E-Book, Spanisch, Band 1, 380 Seiten
Reihe: 86 -EIGHTY SIX-
Asato 86 -EIGHTYSIX- Vol. 01
1. Auflage 2026
ISBN: 979-13-9926454-8
Verlag: SEKAI Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
E-Book, Spanisch, Band 1, 380 Seiten
Reihe: 86 -EIGHTY SIX-
ISBN: 979-13-9926454-8
Verlag: SEKAI Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
La República de San Magnolia lleva años sufriendo los ataques del Imperio de Giad y de su ejército de drones no tripulados, conocidos como la Legión. Tras años de ardua investigación, la República logró por fin desarrollar sus propios drones autónomos, convirtiendo aquella lucha unilateral en una guerra sin bajas... o, al menos, eso es lo que afirma el Gobierno.
Pero lo cierto es que no existe una guerra sin muerte.
Más allá de las murallas fortificadas que protegen los ochenta y cinco distritos de la República, se encuentra el «inexistente» sector ochenta y seis. Los jóvenes de aquella tierra abandonada han sido marcados como los Eighty-Six y, despojados de su humanidad, son obligados a pilotar las armas «no tripuladas» en el campo de batalla...
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[Prólogo] Amapolas sobre el campo de batalla
Una cacofonía ensordecedora se mezcló con el ruido de la transmisión de radio.
—Handler One a Undertaker. La fuerza enemiga ha aparecido en el radar. Hemos confirmado una unidad enemiga de tamaño batallón, compuesta por tipos de artillería anticarro y una fuerza de tipos Dragoon de tamaño similar.
—Aquí Undertaker, recibido. Puedo sentirlos desde aquí.
—El mando queda transferido al oficial al mando sobre el terreno con efecto inmediato. Mostrad gratitud a la patria con vuestra carne y sangre, y defended la República con vuestra propia vida.
—Entendido.
—Chicos… Lo siento… Lo siento muchísimo.
—Undertaker a todas las unidades. Handler One ha renunciado al mando. A partir de ahora, Undertaker asumirá el mando de la operación.
—Alpha Leader, recibido. Supongo que lo de siempre, ¿no, Parca? Por cierto, ¿qué ha dicho al final nuestra dueña? ¿Qué ha dicho esa cobarde de mierda?
—Que lo siente.
Al oír aquella respuesta, la voz al otro lado del pararaid estalló en carcajadas.
—¡Ja, ja, ja! Esos malditos cerdos nunca cambiarán. Nos expulsan, nos encierran… y luego se tapan los oídos y dicen que lo sienten. ¡Menuda puta mierda! ¡A todas las unidades, ya lo habéis oído! Si tenemos que marchar hacia la muerte, supongo que no estará tan mal tener a nuestra fiel Parca guiándonos.
—Sesenta segundos hasta el contacto con el enemigo… Se aproxima el bombardeo. Atravesad la zona de bombardeo enemiga a máxima velocidad de combate.
—¡Vamos, chicos!
—¡Delta Leader a escuadrón Delta! ¡No intentéis moveros a lo loco! ¡Tenemos que liquidarlos aquí mismo!
—¡Charlie Three! ¡Tienes un hostil a las diez! ¡Esquívalo…! ¡Mierda!
—Echo One a todas las unidades. Echo Leader KIA. Echo One asume el mando.
—Bravo Two a todas las unidades. Lo siento… Supongo que hasta aquí hemos llegado.
—¡Alpha Leader a Alpha Three! ¡Vamos, aguanta un poco más! ¡Estoy de camino! Alpha One, asume el mando por mí.
—Recibido. Alpha Leader, buena suerte.
—Gracias… Oye, Shin. Undertaker.
—¿Qué?
—Aún recuerdas tu promesa, ¿verdad?
—Sí…
—Atención… Handler One a todas las unidades. ¿Me recibís? Responda, primera unidad —La voz de la oficial, rota por la estática, salió de los auriculares que él se había quitado y quebró la brisa del crepúsculo.
Él se apoyó contra el fuselaje de su unidad (una máquina de aspecto orgánico, semejante a una crisálida), introdujo la mano en la cabina abierta y pulsó el botón de transmisión de la radio.
—Undertaker a Handler One. Fuerza de intercepción enemiga exterminada. Confirmada la retirada de las fuerzas enemigas. Operación completada. Regresamos a la base.
—Undertaker. ¿Cuántos van a regresar…?
Era una pregunta inútil. Una de esas que no servían de nada, respondieras lo que respondieras. Por eso cortó la comunicación antes de que la otra persona terminara de hablar y apartó de nuevo la mirada de la cabina.
El ocaso teñía la escena con un resplandor rojizo como una amapola y alargaba las sombras sobre un campo de batalla sembrado de llamas vacilantes. Entre ellas yacían los restos de bestias metálicas agazapadas y arañas cuadrúpedas con vísceras mecánicas asomando por sus armazones destrozados. Había restos de aliados. Restos de enemigos. Y prácticamente restos de todo.
Allí no quedaba nada con vida aparte de él. Mirase donde mirase, solo encontraba cadáveres y los fantasmas de quienes permanecían allí incluso después de muertos. El silencio resultaba inquietante. Al otro lado de los campos, el sol se hundía tras una cordillera envuelta en sombras y le arrojaba sus últimos rayos.
En aquel mundo agonizante, bañado en sangre o quizá devorado por la sombra, él y su unidad eran lo único que todavía podía moverse. Los largos brazos de la máquina imitaban las patas articuladas de un insecto. Su blindaje descolorido estaba cubierto de incontables daños, y llevaba una cuchilla con una hoja de alta frecuencia en forma de tijera, además de su arma principal montada sobre la espalda.
Su silueta recordaba a una araña al acecho, pero sus cuatro patas y el cañón del lomo la hacían parecerse más a un escorpión. Al no tener nada que pudiera considerarse una cabeza, también evocaba el cadáver esquelético y decapitado de algo que se arrastraba por el campo de batalla en busca de la corona que había perdido.
Ante aquella visión, el chico dejó escapar un suspiro. Luego se recostó contra el fuselaje blindado, el cual empezaba a enfriarse con el viento del crepúsculo, y alzó la vista hacia el temible fulgor del cielo del atardecer.
En una remota tierra de Oriente, circulaba la leyenda de una flor surgida de la sangre de la amante de un poderoso rey, una mujer que había decidido poner fin a su vida. Otros, sin embargo, aseguraban que aquella flor había nacido de los torrentes de sangre vertidos por los caballeros exterminados bajo el filo de los bárbaros.
Fuera como fuera, el carmesí de aquellas amapolas, extendidas hasta donde alcanzaba la vista e iluminadas por un ocaso que lo reducía todo a la nada, era tan hermoso que rozaba la pura locura.
[Capítulo 1] Un campo de batalla sin una sola baja
1
En aquel campo de batalla no se produjo ni una sola baja.
—Y ahora, las últimas noticias sobre la evolución de la guerra.
—Un grupo de armas imperiales no tripuladas conocidas como la legion ha invadido hoy el decimoséptimo distrito. La ofensiva fue interceptada, gravemente debilitada y obligada a retirarse gracias al poder de nuestros drones no tripulados, los juggernaut, los cuales son el orgullo de la República de San Magnolia. Los daños materiales han sido leves. Y, como cabía esperar, una vez más, nuestro bando no ha sufrido ninguna baja.
La avenida principal de Liberté et Égalité, capital de la República de San Magnolia, conservaba una calma y una belleza tan perfectas que costaba creer que el país llevara nueve años sumido en una guerra.
El mármol blanco labrado decoraba las fachadas de los altos edificios de la ciudad. A ambos lados de la calle, el verdor de los árboles y el negro de las farolas de hierro forjado creaban un contraste pintoresco bajo la luz primaveral y un cielo azul sin una sola nube. En las cafeterías de las esquinas, estudiantes y parejas reían a carcajadas, con sus cabellos plateados brillando al sol.
El tejado azul del ayuntamiento estaba coronado por dos banderas: una con el rostro de la santa de la revolución, santa Magnolia, y otra con la enseña nacional de cinco colores de la república. Aquellos cinco colores representaban la libertad, la igualdad, la fraternidad, la justicia y la nobleza. La avenida, pavimentada con grandes losas cuidadosamente talladas, era el resultado de una planificación urbana meticulosa.
Un niño pequeño pasó entonces junto a Lena, sonriendo mientras caminaba cogido de la mano de sus padres. Su cabello plateado resplandecía bajo la luz como la luna. Los tres iban vestidos con tanta pulcritud que seguramente acababan de salir de algún sitio elegante. Lena los siguió con la mirada un instante, observando la espalda de aquella familia feliz, antes de alzar sus ojos plateados hacia la pantalla holográfica del televisor instalado junto a la calle. Y la sonrisa se le borró de los labios.
En aquel momento, aquella chica vestía el uniforme azul oscuro con cuello alto de oficial femenina del ejército de la República. A sus dieciséis años, poseía una belleza blanca como la nieve y una fragilidad casi cristalina, propias de su edad, además de un porte elegante que dejaba entrever su educación y su linaje. Su cabello sedoso, que caía con suavidad sobre sus hombros, y sus largas pestañas tenían un llamativo tono plateado. Sus grandes ojos, también plateados, demostraban que no solo era una Alba, lo cual significaba que era una descendiente de la raza que habitaba aquellas tierras desde tiempos inmemoriales, sino también una celena pura de noble cuna.
—Bajo el competente mando de nuestros hábiles handlers, estos drones de gran eficacia nos permiten defender la nación sin tener que poner en peligro las valiosas vidas de nuestros soldados. Esto por sí solo demuestra lo útil y humanitario que es el sistema militar de la República. A este paso, el día en que la República derrote a las malignas reliquias del Imperio llegará incluso antes de que todos los Legion se apaguen dentro de dos años. Viva la República de San...




