Aurelio | Meditaciones | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 192 Seiten

Aurelio Meditaciones


1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-291-9829-4
Verlag: Reverte-Management
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

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Meditaciones de Marco Aurelio es una obra filosófica que recoge una colección de apuntes y reflexiones personales del emperador romano. Es un testimonio íntimo de su incansable búsqueda de significado, conocimiento y virtud. A través de sus escritos, Marco Aurelio nos invita a explorar las profundidades de nuestra propia existencia, ofreciendo una guía que sigue siendo relevante en la actualidad por su tratamiento de temas universales. Considerada una de las obras cumbre de la literatura filosófica, 'Meditaciones' sigue inspirando y enriqueciendo las vidas de sus lectores. La nueva edición dentro de la colección Clásicos REM reafirma la atemporalidad de esta obra maestra. Esta edición se presenta en un formato cuidadosamente editado, con notas y comentarios que contextualizan las reflexiones de Marco Aurelio en su época y su relevancia contemporánea. Una obra imprescindible para quienes buscan profundizar en el estoicismo y la filosofía de vida de uno de los líderes más influyentes de la historia.

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LIBRO II


Redactado en tierra de los cuados,
a orillas del río Gran

1. Bien temprano, apenas amanezca, repítete cada mañana lo siguiente: hoy me encontraré con personas entrometidas, ingratas, violentas, traicioneras, maliciosas y egoístas. Todos estos vicios les han sobrevenido por desconocer el verdadero bien y mal. Pero yo he observado que la naturaleza del bien es lo correcto y la naturaleza del mal lo incorrecto; y he resuelto que la naturaleza del ofensor es similar a la mía, no por parentesco de sangre o semilla, sino por compartir la misma inteligencia, la misma partícula de divinidad. Por lo tanto, no puedo recibir afrenta de ninguno de ellos, ya que ninguno podría mancharme con su infamia. Tampoco puedo enfadarme con mi semejante ni odiarlo. Hemos sido creados para cooperar, como lo hacen los pies, las manos, los párpados, como las hileras de dientes superiores e inferiores. Así que obrar como adversarios los unos de los otros es ir contra la naturaleza. Y manifestar ira o rechazo hacia ellos es tratarlos como adversarios.

2. Sea lo que sea, esto es lo que soy: carne, hálito vital y principio rector. No deberías tener demasiado apego a la carne: sangre, huesos, una estructura simple y una red de nervios, venas y arterias. Ten en cuenta también que tu hálito vital solo es aire, y ni siquiera constante, sino que todo el tiempo es expulsado y vuelto a inhalar. Eso deja la tercera parte, el principio rector. ¡Renuncia a los libros! No te distraigas más tiempo, no tienes ese privilegio. Pasa a la acción y repítete: «eres viejo; no dejes entonces que tu principio rector sea esclavizado por más tiempo; no más arrebatos del impulso egoísta, no más inquietud por tu presente ni recelo por tu futuro».

3. Las obras de los dioses están llenas de providencia y las de la Fortuna no son independientes de la Naturaleza ni de los hilos del tapiz que teje la Providencia. Todas las cosas fluyen de ella. Todo lo que acontece es necesario y contribuye a la utilidad común del universo, del cual tú formas parte. Cada parte de la naturaleza se beneficia de lo que proviene del Todo y de lo que contribuye a preservar esa totalidad. Y el orden del universo se preserva igualmente gracias a las transformaciones de los elementos simples como a las de los compuestos. Que estos pensamientos sean suficientes para ti, como principios perpetuos. Y renuncia a tu sed de lectura, para que no mueras refunfuñando, sino con verdadera resignación y gratitud sincera hacia los dioses.

4. Recuerda cuánto tiempo has estado posponiendo esto, cuántas veces los dioses te han dado un periodo de gracia y no lo has aprovechado. Ya es hora de que entiendas el universo, del cual eres parte, y al soberano que lo rige, del cual eres emanación. Dispones de un tiempo limitado; y si no lo usas para serenarte, se consumirá, al igual que tú, y la oportunidad no volverá.

5. Como romano y como hombre, cada hora del día presta una atención vigorosa a la realización de la tarea que tuvieres entre manos con un análisis preciso, con dignidad sincera, con amor y con justicia, liberando tu mente de todos sus otros pensamientos. Lo conseguirás si realizas cada acción como si fuera la última de tu vida: es decir, despojado de toda falta de propósito, de toda desviación impulsada por la pasión al señorío de la razón, de la pretensión, del egoísmo, de la insatisfacción con lo que el destino te ha otorgado. Ya ves cuán pocas cosas necesita dominar un hombre para vivir una vida próspera y respetuosa con la divinidad, porque los mismos dioses no exigen nada más de quien mantiene estos preceptos.

6. ¡Ultrájate, sigue humillándote a ti misma, alma mía! Así, ya no tendrás más ocasión de honrarte. La vida de cada uno de nosotros es breve, y la tuya está casi consumida, sin haberte mostrado respeto a ti mismo, sino que dejas que tu felicidad dependa de las almas ajenas.

7. ¿Te suelen distraer las cosas externas? Entonces, date la oportunidad de aprender una lección más y deja de dar vueltas sin sentido. Hecho esto, debes protegerte contra el otro tipo de extravío. Aquellos que entre tantos quehaceres se hastían de la vida y no tiene un objetivo al que dirigir sus esfuerzos y sus ideas, también desvarían.

8. No es fácil que pueda verse como una causa de infelicidad el no fijarse en lo que ocurre en el alma de otro. Pero aquellos que no prestan atención a los movimientos de su propia alma, son necesariamente infelices.

9. Recuerda siempre estas cosas: cuál es la naturaleza del Todo, cuál es la mía propia; la relación que existe entre la mía y aquella; qué tipo de parte soy en qué tipo de Todo; y que no hay nadie que pueda impedir que hables y obres según esa naturaleza, de la cual eres parte.

10. Teofrasto, como filósofo, en su clasificación comparativa entre los tipos de faltas, teniendo en cuenta cómo las personas comunes suelen distinguir entre estos actos, afirma que las ofensas fruto de la lujuria son más graves que las causadas por el enojo. El hombre enojado claramente es empujado a abandonar la razón por una especie de dolor y espasmo involuntario, mientras que el que yerra impulsado por la lujuria se ha rendido al placer y parece más abandonado y débil en sus faltas. Correctamente, entonces, y como un verdadero filósofo, Teofrasto dijo que una mayor censura merece la falta cometida bajo la influencia del placer que una bajo la influencia del dolor. Y en general, el que falta debido a la ira se asemeja más a quien ha sido herido y se ve forzado con tristeza a enojarse, mientras que el otro es la fuente de su propio impulso hacia el mal, actuando por un deseo interno.

11. En todo lo que hagas, digas o pienses, nunca olvides que puedes dejar esta vida en cualquier momento. No obstante, la partida del mundo de los hombres, si los dioses existen, no es nada terrible, porque no te provocará ningún daño. Si no existen o no se preocupan por la humanidad, entonces ¿qué es la vida para mí en un mundo sin dioses o providencia? Pero ellos existen y se preocupan por la humanidad: y han puesto absolutamente en manos del hombre evitar caer en los males verdaderos. Si hubiera algo dañino en el resto de la experiencia, también habrían provisto para eso, haciendo que esté en el poder de todos evitar caer en ello; y si algo no puede empeorar a un ser humano, ¿cómo podría hacer que su vida sea peor?

La naturaleza del Todo no habría sido ciega a esto, ya sea por ignorancia o con conocimiento no acompañado del poder para prevenir y enderezarlo. Tampoco habría cometido un error tan grande, por falta de poder o habilidad, como para permitir que lo bueno y lo malo caiga indiscriminadamente sobre personas buenas y malas por igual. Sí, la muerte y la vida, la fama y la ignominia, el sufrimiento y el placer, la riqueza y la pobreza, todo esto llega por igual a buenos y malos, pero no son en sí mismas honrosas o vergonzosas; por lo tanto, no son ni buenos ni malos verdaderos.

12. Estos son asuntos que nuestra facultad intelectual debe considerar: observa con qué rapidez todo desaparece. Nuestros propios cuerpos se pierden en el mundo físico, y con el tiempo su recuerdo; en la naturaleza de todos los objetos perceptibles –especialmente de aquellos que nos atraen por el placer, nos espantan por el dolor o nos complacen por el aplauso de la vanidad– qué poco valiosos son, cuán despreciables, burdos, perecederos y muertos son. ¿Quiénes son esas personas cuyos juicios y voces confieren o niegan buena o mala reputación? ¿En qué consiste la muerte? Si se la mira aisladamente, aplicando el poder analítico de la mente para despojarla de sus imágenes asociadas, se concluirá entonces que no es más que una función de la naturaleza. Y si alguien tiene miedo de una función de la naturaleza, solo se trata de un necio, porque la muerte no solo es una función de la naturaleza, sino que también le conviene ¿Cómo el hombre se relaciona con Dios, con qué parte de su ser, y, sobre todo, cómo está dispuesta esta parte del hombre?

13. Nada es más miserable que el hombre que busca constantemente, dando vueltas de un lado a otro, que escruta –en palabras de Píndaro, «excavando profundo en las entrañas de la tierra») buscando signos y síntomas para adivinar lo que acontece en el alma ajena. No se da cuenta de que es suficiente concentrarse únicamente en la divinidad que habita dentro de sí mismo y servirla como es debido. Ese servicio consiste en mantenerla libre de contaminación por pasión, trivialidad o descontento con lo que es dado por los dioses o los hombres. Lo que viene de los dioses exige reverencia por su bondad. Lo que viene de los hombres es bienvenido por el parentesco común, pero a veces también es digno de compasión, en cierto modo, debido a su ignorancia del bien y del mal. Y este impedimento no es menor que el que impide distinguir entre la luz y la oscuridad.

14. Incluso si estuvieras destinado a vivir tres mil años y aun diez veces otros tantos, recuerda que no se pierde una vida distinta de la que se vive y que solo se vive la que se pierde. De ahí sigue que las vidas más largas y las más cortas vienen a reducirse a lo mismo. El momento presente es igual para todos; por lo tanto, es la única parte del tiempo que realmente vivimos; la pérdida, por lo tanto, se reduce a perder solo ese pequeño fragmento de tiempo. Nadie puede perder ni el pasado ni el futuro, ¿cómo podría alguien ser privado de lo que no posee?

Así que conviene tener siempre en la mente estas dos...



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