E-Book, Spanisch, 398 Seiten
Reihe: eMilenio
Agut Parres El último defensa (epub)
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-19884-18-3
Verlag: Milenio Publicaciones
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 398 Seiten
Reihe: eMilenio
ISBN: 978-84-19884-18-3
Verlag: Milenio Publicaciones
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Jordi Agut Parres (Valls de Torroella, 1975) es originario de una antigua colonia textil conocida por haber sido, con la denominación de Colònia Valls, el pueblo del legendario extremo del FC Barcelona Estanislao Basora. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Desde 1997 trabaja en el diario Regió7 de Manresa. Fue colaborador durante dos años, estuvo dos años más en Información general y dos más en Economía. Desde 2003 forma parte de la sección de Deportes de la publicación, en la que ha escrito algunos artículos sobre eurocopas y mundiales. También ha colaborado de manera esporàdica con otros diarios y revistas. El último defensa significa su debut en ficción.
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LA PREVIA DEL PARTIDO
Los partidos de fútbol se juegan en dos partes que suman un total de noventa minutos pero que pueden ser más por los descuentos decretados por los árbitros o las prórrogas y las tandas de penaltis, en caso de eliminatorias. Pese a ello, antes del pitido inicial ya se empieza a jugar. Son las previas, todo lo que los protagonistas y los medios de comunicación dicen del enfrentamiento en los días anteriores. Con frecuencia estas condicionan lo que pasará después en el terreno de juego.
1
Pensaba que en aquel momento se acabaría su vida. No la suya, físicamente, pero sí interiormente. Dicen que la muerte de un hijo es el peor trance que puede afectar a una persona. Él se enfrentaba a que esta posibilidad se cumpliera en breves segundos. Sería como si dejara de respirar.
El Chico permanecía sentado en una silla y con un guardia a cada lado. Cada uno de ellos llevaba un fusil colgado de las espaldas. Sin duda, excesivo para acabar con una persona de quince años. Pero era lo que había. En ese momento, el Hombre se preguntaba cómo había podido llegar a esa situación. Cómo sus jefes le habían engañado para aceptar el caso y cómo se había creído que se trataba de un asunto de poca importancia, que resolvería pronto. En los últimos años su carrera había sido meteórica. Su nivel de acierto y de casos resueltos, espectacular. Había ascendido más rápido que ningún otro agente de la historia del cuerpo y esto había provocado que se revistiera de esa pátina de invulnerabilidad. Ahora sabía que esto le había hecho bajar la guardia y cometer errores, unas equivocaciones que le habían conducido hasta este momento.
El chico hacía dos días que había sido raptado de su casa. Justo después de que su padre hubiera encontrado el hilo de dónde tirar. Un caso de apuestas en el mundo del fútbol. Unos cuantos dirigentes y jugadores corrompidos, unos pronósticos con dinero por Internet sospechosos y después fraudulentos, un grupo de detenidos, habitualmente los últimos desgraciados de la cadena, y expediente archivado.
Pero el Hombre no tenía bastante con un tramo del hilo. Quería todo el ovillo, quería llegar arriba, a saber quién era el responsable máximo de una organización que había sido la causante de millares de fraudes a gran escala en todo el mundo. Sedes en el Extremo Oriente, sobretodo en Singapur, y predilección por la liga inglesa, la más popular y rica. Y no solo en partidos de renombre, con el Arsenal, el Chelsea, los dos equipos de Manchester o el Tottenham, Un Tamworth-Harrogate, un Colwyn Bay-Solihull Moors o un Fanborough-Maidenhead United de cuarta o quinta división podían ser susceptibles de generar mucho dinero a través de la red. Llegar al responsable máximo sería un punto más en su brillante carrera.
Sus jefes le habían avisado. Tan solo una semana antes, el teniente Frank Grey le había parado en medio del pasillo y le había explicado su experiencia.
—Esto no es ninguna broma. Esta gente tiene muy mala leche. Ve hasta donde debas, hasta donde puedas investigar y detén a quien haga falta detener, pero hasta un límite. A partir de aquí, es territorio de minas y todavía más para un solo hombre. No muevas el avispero o te vas a arrepentir.
Pese a esta advertencia, la situación era demasiado tentadora. Uno de los detenidos fue extraordinariamente explícito desvelando detalles. Condujo al Hombre a un piso franco situado al norte de la ciudad. Fue un éxito. Un comando de agentes entró de madrugada, sobre las cinco. No todo el mundo dormía. Alguien controlaba los partidos que en ese momento se jugaban en Australia. Alguien que iba armado y que fue reducido cuando quiso plantar cara. Seis personas más, de procedencia asiática, dormían allí. Tres chinos de Hong Kong, dos hombres de Singapur y un sexto de Tailandia. Todos con los papeles en regla en el Reino Unido.
El interrogatorio fue, por decirlo corto y mal, intenso y particularmente irresistible para uno de los dos de Singapur. Resultó ser un primo de un hermano de un pariente del hijo del tío del abuelo del jefe. Del jefe de la zona se entiende, que tenía acceso directo al número 1 de la organización.
—¿Quién es? ¿Quién diantre es? —preguntó el Hombre cuando se cumplía la cuarta hora de preguntas en una de las salas del MI6.
—¡No te conviene saberlo! —respondió el detenido, visiblemente agotado—. A mí me matará, pero a ti te puede hacer algo peor si vas a por él.
—Te matará igualmente, desgraciado. O irá a por tu familia. Sabemos que la tienes aquí en Londres. Y sabemos también que los papeles de Fátima… se llama Fátima, ¿verdad? Los suyos y los de tus dos hijos pueden ser revocados antes de que finalice la semana. Aquí son blanco fácil, pero si los hacemos volver a casa no durarán ni dos minutos. Y sabes que no nos cuesta demasiado decir por ahí quien ha cantado ante la policía en los interrogatorios. Ya podrás decir lo que quieras, serás conocido como delator en el futuro.
El asiático no tenía escapatoria y dos horas más fueron suficientes para que desvelara detalles cruciales. Nombres de dirigentes implicados, de futbolistas corruptos, y que se conocieran algunas de las manos derechas del número 1 de la banda. Un escándalo que hizo zozobrar al país cuando The Guardian lo publicó en su portada a la mañana siguiente.
Hacía una semana que esto había ocurrido. Solo habían necesitado cinco días para saber quién había sido el policía responsable de la filtración a la prensa y de donde la habían sacado. Mientras tanto, habían conseguido introducir una píldora con cianuro en la cárcel donde el delator permanecía encerrado. Este, cuando la vio, supo lo que tenía que hacer. Murió en cuestión de minutos. Con ese acto salvaba a su familia de la venganza.
Dos días después, el Chico vio como en el trayecto entre el instituto y su casa era asaltado, a plena luz del día, por dos hombres que, ante tres de sus mejores amigos, lo metían en una furgoneta y se lo llevaban.
La reivindicación no tardó en llegar y las condiciones eran claras. Intercambiarían al hijo por su padre, y nada de agentes de apoyo. Ahora llegaba el momento de la operación. Pero el Hombre no había sido tan pardillo de entrar solo en la jaula. Tenía policías en el exterior de la nave del este de la ciudad donde había sido citado y una unidad móvil a medio kilómetro.
2
El Hombre entró en la sala y mostró que iba desarmado. Los dos guardias lo cachearon. El Chico estaba delante, con los ojos tapados y atado a una silla. Uno de los dos encargados de su seguridad le quitó la venda de los ojos.
—¡Papá! —exclamó el Chico al verle la cara.
—¡Hijo! No te pasará nada, ya verás. Pórtate bien y haz lo que te digan.
—¡Pero yo no te quiero dejar aquí! ¡Quiero que vengas conmigo!
—Está todo controlado, hijo, ve con ellos y regresarás a casa. Todo se habrá acabado.
—¿Y a ti? ¿Qué te pasará?
—Nada, ya verás. Haz lo que te digan.
El Chico fue conducido fuera de la sala mientras su padre era atado a la misma silla. Su respiración se tornó más profunda. Allí hacía un calor de mil demonios, no había ninguna ventilación. Pensó en cómo tenía que haber sufrido el Chico durante dos días en estas condiciones. Uno de los dos guardianes, el más alto, tapó con una venda los ojos del Hombre. Cuando apenas habían transcurrido unos segundos se oyó una voz.
—¿Así que usted es el policía que pensó que podía acabar con nosotros? Vaya, vaya.
No había posibilidad de respuesta. El Hombre estaba amordazado.
—No creo que me haya hecho caso en el tema de venir sin policías. Da igual, mis hombres se habrán encargado de esto. Tiene un hijo muy bien educado, se ha portado muy bien durante estos dos días. Espero que su padre sea igual.
Silencio y continuación.
—Esto es un aviso, inspector. Ha llegado usted demasiado lejos en esta investigación. No ha sobrepasado la última línea roja y no quiero que la sobrepase. Ha sido un aviso. Somos capaces de secuestrar a su hijo y las próximas pueden ser su hija o su esposa, o sus padres. Deje el caso. Es mayor de lo que usted cree y la próxima vez no dudaré en matarlo. Ahora no me conviene esta publicidad. Somos gente de paz que llevamos a cabo nuestras… actividades sin que nadie salga dañado. Pero solo si no nos molestan. Espero que lo haya entendido.
Y entonces ninguna palabra más. El Hombre permaneció sentado en la silla, en ese ambiente sofocante, un periodo de tiempo que no supo calcular, posiblemente una hora. Entonces escuchó un sonido, alguien que abría la puerta y le quitaba la venda de los ojos. Era un agente de policía. También le arrancó el pañuelo de la boca.
—¿Dónde está mi hijo? ¿Qué ha pasado?
—Su hijo se encuentra en casa y perfectamente, inspector —respondió el agente.
—¿Y la operación, cómo ha ido?
El policía tardó unos segundos en responder.
—¡Que cómo ha ido, joder!
El teniente Grey hizo su entrada en la sala y se dirigió al Hombre.
—No muy bien. Por este motivo hemos tardado en entrar desde la unidad de apoyo. Cuando hemos llegado a las puertas de la nave hemos encontrado a los cuatro agentes que te acompañaban muertos, algunos estrangulados, otros con tiros por la espalda. No podíamos contactar con ellos y hemos iniciado el asalto desde lejos, pero aquí dentro ya no había nadie.
El Hombre cambió la cara. Por primera...




