E-Book, Spanisch, 208 Seiten
Reihe: Surcos
Arana Benito del Valle Una corriente de energía y solidaridad
1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-1063-084-0
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Repensar la Comunión de los Santos hoy
E-Book, Spanisch, 208 Seiten
Reihe: Surcos
ISBN: 978-84-1063-084-0
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
María José Arana Benito del Valle (Bilbao 1943) es religiosa del Sagrado Corazón, teóloga, socióloga y maestra nacional. Doctora en Teología Sistemática por la Universidad de Deusto, ha sido profesora de Teología en la Facultad del Norte de España en Vitoria y en la Escuela Feminista de Teología de Andalucía (EFETA). También ha impartido charlas y escrito conferencias en muy diversos lugares. Especializada en teología feminista, ha trabajado y participado en bastantes grupos de mujeres, especialmente de mujeres teólogas: ha sido copresidenta del Fórum Ecuménico de Mujeres Cristianas.
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Capítulo introductorio
«Todas las cosas se aman. La naturaleza toda tiende hacia un tú. Todos los seres vivos están en comunión unos con otros». Así comienza su libro el inolvidable Ernesto Cardenal1; y yo quiero valerme de estas palabras suyas para comenzar el mío. Y lo hago porque expresan muy bien lo inefable de esa comunicación de amor entre los seres: todo tiende a la relación, a la comunión de unos con otros. Y esa tendencia constante nos empuja, y en ella nos encontramos, nos interconectamos… Y desde ella, desde esta comunión indecible, se señalan también «vías» de acceso y de comprensión de esa naturaleza y humanidad que se abrazan y se aman.
Están ahí presentes las corrientes de energía que recorren el mundo, aúnan a todos los seres y los enlazan. «Todos los seres se aman». Lo sabemos y lo sentimos. Las cosas y los seres están interrelacionados unos con otros en esta ley inexorable de aproximación… Somos naturaleza y no podemos vivir al margen de ella; así pues, también vivimos en profunda conexión con todos los seres, dependemos los unos de los otros, y no solo de nuestros coetáneos, también estamos enlazados con el pasado, con los que nos precedieron, y con el futuro que nos llama, con los que vendrán.
Somos absolutamente interdependientes. «La interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, en un solo proyecto» (Laudato si’). La ecología, la ciencia, la globalización, la eco-dependencia –aunque no solo ellas– nos señalan caminos nuevos para evidenciárnoslo; palpamos esa energía que recorre la tierra, que aúna los seres y penetra el universo… Crece la conciencia holística de la interrelación de todo; es una nueva conciencia que está configurando una cultura distinta, y a la inversa, la cultura influye directamente en la conciencia. Es una energía que penetra hasta lo más profundo del universo. Tiene que ver con Aquel que todo lo creó porque ciertamente «el mundo es una manifestación de la energía divina»2. Sentirnos en conexión, sentirnos cuerpo, implica una seria corresponsabilidad con todo el universo.
Desde luego, si profundizamos más la mística y la espiritualidad –y estos caminos son sumamente importantes–, nos ayudarán a sentirlo todo de otra forma, más hondamente. La mística y la espiritualidad nos acercan enormemente los unos a los otros/as, a la realidad, y es este un acercamiento privilegiado, casi sacral. No podemos prescindir de ellas porque pueden descubrirnos mejor lo inefable, llegan siempre más lejos y pueden conducirnos a profundidades insospechadas, nos abren los más amplios horizontes, entramos en otro nivel de conciencia...
San Pablo describe con claridad una forma íntima de interdependencia:
De manera que, si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los demás toman parte en su gozo (1 Cor 12,26).
Sí, formamos un solo cuerpo y, en esa unidad íntima del cuerpo, somos introducidos/as en la corriente solidaria, corriente de amor que todo lo vitaliza y a nosotros/as nos enlaza en la realidad conjunta que llamamos humanidad y que constituye la historia… Es una corriente que, como decíamos, empuja desde el pasado y es llamada desde el futuro, enlaza tiempo y generaciones y lo hace en un movimiento ascendente y evolutivo…
A este proceso que fluye temporal, constante, operativo, imparable, lo llamamos historia. Ahí avanzamos juntos/as, inmersos/as en la realidad temporal; recibimos de ella e influimos en ella; avanzar juntos/as es una responsabilidad común, por eso toda separación hiere al todo.
Recibimos y aportamos; efectivamente, se enlaza en nosotros/as pasado y futuro. ¡Es precioso vivirlo así!, sí, aunque también tiene sus tramos dolorosos, mejor, la existencia está atravesada de sufrimiento, porque «la creación entera gime y sufre dolores de parto»… y, evidentemente «nosotros también gemimos» (Rom 8,22). Estamos inmersos en la realidad que es también «doliente», padecemos con ella.
Lo comprendemos mejor con esa imagen expresiva a la que nos hemos referido, la del cuerpo, que explica simbólicamente algo muy importante respecto a esa mutua interrelación: «y si un miembro padece» todos reciben de ese dolor… No sabemos cómo, pero la comunicación existe, su influencia es incalculable «y si un miembro es honrado, todos los demás toman parte de ese gozo», de forma muy misteriosa, pero muy real.
La sabiduría antigua, y especialmente la de los pueblos orientales, ha encontrado en sí mismos raíces profundas de la interdependencia, de la íntima interrelación de las cosas y los seres.
Es necesario que nos asomemos y abramos «puertas» tan principales para entrar en «recintos» tan reveladores. Todos ellos conducen a nuevos niveles de comprensión. Nos abren horizontes insospechados. Porque necesitamos comprender y comprendernos mejor, penetrar más y más en nuestra interioridad, en el misterio de la vida y de la existencia. Podemos y debemos sentirnos en comunión, en interdependencia, no solo sabernos, sino verdaderamente sentirnos en solidaridad con todo y todos. Es una experiencia preciosa que ayuda a entrar en la realidad de forma vital y espiritual. Ayuda al crecimiento interior.
Hemos de entrar en estos y otros espacios sagrados de comunión que nos acerquen también a esa comunión de vida honda: a esta comunión espiritual de solidaridad, de gracia, de santidad, la llamamos «Comunión de los Santos».
En estas páginas vamos a tratar de adentrarnos en estas realidades desde distintos ángulos y perspectivas diversas, y vamos a intentar descubrir un poco –algo– del secreto que encierran, es decir, de la profunda realidad que nos rodea y nos habita. Vamos a tratar de sentir esta unión íntima de todos los seres, y esta tendencia hacia la integración e interdependencia. El amor es la fuerza ascensional, la actitud fundamental del universo, el impulso sustentador… y ahí estamos llamados/as a formar parte.
Los tres primeros capítulos del libro tienen una entidad propia, pero a la vez cimientan las bases de los capítulos 4-9; es una especie de «pórtico» que nos introducirá en la segunda parte, la más nuclear de este libro, es decir, la que está dedicada más directamente a la misma Comunión de los Santos.
Algo que me ha llamado poderosamente la atención es lo poquísimo que se ha escrito, algo casi irrelevante, sobre este artículo del Credo que es tan importante y está tan ligado a nuestra experiencia y existencia3. Por eso estoy totalmente de acuerdo con Joan Chittister, que, además, es una de las muy pocas personas que ha tocado el tema –por cierto, muy brevemente, en su comentario al Credo–; señala algo muy fundamental cuando dice que «la Comunión de los Santos es un concepto que habría que reavivar»4. Claudio Dalla Costa dice que es un dogma «casi olvidado», pero lo califica como uno de los misterios «más bellos de la voluntad divina», y es verdad. Sí, hemos de recogerlo, y así revitalizarlo, porque queremos revitalizar el mundo, también la Iglesia. Hay cuestiones de la vida, la teología y la espiritualidad religiosa que solo son comprensibles, o por lo menos se pueden comprender mejor, a través de esta realidad; cuestiones que tienen que ver con el pecado, la gracia, la relación espiritual entre los seres; también tiene que ver con la economía de la gracia, e incluso con el sufrimiento del mundo; fortalece nuestra esperanza y da un gran sentido a la vida. Y esta es, un poco, la pretensión de este escrito: renovar y actualizar algo esta realidad; reavivarla.
Para hacerlo hemos de entrar en lugares y experiencias que a primera vista pueden parecer alejados de esta realidad de comunión espiritual, pero que en verdad nos sitúan en esa unión íntima que nos enlaza con la tierra, el universo, la realidad entera…, que engarza vida y generaciones, y nos mantiene en la conciencia de ser y hacer historia… Porque, aunque no se haya transitado mucho por estas vías para llegar a la Comunión de los Santos, sin embargo, son caminos por los que, hoy en día, entramos con mucha mayor claridad y facilidad en este tema que está íntimamente relacionado con ellos y con nuestra experiencia diaria. Esta primera parte nos «introducen», como una gran puerta que se abre a la segunda parte: la Comunión de los Santos, conocida, vivida por diferentes personas que expresan lo que siempre será la misteriosa e inefable comunión, que siempre nos resultará misteriosa y siempre necesitaremos saber más. En ella y con ella entraremos en cuestiones tan vitales como las del Cuerpo místico, el sufrimiento del mundo, la gracia vivida, la solidaridad; en definitiva y en lo que se pueda, nos aproximamos a la economía de la salvación y gracia…
Para la redacción y estructura del libro vamos a utilizar una metodología, llamémosla «coral», es decir, dejaremos «cantar» a distintas voces, en diferentes trozos de textos escritos por diversos autores y especialmente, autoras. También recogeremos la experiencia de dos comunidades cristianas de laicos y laicas: la de Koïnotes, que, en la antigua Checoslovaquia, vivió con fervor y valentía la época de la clandestinidad, y la «Comunidad del Arca», que estaba formada por comunidades con enfermos, especialmente enfermos mentales. Ambas comunidades tienen una concreta aportación a la vida de la Iglesia. Además –y esta será una aportación magnífica– «escucharemos» a siete comunidades de religiosas contemplativas que colaborarán narrándonos algo de su vivencia y experiencia comunitaria y personal sobre...




