E-Book, Spanisch, 448 Seiten
Reihe: TBR
Arbeteta Amor por encargo
1. Auflage 2025
ISBN: 978-84-19621-93-1
Verlag: TBR Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 448 Seiten
Reihe: TBR
ISBN: 978-84-19621-93-1
Verlag: TBR Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Olivia ¿Hay algo peor que trabajar con Asier Eguren? Pues sí, para qué mentir: que me tenga que ir a Andorra con él. Ah, y quedarnos allí encerrados# Además, está demasiado bueno y me cuesta centrarme. Necesito saber qué significan sus tatuajes. Uff, esto va a ser difícil# Asier Si trabajo en esto es simple y llanamente por la pasta. Porque, a ver, ¿a alguien le gustaría escribir los libros de otros? A mí no. ¿La motivación para este? Aparte del dinero, la pelirroja que va a encargarse de editar el libro. Qué mal se me da esto de socializar, pero es que con ella resulta más complicado aún#
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2
Olivia
Las puertas del ascensor se abren. Suelta despacio mi tarjeta, se vuelve a meter las manos en los bolsillos de la chaqueta y echa a andar.
Tardo un par de segundos en despegarme de la pared del ascensor y, muy en mi línea, echo a correr.
El fantasma.
Este. Tío. Es. El. Putísimo. Escritor. Fantasma.
Seré su jefa.
Y mi jefa va a matarme.
Le adelanto por la izquierda y sigo corriendo. Cruzo el pasillo, giro y me abalanzo contra el mostrador que da paso al departamento de edición, lleno de ficus, libros publicados y paredes acristaladas. Por suerte, Vera, la recepcionista, es otra de esas amables personas a las que le caigo maravillosamente bien, así que sonríe en cuanto me ve y me tranquiliza con una mano.
¿Por qué los dos únicos seres humanos que parece que detestan mi pura existencia son mi jefa y, desde hace un minuto, el tío con el que voy a tener que trabajar para el encargo más importante de la editorial?
–Relájate, Oli. Carol se ha ido a la séptima planta a hablar con los de marketing –me dice Vera en voz baja. Me tiende dos cafés y yo le digo cuatro veces seguidas que la amo–. Tienes suerte: Toño acaba de avisarme de que el representante ha pedido acceso al aparcamiento, así que tardará un ratito en llegar. Y al escritor fantasma debes habértelo encontrado subiend...
–Se lo ha encontrado.
Doy un respingo al escuchar a mi espalda esa voz grave y falta de alegría. Me consuela que Vera reaccione de la misma forma que yo, aunque no tanto que después le dedique esa cara de adorable chihuahua en celo.
–Usted debe ser Asier Eguren –ronronea sonriente.
Es extraño que Vera trate de usted a un hombre más joven que ella, pero es su manera de camelarse a los escritores. Suele funcionar. A los artistas les encantan esas muestras de que son el ombligo del mundo, protagonistas de su propia historia, etcétera, etcétera.
–Sí, soy yo –reconoce él (es decir, Asier). El peloteo de Vera no surte efecto, porque no parece demasiado entusiasmado.
–¡Qué bien que haya llegado! Le estábamos esperando.
–Al parecer, no todos...
Un escalofrío me recorre la espalda. Es evidente que es una pulla hacia mí. Por si fuera poco, se ha apoyado en el mostrador, justo a mi lado. Su brazo roza el mío y me quedo paralizada.
Tampoco sé qué decir, así que es Vera quien se ríe con educación y señala una de las sillas de plástico transparente que ocupan la recepción.
–Si es tan amable, siéntese y espere un minuto, señor Eguren. Enseguida le acompaño a la sala de reuniones.
–¿No puedo ir con ella? –Asier sigue hablando como si yo no estuviera allí–. Cuanto antes empecemos con la reunión, mejor.
–Me temo que tiene que esperar –dice con suavidad Vera–. Faltan por llegar algunos asistentes importantes...
–Ah, pensé que los más importantes –sigue diciendo él con calma– somos quienes realmente vamos a trabajar. El que escribe –se señala– y la que edita.
Cómo no, me ha señalado sin mirarme siquiera. Vera observa su dedo, parpadea confusa y contemplo cómo se ruboriza.
–Sí, ya, le entiendo, señor Eguren, pero me temo que no puede pa...
De inmediato, me giro hacia Asier y le tiendo uno de los cafés, el que era para mí y que necesitaba con desesperación.
Solo que necesito con más desesperación todavía caerle bien a él.
–Ten, es para ti –le digo en tono conciliador–. Eres importante, tranquilo. El que más –añado al verle alzar una ceja–. Es solo que nosotros trabajamos, sí, pero mi jefa es quien va a poner el dinero, y el representante de Seoane, el que genera el dinero. Por desgracia, tú y yo no podemos decidir nada sin que estén delante. Ni voz ni voto.
Asier me mira. Esta vez no irradia esa especie de aburrimiento que parece inherente a él. Más bien parece... decepcionado.
–Ya –dice en voz baja–. Entiendo.
Coge el café y se da la vuelta para hacer caso a Vera y sentarse en una de las sillas de recepción.
Me doy cuenta de que he estado conteniendo el aliento cuando, al ver su espalda, suelto el aire de golpe, aunque sigo con una sensación extraña en el pecho.
Al girarme hacia Vera, la pobre hace un gesto con el labio hacia abajo que dice «hostia, vaya marrón», y yo cierro los ojos mientras asiento, para decirle que «efectivamente, el día no ha podido empezar peor».
Una fotopene no solicitada, mensajes histéricos de Jud, mi jefa cabreada, el escritor fantasma con el que voy a trabajar pensando que soy imbécil...
Esta vez, creo que he hecho pleno.
Ya sí, me dirijo a mi mesa, rezando porque Carol, cuando aparezca, se haya creído la excusa del fallo en el metro y no me eche (demasiado) la bronca.
A unos pasos de mi mesa, en su propio escritorio, Judith alza una mano por encima de la pantalla de su ordenador y señala el móvil que tiene en la otra. Saco el mío en cuanto dejo sobre la mesa todas las bolsas que llevo colgando y lo desbloqueo.
PUTISIMA JEFA, AS LLEGADO
A TIEMPO
Pero a qué precio
CÓMO Q A KHÉ PRECIO, ESPLICATE
Por dios, Jud, al menos usa
las “x” correctamente!
YA ME PASO CORRIGIENDO TODO
EL DIA PUTAS MIERDAS DE LIBROS, NO ME HAGAS AHORA CORREGIR
EN MI TIEMPO LIVRE
Mira, para joderte he puesto esa uve aposta
Vale, vale, fiera
Luego te cuento
Y tu ArguiNano?




