E-Book, Spanisch, 480 Seiten
Ackerman / Gallegos / Zaragoza Pos-COVID /Pos-Neoliberalismo
1. Auflage 2021
ISBN: 978-607-03-1155-0
Verlag: Siglo XXI Editores México
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Propuestas y alternativas para la transformación social en tiempos de crisis
E-Book, Spanisch, 480 Seiten
ISBN: 978-607-03-1155-0
Verlag: Siglo XXI Editores México
Format: EPUB
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John M. Ackerman. Es Director del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS) de la UNAM y director editorial de la Mexican Law Review. Es Doctor en Sociología Política por la Universidad de California-Santa Cruz y Doctor en Derecho Constitucional por la UNAM. Es investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas y profesor en la Facultad de Derecho de la UNAM, también cuenta con el nivel 3 en el Sistema Nacional de Investigadores. René Ramírez Gallegos. Es investigador del PUEDJS en la unam. Es doctor en Sociología de la desigualdad por la Universidad de Coimbra, maestro en Economía del Desarrollo por el Institute of Social Studies de La Haya, maestro en Gobierno y Políticas Públicas por la Flacso y licencia- do en Economía y Finanzas en la Universidad de San Francisco de Quito. Fue presidente del Con- sejo de Educación Superior de Ecuador, de 2014 a 2016. Miguel Ángel Ramírez Zaragoza. Es investigador del PUEDJS en la UNAM, donde coordina el área de Investigación y Seguimiento de Procesos Democráticos. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, nivel 2. Es politólogo por la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas, donde es docente, y doctor en Sociología por la UAM-A . Forma parte del Consejo Editorial de la Revista Tlatelolco y es autor de diversos artículos sobre movimientos sociales y cultura política.
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EL FUTURO PUEDE COMENZAR HOY1
BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS2
La pandemia y la cuarentena revelan que hay alternativas posibles, que las sociedades se adaptan a nuevas formas de vida cuando es necesario y se trata del bien común. Esta situación es propicia para pensar en alternativas a las formas de vivir, producir, consumir y convivir en los primeros años del siglo XXI. En ausencia de tales alternativas, no será posible prevenir la irrupción de nuevas pandemias que, por cierto, como todo sugiere, pueden ser aún más letales que la actual. Seguramente no falten ideas sobre posibles alternativas, pero ¿pueden conducir a una acción política para lograrlas? A corto plazo, lo más probable es que, después de que termine la cuarentena, las personas se quieran asegurar de que el mundo que conocieron no haya desaparecido. Volverán a las calles impacientes, ansiosos por circular libremente otra vez. Irán a jardines, restaurantes, centros comerciales, visitarán a familiares y amigos, regresarán a rutinas que, por más que hayan sido tediosas y monótonas, ahora parecerán tranquilas y seductoras.
Sin embargo, volver a la “normalidad” no será igual de fácil para todos. ¿Cuándo se reconstituirán las ganancias anteriores? ¿Estarán los empleos y los salarios esperándolos y disponibles? ¿Cuándo se recuperarán los retrasos educativos y profesionales? ¿Desaparecerá el estado de excepción creado para responder a la pandemia tan rápido como la pandemia? En los casos en que se hayan adoptado medidas de protección para defender la vida por encima de los intereses económicos, ¿el retorno a la normalidad implicará dejar de priorizar la defensa de la vida? ¿Habrá un deseo de pensar en alternativas cuando la alternativa que se busca es la normalidad que existía antes de la cuarentena? ¿Se pensará que esta normalidad fue la que condujo a la pandemia y conducirá a otras en el futuro?
Al contrario de lo que uno podría pensar, el periodo inmediato posterior a la cuarentena no será favorable para discutir alternativas, a menos que la normalidad a la que las personas quieran regresar no sea posible.
LA INTENSA PEDAGOGÍA DEL VIRUS: LAS PRIMERAS LECCIONES
Lección 1. El tiempo político y mediático condiciona cómo la sociedad contemporánea percibe los riesgos que corre
Ese camino puede ser fatal. Las crisis graves y agudas, cuya letalidad es muy significativa y rápida, movilizan a los medios de comunicación y los poderes políticos, y llevan a tomar medidas que, en el mejor de los casos, resuelven las consecuencias de la crisis, pero no afectan sus causas. Por el contrario, las crisis severas, pero de progresión lenta tienden a pasar desapercibidas incluso cuando su letalidad es exponencialmente mayor. La pandemia de coronavirus es el ejemplo más reciente del primer tipo de crisis. Mientras escribo esto, ya ha matado a unas 40 000 personas. La contaminación atmosférica es el ejemplo más trágico del segundo tipo de crisis. Como informó The Guardian el 5 de marzo, según la Organización Mundial de la Salud, la contaminación atmosférica, que es sólo una de las dimensiones de la crisis ecológica, cada año mata a 7 millones de personas. Según la Organización Meteorológica Mundial, el hielo antártico se está derritiendo seis veces más rápido que hace cuarenta años, y el hielo de Groenlandia cuatro veces más rápido de lo previsto. Según la ONU, tenemos diez años para evitar un aumento de 1.5 grados en la temperatura global en relación con la era preindustrial y, en cualquier caso, sufriremos.
A pesar de todo esto, la crisis climática no genera una respuesta dramática y de emergencia como la que está causando la pandemia. Lo peor es que, si bien la crisis pandémica puede revertirse o controlarse de alguna manera, la crisis ecológica ya es irreversible y ahora sólo queda intentar mitigarla. Pero resulta aún más grave el hecho de que ambas crisis están vinculadas.
La pandemia de coronavirus es una manifestación entre muchas del modelo de sociedad que comenzó a imponerse a nivel mundial a partir del siglo XVII y que ahora está llegando a su etapa final. Éste es el modelo que hoy está llevando a la humanidad a una catástrofe ecológica. Ahora, una de las características esenciales de este modelo es la explotación ilimitada de los recursos naturales. Esta explotación está violando fatalmente el lugar de la humanidad en el planeta Tierra. Esta violación se traduce en la muerte innecesaria de muchos seres vivos en la Madre Tierra, nuestro hogar común, tal como lo defienden los pueblos indígenas y campesinos de todo el mundo, hoy apoyados por los movimientos ecologistas y la teología ecológica. Esta violación no quedará impune. Las pandemias, como las manifestaciones de la crisis ecológica, son el castigo que sufrimos por tal violación. No se trata de una venganza de la naturaleza. Es pura defensa propia. El planeta debe defenderse para garantizar su vida. La vida humana es una parte ínfima (0.01%) de la vida planetaria a defender.
Lección 2. Las pandemias no matan tan indiscriminadamente como se cree
Es evidente que son menos discriminatorias que otros tipos de violencia cometidos en nuestra sociedad contra trabajadores empobrecidos, mujeres, trabajadores precarios, negros, indígenas, inmigrantes, refugiados, personas sin hogar, campesinos, ancianos, etc. Pero discriminan tanto en términos de su prevención, como de su expansión y mitigación. Por ejemplo, en varios países, los ancianos son víctimas del darwinismo social. Gran parte de la población mundial no está en condiciones de seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para defenderse del virus, ya que vive en espacios reducidos o muy contaminados, porque está obligada a trabajar en condiciones de riesgo para alimentar a sus familias, porque está detenida en cárceles o en campos de internamiento, porque no tiene jabón ni agua potable, o la poca agua disponible es para beber y cocinar, etcétera.
Lección 3. Como modelo social, el capitalismo no tiene futuro
En particular, su versión vigente (el neoliberalismo combinado con el dominio del capital financiero) está desacreditada social y políticamente ante la tragedia a la que condujo a la sociedad global y cuyas consecuencias son más evidentes que nunca en este momento de crisis humanitaria mundial. El capitalismo puede subsistir como uno de los modelos económicos de producción, distribución y consumo, entre otros, pero no como el único, y mucho menos como el modelo que dicta la lógica de acción del Estado y la sociedad. Esto es lo que ha sucedido en los últimos cuarenta años, especialmente después de la caída del Muro de Berlín. Se impuso la versión más antisocial del capitalismo: el neoliberalismo cada vez más dominado por el capital financiero global. Esta versión del capitalismo sometió a todas las áreas sociales (especialmente a la salud, la educación y la seguridad social) al modelo de negocio de capital, es decir, las áreas de inversión privada que deben gestionarse para generar el máximo beneficio para los inversores. Este modelo deja de lado cualquier lógica de servicio público e ignora así los principios de ciudadanía y derechos humanos. Deja al Estado sólo las áreas residuales, o a los clientes poco solventes (a menudo la mayoría de la población) les deja aquellas áreas que no generan ganancias. Como opción ideológica, siguió la demonización de los servicios públicos (el Estado depredador, ineficiente o corrupto); la degradación de las políticas sociales dictadas por las políticas de austeridad con el pretexto de la crisis financiera del Estado; la privatización de los servicios públicos y la subfinanciación de los restantes por no ser de interés para el capital. Y llegamos así al presente con Estados que no tienen la capacidad para responder de manera efectiva a la crisis humanitaria que aqueja a sus ciudadanos. La brecha entre la economía de la salud y la salud pública no podría ser mayor. Los gobiernos con menos lealtad a las ideas neoliberales son aquellos que actúan de manera más efectiva contra la pandemia, independientemente del régimen político. Sólo basta mencionar a Taiwán, Corea del Sur, Singapur y China.
En este momento de conmoción, las instituciones financieras internacionales (FMI), los bancos centrales y el Banco Central Europeo están instando a los países a endeudarse más de lo que están para cubrir los gastos de emergencia, si bien permiten extender los plazos de pago. El futuro propuesto por estas instituciones sólo pasará desapercibido para algunos: la poscrisis estará dominada por más políticas de austeridad y una mayor degradación de los servicios públicos en los casos donde aún sea posible.
Es aquí donde la pandemia opera como un analista privilegiado. Los ciudadanos ahora saben lo que está en juego. Habrá más pandemias en el futuro, probablemente más graves, las políticas neoliberales continuarán socavando la capacidad de respuesta del Estado y las poblaciones estarán cada vez más indefensas. Semejante ciclo infernal sólo puede interrumpirse si se interrumpe el capitalismo.
Lección 4. La extrema derecha y la derecha híperneoliberal han sido (con suerte) definitivamente desacreditadas
La extrema derecha ha crecido en todo el mundo. Se caracteriza por el impulso antisistema, la manipulación grosera de los instrumentos democráticos, incluido el sistema judicial, el nacionalismo excluyente, la xenofobia y el racismo, la defensa de la seguridad que otorga el estado de excepción, el ataque a la investigación científica independiente y la libertad de expresión, la estigmatización de los opositores, concebidos...




