E-Book, Spanisch, Band 57, 78 Seiten
Reihe: Religión
Autores Popol Vuh
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-625-0
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 57, 78 Seiten
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Autores varios
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INTRODUCCIÓN1
De todos los pueblos americanos, los quichés de Guatemala son los que nos han dejado el más rico legado mitológico. Su descripción de la creación, según aparece en el Popol Vuh, que puede llamarse el libro nacional de los quichés, es, en su ruda y extraña elocuencia y poética originalidad, una de las más raras reliquias del pensamiento aborigen.
Howe Bancroft
The Native Races, tomo III, cap. II
Los pueblos del continente americano no se encontraban al tiempo del descubrimiento en el estado de atraso que generalmente se cree. En lo material habían alcanzado un notable grado de adelanto, a pesar de su aislamiento del resto del mundo, como lo demuestran las obras de arquitectura, los caminos de los incas del Perú y de los aztecas de México y los mayas de Yucatán y Guatemala, la organización social y política y las conquistas en el orden intelectual. Los mayas, especialmente, poseían conocimientos exactos de los movimientos de los astros, un calendario perfecto y una sorprendente aptitud para los trabajos literarios y artísticos.
Las guerras de la Conquista fueron sumamente destructoras. La opulenta ciudad de México o Tenochtitlán fue arrasada por los vencedores. La capital de los quichés de Guatemala, llamada Utatlán o Gumarcaah, pereció entre las llamas junto con sus reyes, y sus habitantes fueron reducidos a la esclavitud. No corrieron mejor suerte los documentos pertenecientes a la cultura de los indios que fueron destruidos por los primeros misioneros cristianos para obligarlos a abandonar sus viejas creencias religiosas. Y, sin embargo, esos mismos misioneros, pasado el ardor de la persecución religiosa, se dieron a la fructuosa labor de recoger la tradición indígena y las noticias de sus artes y costumbres, las cuales se han conservado felizmente en las obras de Sahagún, Las Casas, Torquemada y otros escritores.
La existencia de una literatura indígena precolombina en el continente americano permaneció ignorada hasta el siglo XIX. Si bien los cronistas españoles del período colonial habían incluido en sus obras algunas muestras de la poesía y las oraciones y admoniciones de los indios, su verdadero pensamiento no fue conocido hasta que los modernos investigadores descubrieron los cantos y leyendas que aún se conservan en los diversos países americanos. Entre todos aquellos pueblos se distinguen por su superior calidad las narraciones de los mayas de Yucatán y los quichés y cakchiqueles de Guatemala.
Los primitivos habitantes de esta región del Nuevo Mundo poseían un sistema propio de escritura que los califica de verdaderamente civilizados. Por medio de sus signos y caracteres escribían los datos de su comercio, sus noticias cronológicas, geográficas e históricas. Los mayas, principalmente, desarrollaron una brillante cultura en el sur de México y en el actual territorio de Guatemala, e inventaron una escritura jeroglífica que en parte se ha logrado descifrar. Algunos de los libros escritos por ellos en un sistema gráfico original se conservan felizmente en las bibliotecas europeas.
El historiador Bernal Díaz del Castillo dice que los indios de México tenían «unos librillos de un papel de corteza de árbol que llaman amate, y en ellos hechas sus señales del tiempo e de cosas pasadas». Otros cronistas de aquella época refieren que los antiguos pobladores de estas tierras poseían escritas sus historias, la genealogía y sucesión de sus reyes, los acontecimientos de cada año, la demarcación de las tierras, las ceremonias y fiestas, sus leyes y ritos religiosos.
Los misioneros españoles que tomaron a su cargo la instrucción religiosa de los indios se preocuparon desde un principio por enseñarles a hablar y leer la lengua castellana, y algunos de ellos aprendieron a escribir usando el alfabeto latino, no solo para componer las frases del nuevo idioma, sino también para transcribir las palabras y los textos de las lenguas indígenas. El buen sentido con que los naturales se dedicaron a estas disciplinas permitió que se conservaran por escrito las noticias de la antigüedad y el tesoro literario que solo ellos conocían y que se había estado transmitiendo probablemente en forma oral, de generación en generación.
Tratando por ahora de las historias de los indios quichés de Guatemala es interesante dar a conocer la manera un tanto misteriosa como se descubrió el libro más notable de la antigüedad americana.
A principios del siglo XVIII el padre fray Francisco Ximénez, de la Orden de Santo Domingo, que había llegado de España a Guatemala en 1688 «en una barcada de religiosos», desempeñaba el curato del pintoresco pueblo de Santo Tomás Chuilá, hoy Chichicastenango, donde se conservaba y existe todavía la antigua tradición de los indios quichés. Gracias a su carácter bondadoso y a su espíritu comprensivo de la psicología y necesidades de los indios, el padre Ximénez logró inspirarles confianza y consiguió que le dieran a conocer un libro escrito pocos años después de la conquista española, en la lengua quiché, con auxilio del alfabeto castellano. El padre Ximénez se interesó vivamente en el hallazgo, y hallándose ya en posesión del idioma indígena, pudo enterarse del gran valor del manuscrito que había caído en sus manos, y se dedicó con ahínco a estudiarlo y traducirlo a su propio idioma. Como garantía de la veracidad de su traducción, el buen fraile transcribió íntegro el texto quiché del documento indígena, y junto a él, en columnas paralelas, insertó su traducción castellana. Este manuscrito, que se conserva actualmente en la Biblioteca Newberry de Chicago, lleva el título siguiente que le fue dado por su descubridor y primer traductor:
Empiezan Las Historias del origen de los indios de esta provincia de Guatemala, traduzido de la lengua quiché en la castellana para más comodidad de los Ministros del Sto. Evangelio, por el R. P. F. Franzisco Ximénez, Cura doctrinero por el Real Patronato del Pueblo de Sto. Tomás Chuilá.
El nombre de su autor se ignora en absoluto. Solamente se sabe lo que dice el propio manuscrito, o sea que existía antiguamente un libro llamado Popol Vuh en donde se refería claramente el origen del mundo y de la raza aborigen, todo lo cual veían los reyes en él, y que, como ese libro ya no existía, se escribía esta narración «ya dentro de la ley de Dios, en el Cristianismo».
Esta primera traducción del padre Ximénez no era muy clara; apegada estrictamente al original, a veces era difícil de leer y de oscuro sentido; pero él la revisó, la hizo menos literal y de más agradable lectura y la incluyó en el primer tomo de su extensa Historia de la Provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala que terminó hacia el año 1722. Escribió además el laborioso fraile otra importante obra, el Tesoro de las Lenguas Cacchiquel, Quiché y Tzutuhil, en dos volúmenes, de los cuales el primero, de 204 folios dobles, contiene un vocabulario, y el segundo una gramática de dichas tres lenguas, que consta de 92 folios dobles, o sea 184 páginas. En esta obra hizo Ximénez un estudio minucioso de la lengua quiché siguiendo el método de la gramática latina y señalando las relaciones y diferencias que existen entre las tres lenguas que aún se hablan en Guatemala. Brasseur de Bourbourg se aprovechó bien de este trabajo para componer su Grammaire de la Langue Quichée que publicó en París en 1862.
Unidas a la Gramática o Arte de las tres lenguas hoy depositado en la Biblioteca Newberry de Chicago, se encuentran la copia del Manuscrito de Chichicastenango hecha por Ximénez y su primera traducción castellana. En opinión de Brasseur de Bourbourg esta copia debe tenerse como el original de la narración quiché.
El padre Ximénez dice en su Historia de la Provincia que las historias que recogió en Santo Tomás Chuilá eran la doctrina que los indios primero mamaban con la leche de su madre y que todos ellos las sabían de memoria, y que según pudo enterarse en aquel pueblo «de aquestos libros tenían muchos entre sí». Lo cierto es que el documento que Ximénez tuvo en sus manos es el único que efectivamente ha aparecido y cuyo contenido se ha conservado felizmente gracias a su previsión y diligencia.
Estudiando el texto del Manuscrito de Chichicastenango se encuentran algunos datos que permiten fijar aproximadamente la época en que fue redactado por uno o varios indios quichés. Se habla en él de la visita que hizo al Quiché el obispo don Francisco Marroquín para bendecir la ciudad española que sustituyó a la antigua Utatlán, visita que, según el padre Ximénez, tuvo lugar en 1539, y al enunciar en las páginas finales la serie de los reyes que gobernaron el territorio, menciona como miembros de la última generación a Juan de Rojas y a Juan Cortés, nietos de los reyes a quienes el conquistador español Pedro de Alvarado quemó frente a Utatlán en 1524. Los últimos señores quichés vivieron hasta después de la mitad del siglo XVI. El Oidor de la Real Audiencia Alonso Zorita los conoció durante la visita que hizo al Quiché en 1553 y 1557 y los encontró «tan pobres y miserables como el más pobre indio del pueblo». Las firmas de estos príncipes aparecen en varios documentos indígenas, entre ellos el Título de los señores de Totonicapán, extendido el 28 de septiembre de 1544. De estos datos es posible deducir que el célebre manuscrito quiché se terminó de redactar alrededor de 1544.
Los trabajos del padre Ximénez permanecieron olvidados en...




