E-Book, Spanisch, 288 Seiten
Reihe: Teoría
Barthes Lo neutro
1. Auflage 2018
ISBN: 978-607-03-0643-3
Verlag: Siglo XXI Editores México
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Notas de cursos y seminarios en el Collège de France, 1977-1978
E-Book, Spanisch, 288 Seiten
Reihe: Teoría
ISBN: 978-607-03-0643-3
Verlag: Siglo XXI Editores México
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
En 1976, Michel Foucault propuso la elección de Roland Barthes como miembro del Collège de France. La famosísima lección inaugural tiene lugar a comienzos de 1977. Desde entonces y hasta su muerte en 1980, Barthes condujo su seminario en el Collège. El primer volumen publicado, Cómo vivir juntos. Simulaciones novelescas de algunos espacios cotidianos presenta el trabajo realizado durante el primer ciclo (1976-1977) e incluye 2 seminarios. Éste, que lleva por título neutro, comprende las notas de cursos y seminarios en el periodo de 1977-1978. El tercero y último será la escritura de la novela. Los 3 volúmenes, de aparición sucesiva en Siglo XXI Editores, fueron editadas en Francia por especialistas que recopilaron los apuntes y borradores, escritos en fichas y cuadernos, que había dejado Barthes. Estas anotaciones presentan ya una redacción que, aunque fragmentaria, resulta muy elaborada. En aquellos pasajes donde las notas eran enigmáticas, se recurrió a las grabaciones existentes de los seminarios. Sin embargo, los volúmenes no son en ningún caso, transcripción de esas grabaciones; sino que presentan la materia expositiva de los seminarios en un estado avanzado de elaboración, tal como Barthes lo leía o lo explicaba durante las sesiones. Traducidos por Patricia Willson, cada uno de los volúmenes lleva prólogo de un especialista de América latina, donde Barthes ha suscitado una ya larga tradición de lecturas. Los autores de esos estudios preliminares son Alan Pauls, Nicolás Rosa y Beatriz Sarlo.
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PREFACIO
El curso sobre “Lo Neutro” que Barthes dio en el Collège de France se desarrolló en trece semanas, del 18 de febrero al 3 de junio de 1978. Después de “Cómo vivir juntos”, se trata de la segunda serie de cursos desde su elección en el Collège el 14 de marzo de 1976 y su lección inaugural del 7 de enero de 1977. El curso, que tiene lugar los sábados, dura dos horas, con una breve pausa en el medio. Luego de los Preliminares, que ocupan la mayor parte de la primera sesión y en los cuales presenta su investigación, Barthes seguirá durante esos meses una veintena de figuras (alrededor de dos por curso), veintitrés exactamente, que llama también rasgos o centelleos. Esas figuras, que corresponden a las encarnaciones posibles de lo Neutro (y de lo anti-Neutro), del “Sueño” al “Silencio”, de la “Cólera” a la “Arrogancia”, son expuestas en un orden aleatorio, tal como Barthes lo explica en la sesión inaugural, con el fin de no darle al curso un sentido preestablecido, que estaría en contradicción con el concepto de lo Neutro. Al orden alfabético que había adoptado el año anterior, Barthes le aporta un nuevo elemento arbitrario, pues los rasgos están distribuidos según el azar de los números y las letras por la intervención de una revista de estadística. Esta dimensión lúdica, aunque no encuentra “ningún eco”, como dice Barthes con humor, le permite desacralizar un poco el ritual del curso. De extensión variable, las figuras no siempre son tratadas durante una misma sesión, y terminan entonces en la sesión siguiente. La más corta, “La benevolencia” (que es también la primera), suma dos páginas en el manuscrito; la más larga, “El retiro”, suma nueve. La distribución de la edición en sesiones y no en rasgos se adapta así a la estructura cronológica propia del dispositivo del curso. Al comienzo de los Preliminares se encontrará la lista de rasgos, que incluye tres figuras no tratadas pero que son reproducidas en esta edición: “Las Intensidades”, “”, “El Pavor”.
Los documentos del curso, conservados en el IMEC, son los siguientes: una serie de cuatro paquetes de alrededor de ochocientas fichas pequeñas con las indicaciones bibliográficas, los resúmenes, las notas, los proyectos de figuras abandonadas, con el agregado de algunos comentarios; una serie de casetes y discos digitalizados (unos veinte), en los cuales se encuentra grabada casi la totalidad de las veintiséis horas de habla; finalmente, desde luego, el manuscrito del curso propiamente dicho, que comprende ciento ochenta páginas escritas con tinta azul sobre hojas de 21 x 29,7. La escritura, regular y legible, es prieta. Ocupa casi toda la página, que comprende, sin embargo, un margen más ancho a la izquierda, que Barthes utiliza para indicar las referencias de los textos que cita (nombre del autor, página del libro), para destacar el término clave del pasaje o del párrafo, o para indicar con una palabra la naturaleza de su observación. Estos , a la manera de aquellos que ubicó en , guían la lectura del texto principal contribuyendo a la claridad y facilitando la localización, pero también dan prueba de una propensión al uso estético del espacio de la página.
El texto manuscrito se presenta bajo la forma de notas redactadas, marcadas por una relativa elipsis en el plano sintáctico, pero cuyo núcleo esencial está escrito de manera clara: Barthes leía su curso siguiendo de cerca sus notas. Si bien las articulaciones lógicas están a menudo reemplazadas por signos de puntuación o por flechas, el conjunto está lo bastante construido para permitir una lectura accesible. En efecto, Barthes se aparta poco del manuscrito, siguiendo su concepción que da preeminencia al discurso escrito sobre el discurso oral. En esta óptica, las digresiones orales, poco numerosas y acotadas, tienen valor de contraste; a veces, se las incluye en notas. Al no presentar una redacción enteramente acabada, y mucho menos un simple plan detallado que hubiera convenido a un orador experimentado en la improvisación, este texto se ofrece a la lectura bajo el régimen particular del , de lo “ni lo uno ni lo otro”.
La sesión inaugural comprende un intertexto bibliográfico distribuido entre los participantes, que será enriquecido, en el curso de la indagación, con algunos títulos. Esencialmente diverso, reúne obras de mística oriental y antigua, textos filosóficos, obras literarias, donde la parte de ficción es más bien reducida: si bien se hace uso de Tolstoi y de Proust (aunque este último está citado sólo a través de la biografía de George Duncan Painter), Pascal, Baudelaire, Michelet y el Rousseau de las son explotados más ampliamente. El carácter imprevisible de esta lista se aleja de una bibliografía tradicional que pretendiera “cubrir” un tema. Menos suma sobre lo Neutro, por otra parte inexistente, que conjunto de directivas, esta lista instaura la idea de una intersemiótica de las disciplinas, a la cual Barthes siempre fue sensible: lingüística, teología, filosofía, ciencia, literatura, demuestran, como también la polinimia de las referencias, la riqueza del concepto de Neutro: gracias a esta figura se encuentran reunidos Blanchot y John Cage, Deleuze y Lacan, Pascal y Baudelaire, Pirrón y Joseph de Maistre. Sin ocultar que su saber suele ser de segunda mano, Barthes se basa en obras de compilación (sobre todo en el caso de los textos de las filosofías griegas y orientales), o en estudios críticos sobre autores: es el caso, por ejemplo, de Jacob Boehme, Spinoza o Vico, que cita a través de Alexandre Koyré, Sylvain Zac o Michelet.
Ya que el arte del curso consiste en hacer centellear lo Neutro, cierto júbilo diletante –siempre que se tome el término en su acepción original– se manifiesta a través de los caminos seguidos por Barthes para llevar a cabo su investigación: “Es necesario que el material sea de raza”, anuncia al comienzo del curso, evocando los textos y los autores que privilegiará, pero también la biblioteca de la que están extraídos, que es en parte la de su casa de vacaciones, situada en Urt, en el sudoeste de Francia. Las referencias elegidas son, pues, referencias obsesivas, textos que ama y que conoce desde tiempo atrás, o que ha descubierto hace poco, como las obras de los filósofos orientales, pero con los cuales siente afinidad. Haciendo partícipe al auditorio de la belleza de los textos elegidos, Barthes le da a su curso una dimensión estética, favorecida por los acercamientos que no deja de establecer entre los libros y los autores que cita, por diferentes que sean. El uso cruzado que hace de los textos sólo está motivado por el deseo, que remite a la intención explicitada durante la lección inaugural: “siempre colocar un fantasma” en el origen de la enseñanza. Así, lejos de pretender dar las claves de un concepto poco conocido en la esfera occidental, Barthes propone una búsqueda que, por cierto, tiene en cuenta a sus predecesores, pero que es ante todo personal. Aunque Blanchot es citado con frecuencia, la perspectiva de Barthes es muy diferente; confiesa incluso haber puesto entre paréntesis el enfoque fenomenológico o “neutralización husserliana”; finalmente, si bien parte de una intuición lingüística antigua (la teoría del grado cero, tomada de Vigo Brøndal), no se trata de un curso sobre la lengua. Barthes prefiere entonces concebir lo Neutro como la ocasión de una divagación que acercaría el curso a una obra y, para retomar los términos de la tipología nietzscheana, el profesor al artista, “sin certificado de aprobación”, declara Barthes al pasar. Así, en el resumen del curso (, t. III, , París, Éd. du Seuil, 1995, p. 887), señala que lo Neutro fue captado “no en los hechos de lengua, sino en los hechos de discurso”. Lo que le interesa es ver quién y cómo dice lo Neutro, y extender la lista de sus enunciadores el curso, concebido entonces como el lugar de una mediación momentánea pero ardiente.
Con los rasgos se codean lo que Barthes llama, en el resumen del curso, los “suplementos”. En número de siete, constituyen el comienzo de cada sesión. En la medida en que recuerdan algunas cuestiones de la sesión precedente, permiten ante todo establecer lazos de un sábado al otro; Barthes tiene así la posibilidad de precisar los puntos que no pudo desarrollar como hubiera querido, volviendo a ciertas figuras. Esos suplementos esbozan, además, una manera de diálogo con el auditorio, pues sus puntos provienen de observaciones escritas u orales realizadas por participantes, que Barthes recibe a lo largo de la semana: así, una participante le da la referencia de un episodio de los Evangelios que le faltaba; un participante le envía una carta que él leerá durante la sesión siguiente. En cuanto a la nota anónima que recibe, ésta le da la oportunidad de un breve análisis de pragmática lingüística, que lleva a defender una concepción de la escritura en la cual el sujeto asume su firma. Finalmente, los suplementos operan una aereación en un curso a menudo denso, dándole una dimensión fática que el aspecto inevitablemente magistral del curso atenúa en parte.
Los suplementos tienen forma y longitud variables. El primero (4 de marzo) aparece en la tercera sesión: es breve, y da lugar a la lectura de un poema de Pasolini que Barthes había mencionado durante la sesión precedente. El segundo (11 de marzo) es una vuelta a las figuras “La Delicadeza” y “La Afirmación”, pero también el esbozo de un comentario sobre el...




