Antunes | Estimulación del cerebro infantil | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 76, 128 Seiten

Reihe: Primeros años

Antunes Estimulación del cerebro infantil

Desde el nacimiento hasta los 3 años
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-277-3049-6
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Desde el nacimiento hasta los 3 años

E-Book, Spanisch, Band 76, 128 Seiten

Reihe: Primeros años

ISBN: 978-84-277-3049-6
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Del nacimiento a los tres años de vida, el tamaño del cerebro humano se desarrolla de forma extraordinaria. El bebé se transforma deprisa, aprende mucho y cada día nos sorprende con nuevos descubrimientos. Las modificaciones de su cuerpo y de su mente nunca dejan de asombrar. Hoy se sabe que el cerebro humano, igual que los músculos del cuerpo, responde de forma muy positiva a programas de estimulación temprana, en los que se invierten solo unos minutos diarios, y se logran progresos y asimilaciones fundamentales para la vida del niño, tenidos por inimaginables tiempo atrás. La propuesta de este libro es ofrecer, para cada fase del desarrollo infantil desde el nacimiento hasta los tres años de edad y para las diversas áreas del desarrollo de los pequeños, unas líneas de acción y numerosos ejercicios de estimulación que no solo amplíen la dimensión afectiva de la convivencia con el niño, sino que, principalmente, transformen su cerebro y sus inteligencias significativa y positivamente.

Celso ANTUNES es profesor y Coordinador de Formación en la Universidad. Imparte cursos a docentes. Ha escrito numerosos libros y artículos sobre temas educativos y especialmente sobre Inteligencias Mútiples.
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2. De los cinco a los nueve meses


LOS MÁGICOS CAMBIOS CEREBRALES DESDE LOS CINCO A LOS NUEVE MESES


Déficit de atención, hiperactividad, algunas formas de autismo, trastornos de hábitos alimentarios, ansiedad, depresión, esquizofrenia, etc., son términos que denominan un monto de problemas que nos rodean y nos limitan. Antiguamente no se sabía qué causaba estos males y una nube de silencio rodeaba de miedo y de aprensiones a los padres que ansiaban tener hijos. Actualmente, estas palabras aún asustan, pero los estudios sobre el cerebro humano comienzan a desvelarlas.

Las razones de esos males pueden ser muchas, pero tienen un punto en común: están siempre ligadas a experiencias traumáticas vividas en la primera infancia. Estudios recientes no dejan ninguna duda de que el abandono, la agresión, la indiferencia, la desatención influyen decisivamente en las conexiones neuronales del cerebro infantil y en el equilibrio de neurotransmisores, ocasionando alteraciones capaces de aumentar de forma significativa la vulnerabilidad a trastornos específicos que van a manifestarse durante toda la vida.

Desde hace algunas décadas ya se sabe que las experiencias de aprendizaje en la primera infancia con sólidos contenidos afectivos dirigen el desarrollo del niño y se reflejan de forma positiva a lo largo de toda la vida. Aún es difícil saber cómo ayudar significativamente a adolescentes y adultos víctimas del desapego en la infancia, pero ya no cabe duda de cómo trabajar para que algunos de esos males no ocurran nunca.

Hace años, era corriente que las madres permanecieran la mayor parte del tiempo con sus hijos e, incluso desconociendo procedimientos estimulantes, esa presencia, en muchos casos, transmitía seguridad emocional al bebé y desarrollaba en él un acentuado sentimiento de protección.

Hoy día, las cosas han cambiado bastante; la mayor parte de las mujeres que trabajan salen de casa antes de que el niño cumpla un año o, si permanecen en casa, muchas se “sumergen” en sus trabajos como si estuviesen ausentes, y esa distancia afectiva ha de ser compensada, cuando sea posible, escogiendo a niñeras emocionalmente afectivas y esencialmente preparadas, y también un ambiente estimulante o, mejor aún, escuelas infantiles en las que existan esas condiciones ambientales y la seguridad de esa afectividad.

Entendemos por niñeras o cuidadoras, emocionalmente afectivas, las que reúnen dos condiciones esenciales en sus comportamientos: que, efectivamente, les gusten los niños; y que sepan además cómo tratar sus desafíos y su obstinación, sus rabietas y sus caprichos.

A continuación, profundizaremos en algunos elementos ambientales y afectivos que consideramos imprescindibles para que el espacio de crianza y la guardería o la escuela infantil escogida puedan transformarse en esa simbólica y admirable “aula”. Veamos algunos aspectos muy importantes.

  • Es muy importante que las personas que frecuenten ese ambiente, incluyendo a los adultos y a otros niños, se comporten con serenidad y calma, y puedan transmitir un apoyo emocional extremadamente positivo.

Los espacios en los que el niño pasa la mayor parte de su día deben tener las debidas proporciones y en ellos los pequeños deben gozar de cuidados más o menos similares a los que se tienen en los quirófanos y, del mismo modo que en éstos no se entra gritando o moviéndose sin armonía y cuidado, lo mismo se espera del ambiente en el que se desarrolla el niño.

Las personas estresadas, agitadas, que fuman, hablan en tono elevado, etc., no son bienvenidas en estos espacios.

  • En el hogar y en la escuela infantil, debe darse una segura orientación dietética, supervisada por el pediatra o especialista, y seguida con seriedad y firmeza, prescribiendo para cada niño la efectiva necesidad diaria de proteínas, vitaminas, sales minerales y calorías que deban acumular de cara a los desafíos que afrontarán.
  • Entre los juguetes del niño es esencial que existan alternativas para el estímulo de todos los sentidos. Subrayamos a propósito la palabra “juguetes” para destacar que, en realidad, muchos objetos extremadamente ricos para estimular no son necesariamente “juguetes”, sino artículos de colores que pueden agudizar la sensibilidad de mirar, tocar, oler y escuchar.

Es, pues, necesario que esos objetos, además de la imprescindible seguridad, —que no tengan puntas afiladas, no puedan ser tragados, no desprendan tintas, no permitan que el niño se ahogue, etc.— puedan alternar colores, producir sonidos, exhibir diferentes texturas al tacto; que desafíen la inmensa curiosidad del niño y que siempre se constituyan en elementos para su placer.

Como no se recomienda aplicar de forma simultánea estímulos diferentes, es interesante, cuando sea posible, que el niño no tenga a su disposición “todos sus juguetes” y que los padres promuevan una selección específica de algunos —sonoros, táctiles, de colores—, dejándolos a disposición del niño, y escondan otros, para hacer un relevo parcial de vez en cuando. Es importante en esa selección verificar si se están propiciando nuevos desafíos y que estos no resulten tan fáciles que permitan que el niño los supere de inmediato, pero también que no sean extremadamente difíciles, provocándole desánimo.

  • También es importante que se preste una atención especial al desarrollo del lenguaje del niño, repitiendo las palabras que use para designar a personas u objetos, valorizando ese balbuceo y estimulando sin prisa la trasposición de una a dos palabras y de éstas a la formación de pequeñas oraciones.

Si el niño balbucea, por ejemplo: “aga” (agua), complete: “Francisco quiere agua” y así en lo sucesivo. Siempre que sea posible, converse con el niño usando frases cortas, pero pronunciadas con claridad. Steven Pinker (2002) enfatiza el error educativo imperdonable de algunos adultos que utilizan un lenguaje infantilizado, es decir, la lengua tal como la usa el niño, adulterando palabras en la disparatada suposición de que ese ejercicio pueda simplificar el nacimiento del lenguaje. Como es de esperar, esta práctica solo acaba perjudicado la aparición del mismo.

Aunque esta sea una fase inicial del desarrollo del lenguaje, es imprescindible que se use el “yo” y el “tú/usted/vos” con frecuencia. Esa actitud facilita que el niño ejercite una disociación importante entre él y el otro, y estimula su lenguaje interior.

  • No olvide que uno de los “juguetes” más saludables para un niño para que aprenda y practique la socialización son los otros niños, con intervenciones adultas restringidas que se limiten solo a eventuales extremos de agresiones.

La antigua “ley de oro”, presente en todas las grandes religiones, vale para los fundamentos de esa intervención: “No permita que hagan al otro lo que no le gustaría que el otro le hiciese a usted”. En la observación de la relación social del niño con otros de su edad o de edades próximas, es importante que el adulto no “militarice” esas conductas, dejándolas fluir con espontaneidad y liberándose de expectativas. Si es posible, grabe las “conversaciones” del niño con el adulto o con otros niños y, después, hágaselas oír.

  • Del mismo modo que en nuestras relaciones sociales, también en los juegos individuales es importante ofrecer a los niños la oportunidad de escoger sus propias actividades. Como es natural que todo niño adore siempre los desafíos repetitivos —si oye una pista de un CD, siempre quiere oír la misma pista— muestre el buen sentido de aceptar con tolerancia, pero solo hasta cierto punto, esa repetitividad, proponiendo siempre otras alternativas.

Entre las actividades que pueden sugerirse no se excluye la posibilidad de que el niño asista a un programa infantil o a la presentación de una película, pero recuerde que esa actividad, aunque sea positiva para los estímulos visuales y para la observación de movimientos, constituye una función “observadora” del niño, siempre menos útil que las funciones activas, restringiéndola solo a algunos minutos diarios, en caso de que el niño demuestre placer y entusiasmo en esa actividad.

  • En el hogar, es importante la existencia de un cuaderno, un diario, que registre las conquistas y los progresos del niño, así como una síntesis de los estímulos promovidos. Si el pequeño asiste a una escuela infantil, será también importante...



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