E-Book, Spanisch, 208 Seiten
Anaut Humor, entre la risa y las lágrimas
1. Auflage 2017
ISBN: 978-84-9784-953-1
Verlag: Gedisa Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Traumas y resiliencia
E-Book, Spanisch, 208 Seiten
ISBN: 978-84-9784-953-1
Verlag: Gedisa Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Marie Anaut es psicóloga clínica, terapeuta familiar y de parejas. Profesora de la Universidad de Lyon-II. Autora de Humor, entre risas y lágrimas. Trauma y resiliencia (Gedisa)
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Introducción
«¡Entendí perfectamente que algo no iba bien cuando una chica blanca, pequeña y bonita se arrojaba a los brazos de un negro para pedir ayuda!».1 He aquí el modo en que este negro norteamericano, héroe por un día, relataba con una sonrisa cómplice su intervención, que resultó decisiva para liberar a tres jóvenes que habían permanecido años secuestrados en la casa contigua por un pervertido. Los medios de comunicación dieron amplia resonancia a las palabras de este personaje guasón y chistoso. Charles, el salvador de las jóvenes, divirtió mucho a los norteamericanos, así como a personas de otros países, gracias a su presentación maliciosa de los hechos. No cabe duda de que ese hombre tiene sentido del humor, porque supo captar la comicidad de la situación, a pesar de su contexto eminentemente trágico. Que se riera de sí mismo hizo aún más simpático su acto de liberación. Sus bromas, sin embargo, suscitaron emociones contrapuestas: una especie de alivio, pero también de malestar en ciertas personas que se preguntaban hasta qué punto podían permitirse reírse a pesar del horror vivido por aquellas chicas. ¿Acaso no es obsceno o inconveniente el humor en circunstancias en las que otros no ven más que tristeza o gravedad? Esta historia resume por sí sola gran parte de la problemática del humor, que puede expresarse de forma inesperada, incluso en circunstancias particularmente trágicas. Porque el humor, ese insolente, surge a veces del corazón de la tragedia, deslizándose furtivamente entre la broma y lo serio.
De aspecto complaciente y recreativo en la vida cotidiana, el humor está igualmente presente en las situaciones más difíciles. Transforma la realidad jugando con el lenguaje y la creatividad, revelando los aspectos absurdos o incongruentes de las situaciones. Las actitudes humorísticas tienden así a atenuar la gravedad de las penas y los sufrimientos, mezclando subrepticiamente un poco de placer con la tristeza.
Sin embargo, ¿qué hay en común entre un chiste, una broma, un filme cómico, un sketch, un dibujo humorístico o, incluso, los juegos de palabras y la utilización del humor en los momentos difíciles de la existencia? Las bromas, los retruécanos o las situaciones cómicas despiertan los placeres de la infancia, aquellos juegos en los que se hace «como si», la representación de roles que produce la ilusión de dominar lo incontrolable, permitiéndonos, de este modo, captar el mundo y prepararnos para afrontar su extrañeza. El humor nos remite a los placeres lúdicos de la infancia con sus sombras y sus luces. Revela al niño que hay en el adulto, que se construyó a partir del juego y de lo imaginario. Así, nos recuerda nuestras tentativas infantiles de dominar situaciones frustrantes que se nos escapan o que nos dan miedo.
El humor es un concepto que se resiste tanto a la formalización que puede parecer ambiguo, a pesar de los estudios que intentan asirlo. Según los planteamientos más antiguos, fue definido, primero, desde una perspectiva restringida a sus expresiones positivas y decentes, presentado esencialmente como sutil o espiritual, y diferenciándolo del sarcasmo o la bufonada. Pero, en la actualidad, ocupa un marco más amplio, que engloba todos estos aspectos distintos. En efecto, según su acepción contemporánea, el humor ha adquirido una significación extendida que comprende modalidades variadas y abarca el amplio campo de las expresiones de lo cómico.2 Además, no es necesariamente benevolente y puede presentar componentes hostiles y agresivos. Puede ser entendido entonces como una construcción compuesta, un proceso complejo, que comprende aspectos emocionales y psicológicos, pero también biológicos, cognitivos y sociales.
Para esbozar los primeros contornos de una definición del humor, diremos que es el arte de saber extraer aspectos placenteros, divertidos e insólitos de situaciones de la vida cotidiana, pero también de las vicisitudes de la existencia.
«El humor es el razonamiento que se ha vuelto loco», decía Groucho Marx. Nace de la constatación de algo —una situación, un comportamiento, una acción o unas palabras— que contiene una parte de absurdo, de ridículo, o que resulta incongruente, lo cual le confiere un carácter potencialmente divertido. Asociado o no con la risa, el humor es una experiencia humana universal que contribuye a menudo a tejer vínculos entre las personas. Constituye una base esencial de las competencias relacionales de los individuos, y genera una fuerza social y emocional notable. Aunque a menudo es bienintencionado, a veces puede mostrarse feroz, acerbo e hiriente. Así, tiene virtudes muy atractivas y puede contribuir a unir a las personas, pero puede igualmente constituir un arma de rebelión y a veces de exclusión. Es cierto que este fenómeno específicamente humano puede conducir tanto a lo peor como a lo mejor en los comportamientos y en las producciones de la gente. Pero ¿qué es lo que nos hace reír, a veces en contra de lo que se espera?
La exploración de esta forma insólita de intercambios revela la gran riqueza y la complejidad de los procesos que actúan en el humor. Frente a las duras pruebas de la vida, el distanciamiento humorístico atenúa la frustración provocada por la percepción de nuestros límites y facilita la introspección positiva. Permite expresar, de un modo lúdico, las decepciones y la rabia contenida frente a la adversidad, pero también la esperanza de salir del apuro. Una mirada humorística sobre nuestras fuentes de padecimiento nos ayuda a ser más mesurados y objetivos en la apreciación de nosotros mismos y de nuestras carencias. Nos incita a captar la realidad desde una perspectiva un poco distinta, lo cual contribuye a minimizar el peso de las dificultades de la existencia. En contextos nocivos, constituye un recurso creativo que permite hallar respuestas nuevas a situaciones que parecían sin salida.
A menudo presente en los momentos de adversidad, el humor ayuda a sobrevivir en situaciones extremas. Nos hace capaces de tolerar lo intolerable. En contextos traumáticos, constituye una protección contra la amenaza de desorganización psíquica y protege del sufrimiento. Desde esta perspectiva, el humor está relacionado con el concepto de resiliencia, que designa el proceso mediante el cual los individuos se reconstruyen a pesar de la adversidad. En efecto, la resiliencia es el potencial humano de resistencia a situaciones traumáticas desarrollando recursos para resurgir de la adversidad con los menores daños. Frente a las amenazas traumáticas, el humor constituye un recurso frecuente y específico de los sujetos resilientes. Puede cumplir diversas funciones en la protección de los sujetos heridos. Puede desplegar distintas facetas de su expresión de acuerdo con las particularidades de los individuos y de los contextos.
«La rebelión del humor entreabre la cárcel del trauma»,3 dice Boris Cyrulnik. En un contexto traumático, el humor puede actuar como un mecanismo defensivo que permite atenuar nuestros miedos y sufrimientos, liberando las tensiones internas. Reírnos de lo que nos angustia o nos hiere supone llevar a cabo un distanciamiento que favorece reacomodar los traumas y su elaboración. Como veremos, pueden intervenir distintas modalidades de expresión de lo cómico en la protección de los individuos y favorecer la elaboración de los traumas.
A veces, cuando las personas evocan sus antiguas heridas con la distancia que aportan los años y la experiencia adquirida, lo hacen con humor. La irrisión funciona como un intermediario que permite transformar suficientemente las experiencias traumáticas pasadas como para hacerlas susceptibles de ser compartidas con los demás. El distanciamiento humorístico permite poner un dique a las emociones excesivamente fuertes que resurgen al evocar recuerdos dolorosos. Tal es el caso de las personas que relatan trayectos de vidas rotas, contempladas a través de la mirada distante de la risa, incluso riéndose de sí mismas. El disfraz del humor permite así la expresión de lo inenarrable, que de otro modo permanecería acallado, oculto, capaz de causar vergüenza. Al permitir contar lo inenarrable, el humor contribuye a dar un sentido a las situaciones traumáticas.
Hablaremos, pues, del humor, interrogándonos sobre su funcionamiento y sus implicaciones en la dinámica relacional y en la puesta en juego de los procesos de protección frente a experiencias nocivas. Nuestro enfoque transversal se apoya en particular en el análisis de las relaciones entre el humor y el proceso de resiliencia.4 Sea como sea, el estudio de las facetas de las expresiones de lo cómico nos invita también a explorar el lugar y la utilización del humor a lo largo del tiempo y en diversos contextos sociohistóricos. Como se verá, mucho antes de que se impusiera el término «humor», las cuestiones concernientes a todo aquello que conduce a la risa y a la diversión fueron objeto de intentos de teorización, en particular por parte de los filósofos y los religiosos. Ya en la antigüedad, mucho antes de que los psicólogos contemporáneos se apoderaran del tema, las discusiones sobre el buen y el mal uso de la risa alimentaron debates filosóficos y teológicos.
La exploración de las múltiples facetas de este fenómeno humano universal es también la ocasión para tratar territorios insólitos donde reinan el miedo a la risa y su prohibición. Nos encontramos entonces con individuos que parecen salidos de la tribu de los agelastes, de la que François Rabelais nos enseñó a desconfiar. Pero...




