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E-Book, Spanisch, 231 Seiten

anónimo El libro de los Libros de Chilam Balam


1. Auflage 2025
ISBN: 978-607-16-6125-8
Verlag: Fondo de Cultura Económica
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

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Después de la conquista española, los libros conocidos con el nombre genérico de Chilam Balam fueron redactados en lengua maya, con caracteres latinos. Estos libros conservan las tradiciones, mitos y costumbres de los antiguos mayas. Su contenido es histórico-religioso y su narración se extiende desde el siglo V hasta la época del dominio español.

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INTRODUCCIÓN GENERAL
LOS LIBROS DE CHILAM BALAM


Los llamados libros de Chilam Balam forman una de las secciones más importantes de la literatura indígena americana. Fueron redactados después de la conquista española, por lo que su escritura y su forma material son europeos. Es decir, su escritura es la que los frailes españoles adaptaron a la fonología de la lengua maya en Yucatán y el papel usado —por lo menos en las copias ahora existentes— es también europeo, formando cuadernos. Algunos, si no todos, tuvieron tapas de vaqueta. El material que contienen es heterogéneo. De modo general puede clasificarse así: 1) Textos de carácter religioso: a) puramente indígena; b) cristiano traducido al maya. 2) Textos de carácter histórico, desde crónicas con registro cronológico maya a base de la “cuenta corta” (katunes en series de 13) hasta simples asientos de acontecimientos muy particulares sin importancia general. 3) Textos médicos, con o sin influencia europea. 4) Textos cronológicos y astrológicos: a) tablas de series de katunes con su equivalente cristiano; b) explicaciones acerca del calendario indígena; c) almanaques con o sin cotejo con el Tzolkin maya, incluyendo predicciones, astrología, etc. 5) Astronomía según las ideas imperantes en Europa en el siglo XV. 6) Rituales. 7) Textos literarios; novelas españolas, etc. 8) Miscelánea de textos no clasificados.

Como se ve, la diversidad de su contenido abarca todas las fases culturales por que fue pasando el pueblo maya de Yucatán hasta que cesaron de compilarse. Es indudable que gran parte de sus textos religiosos e históricos puramente nativos provienen de los antiguos libros jeroglíficos, de los cuales solamente existen disponibles en el mundo tres, todos en Europa (véase Villacorta y Villacorta, 1933). Otra porción de sus textos ha sido registrada de fuente oral y el resto de impresos europeos.

Vinieron a llamarse Libros de Chilam Balam, no sabemos desde cuándo. No consta este nombre como título original de ninguno actualmente, aunque Pío Pérez asienta en una de sus transcripciones: “Hasta aquí termina el libro titulado Chilambalam que se conservó en el pueblo de Maní…” (Códice Pérez, Ms., p. 137.) De todos modos, el nombre es ya una denominación técnica aceptada para designar este tipo de libros yucatecos.

Balam es el nombre del más famoso de los Chilames que existieron poco antes de la venida de los blancos al continente. Balam es un nombre de familia, pero significa jaguar o brujo, en un sentido figurado. Chilam (o chilan) es el título que se daba a la clase sacerdotal que interpretaba los libros y la voluntad de los dioses. La palabra significa “el que es boca” (véase Landa, 1938, ed. yuc., p. 50 y Diccionario de Motul, Ms., sub voce). Chilam Balam predijo el advenimiento de una nueva religión y de allí su fama. Vivió en Maní en la época de Mochan Xiu poco antes de la conquista española.

Cómo llegaron a organizarse y multiplicarse los Libros de Chilam Balam, lo suponemos así: Algún sacerdote (o varios sacerdotes simultáneamente) recibiría instrucción de los frailes, aprendiendo a leer y escribir en su propia lengua. Aprovechando esta nueva adquisición de su cultura, transcribiría textos religiosos e históricos contenidos en sus libros jeroglíficos, incluyendo los de las predicciones de Chilam Balam. De una o varias fuentes saldrían copias que pasarían a manos de los sacerdotes nativos de otros pueblos, viniendo así a incluir en su denominación el nombre del lugar de procedencia: Chumayel, Maní, Tizimín, etc. En cada poblado al núcleo original se le fue adicionando otro material de acuerdo con el criterio del curador y según los acontecimientos locales. Como se les tenía por libros sagrados, que eran leídos en ciertas ocasiones, había el interés de conservarlos para la posteridad y fuéronse copiando y recopiando cuando se deterioraban. Los copistas cometieron errores de lectura, por lo que en veces, sea por desgaste, mala escritura anterior, manchas, etc., no entendieron alguna palabra correctamente, la transcribieron mal, o la sustituyeron por otra, en ocasiones correcta según el contexto, pero no exactamente igual a la que se sustituía, sino sinónima; cometieron algunos errores de escritura; dejaron de poner palabras faltantes completamente o agregaron de su cosecha otras, etc. El tiempo destruía los libros materialmente y destruía a su vez el entendimiento que sus curadores deberían tener de su contenido al modificar su propia cultura. Así pues, las copias hoy existentes no son las originales del siglo XVI en sus textos de fondo, sino copias de copias muy posteriores, algunas del siglo XVII y otras aun del siglo XX. Gran parte de estos textos que llamamos de fondo aparecen repetidos una o más veces en los Libros, pero en cada ocasión, las versiones no son idénticas, por las razones apuntadas.

Puede entonces decirse que los Libros contienen dos tipos de texto, en lo que respecta a la posibilidad de su exégesis: 1) los susceptibles de ser reconstruidos por cotejo de sus varias versiones y 2) los que no son susceptibles de reconstrucción porque son singulares. Algunos de estos últimos, debido a su asunto, simplicidad y época no lejana, obviamente no necesitarán reconstrucción. De ahí que hayamos preferido hacer un Libro de Libros de Chilam Balam, en lugar de hacer traducciones aisladas de cada uno, y que hayamos preferido los textos del tipo 1 para hacerlo, dejando para más adelante los del tipo 2, pues es posible que sean hallados nuevos Libros donde aparezcan textos paralelos de algunos que actualmente son singulares. Por de pronto, hasta 1936, el texto de “El lenguaje de Zuyua”, incluido en esta obra, no tenía paralelo, pero en ese año fue descubierto el Libro de Chilam Balam de Tusik en donde vino una versión que ha servido mucho para aclarar algunos pasajes.

Así pues, la presente obra contiene la traducción de los textos de los cuales existe más de una versión. Las traducciones se han hecho sobre la reconstrucción realizada mediante una cuidadosa colación de las varias versiones, siguiendo un método riguroso, como puede verse en nuestra edición crítica de la Crónica publicada por la Carnegie Institution of Washington en 1949, con un comentario por el doctor Sylvanus G. Morley.

Al presente hay listados más de una docena de Libros de Chilam Balam, pero los disponibles para estudio son los siguientes: 1) Chumayel, 2) Tizimín, 3) Káua, 4) Ixil, 5) Tekax, 6) Nah, 7) Tusik y 8) Códice Pérez (Maní).

Hay noticias de otros: el de Teabo, que parece ser el mismo de Tekax y los de Peto, Nabulá, Tihosuco, Tixkokob, Hocabá y Oxkutzcab, pero nadie los ha descrito, ni se sabe dónde se encuentran.

Se dio en llamar Chilam Balam a la Crónica de Calkiní de carácter puramente histórico, traducida por nosotros y publicada, con el nombre de Códice de Calkiní, en 1957.

La referencia clara de la existencia de los Libros de Chilam Balam en los principios del siglo XVII la tenemos en Sánchez de Aguilar, que dice en su informe (ed. 1937, p. 181): “Ultra que sería muy útil que hubiese impresos en la lengua de estos Indios, que tratasen del Génesis y creación del mundo; porque tienen fábulas, o historias muy perjudiciales, y algunos las han hecho escribir, y las guardan, y leen en sus juntas. E yo huue un cartapacio de estos que quité a un Maestro de Capilla, llamado Cuytun del pueblo de Çucop, el cual se me huyó, y nunca le pude auer para saber el origen deste su Génesis…” Cogolludo (1867-1868, vol. I, p. 310), después de citar las palabras de Sánchez de Aguilar, agrega: “Recién venido yo de España oí decir a un religioso llamado Fr. Juan Gutiérrez, y era gran lengua de estos indios, que había vista otro escrito semejante al dicho…” También menciona Cogolludo (ibid., p. 183) “un librillo…” que fue seguramente —o es— una crónica histórica del tipo de las de los Pech o de la de Calkiní.

El doctor D. Agustín de Echano, canónigo que fue de la Catedral de Mérida (Yucatán), en la aprobación de una obrita en maya, impresa en 1758, asienta: “La experiencia de manejar tan incesantemente a los indios en cerca de doce años que les serví, me enseñó que el motivo de estar todavía muchos tan apegados a sus antigüedades era porque siendo los naturales muy curiosos, y aplicándose a saber leer, los que esto logran, cuanto papel tienen a mano tanto leen; y no habiendo entre ellos más tratados en su idioma que los que sus antepasados escribieron, cuya materia es sólo de sus hechicerías, encantos y curaciones con muchos abusos y ensalmos” (en Domínguez, 1758). Damos inmediatamente una breve reseña de cada uno de los ocho más conocidos:

1. El Chilam Balam de Chumayel. Procede del pueblo de Chumayel, Yucatán. Fue propiedad del obispo Crescencio Carrillo y Ancona. En 1868, siendo ya propiedad de éste, fue copiado a mano por el doctor Berendt y en 1887 fotografiado por Teoberto Maler. George B. Gordon, director del Museo de la Universidad de Pennsylvania, lo fotografió y editó en forma facsimilar en 1913. Pasó a la Biblioteca Cepeda de Mérida en 1915, de donde fue sustraído juntamente con otros manuscritos, antes de 1918. En 1938 apareció en venta en Estados Unidos en la suma de siete mil dólares. Más tarde, fue de nuevo ofrecido en venta al doctor Sylvanus G. Morley por la suma de cinco mil...



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