Bergstrom / West | Bullshit: contra la charlatanería | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 414 Seiten

Reihe: Ensayo

Bergstrom / West Bullshit: contra la charlatanería

Ser escéptico en un mundo basado en los datos
1. Auflage 2021
ISBN: 978-84-123903-6-0
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

Ser escéptico en un mundo basado en los datos

E-Book, Spanisch, 414 Seiten

Reihe: Ensayo

ISBN: 978-84-123903-6-0
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



Dos profesores de ciencias nos brindan herramientas para desmantelar la desinformación y pensar con claridad en un mundo de noticias falsas y datos erróneos. Abunda la mala información y cada vez es más difícil saber qué es verdad. Los políticos no están limitados por los hechos y nuestro entorno mediático se ha vuelto hiperpartidista. La ciencia se lleva a cabo mediante comunicados de prensa, la cultura de las startups ha disparado el arte de crear bulos y la mayor parte de la actividad administrativa, pública o privada, parece ser poco más que un ejercicio sofisticado de reensamblaje combinatorio de disparates. Estamos bastante bien equipados para detectar el tipo de mentiras de la vieja escuela que se basan en una retórica elegante y eufemismos, pero la mayoría de nosotros no nos sentimos preparados para desafiar la avalancha de bulos modernos presentes en el lenguaje de las matemáticas, la ciencia o las estadísticas. Basándose en una profunda experiencia en estadística y biología computacional, Bergstrom y West desentrañan abundantes ejemplos de sesgo de selección y visualización confusa de datos, distinguen entre correlación y causalidad y examinan la susceptibilidad de la ciencia a los bulos modernos. Ahora que esas mentiras han evolucionado, necesitamos volver a aprender el arte del escepticismo.

Carl T. Bergstrom. Estados Unidos, 1971. Biólogo teórico y evolutivo y profesor de la Universidad de Washington. Bergstrom es un crítico de la investigación científica engañosa o de baja calidad. El tema central de su trabajo es el flujo de información a través de redes biológicas y sociales, así como la ecología y evolución de organismos patógenos, incluido el desarrollo de resistencias. Es coautor, con Lee Dugatkin, de un libro de texto universitario, Evolution. Se le considera un experto al que recurrir para explicar la dinámica de la mala información y la desinformación. Más allá del campo de la biología evolutiva, en 2007 desarrolló el Eigenfactor, un sistema de métricas para la clasificación de revistas científicas.
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Prefacio

El bullshit está inundando el mundo, y todos estamos ahogándonos en él.

En la actualidad, los políticos no están limitados los hechos. La ciencia se lleva a cabo a través de comunicados de prensa. Las empresas emergentes de Silicon Valley elevan el bullshit a la categoría de arte. Las universidades premian más el bullshit que el pensamiento analítico. La mayor parte de la actividad administrativa parece ser poco más que un sofisticado ejercicio de reensamblaje combinatorio de bullshit. Los publicistas nos guiñan el ojo conspirativamente y nos invitan a unirnos a ellos para ver a través de todo el bullshit que nos rodea. Nosotros les devolvemos el guiño, pero al hacerlo bajamos la guardia y caemos en el bullshit de segundo orden que están echándonos encima. El bullshit contamina nuestro mundo, confunde a la gente sobre cuestiones específicas y socava nuestra capacidad para confiar en la información que nos llega. Por modesto que sea este libro, es nuestro intento de detectar y combatir el bullshit que nos asedia.

El filósofo Harry Frankfurt se dio cuenta hace años de que la ubiquidad del bullshit era una característica definitoria de nuestro tiempo. Su tratado clásico On Bullshit (1986)[1] empieza así:

Una de las características más destacadas de nuestra cultura es que en ella hay mucho bullshit. Todos lo sabemos. Cada uno de nosotros contribuye a su manera a crearlo. Pero tendemos a dar por sentado este hecho, aunque no poseamos una idea clara de lo que es bullshit, por qué hay tanto o a qué fines sirve. Y tampoco tenemos una comprensión conscientemente desarrollada de lo que el bullshit significa para nosotros. En otras palabras, no tenemos ninguna teoría sobre lo que es el bullshit.

Para erradicarlo es necesario saber qué es exactamente. Y aquí es donde la cosa se pone difícil.

En inglés, la palabra bullshit es tanto un sustantivo como un verbo. No solo puedo cansarme de tu «bullshit» (sustantivo), también puedo rebotarme y bullshitearte (acción verbal). Hasta aquí está bastante claro. Bullshitear es, a grandes rasgos, el acto de generar bullshit.

Pero veamos qué referentes tiene la palabra bullshit. Como ocurre con muchos intentos de equiparar conceptos filosóficos con palabras propias del lenguaje cotidiano, sería una tontería tratar de buscar una definición que incorporase y excluyese todo lo que la palabra bullshit debería incorporar y excluir. En lugar de ello, empezaremos por poner algunos ejemplos, y luego trataremos de describir algunas de las cosas que podríamos calificar como bullshit.

Mucha gente cree que se le da muy bien detectar el bullshit. Esto puede ser cierto cuando este se presenta envuelto en un estilo retórico o elegantemente elaborado, lo que llamamos el bullshit de la vieja escuela. Si decimos, por ejemplo:

Nuestra misión colectiva es poner en funcionamiento soluciones bilaterales para aprovechar oportunidades infrautilizadas de la cartera de recursos humanos. (Estamos diciendo simplemente que somos una agencia de trabajo temporal).

Nuestra razón de existir es ser transmisores. Embarcarse en el mito es unirse a él. (A esto podríamos llamarlo actualización de la vieja escuela).

Al igual que hicieron nuestros antepasados, miramos hacia los interminables horizontes de nuestra gran nación con las mentes fijas y los corazones encendidos para reavivar las chispas amortiguadas de nuestro destino colectivo. (Esto no quiere decir nada, ahórratelo y dinos cómo diablos vas a traer de nuevo puestos de trabajo a nuestra región).

El bullshit de la vieja escuela no parece que vaya a desaparecer, pero puede quedar eclipsado por lo que llamamos «bullshit de la nueva escuela». Este último puede servirse del lenguaje de las matemáticas, la ciencia y las estadísticas con el propósito de crear la impresión de rigor y precisión. A las afirmaciones dudosas se les da un barniz de legitimidad glosándolas con números, figuras, estadísticas y gráficos de datos. El bullshit de la nueva escuela sería algo como esto:

Ajustado a los tipos de cambio, nuestro fondo global más rentable batió al mercado en siete de los últimos nueve años. (¿Cómo se ajustaron exactamente los rendimientos? ¿Cuántos de los fondos de la compañía no lograron batir al mercado y por cuánto? Para el caso, ¿hubo un solo fondo que venciera al mercado en siete de los nueve años, o fueron distintos fondos los que batieron al mercado en cada uno de esos siete años?).

Aunque no tienen suficiente significación estadística (p = 0,13), nuestros resultados subrayan el tamaño del efecto clínicamente importante (probabilidades relativas de supervivencia a cinco años = 1,3) de nuestro objetivo de oncología, y desafían el paradigma terapéutico actual. (Y nos preguntamos: ¿qué significa que un resultado es clínicamente importante si a la vez no es estadísticamente significativo? ¿Es la supervivencia de cinco años un dato relevante para este tipo de cáncer en particular, o la mayoría de los pacientes mueren en un periodo de tres años? ¿Por qué deberíamos imaginar que cualquiera de estos datos «desafía el paradigma terapéutico actual»?).

El algoritmo de la red neuronal convolucional del equipo extrae la lógica de control subyacente de una red multidimensional compuesta por el metaboloma humano, el transcriptoma y el proteoma. (¿Qué es una red multidimensional? ¿Por qué son significativas las conexiones entre estos «-omas»? ¿Y cómo se miden? ¿Qué quiere decir el autor con «lógica de control»? ¿Cómo sabemos que hay una lógica de control subyacente que conecta estos sistemas? Y si la hay, ¿cómo sabemos que este enfoque puede captarlo realmente?).

Nuestra evaluación sistemática reveló que el 34 % de los niños de segundo grado de primaria con problemas de comportamiento admiten haber esnifado rotuladores mágicos al menos una vez en el último año. (¿Qué quiere decir exactamente esta afirmación? ¿Por qué es importante este dato? Y si lo es, ¿esnifar rotuladores es una causa o una consecuencia de «problemas de comportamiento»? ¿Qué tanto por ciento de los estudiantes de segundo grado de primaria admiten haber esnifado rotuladores mágicos? ¡Quizá ese tanto por ciento sea aún mayor!).

El bullshit de la nueva escuela puede ser especialmente efectivo debido a que muchos de nosotros no estamos cualificados para cuestionar la información que se presenta de forma cuantitativa. Eso es exactamente lo que la nueva escuela de bullshitters está haciendo. Para luchar contra ello, tenemos que aprender cuándo y cómo cuestionar ese tipo de afirmaciones.

Los dos autores de este libro hemos dedicado nuestra carrera universitaria a enseñar a los estudiantes cómo pensar lógica y cuantitativamente acerca de los datos. Este libro es fruto de un curso que dimos en la Universidad de Washington, titulado igual que el libro en inglés, Calling Bullshit. Esperamos que nuestra investigación muestre al lector que no es necesario ser un profesional de la estadística o de la econometría ni un científico de datos para poder analizar críticamente afirmaciones cuantitativas, y que tampoco es necesario tener grandes bases de datos o dedicar semanas a investigar una afirmación para darse cuenta de que algo es bullshit. A menudo, es suficiente con aplicar un razonamiento lógico básico a un problema y, cuando sea necesario, añadir información fácilmente accesible a través de un motor de búsqueda en Internet.

Tenemos motivos de conciencia cívica para querer ayudar a la gente a descubrir y refutar el bullshit. No es una cuestión de ideología de izquierdas o de derechas; la gente de ambos lados del espectro político ha demostrado ser hábil en la creación y difusión de desinformación. Más bien (a riesgo de ser grandilocuentes), creemos que la detección adecuada de bullshit es esencial para la supervivencia de la democracia liberal. La democracia siempre se ha basado en un electorado con pensamiento crítico, pero esto nunca ha sido más importante que en la actual era de noticias falsas y de interferencias internacionales en los procesos electorales a través de la propaganda difundida en las redes sociales. En el editorial de The New...



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