Agustí | Ningún día sin línea: El catalanismo español | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 214 Seiten

Reihe: Señales

Agustí Ningún día sin línea: El catalanismo español


1. Auflage 2016
ISBN: 978-84-16247-24-0
Verlag: Fórcola Ediciones, S.L.
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

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Reihe: Señales

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Ningún día sin línea quiere ser algo más que una antología de artículos y crónicas de Ignacio Agustí, del que celebramos el primer centenario de su nacimiento. Al hilo de los textos aquí compilados, y bajo la edición de la investigadora Irene Donate, recuperamos -en su faceta menos conocida de periodista- la fascinante figura de este novelista, poeta, dramaturgo y conferenciante catalán. Al hacerlo revivimos también una larga época de la historia de España desde la perspectiva catalana que Agustí reflejó en su periodismo de corte literario.

Ignacio Agustí (1913-1974) escritor y periodista español. Se licenció en Derecho en Barcelona, militó en su juventud en la Lliga Regionalista. Comenzó a escribir en catalán, pero tras la Guerra Civil sólo escribió en castellano. Fue director de la revista semanal Destino y durante unos meses de Tele/eXpres. Fue asiduo colaborador de la revista Triunfo en los años 60. Es conocido por su serie La ceniza fue árbol, donde en el entorno de la Barcelona de finales del siglo XIX y la guerra civil española, narra el devenir de la familia Rius. Su primera novela, Mariona Rebull (1943), que alcanzó mucha popularidad, fue serializada por TVE bajo el título de La saga de los Rius. Agustí fue uno de los artífices del Premio Nadal, el premio literario más antiguo que se concede en España.
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Autoren/Hrsg.


Weitere Infos & Material


estudio introductorio
Irene Dorate
prólogo


En 2013 se cumple el centenario del nacimiento de Ignacio Agustí (1913-1974), un escritor que contribuyó decisivamente con sus novelas a la recuperación de la literatura española después de la Guerra Civil y, además, con sus escritos periodísticos —actualmente menos recordados—, ocupó un lugar destacado en la prensa de su época.

La celebración de un centenario supone, entre otras cosas, que un grupo de especialistas coinciden en esa fecha con la intención y el deseo de poner de actualidad a aquellos que dejaron su huella en la historia. Hacer tal cosa se puede convertir en un deber tanto más importante si se comprueba que ese rastro se ha ido borrando.

La decisión de realizar este estudio y su selección de textos surgió tras comprobar que, en la galería de retratos de la historia literaria más reciente, había algunos —caso de Ignacio Agustí— cuyos contornos estaban tan desvaídos que era necesario perfilarlos de nuevo con nitidez. Es ésta una labor necesaria si no queremos que en nuestro pasado queden zonas difuminadas que, con el tiempo, lleguen a desaparecer.

La huella que Ignacio Agustí ha dejado impresa en la historia tiene forma de árbol. Un árbol «verde y frondoso» que brotó en medio de las «cenizas» de su tierra barcelonesa, calcinada después de la guerra civil española. En los años que siguieron a la contienda bélica, Agustí escribió una saga novelesca que contribuyó a la recuperación de la historia y del alma de Barcelona. Se trata de La ceniza fue árbol, una serie protagonizada por las tres generaciones de la familia Rius, que constituye un verdadero homenaje a la tradición laboriosa de su ciudad. Una ciudad cuyo motor de progreso no fue la aristocracia terrateniente, sino una burguesía que trabajaba y madrugaba igual que los obreros, y en la que los ricos vivían sobriamente. Mariona Rebull, El viudo Rius, Desiderio, 19 de julio y Guerra civil —publicadas con un éxito sostenido entre 1944 y 1972 y galardonada la cuarta de ellas con el Premio Nacional de Literatura fueron verdaderas novelas cívicas con una clara inspiración histórica y social, en las que, a modo de crónica, se narraba el nacimiento y el desarrollo de la burguesía catalana entonándose al mismo tiempo un canto de amor a la ciudad de Barcelona.

Treinta años después de la aparición de Mariona Rebull y con la perspectiva que da el transcurso del tiempo, Agustí explicaba así el éxito de su novela: «Mariona Rebull llegaba, pues, en un momento dulce en que cualquier piropo a la ciudad sería bendecido. […] Era tratar a Barcelona como lo que es, explicar cómo había sido: radiante, apasionada, fabril, gozosa, pero también sacudida en otros tiempos por el estruendo de la revolución anarquista. Creo que, más que una obra literaria, la gente juzgó entonces un acontecimiento de comprensión y de amor. La gente aceptó el libro porque pensó que, por fin, alguien ajeno a ideologías y banderías había comprendido cómo éramos e intentaba explicarlo con llaneza a todo el mundo» (Agustí, 1974: 157).

Así empezó Agustí a abonar ese árbol barcelonés, de donde fueron brotando a lo largo de los años pobladas ramas que no sólo tendrían savia novelesca, sino también poética y teatral. Pues bien, entre todo este espeso y variado ramaje encontramos también sabrosos frutos inspirados en la urgencia periodística que, sin embargo, recibieron el mismo aliento creativo que el resto de sus escritos literarios. Casi todos han aguardado pacientemente en las hemerotecas el momento de su recuperación, puesto que en vida del autor sólo se publicaron breves selecciones. De ellos ofrezco en este libro una antología representativa.

Como decíamos al comienzo de estas líneas, no son muchos los que, fuera de los ambientes académicos, recuerdan hoy que, a lo largo de toda su vida, este escritor barcelonés estuvo estrechamente ligado al desarrollo de la prensa en Cataluña, donde dejó testimonio de un periodismo de altos vuelos literarios que hay que rescatar.

Ignacio Agustí comenzó su trayectoria periodística a principios de los años treinta, escribiendo en lengua catalana en La veu de Catalunya, Mirador, La veu del vespre y L’Instant. En 1937 —y ya desde entonces escribiendo en castellano—, se incorporó como director a la revista Destino, recién fundada en Burgos, y siguió como tal en la etapa barcelonesa hasta 1957.

Fueron veinte años en los que simultaneó la dedicación a la novela y al periodismo. Además de dirigir el semanario Destino en un momento de aguas turbulentas, fue corresponsal de La Vanguardia Española en Suiza durante más de un año y fundador del Premio Nadal, de gran trascendencia para la promoción de la novela española en la posguerra. En la década de los sesenta fue colaborador de los diarios Pueblo, Tele/eXpres y ABC, así como de la revista Triunfo.

Siempre mostró una clara preferencia por los géneros periodísticos más cercanos a la literatura —el artículo y la columna sobre todo—, en los que demostró una clara voluntad de estilo. Prueba del valor literario de su escritura periodística es el Premio Mariano de Cavia, que le fue concedido en 1954 por el artículo «Don Eugenio d’Ors», incluido en nuestra selección. Recordemos que este premio, desde su fundación en 1920, se venía concediendo a trabajos firmados que acreditasen «perfección literaria, arraigada cultura, juntamente con la facilidad y prontitud de redacción» (VV. AA., 1955: IX).

Después de este somero recorrido por su trayectoria literaria y periodística, surge de forma inevitable la cuestión del porqué del olvido que rodea la figura y la obra de Ignacio Agustí, cuestión a la que quiero responder a continuación.

El 26 de febrero de 1974, Ignacio Agustí moría repentinamente a las cinco de la tarde de un infarto de miocardio en su domicilio de la Diagonal de Barcelona. Tenía sesenta años. La noticia fue recogida en numerosas publicaciones de ámbito nacional y al funeral posterior asistieron más de mil personas, entre ellas destacadas personalidades y numerosos escritores, editores y periodistas, según se puede leer en las crónicas de aquellos días. Al día siguiente del funeral se le concedió la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio.

El eco que tuvo la muerte de Ignacio Agustí en la prensa local y nacional fue amplio y la valoración, unánime. Por encima de todo se destacaba su labor novelística y su papel de retratista de la burguesía barcelonesa, así como su calidad humana y su categoría intelectual. En las semblanzas que se publicaron definiendo su papel intelectual y ensalzando su labor, prácticamente todos coincidieron en valorar su doble labor en la literatura y en el periodismo.

Dos meses después de su muerte, en la Junta General reglamentaria de Socios del Ateneo barcelonés se le rendiría homenaje como presidente de dicha institución, cargo que había ocupado hasta 1971, y se decidiría por unanimidad denominar al salón de actos «Salón Ignacio Agustí».

En los días previos al 23 de abril, Día del Libro, su recuerdo volvió a hacerse presente por la publicación póstuma de su libro de memorias Ganas de hablar, así como por la tradicional tertulia de escritores en la librería Argos, que él organizaba desde hacía años. Días antes, Julio Manegat rememoraba en Radio Nacional de Barcelona el ambiente entrañable de aquellos encuentros anuales en los que «al caer la tarde, cuando tal vez ya se abría el aire en el vuelo de los primeros vencejos, allí acudíamos a charlar y bebernos unas copas; a celebrar, en fin, nuestra Fiesta Mayor». Continuaba recordando Manegat que «la gentileza de Ignacio, su calor de amistad, su ironía tierna en la palabra y en la sonrisa, estaban allí, en el altillo de Argos, para acompañarnos. Una alegría extraña se apoderaba de nosotros, sus amigos escritores. Era la alegría de la comunicación, de sabernos unidos en la misma aventura de las letras, cada uno en su medida y en su horizonte».

En los años siguientes las referencias a Agustí se fueron haciendo más esporádicas. A lo largo de 1975 se le recordó a propósito del rodaje de La saga de los Rius, una producción de rtve basada en las tres primeras novelas de La ceniza fue árbol, con guión de Juan Felipe Vila-San Juan. La serie se emitió con éxito en 1976 y actualizó durante un tiempo la figura de Agustí, que, sin embargo, a partir de entonces, fue cayendo progresivamente en el olvido.

Las causas de ello son variadas: por una parte, existen razones literarias, porque las novelas de Ignacio Agustí habían agotado su interés frente al experimentalismo desarrollado en los años sesenta; y, por otra parte, ideológicas, ya que la desaparición del franquismo, en el cual había quedado instalada la figura de Agustí, trajo consigo el desarrollo de un catalanismo más nacionalista contra el cual él se había manifestado repetidas veces. En 2003 Miguel García-Posada publicó el artículo «Retorno a Ignacio Agustí. El árbol del recuerdo» (Blanco y Negro Cultural, 29 de marzo de 2003), en el que lamentaba este injusto olvido de raíz ideológica aseverando que, como Agustí había militado «en el bando de los vencedores», la crítica literaria, la académica al menos, había decidido...



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