clarín
haga repetir al eco.
LimonadaYa el su rey Celín ahora
por uno y otro sendero
llega a hablar el primero.
Rosa¿Vesle venir?
Limonada Sí, Señora.
Rosa¡Ah Celín, ardiente rayo
que el África congeló!
LimonadaCuido que no te escochó.
RosaEmulación de Pelayo.
LimonadaNo te oyó.
Rosa Llámale, y toma
las señas de su valor.
¿Azote de Alá?
Limonada ¿Ha el Señor
discípulo de Mahoma?
RosaEl que da voz a la fama.
LimonadaQue da a Castilla pavor.
RosaPrimer padre del valor,
hijo del Sol.
(Sale Celín.)
Celín ¿Quién me llama?
RosaTu hermana es quien te llamó.
CelínYa tu acento he conocido.
Rosa¿Vienes bueno?
Celín Sí.
Rosa ¿Has vencido?
Celín¿Cuándo no he vencido yo?
RosaSaber el triunfo quisiera.
CelínY mi fortuna verás.
RosaHabla, no te tardes más.
¿Cómo fue?
Celín Desta manera:
salí con negros pendones...
RosaEso, Celín, ya lo sé.
CelínA sangre y fuego llevé
veinte y cuatro poblaciones.
RosaEs tu valor inhumano.
CelínNo reservó vigilante,
ni mi piedad al infante,
ni mi templanza al anciano.
RosaTu coraje y saña impía
aún más que tu acero ha obrado.
CelínVeinte templos he saqueado
de la imagen de María.
RosaGracias me doy, pues que llego
a escuchar tu ira ardiente.
CelínY esa que es tan fría fuente,
dejé abrasada de fuego.
RosaAlá permite que fueses
rayo de su mano airada.
CelínHice hoz sangrienta mi espada
de las flores y las mieses.
RosaAsí a mi crueldad enseñas.
CelínNo reservó mi cuchillo
al humilde corderillo
que balaba entre las peñas.
RosaHalle el cristiano escarmiento
en ti, que rendirle sabes.
CelínCon el polvo ahogué las aves
que eran población del viento.
RosaSea indicio tu osadía
del fuego que en ti se ve.
CelínCon el humo dél tizné
la rubia tela del día.
RosaDeste triunfo hagan memoria
mármoles insensitivos.
¿Qué traes?
Celín Cuatro mil cautivos.
Rosa¿Qué más?
Celín Aquesta es mi historia.
RosaPues ya, valiente Celín,
que al son de tus parches tiemblan
los oídos de aquel monte,
refiriendo el golpe en quejas
oye la más infeliz
fortuna, la más adversa
pasión que el ánimo mío
dispensar pudo a la lengua;
ya sabes que don García
de Vargas, en esa tela
de quien el príncipe Mayo
cortó a las flores libreas,
dio la muerte a Aben-Jucef,
nuestro hermano; ¡el cielo quiera
que acierte a justar la ira
la venganza con la ofensa!
ya te acuerdas que quedó
de mi arbitrio en la cadena
prisionero don Fernando
de Luján; pues porque sepas
cuando es grande la desdicha
cuánto la desdicha cuesta,
sabrás, que al ver su valor,
al admirar su presencia,
o por astro, si es verdad
que inclinar saben estrellas,
quise bien a don Fernando,
permíteme la indecencia
de decir mi voluntad,
siempre en mi dolor secreta;
que es fuerza, cuando el doliente
de achaques de amor enferma,
para sanar del remedio
quejarse de la dolencia;
dile señas de mi amor
con los ojos, de quien eran
desperdiciadas palabras
lágrimas que el fuego seca
mas como el odio es tan rudo
que nunca entiende por señas,
me aproveché de la voz,
tan tarda en obrar mi lengua,
que le vendí por recato
lo que era sólo vergüenza
oyome, y dijo que amaba;
pregunté a su amor quién era
el sugeto de sus ojos;
enmudeció a la respuesta,
y viendo en su voluntad
tan seguras resistencias,
me obligué de que el silencio
su llama oculte secreta,
que una voluntad que es noble
más del secreto se prenda;
y en fin, a los cortos plazos
de un ruego me dijo que era
Leonor el feliz dueño,
bien que el mérito no tenga
de su voluntad, y entonces
a mi rostro, que antes era
como tímido de nieve,
le pintó sin diligencia
al temple de sus palabras
mil colores la modestia;
agradecí el desengaño
con amorosa cautela,
que tal vez es menester,
cuando amor no se remedia,
agradecer los desdenes
como si fueran finezas;
y sabiendo que García
de Fernando en el ausencia
pudiera lograr favores
de Leonor, sabiendo que era
de sus luces o sus rayos
diligente competencia,
viendo imposibles de alivio
los dolores de mi pena,
quise más que don Fernando
(sabe amor lo que me cuesta)
fuese a lograrse en sus brazos,
que permitir que merezca
el que dio muerte a mi hermano
su hermosura y su belleza;
y dejando este retrato
en rehenes de dar vuelta
a la prisión, permití...
(Dale el retrato.)
CelínDetente.
Rosa Que fuese...
Celín Espera.
¿Es de Leonor esta copia?
RosaEsta es su hermosura mesma,
de artífice temporal
lisonjeada belleza.
Celín¿Y no ha vuelto don Fernando?
RosaNo ha vuelto.
Celín ¿Pues cómo deja
de aquel libre original
tan divina copia presa?
RosaOye, y te diré por qué.
CelínProsigue, y dime qué intentas.
RosaLa mayor industria...
Celín Dila.
RosaDe que fue capaz la idea.
Celín¿Para hacer que venga?
Rosa Sí,
y porque a mis iras muera.
Celín¿Cómo ha de ser?
Rosa Desta suerte.
CelínYa tengo la ira atenta.
RosaFernando, como te he dicho,
no quiso volver, o sea
porque cobrar una copia
es ociosa diligencia,
o sea porque Leonor
no le permite que venga
a rescatar la pintada
pues goza la verdadera;
o sea porque no debe
cumplir su palabra...




