Alonso | Bacalao de Bilbao | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 191, 334 Seiten

Reihe: Narrativa

Alonso Bacalao de Bilbao


1. Auflage 2025
ISBN: 978-84-10455-24-5
Verlag: Editorial Alrevés
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, Band 191, 334 Seiten

Reihe: Narrativa

ISBN: 978-84-10455-24-5
Verlag: Editorial Alrevés
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



Norberto Lopetegui, el futbolista más prometedor que jamás ha tenido el Athletic, no se decide a firmar la renovación. Bilbao entero asiste al hecho insólito de que uno de sus hijos dude si continuar en el club. Algunos piensan que existe una suculenta oferta del Real Madrid o del FC Barcelona. Traidor, le dicen. Enseguida aparecen las amenazas de muerte. El ertzaina Román Escudero y su amigo, el profesor de Filosofía, se adentrarán en las profundidades del mundo fútbol para descubrir el misterio. Cuarta entrega del profesor Loizaga y sus amigos, en Bilbao y con la gastronomía. Una historia sobre el tema universal de la traición. Una novela para los amantes de las grandes traiciones.

José Francisco Alonso. Bilbao (1968). Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Deusto. Trabaja, igual que su protagonista, Loizaga, como profesor de Filosofía, en este caso en la ciudad de Valladolid. Pisto a la bilbaína, Milhojas de jamón, Café cortado y Bacalao de Bilbao forman el Universo Loizaga, las cuatro novelas publicadas en Alrevés.
Alonso Bacalao de Bilbao jetzt bestellen!

Autoren/Hrsg.


Weitere Infos & Material


1


Bilbao, octubre de 2018.

El profesor Loizaga se colocó al cuello su bufanda del Athletic mientras su hija terminaba de arreglarse para ir al fútbol. Desde hacía unos meses vivía apesadumbrado. La niña estaba a punto de cumplir los dieciocho años y empezaba a estudiar en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Deusto. Ninguna de estas dos cuestiones le producía desvelo, más bien al contrario, cierto orgullo. Sin embargo, producto de la edad o de la reflexión, había empezado a alejarse del fútbol, y consecuentemente, del equipo de la ciudad. Ella lo negaba, «del Athletic siempre», pero surgieron nuevos intereses en su reciente vida. Al principio el padre imaginó que se trataba, otra vez, de los malditos amores, pero la objeción resultó de más profundo calado. «El fútbol es el opio del pueblo», dijo solemne creyéndose apoyada por el establishment de la cultura, hablaba por boca de la intelectualidad, un simple juego, un entretenimiento de las masas aborregadas, el gran ocultador, un desinhibidor de las conciencias sociales.

No podía consentirlo, así que ideó un plan.

—¿Qué tal estoy? —preguntó ella, mostrándose con media vuelta incluida.

Convertida en una mujer, como padre ya no tenía nada que decir.

—Creo que necesitas una nueva camiseta del Athletic. Esta te queda un poco prieta.

—¡Aita!1 —exclamó en tono de reproche.

—No es un comentario sexista, sino una evidencia —afirmó categórico—. Ahora mismo nos vamos a la tienda y te regalo una.

Loizaga abrió la puerta de inmediato para que no hubiese oportunidad de queja. «El opio del pueblo, el opio del pueblo», se repetía en silencio mientras bajaban en el ascensor.

Bilbao siempre vivía febril las horas previas al partido del Athletic. La gente se lanzaba a las calles a beber como preámbulo del gran momento, en una liturgia mantenida durante años, generaciones, más de un siglo. Los aficionados procesionaban hacia el estadio dispuestos a disfrutar de una nueva expresión del mágico misterio. Si algún intelectual no entendía esto, era su puto problema. Su hija le sonreía mientras esquivaban cuerpos con camisetas rojiblancas. En los bares cercanos se apuraban los últimos líquidos y compraban bocadillos para comer en el descanso. Y la gente hablaba muy alto, pues la dicha no entiende de sordinas, y reía sin descanso, y se juramentaba para que todo saliese según un plan previsto que implicaba tres consignas: beber, ganar y volver a beber. La vida era muy sencilla.

En la tienda del club había una larga cola de gentes dispuestas a comprar participaciones de la felicidad en forma de objeto rojiblanco. Se vendían otros productos —balones, sudaderas, llaveros—, pero todo el mundo quería adquirir la camiseta, vestirse de futbolista del Athletic y entrar en San Mamés a jugar el partido. ¿Cómo podía el fútbol ser un mero entretenimiento? El mismo Loizaga hacía años que había superado el sesgo intelectual, aquel que consideraba que lo excelente era siempre minoritario.

Enseguida, la joven eligió su camiseta.

—¿De Norberto Lopetegui? —cuestionó el profesor.

—Por supuesto.

—¿No quieres una sin nombre?

—Quiero la camiseta de Norberto —sentenció su hija.

El padre no dijo nada. Tenía sus objeciones, pues los jugadores vienen y van, mientras que el Athletic es eterno. Por otro lado, Norberto Lopetegui había nacido hijo, nieto, biznieto y tataranieto de futbolistas. Desde su fundación siempre hubo un Lopetegui jugando en el Athletic. Loizaga, que seguía pensando que la camiseta llevaba mejor el nombre de todos no llevando ninguno, se tuvo que conformar, había educado a su hija para que tomase sus propias decisiones. Pagó con gusto y la niña se enfundó la prenda.

—Ahora sí que estás guapa.

Tuvieron tiempo de tomarse una cerveza.

La entrada en San Mamés significaba el culmen de la ilusión. Si hubiese un detector de expectativas humanas colocado en las puertas del estadio la aguja reventaría. Loizaga seguía sintiendo lo mismo cada vez que accedía al campo, la misma emoción que recordaba de niño, ocho años, llevado de la mano por su madre, formando parte de algo muy grande, siendo uno más del Athletic.

Se sentaron en sus localidades después de saludar a sus vecinos en la grada. Aunque nunca se habían visto fuera de San Mamés, habían compartido los momentos más importantes de sus vidas, los nacimientos de los hijos, los ascensos laborales, los divorcios, los adioses familiares.

—Hola, Bitortxu, ¿cómo está tu aita? —preguntó Loizaga a un tipo de mediana edad.

—Sigue muy jodido, pero él resiste. Dice que no piensa morirse hasta que el Athletic gane un título.

—Pues va a ser inmortal —exclamó Loizaga—. Dale recuerdos de mi parte.

—Siempre lo hago. Y me sonríe cuando le digo que has preguntado por él.

Bitor, el padre del Bitortxu, llevaba cincuenta años de socio y solo una ceguera y media docena de cánceres habían conseguido que no fuese a ver los partidos. Así que pidió a su hijo que ocupase su lugar en el estadio, con la única condición de que le contase lo visto para poder también disfrutarlo. El partido tenía para el hijo dos tiempos, el primero en el campo y el segundo en casa del progenitor donde relataba lo sucedido siguiendo estrictamente el orden secuencial de los acontecimientos. El padre, de vez en cuanto, interrumpía la narración para preguntar («¿Y Loizaga qué decía?»), a lo que el vástago respondía («Que no era penalti»), o asuntos más técnicos («¿Quién calentaba en la banda?»), por lo que Bitortxu llevaba papel y boli para tomar apuntes. Ahora que su aita se estaba apagando, aquellos momentos se habían convertido en los mejores de la semana para el hijo.

Partido contra la Real Sociedad y tocaba sufrir. El equipo había empezado mal la temporada, ramplón, sin garra, transmitiendo miedo, con algunos jugadores bajos de forma. ¿Cómo iba a conseguir que su hija entendiese el verdadero significado del fútbol si nadie ponía de su parte? Necesitaba un poco de colaboración, era muy grande la empresa para hacerlo solo. San Mamés estaba, por supuesto, lleno, cincuenta mil espectadores con sus camisetas y sus bufandas. Cantaron el himno. La niña parecía disfrutar del espectáculo, sonreía cada vez que se miraban.

«Bienvenidos a un nuevo partido de Liga en San Mamés. Y te lo cuenta, te lo narra La emoción del bacalao, en Radio Popular-Herri Irratia. El Athletic busca una victoria que lo saque de la zona baja de la clasificación. Cambios importantes en la alineación de los rojiblancos, parece que el entrenador no encuentra su once ideal. Repite en portería con…».

«… y de delantero centro, siempre, Norberto Lobo Lopetegui, en busca del ansiado bacalao».2

«Rueda la pelota en San Mamés».

La joven seguía con intensidad el partido. Saltaba con las oportunidades del Athletic, se llevaba las manos a la cabeza ante las ocasiones del rival, le gritaba al árbitro pidiéndole una tarjeta amarilla para los jugadores contrarios. Todo parecía gravitar dentro de un orden cósmico perfecto. Su preocupación era infundada.

«… minuto 28 de juego, falta a favor de la Real Sociedad que despeja la defensa del Athletic, pero…, cuidado, el árbitro es avisado por el VAR…».

«… penalti, penalti favorable al equipo visitante…».

«… lanza Oyarzabal, gol, gol de la Real Sociedad».

El gol en contra trajo cierta melancolía a su rostro, no digería bien las derrotas. Se preguntaba Loizaga si no la habría educado poco resistente a la frustración, un verdadero problema, no se puede ser del Athletic sin saber perder. También era muy joven, pensó, todo se aprende.

«… ataca un Athletic herido tras el gol encajado…, centro desde la derecha de Susaeta, rebote y… bacalao, bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao. Bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao. Bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao bacalao, bacalao de Ikeeeeeer Muniain. Minuto 31 y el Athletic empata el partido».

Volvió la sonrisa al rostro. La vida de una joven a punto de cumplir los dieciocho parecía el parque de atracciones de las emociones. Bendita juventud, pensó Loizaga, aunque no lo quería para sí, él vivía conforme con sus años, ya no tenía ganas de la montaña rusa ni la casa del terror ni el tren de la bruja, se conformaba con el laberinto de espejos deformantes.

«… descanso en San Mamés. Athletic 1, Real Sociedad 1».

—He traído unas carolinas para celebrar —dijo una señora entrada en años una fila detrás del profesor.

—¿Y qué celebramos? —preguntó Loizaga.

—Acabo de ser abuela. Un niño.

—Enhorabuena. ¿Y cómo se llama?

—Roberto. Mi hijo quería ponerle Norberto, pero a la madre, que es de Salamanca, le sonaba muy raro.

—¡Norberto, como Lopetegui! —exclamó la hija—. Igual nos sale también delantero centro.

—¡Ya podría ser! —asintió Carmen, mirando al cielo.

Carmen se hizo socia del Athletic en cuanto vino a vivir a Bilbao, desde un pequeño pueblo de Segovia, recién sacadas sus oposiciones a notarías. Era la primera García que asistía a los partidos del...



Ihre Fragen, Wünsche oder Anmerkungen
Vorname*
Nachname*
Ihre E-Mail-Adresse*
Kundennr.
Ihre Nachricht*
Lediglich mit * gekennzeichnete Felder sind Pflichtfelder.
Wenn Sie die im Kontaktformular eingegebenen Daten durch Klick auf den nachfolgenden Button übersenden, erklären Sie sich damit einverstanden, dass wir Ihr Angaben für die Beantwortung Ihrer Anfrage verwenden. Selbstverständlich werden Ihre Daten vertraulich behandelt und nicht an Dritte weitergegeben. Sie können der Verwendung Ihrer Daten jederzeit widersprechen. Das Datenhandling bei Sack Fachmedien erklären wir Ihnen in unserer Datenschutzerklärung.