Mira De Amescua / Williamson | El arpa de David | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 183, 154 Seiten

Reihe: Teatro

Mira De Amescua / Williamson El arpa de David


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-555-0
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 183, 154 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-555-0
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El arpa de David es una de las comedias religiosas del dramaturgo Antonio Mira de Amescua. La trama se articula en torno al episodio bíblico de David, joven pastor que cura al rey Saúl de su enfermedad y salva al reino con la matanza de un enorme gigante. No hay dudas acerca de la autoría de El arpa de David, pero sí las hay acerca de su datación: a partir del estudio métrico, se cree que se trata de unas de las primeras obras del autor y que fue escrita entre 1610 y 1613.

Antonio Mira de Amescua (Guadix, Granada, c. 1574-1644). España. De familia noble, estudió teología en Guadix y Granada, mezclando su sacerdocio con su dedicación a la literatura. Estuvo en Nápoles al servicio del conde de Lemos y luego vivió en Madrid, donde participó en justas poéticas y fiestas cortesanas.
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Jornada primera


(Salen Jonatás, Saúl y Joab.)

Saúl Dios de Israel, Dios eterno,

basten las desdichas mías;

no me den melancolías,

espíritus del infierno.

Si vuestra gente gobierno

con alguna inobediencia,

moderad, Dios, la sentencia

de la pena con que vivo

porque en mal tan excesivo

no basta humana paciencia.

Y vosotros que estáis viendo

el monte que traigo encima,

¿cómo, decid, no os lastima

el ver que estoy padeciendo?

En vivo fuego me enciendo;

en tristezas me consumo;

de mi tormento presumo

que según me martiriza,

hecho mi cuerpo ceniza,

resolverá el alma en humo.

Jonatás Padre, rey y señor mío,

de tu continua tristeza

nace este mal.

Saúl Mi flaqueza

es región del aire frío.

Del corazón, el estío

sombra oscura es. Esta casa,

y el alma en ella, se abrasa

y un mar de tristezas bebe.

¡Ay de mí! ¡En qué tiempo breve

la gloria del mundo pasa!

¿Veis armados escuadrones

de espíritus infernales

que en los orbes celestiales

beben furiosos dragones?

JonatásMelancólicas pasiones

tienen tu seso turbado.

Saúl¿No miras el cielo airado,

rojo su color azul?

Joab¡Ah mísero rey Saúl,

cómo estás endemoniado!

Saúl ¡Detente, muerte, detente!

¿Ay rey acometes? —Sí.

—Pues, ¿qué pretendes de mí?

—El alma está inobediente.

—Triunfa agora de la gente.

—No quiero. —¡Pues, ¿qué procuras?

—Tu victoria. —¿Y me aseguras

del vencimiento? —Pues, ¿no

venceréte al fin? —¿Quién? —Yo.

Jonatás¡Qué tristezas!

Joab ¡Qué locuras!

Saúl ¡Salid, demonios, de aquí!

¡Salid, tigres! ¡Salid fuera

de mi casa!

Joab Así saliera

lo que está dentro de ti.

Saúl¿Cómo os apartáis de mí?

Volved, espíritus tristes.

Demonios, ¿a qué volvistes?

Morir tenéis a mis manos,

espíritus inhumanos

desde el día que caístes.

Jonatás Sosiega, por vida mía.

Toma, rey, algún consuelo

que no te ha de dar el cielo

eterna melancolía.

Si la agradable armonía

de la música te agrada,

medicina está buscada

de un pobrecillo pastor;

que no ha cantado mejor,

jamás, persona criada.

Siéntate, y gusta, señor,

que entre a cantar por tu bien

un pastor que de Belén

te he traído.

Saúl ¿Y un pastor,

suspender puede el dolor

que un espíritu infernal

me causa?

Jonatás Sí, porque es tal

la música y armonía

de su arpa que podía

suspender la celestial.

Saúl Entre, pues, porque si tanto

puede una divina voz,

[quitar la pena feroz],

vida me dará su canto.

(Siéntase y sale David con su arpa.)

JoabSiéntate, señor, y el llanto

vuelve en risa y en quietud.

DavidHoy de su dulce salud

mi arpa me da esperanzas,

templada con alabanzas

del autor de la virtud.

Jonatás Suena, dichoso pastor,

las dulces cuerdas templadas

que a voces tan acordadas

olvidará su dolor.

JoabCante en ese corredor;

que la dulce consonancia

será mejor si hay distancia

entre la voz y el oído.

DavidVoy a cantar, y al rey pido

que perdone mi ignorancia.

(Vase David.)

Saúl Si el alma tiene sosiego,

sombras perturban mis ojos;

todo es temores y antojos;

todo es tristezas y fuego.

Jonatás...

Jonatás ¿Señor?

Saúl No niego

que a mi Dios fui inobediente,

pero es mi mal impaciente,

es insufrible mi pena.

Jonatás Escucha, pues, porque suena

su música dulcemente.

(Cantan de dentro.)

MúsicosCorriendo hasta el mar los ríos,

y el mar creciendo y menguando,

que ya furioso, ya blando,

pulsa en los peñascos fríos.

[Aunque no pueden ser píos]

las cosas inanimadas

con voces no articuladas

el mundo y el cielo ufano

bendicen la santa mano

de quien han sido criadas.

Jonatás Parece que el dulce sueño

con agradables despojos

la luz hurtó de sus ojos.

JoabGusto siento no pequeño.

Déjale dormir.

(Vanse Joab y Jonatás, y entre Micol.)

Micol (Aparte.) (Si el dueño

de esta voz que alegre suena

no es ángel, o no es sirena

que engaña el incauto oído,

el mismo Amor habrá sido

que cantó por darme pena.)

Músico En el valle coronado

de sombras y soledad,

donde la santa verdad

anda en su primer estado,

balando el libre ganado

y el pájaro sin prisiones,

con no aprendidas canciones

que exceden humano canto,

invocan el nombre santo

del dios de los escuadrones.

Micol (Aparte.) (¡Qué suavidad! ¡Qué dulzura!

El alma tras sí me lleva,

obligándome a que beba

esta voz sonora y pura.

¿Quién oyó mortal criatura

cantar así?)

Saúl Ya me siento

respirando nuevo aliento,

de no pensada alegría.

¡Oh poderosa armonía!

¡Oh celestial instrumentos!

(Salen David, Jonatás y Joab.)

Joab Ya con salud se levanta

alegre el rey.

Jonatás ¿Quién pudiera

suspender pena tan fiera

sin tu dulce garganta?

SaúlPastor que sana si canta,

déme los brazos.

David Los pies

será razón que me des.

Micol (Aparte.)(Talle y voz iguales veo.

Tente, Amor; tente deseo;

que un humilde pastor es.

Las cuerdas de un instrumento

son amorosas prisiones;

su voz dulce y sus canciones

son centro del pensamiento.

La libertad y el tormento

nos suspendió juntamente;

mas ¡ay!, que es loco accidente

del alma casi divina

cuando tan fácil se inclina

al objeto que hay presente.)

Jonatás Quisiera entrarte en mi pecho

y así dos vidas tuviera

con que decirte pudiera

la amistad que habemos hecho

en las almas.

David Satisfecho

estoy de tanto favor;

rey seré, si eres pastor.

JonatásPero te quiero de suerte

que me igualas.

David A la muerte

parece sólo el Amor.

(Sale Urías.)

Urías Señor, si de tus trofeos,

en mil batallas ganados,

no quieres ver olvidados

tus inmortales deseos,

mira que los filisteos

pasando van adelante,

y un capitán arrogante

en tu reino asombra a todos;

que un palmo...



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