Albertalli | Lo bueno del amor (no correspondido) | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 330 Seiten

Albertalli Lo bueno del amor (no correspondido)


1. Auflage 2019
ISBN: 978-84-17834-13-5
Verlag: NOCTURNA
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, 330 Seiten

ISBN: 978-84-17834-13-5
Verlag: NOCTURNA
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Esta es la historia de una chica que conoce a un chico, se enamora y acaban juntos. O no. Porque en realidad Molly Peskin-Suso ha vivido 26 enamoramientos no correspondidos. Como siempre le reprocha su hermana Cassie, al final nunca hace nada por su miedo al rechazo. Y ahora Cassie acaba de empezar a salir con una chica y Molly se siente más sola que nunca. Bueno, excepto por Will, el encantador pelirrojo que está sorprendentemente interesado en ella. Y su nuevo compañero Reid, más cómodo con los personajes de Tolkien que con la gente en general. Con él es muy fácil hablar porque jamás podría llegar a gustarle. ¿Verdad? Ambientada en el mundo de 'Con amor, Simon' (cuya película, producida por la 20th Century Fox, se estrenó en 2018), 'Lo bueno del amor (no correspondido)' es una entrañable y divertida historia de enredos que rompe moldes sobre la magia (e incomodidad) del primer amor. 'No puedo dejar de abrazar este libro', Stephanie Perkins 'Becky Albertalli es como si fuese la hija natural de John Green y Rainbow Rowell', Teen Vogue 'Los lectores se enamorarán de esta mirada original, honesta e inclusiva a las citas, la familia y la amistad', School Library Journal 'Esta novela tiene un corazón tan grande como Con amor, Simon (el propio Simon hace un cameo) y está repleta de humor', Publishers Weekly '¡Estoy enamorada de este libro! No sólo debes leerlo, también debes releerlo'. Julie Murphy, autora de Dumplin

Becky Albertalli antes trabajaba de psicóloga especializada en niños y adolescentes, pero en la actualidad se dedica por completo a su carrera literaria. Ha publicado novelas juveniles como Con amor, Simon (llevada al cine con gran éxito en 2018), Lo bueno del amor (no correspondido) (Nocturna, 2018) y Leah a destiempo.
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1

Estoy en el baño del 9:30 Club y me pregunto cómo harán pis las sirenas.

Y no es casualidad: resulta que hay una Barbie sirena pegada en la puerta. Vaya mascota de váter más extraña, suponiendo que tal cosa exista. Mascotas de váter.

La puerta se abre y entra un torrente de música. A este baño no se puede entrar con discreción. Uno de los compartimentos se cierra mientras yo abro el mío. Salgo.

Hay espejos encima de todos los lavabos. Me muerdo las mejillas para que parezca que tengo los pómulos prominentes. Y vaya cambio. A veces pienso que podría quedarme así, pasarme el resto de la vida mordiéndome el interior de las mejillas con suavidad. Pero mis labios tienen una pinta rara. Además, si te muerdes, no puedes hablar bien, como es lógico, y eso es un poquito engorroso incluso para mí. Aunque sea a cambio de unos pómulos prominentes.

—Mierda. —Se oye una vocecita femenina algo ronca dentro del compartimento—. Oye, ¿me pasas el papel?

Me habla a mí. Tardo un momento en darme cuenta.

—Ah, claro.

Cojo un rollo y se lo paso por debajo de la puerta. Al agarrarlo, la chica me roza la mano.

—Qué bien, me has salvado la vida.

He salvado una vida. Aquí, en el baño del 9:30 Club.

Tira de la cisterna y sale. En lo primero que me fijo es en su camiseta: es roja, de algodón y tiene dibujadas las letras G y J de una manera muy artística. De hecho, no creo que casi nadie advierta que son letras.

Pero yo sí.

—Esa camiseta es de Georgie James.

La chica levanta las cejas y sonríe.

—¿Los conoces?

—Sí. —También sonrío.

Georgie James. Era un grupo local de Washington que se separó hace años. No es de esperar que alguien de nuestra edad los conozca, aunque mi hermana estaba obsesionada con ellos.

La chica sacude la cabeza.

—Qué guay.

—Sí, muy guay —contesto, y ella se echa a reír con una de esas risas serenas que brotan de la garganta. Entonces la miro. Y oh.

Es guapa.

La chica.

Bajita, delgada, asiática, con el pelo de un tono morado tan oscuro que casi no parece morado. Gafas de pasta. Hay algo especial en la forma de sus labios; están muy perfilados.

A Cassie le encantaría. Sobre todo por las gafas. Y por la camiseta de Georgie James.

—Bueno, gracias por salvarme el culo, literalmente. —Sacude la cabeza—. Aunque en realidad no era el culo.

Suelto una risita.

—De nada.

—Gracias por salvarme la vulva.

Me encojo de hombros y le devuelvo la sonrisa. Estos momentos tienen algo único, un pequeño hilo que me conecta con alguien totalmente desconocido. Cosas como estas hacen que el universo parezca más pequeño. Me encanta.

Regreso a la sala de conciertos y dejo que la música me envuelva. Toca un grupo local del que nunca había oído hablar, pero la pista está a rebosar; a la gente parece gustarle que la batería suene tan fuerte. Me encuentro rodeada de cuerpos que bailan y se mueven, de rostros a media luz, de cabezas que se alzan hacia el escenario. De pronto, todo vuelve a resultar enorme e imposible, creo que porque hay demasiadas parejas riéndose, agarrándose, enrollándose con fervor.

Es la sensación que tengo cuando veo a la gente besándose. Me convierto en otra forma de materia, como si ellos fueran agua y yo, un cubito de hielo. Como si estuviese más sola que nadie en el mundo.

—¡Molly! —grita Cassie mientras gesticula con las manos. Ella y Olivia están cerca de los altavoces. Olivia tiene cara de disgusto; no es del tipo de chicas que vienen al 9:30 Club. Tampoco estoy segura de que yo lo sea, pero Cassie puede llegar a ser muy persuasiva.

Hay algo que debo aclarar: mi hermana melliza y yo no nos parecemos en nada.

Ni siquiera en lo físico. Ambas somos blancas y de estatura media. Pero en todo lo demás somos opuestas. Cassie es rubia, esbelta y tiene los ojos verdes. Yo no. Yo tengo el pelo castaño, los ojos marrones y disto mucho de ser esbelta.

—Acabo de conocer a la chica de tus sueños —le digo a Cassie de inmediato.

—¿Qué?

—Me he hecho amiga de una chica en el baño que es muy mona. Creo que deberíais enamoraros, casaros y tener niños.

Cassie hace su gesto típico de levantar y arrugar una ceja. Es una de esas rubias con cejas oscuras. Qué bien le quedan.

—¿Cómo es posible?

—¿Cómo es posible el amor?

—No, cómo es posible que te hagas amiga de alguien en el baño.

—Cass, eso es lo de menos. Estamos hablando de la chica perfecta.

—Espera. —Me sacude el brazo—. ¿Es otro Molly-flechazo? ¿El flechazo número veintisiete?

—¿Qué? No. —Me sonrojo.

—Oh, Dios. Tu primer flechazo con una chica. Qué orgullosa estoy de ti.

—¿Ya vamos por el veintisiete? —pregunta Olivia. Interpreto que está impresionada.

En fin, soy de flechazo fácil. Eso no es malo. Pero esto no se trata de un Molly-flechazo.

Sacudo la cabeza y me tapo los ojos. Es como si tuviera la cabeza llena de helio. Quizás estar borracho sea algo parecido. Mi prima Abby me contó que cuando te emborrachas sientes como si flotaras. Me pregunto si es posible emborracharse sin beber.

—Oye. —Cassie me aparta las manos de la cara—. Ya sabes que mi trabajo consiste en meterme contigo.

Antes de que me dé tiempo a responder, Olivia saca su teléfono.

—Uy, son las doce menos cuarto. ¿No deberíamos ir hacia el metro?

—¡Oh! —exclamo.

El metro cierra a medianoche. Además, mañana empiezo a trabajar. Me ha salido un trabajo para el verano, lo que significa que debería dormir algo para no desmayarme en la caja. Según dicen, no queda muy profesional.

Nos dirigimos a la salida y es un verdadero alivio llegar a la calle. Hace fresco para ser junio; da gusto notar el aire en las piernas. Llevo un vestido negro de algodón; era liso cuando lo compré, aunque le he cosido un cuello Peter Pan de encaje y una puntilla en el bajo que lo han mejorado mucho.

Cassie y Olivia escriben mensajes mientras caminan y ni siquiera se tropiezan con el bordillo. Las admiro. Me retraso un poco para observarlas. Les pega estar aquí, en U Street. Cassie lleva una coleta despeinada perfecta y va vestida como si se hubiera plantado lo primero que ha pillado en el armario; lo más probable es que haya sido así, pero a ella le queda bien. Consigue que a todos los demás se nos vea demasiado arreglados. Olivia es alta, tiene una belleza dulce y radiante, salvo por el pendiente en la nariz y las mechas azules del pelo, que llaman la atención. Y supongo que se la podría considerar rellenita, aunque no tanto como yo.

A veces me pregunto qué pensará la gente cuando me ve.

Es raro sentirse cohibido con personas que conoces de toda la vida. Literalmente. Conocemos a Olivia desde que nuestras madres estaban en La Liga de la Leche, y llevamos diecisiete años juntas las cuatro: Cassie, Olivia, mi prima Abby y yo. Pero Abby se mudó a Georgia el verano pasado y desde entonces Cassie nos lleva a rastras a los sitios donde antes iba con ella: noches de micrófono abierto, conciertos o paseos sin rumbo por H Street.

Hace un año, Olivia y yo estábamos en el sofá de su salón viendo Steven Universe con Titania, un cruce de schnauzer y beagle. Sin embargo, ahora me encuentro rodeada de gente que es mucho más guay que yo. En este instante, en U Street todo el mundo hace una de estas tres cosas: reír, fumar o enrollarse con alguien.

Al girar hacia la parada del metro, veo a la chica perfecta a lo lejos.

—¡Cass, está ahí! —Le tiro de la camiseta—. La de rojo. Mira.

La chica se inclina hacia delante mientras hurga en su bolso. A su lado hay dos tíos hipster blancos ensimismados con el móvil: un pelirrojo con pantalones pitillo y un moreno con un llamativo flequillo.

—No nos has contado por qué es la chica perfecta para Cassie —dice Olivia.

La chica levanta la vista del bolso y Olivia se da la vuelta a toda prisa.

Pero me ve. La chica perfecta me saluda con la mano y yo le devuelvo el gesto.

—Ah, es mona —susurra Cassie.

—Te lo dije. —Sonrío.

—Viene hacia acá.

Cierto. La chica perfecta se acerca hacia nosotras sonriendo. Y ahora Cassie sonríe. Aunque está mirando al suelo, se lo noto en las mejillas.

—Hola otra vez —saluda.

Sonrío.

—Hola.

—Mi salvadora.

Pues sí que debe de odiar no limpiarse después de hacer pis.

—No me he presentado. Me llamo Mina.

—Y yo, Molly.

—Tu camiseta —comenta Cassie— es lo más alucinante que he visto en toda mi vida. En plan… —Sacude la cabeza.

Mina se echa a reír.

—Gracias.

—Soy Cassie, por cierto. Nunca he conocido a nadie que conociese a los Georgie James.

Mentira cochina. Que estoy delante…

—¿Sabes? Tiene gracia… —comienza Mina, pero el chico del flequillazo le da un toquecito en un brazo.

—Mina Minina, vamos. —Levanta la vista y me pilla mirándolo por encima del hombro de Cassie—. Hola. Encantado de conoceros, chicas, pero el nuestro es el siguiente.

—Jo, mierda —dice Mina—. Bueno…

—¡El nuestro también! —suelta Cassie rápidamente.

Y sin saber muy bien cómo, sucede: los dos grupos se mezclan. Cassie y Mina echan a andar a la par y Olivia...



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