Bay | El caballero inglés | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 4, 305 Seiten

Reihe: Royals

Bay El caballero inglés


1. Auflage 2021
ISBN: 978-84-18491-37-5
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, Band 4, 305 Seiten

Reihe: Royals

ISBN: 978-84-18491-37-5
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



Cuando me brindaron la oportunidad de dejar Nueva York para vivir en Londres tres meses, no me lo pensé dos veces. Nada más aterrizar me enamoré de las cabinas de teléfono rojas, los palacios y los taxis negros. Pero mi sitio favorito es el metro. Está a reventar de tíos buenos con traje. Por eso no dudé en aceptar cuando me ofrecieron trabajar para un abogado. En el trayecto hacia mi primer día de trabajo perdí el equilibrio y me caí encima del inglés vivo más guapo del mundo. Fue tan encantador como James Bond y tan seductor como el señor Darcy. En ese momento solo quería comer a besos sus duros abdominales y escuchar su acento toooda la noche. Pero resultó que el Señor Guaperas era mi nuevo jefe. Y su actitud no era tan maravillosa como su agraciado rostro, sus anchos hombros y su perfecto culo. Estaba amargado, tenía mal genio y era el hombre más arrogante que he conocido en la vida. Pero en medio de una discusión me plantó un beso sin venir a cuento. Y estoy bastante segura de haber visto en ese momento fuegos artificiales sobre el Big Ben y haber escuchado el Dios salve a la reina. No estaba buscando al príncipe azul, pero quizá haya encontrado a mi caballero de brillante armadura. El problema es que vivimos con un océano de por medio...

Louise Bay adora la lluvia, Londres, los días en los que no tiene que maquillarse, disfrutar de tiempo a solas, estar con sus amigos, los elefantes y el champán. Todas sus novelas son auténticos best sellers. El caballero inglés es la quinta novela de la autora en Phoebe, después del éxito conseguido con Una semana en Nueva York, El rey de Wall Street, El príncipe de Park Avenue y El duque de Manhattan.
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1


Violet

Los hombres y los cócteles eran dos de mis formas favoritas de perder el tiempo, y siempre me aseguraba de tener siempre suficiente de ambos.

—Salud. —Levanté la copa y la hice chocar con las de las dos personas que más apreciaba en el mundo, mi hermana, Scarlett, y su cuñada, Darcy. Estábamos en un elegante pub en el SoHo donde las bebidas costaban el doble que un coche. Era la primera noche que Darcy pasaba en Nueva York, y no pensaba preocuparme por cómo pagar la cuenta esa noche porque no tuviera un trabajo al que acudir a la mañana siguiente. Adoraba a Darcy, y no la veía tan a menudo como me hubiera gustado, ya que vivía en Inglaterra, así que pensaba ser positiva. ¿Tal vez podría conseguir que echara un buen polvo como regalo de bienvenida? A mí siempre me ponía de buen humor el sexo. De hecho, iba a encontrar a alguien con quien irme a casa. Necesitaba olvidarme de la terrible semana que había tenido, aunque no estaba segura de que una sola de mis cosas favoritas fuera a ser suficiente. Así que iba a abusar del alcohol y a ligarme a un hombre.

—¿Te espera alguien especial en Inglaterra? —preguntó Scarlett a Darcy—. ¿Alguien que te haga perder la cabeza?

Gemí.

—Ni que fuera Cenicienta. Es una mujer capaz y segura de sí misma que no necesita enamorarse. La pregunta que deberías hacerle es si ha tenido buen sexo últimamente.

—No digo que no sea capaz y segura de sí misma, pero tener echado el ojo a un caballero de brillante armadura siempre es algo bueno —respondió Scarlett.

—Ojalá tuviera hermanas —comentó Darcy, sonriéndonos a las dos.

Scarlett y yo discutíamos mucho porque éramos opuestas. Ella se había casado ya por segunda vez, mientras que yo no tenía ningún deseo de atarme a un hombre. Scarlett poseía una carrera exitosa, y por el contrario yo no podía ni siquiera conservar un trabajo como camarera. Mi hermana tenía dos hijos y a mí no me permitían ni cuidar de un gato.

Iba a matarme cuando se enterara de que me habían despedido.

Pero era mi hermana y la adoraba.

—Es lo mejor —dijo Scarlett—. Aunque me gustaría que la mía me hiciera caso un poco más a menudo.

—Solo tienes que aceptar que no todo el mundo aspira a tener una casa en Connecticut con el marido perfecto y dos hijos perfectos pero muy ruidosos. —Eché un vistazo a mi alrededor. Lo que yo quería era sexo salvaje con alguien que me hiciera olvidar lo que pasaría o no pasaría al día siguiente. Pero nadie había llamado mi atención hasta el momento.

—Solo quiero que seas feliz —aseguró Scarlett, inclinando la cabeza a un lado.

—Bueno, ya somos dos. —Lo último que necesitaba era la compasión de mi hermana. Especialmente en ese momento—. De todos modos, ¿qué vas a hacer mientras estés en Nueva York? —le pregunté a Darcy—. Puedo hacerte de guía turística si quieres.

—¿No tienes que trabajar? —intervino Scarlett.

El problema de estar cerca de mi hermana era que, por muy diferentes que fuéramos, no podíamos ocultarnos nada.

—Claro, pero puedo encajar los turnos alrededor de las actividades que tenga planeadas Darcy. Quiero que se divierta. —Tomé otro sorbo del cóctel, evitando la mirada inquisitiva de mi hermana.

—¡Oh, Violet! No habrás vuelto a dejar tu trabajo, ¿verdad?

Por el rabillo del ojo percibí el movimiento de los hombros de Scarlett y la inclinación de su cabeza.

—No exactamente —aseguré.

No quería ver esa mirada de decepción en sus ojos. ¿Por qué no podía aceptar que yo no estaba interesada en una carrera de altos vuelos? La vida me había enseñado más de una vez que cada momento debía ser disfrutado y que el mañana ya lo descubriríamos cuando llegara.

—¿«No exactamente»? —insistió—. Creía que te caían bien las chicas de ese sitio.

—Y así es. —Las otras camareras eran muy divertidas y las propinas habían sido increíbles—. Pero no creo que deba aguantar que me toquen el culo en el trabajo.

—¿Quién te ha tocado el culo? —preguntó Darcy.

—Uno de los clientes habituales. Nos lo hace a todas, pero no entiendo que sea correcto.

—Y no lo es. ¿Así que lo has dejado? —preguntó Scarlett.

—No, lo llamé imbécil de mala muerte y me despidieron —expliqué, preparada para seguir adelante. Ya había lidiado con suficientes imbéciles en mi vida, no quería perder tiempo pensando en ellos—. Espero que esto signifique que dejará en paz a las otras camareras. Al menos un tiempo.

Había descubierto que la manera de no resultar decepcionada por la vida era tener pocas expectativas, y la manera más fácil de mantener las expectativas al mínimo era no implicarse demasiado con nada. Tanto si se trataba de un trabajo o de un hombre. No me quedaba con ninguno el tiempo suficiente para implicarme emocionalmente, y eso significaba que podía alejarme de lo que fuera sin que me doliera. Perder un trabajo no suponía un problema: lo había superado en el momento en que atravesé la puerta del negocio. Sí lo era no tener dinero.

Scarlett suspiró.

—No es propio de ti perder los estribos de esa manera. Sé de sobra que nadie debería tocar el culo de alguien sin su permiso, pero…

—¿Esperabas que me aguantara?

—Por supuesto no. Solo digo que no es propio de ti perder el control. Estoy preocupada por ti. ¿Es por las noticias de ayer?

—¿Qué noticias? —pregunté, fingiendo ignorancia. No sabía mentir, se me daba fatal, pero lo último que quería era hablar de mi exnovio y del hecho de que las páginas de negocios del periódico del día anterior habían anunciado que iba a sacar a bolsa la empresa que habíamos fundado juntos.

Esa era exactamente la conversación que había estado evitando.

—¿Estás cabreada o no? —preguntó Scarlett, sabiendo claramente que estaba más enfadada de lo que podía soportar.

—No, para nada. Sabes que lo he superado…, ocurrió hace años. —Habían pasado casi cuatro años desde que me vi traicionada por el que había sido mi novio de la universidad y desde que me robó la compañía por la que había trabajado tanto—. Ya te lo he dicho antes, la vida es genial.

De verdad pensaba que lo había superado. Pero leer aquella noticia había supuesto un shock, y me había hecho vivir muchas emociones. La mayor parte del tiempo disfrutaba de mi vida. Poseía una familia increíble, buenos amigos, y no tenía que preocuparme, tomar decisiones difíciles ni hacer ninguna de las cosas estresantes que llevaba aparejadas el manejo de un negocio propio. Se trataba sin más de que no tenía la vida que había pensado. Había imaginado que posaría en la fotografía junto a David. Que entonces estaríamos casados, que tal vez tendríamos un par de hijos, la típica parejita. En cambio él se había casado con otra y le faltaban unos meses para ser riquísimo, y yo era una simple camarera.

Scarlett se echó hacia delante por encima de la mesa y me apretó la mano.

—Creo que es genial que seas feliz. Pero sé sincera: a veces es bueno tener un plan, prever todo un poco. ¿No es así, Darcy?

Había sido un golpe bajo incluir a Darcy en la conversación. Ella no sabía lo cargada de intención que estaba la pregunta.

—A mí me encanta planearlo todo —dijo Darcy—. Estoy consiguiendo que se incrementen poco a poco las ganancias de la finca. Vamos a tener un crecimiento del quince por ciento en los tres próximos años. Si eso sucede, quiero abrir una tienda de la granja, para vender productos locales. También quiero adoptar un niño antes de cumplir treinta y cinco años. Y si aparece un caballero de brillante armadura, no necesito que me secuestre, pero si quiere llevarme a cenar y darme un masaje en los pies, no voy a decirle que no. Negocios, chico, masaje de pies. En ese orden…

Me reí de su lista de pendientes. Darcy siempre parecía muy feliz, pero, al pensarlo bien, supuse que dirigir una finca debía de requerir de mucha planificación y habilidades. Y ella obviamente poseía talento para ello.

—¿Has pensado en volver a la universidad? —me preguntó Scarlett.

—¿Lo dices en serio? ¿A la universidad? —Tenía muchísimos malos recuerdos entrelazados con mi experiencia en la universidad, así que volver habría sido lo último que hubiera considerado. David y yo nos habíamos conocido en segundo curso y habíamos estado juntos cuatro años. Habíamos sido amantes y socios de negocios, pero al final solo éramos extraños.

—Es decir, si no estás segura de lo que quieres hacer. Y ahora que no tienes trabajo ni un plan, puede que sea el lugar perfecto para reenfocarte —insistió Scarlett.

—¿Por qué renunciar al presente para mejorar el mañana cuando no sabes si vivirás para verlo? —Que me quitaran mi negocio cuando le había dedicado tanto tiempo y esfuerzo a levantarlo, que me arrebataran algo de lo que estaba tan orgullosa, había sido devastador. Estaba decidida a no repetir ese error. Había sacrificado muchos de mis mejores años por… nada. Los últimos tiempos había tratado de recuperar ese tiempo de fiestas, viviendo el presente, saliendo con muchos chicos.

—Eso es un poco deprimente —intervino Darcy.

—Es justo lo contrario —repuse—. No quiero perder todo ese tiempo planeando cosas que tal vez nunca ocurran. No tengo previstos los días de lluvia, así que no tengo que perder el tiempo planeando qué haré un día de lluvia; eso sí es deprimente. Mejor disfrutar del...



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