Autores / García Solalinde | Calila y Dimna | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 298, 172 Seiten

Reihe: Narrativa

Autores / García Solalinde Calila y Dimna


Edición de Antonio García Solalinde
ISBN: 978-84-9897-134-7
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 298, 172 Seiten

Reihe: Narrativa

ISBN: 978-84-9897-134-7
Verlag: Linkgua
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Calila e Dimna es probablemente uno de los textos literarios más antiguos de la narrativa universal. Su fuente más remota conocida hasta la fecha es el Panchatantra hindú, aparecido hacia el año 300. En el 540 se tradujo al pahlavi o persa literario, y poco después al sirio. El iraní Ibn Al-Muqaffa lo tradujo después al árabe con el título de Kalila wa-Dimna, en el siglo XIII. Fue este el texto que por encargo de Alfonso X fue traducido al romance de la Castilla de su tiempo. Las fábulas del Calila e Dimna destacan por su enorme plasticidad narrativa, la ironía y el juego con el tiempo, el lenguaje y la moral. Calila y Dimna, los personajes que dan título a la obra, son dos zorros que protagonizan gran parte de las historias contenidas en el libro. La obra está constituida por una serie de cuentos educativos -o exempla- escritos a la manera de fábulas que conforman una estructura muy repetida en la narrativa medieval, parecida a la del posterior Libro de Patronio o Conde Lucanor, escrito por el infante don Juan Manuel. Se trata, por tanto, de lo que se conoce como un «manual para la educación de príncipes». La finalidad de la obra es la de instruir al lector sobre cómo comportarse en la vida privada y en la vida pública, otorgando especial relevancia a la relación con los otros.

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Introducción de Abdalla Ben Almocafa


Los filósofos entendidos de cualquier ley y de cualquier lengua siempre pugnaron y se trabajaron de buscar el saber, y de representar y ordenar la filosofía; y eran tenidos de hacer esto. Y acordaron y disputaron sobre ello unos con otros, y amábanlo más que todas las otras cosas de que los hombres trabajan, y placíales más de aquello que de ninguna juglería ni de otro placer; ca tenían que no era ninguna cosa de las que ellos se trabajaban, de mejor premia ni de mejor galardón que aquello de que las sus ánimas trabajaban y enseñaban. Y pusieron ejemplos y semejanzas en la arte que alcanzaron y llegaron por alongamiento de nuestras vidas y por largos pensamientos y por largo estudio; y demandaron cosas para sacar de aquí lo que quisieron con palabras apuestas y con razones sanas y firmes; y pusieron y compararon los más destos ejemplos a las bestias salvajes y a las aves.

Y ayuntáronseles para esto tres cosas buenas: la primera, que los fallaran usados en razonar, y trobáronlos, según lo que se usaban, para decir encubiertamente lo que querían, y por afirmar buenas razones; y la segunda es, que lo fallaron por buena manera con los entendidos por que les crezca el sabor en aquello que les mostraron de la filosofía cuando en ella pensaban y conocían su entender; la tercera es, que los fallaron por juglaría a los discípulos y a los niños. Y por esto lo amaron y lo tuvieron por extraña cosa, y quisieron estudiar en ello y saberlo; que cuando el mozo hubiere edad: y su entendimiento cumplido, y pensare en lo que dello hubiere decorado en los días que en ello estudió, y amare lo que ende ha notado en su corazón, sabrá ende que habrá alcanzado cosa que es más provechosa que los tesoros del haber y sería atal como el hombre que llega a edad y falla que su padre le ha dejado gran tesoro de oro y de plata y de piedras preciosas, por donde le excusaría de demandar ayuda en vida.

Pues el que este libro leyere sepa la manera en que fue compuesto, y cual fue la intención de los filósofos y de los entendidos en sus ejemplos de las cosas que son ahí dichas. Ca aquel que esto no supiere no sabrá que será su fin en este libro. Y sepas que la primera cosa que conviene al que este libro leyere, es que se quiera guiar por sus antecesores que son los filósofos y los sabios, y que lo lea, y que lo entienda bien, y que no sea su intento de leerlo hasta el cabo sin saber lo que ende leyere. Ca aquel que la su intención será de leerlo hasta en cabo, y no lo entendiere ni obrare por él, no hará pro el leer, ni habrá dél cosa de que se pueda ayudar.

Y aquel que se trabajare de demandar el saber perfectamente, leyendo, los libros estudiosamente si no se trabajase en hacer derecho, y seguir la verdad, no habrá dél fruto que cogiere si no el trabajo y el lacerio.

El hombre que encontró un tesoro y es engañado por los cargadores


Y será atal como el hombre que dijeron los sabios que pasara por un campo, y le apareció un tesoro, y después que lo hubo, vino un tal tesoro cual hombre no viera, y dijo en su corazón: «Si yo me tomare a levar esto que he fallado, y lo levare poco a poco, hacérseme ha perder el gran sabor que he dello. Mas llegaré peones que me lo lleven a mi posada, y desí iré en pos dellos». Y hízolo así, y levó cada uno dellos lo que pudo levar a su posada, e hiciéronlo desta guisa hasta que hubieron levado todo el tesoro. Y desí esto hecho, fuese el hombre para su posada y no falló nada, mas falló que cada uno de aquéllos había apartado para sí lo que levara, y así no hubo dende salvo el lacerio de sacarlo. Y esto por cuanto se acuitó, y no sopo hacer bien su hacienda por no ser enviso.

Y por ende, si el entendido alguna cosa leyere deste libro, es menester que lo afirme bien y que entienda lo que leyere, o que sepa que ha otro seso encubierto. Ca si no lo supiere, no le terná pro lo que leyere, así como si hombre levase nueces sanas con sus cascas, y no se puede dellas aprovechar hasta que las parta y saque dellas lo que en ellas yace.

El ignorante que quiere pasar sabio


Y no sea atal como el hombre porque decía que quería leer gramática, que se fue para un su amigo que era sabio, y escribióle una carta en que eran las partes de fablar, y el escolar fuese con ella a su posada, y leyóla mucho; pero no conoció ni entendió el entendimiento que era en aquella carta, y la decoró, y súpola bien leer. Y acertóse con unos sabios cuidando que sabía tanto como ellos, y dijo una palabra en que yerró. Y dijo uno de aquellos sabios: «Tú yerraste en lo que decías, ca debías decir así». Y dijo él: «¿Cómo yerré? Ca yo he decorado lo que era en una carta». Y ellos burlaron dél por que no la sabía entender, y los sabios tuviéronlo por muy gran necio.

Y por esto cualquier hombre que este libro leyere y lo entendiere, llegará a la fin de su intención, y se puede dél aprovechar bien, y lo tenga por ejemplo, y que lo guarde bien. Ca dicen que el hombre entendido no tiene en mucho lo que sabe ni lo que aprendió dello, maguer que mucho sea. Ca el saber esclarece mucho el entendimiento, así bien como el óleo que alumbra la tiniebla, ca es la oscuridad de la noche. Ca el enseñamiento mejora su estado de aquel que quiere aprender. Y aquel que supiere la cosa y no usare de su saber, no le aprovechará.

El que se duerme mientras le roban


Y es atal como el hombre que dicen que entró el ladrón en su casa de noche y sopo el lugar donde estaba el ladrón, y dijo: «Quiero callar hasta ver lo que hará, y de que hubiere acabado de tomar lo que quisiere, levantarme he para se lo quitar». Y el ladrón anduvo por casa, y tomó lo que falló, y entre tanto el dueño dormióse; y el ladrón fuese con todo cuanto falló en su casa, y después despertó y falló que había el ladrón levado cuanto tenía. Y entonces comenzó el hombre bueno a culparse y maltraerse, y entendió que el su saber no le tenía pro, pues que no usara dél.

Ca dicen que el saber no se acaba si no con la obra. Y el saber es como el árbol, y la obra es la fruta; y el sabio no demanda el saber si no por aprovecharse dél. Ca si no usare de lo que sabe, no le tendrá pro. Y si un hombre dijese que otro hombre sabía otra carrera provechosa, y andodiera por ella diciendo que tal era, y no fuese así, haberlo hían por simple, y atal como el hombre que sabe cuál es la vianda buena y mala, y desí véncele la golosina y el sabor de comer, y come la vianda mala, y deja de usar de la buena. Y el hombre que más culpado es en hacer las malas obras y dejar las buenas, así como si dos hombres fuesen que sirviese el uno al otro, y fuese el uno ciego, y cayesen amos a dos en un hoyo; que más culpa habría el que tenía ojos que no el ciego en caer.

Y el sabio debe castigar primero a sí, y después enseñar a los otros. Ca sería en esto atal como la fuente que beben todos della y aprovecha a todos, y ella no ha de aquel provecho cosa ninguna; ca el sabio, después que adereza bien su hacienda, mejor adereza a los otros con su saber. Ca dicen que tres maneras de cosas debe el seglar ganar y dar: la primera es ciencia, la segunda riquezas, y la tercera codiciar de hacer bien. Y no conviene a ningún sabio profazar de ninguna cosa, haciendo él lo semejante ca será atal como el ciego que profazaba al tuerto.

ni debe trabajar provecho para sí por dañar a otro, ca este atal que esto hiciese sería derecho que le aconteciese lo que aconteció a un hombre.

El que queriendo robar a su compañero, resultó robado


Y dicen que un especiero tenía sésamo, él y un su compañero, cada uno dellos tenía una bujeta dello, y no lo había en toda esa tierra más de lo que ellos tenían. Y el uno dellos pensó en su corazón que hurtase lo de su compañero, y puso una señal sobre una bujeta, en que estaba el sésamo de su compañero, por que, de que viniese de, noche a lo hurtar, que la conociese por la señal. Y puso una sábana blanca encima dello por señal. Y descubrió esto que quería hacer a un su amigo, por que fuese con él de noche a lo hurtar. Y el otro no quiso ir con él hasta que le prometió de darle la mitad dello.

Y después su compañero vino, y falló la sábana cubierta sobre su sésamo, y dijo: «Verés qué ha hecho mi compañero por guardar mi sésamo de polvo; púsole esta sábana, y dejó lo suyo descubierto». Y dijo: «Mas razón es que esté lo suyo guardado que no lo mío». Y quitó la sábana y púsola sobre el sésamo de su compañero. Y después que fue de noche vinieron su compañero y el otro a hurtar el sésamo. Y anduvo catando y atentando hasta que topó en la señal que tenía puesta; y entonces tomó el sésamo que estaba debajo, pensando que era lo de su compañero, y era lo suyo, y dio la mitad dello a aquel amigo que entró con él a lo hurtar. Y luego, cuando fue de día, vinieron él y su compañero amos a dos a la botica. Y cuando vio que el sésamo que levara era lo suyo, calló y no osó decir nada, ca tuvo que en saberlo su compañero era mayor pérdida que el sésamo.

Y pues el que alguna cosa demanda, debe de demandar cosa que haya fin y término que fenezca; ca dicen que el que corre sin fin, aína le puede fallecer su bestia. Y es derecho que no se trabaje en demandar lo que término no ha, ni lo que otro no hubo ante que él, ni se desespere de lo que puede ser y puede haber. Y que ame más el otro siglo que a este mundo; ca quien ama a este mundo poca mancilla ha cuando se parte dél. Y dicen que dos cosas están bien a cada un hombre: la una es religión y la otra es riqueza. Y esto semeja al fuego ardiente que toda leña que le echan arde mejor.

Y el entendido no se debe desesperar ni...



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