E-Book, Spanisch, 288 Seiten
Braidotti Feminismo posthumano
1. Auflage 2022
ISBN: 978-84-18914-76-8
Verlag: Gedisa Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, 288 Seiten
ISBN: 978-84-18914-76-8
Verlag: Gedisa Editorial
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Rosi Braidotti (Latisana, Venecia, 1954). Filósofa y teórica feminista italo-australiana, profesora emérita en la Universidad de Utrecht, donde enseña desde 1988. Es una de las principales autoridades en los estudios sobre el tema de la subjetividad y lo posthumano, sobre todo en relación a las perspectivas neofeministas. Entre sus libros publicados en italiano: Soggetto nomade. Femminismo e crisi della modernità (Sujeto nómada. Feminismo y crisis de la modernidad) (1995), In metamorfosi. Verso una teoria materialista del divenire (En metamorfosis. Hacia una teoría materialista del devenir) (2003), Madri, mostri e macchine (Madres, monstruos y máquinas) (2005). En Gedisa están publicados Feminismo, diferencia sexual y subjetividad nómade, Transposiciones, Por una política afirmativa, Lo posthumano y El conocimiento posthumano.
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Introducción:
Llamar al feminismo
por otro nombre cualquiera
«No agonicen, ¡organícense!».
Flo Kennedy, 19711
¡Qué tiempos éstos para osar tomar el presente, definido como marca de lo que estamos dejando ya de ser, y como semilla de lo que estamos en vías de convertirnos!
Viaje relámpago a 1992: en el local físico de ese punto de inflexión que fue la exposición Post Human (Deitch, 1992), la enorme figura de una mujer de negocios vestida de Armani daba la bienvenida a quienes acudían al certamen. Esa exposición puntera mostraba múltiples variaciones de nuevas microfeminidades en construcción en ese momento de la cultura tecnológica. El curador de la exposición, Jeffrey Deitch, captó el espíritu vanguardista de entonces trayendo al primer plano el rol de la tecnología en el desdibujar de las fronteras binarias entre sujetos y objetos, humanos y no humanos. La exposición mostraba que la eugenesia del cuerpo y la aceptación de lo artificial se estaban volviendo la norma: cirugía estética, dietética, ejercicios varios, drogas psicotrópicas y otras prácticas perfeccionan a los humanos más allá de sus sueños. Post Human mostraba también que el arte asumía un rol mucho más central en la medida en que se fusionaba con la ciencia, la computación y la biotecnología para modificar la forma de lo humano y perfeccionar el atractivo de lo artificial. El mensaje era claro: los placeres de lo inorgánico se convirtieron en una segunda naturaleza, produciendo una intimidad más profunda con artefactos tecnológicos. Y las contradicciones en torno a los cuerpos femeninos formaban el núcleo de esta primerísima exposición de lo posthumano.
Acelerón hacia 2013. Durante su gira Mrs. Carter World Show Tour, la cantante estadounidense Beyoncé hizo brillar la palabra «Feminist», parpadeando a todo lo ancho del escenario, e interpretó su himno feminista «Flawless», del exitoso álbum Lemonade. Durante la actuación, Beyoncé repitió, como un mantra, esta definición sacada de la obra de Chimamanda Ngozi Adichie: «Feminista: una persona que cree en la igualdad social, política y económica de los sexos». Simple y al grano, ¿quién se lo discutiría?
Pues sí, algunas lo hicieron. La aclamada feminista negra bell hooks, por ejemplo, se expresó en términos críticos hacia la cultura mediática de la celebridad y el carácter explícitamente sexualizado de las actuaciones de Beyoncé (hooks, 2016). Esto desencadenó una buena controversia (Gay, 2014c; Plate, 2019). Pero lo llamativo es que una estrella como Beyoncé esté participando efectivamente en el debate feminista. Ella defiende el programa igualitario feminista y cuestiona su política de localizaciones en cuanto mujer negra, erotizada y profesional apasionada. Y no es sólo ella. La gigante mediática Oprah Winfrey también se subió al carro junto a otras celebridades como Hillary Clinton, Emma Watson, Michelle Obama, Ellen de Generes, Caitlyn Jenner, Laverne Cox, Lady Gaga y muchas más (Hamad y Taylor, 2015). No hay ningún aspecto de la cultura popular contemporánea en el que feministas y personas progresistas, antirracistas o LGBTQ+ no hayan dejado su impronta. Lo que hace treinta años era blasfemo es hoy banal y se transmite en directo desde nuestras pantallas.
En este libro desentraño las relaciones profundamente imbricadas entre los dos «ismos» que tanto me importan: feminismo y posthumanismo. El postulado de este libro es que los estudios posthumanistas más conocidos dejaron la teoría feminista a un lado, siendo que ésta última fue una de las precursoras del giro posthumanista. Feminismo posthumano aspira a rescatar ese eslabón perdido y argumenta que esta moneda tiene dos caras. Esta iniciativa intelectual urge porque estamos viviendo un tiempo al que llamé convergencia posthumana en los dos libros que precedieron a éste: Lo posthumano (Braidotti, 2013) y El conocimiento posthumano (Braidotti, 2019). El presente libro parte de esas obras anteriores para ampliarlas, profundizando en las consecuencias que tiene para el feminismo el hecho de pensar a través de la teoría posthumana, y con ella. En mi abordaje, hablo de lo posthumano como un marcador de situaciones actuales y como un instrumento de navegación. En ambos casos, el término pretende ayudar a alcanzar una comprensión más adecuada de los retos a los que nos enfrentamos en el mundo de hoy y a dibujar un itinerario a través de ellos. En concreto, pretendo detectar y evaluar tendencias emergentes en la teoría y práctica feministas contemporáneas.
El feminismo es hoy un movimiento social bien arraigado, cuya enorme diversidad se manifiesta en su multiplicidad de formas y lugares. Por ese mismo motivo, no es fácil definirlo de forma satisfactoria si no es señalizando un amplio abanico de posiciones feministas. El espectro incluye la reivindicación de igualdad entre hombres y mujeres, el reconocimiento de la multiplicidad de géneros, la abolición de las identidades de género, las intersecciones de género, raza y clase, entre otras. El feminismo es la lucha por potenciar a quienes viven bajo distintos ejes de desigualdad. Eso implica darles poder a quienes sufren espolio, empobrecimiento, ya sean mujeres, personas LGBTQ+ o racializadas, o pueblos indígenas. En este sentido, el feminismo no es sólo un movimiento igualitario en general, sino también una lucha radical y descolonial transformadora por la afirmación positiva de las diferencias entre personas y pueblos marginalizados. Estas diferencias de posicionamiento material manifiestan experiencias vitales distintas y diversas formas de conocimiento. La chispa radical del movimiento feminista es, para mí, su política de subversión, que significa crear visiones alternativas de «lo humano» generadas por personas históricamente excluidas de esa categoría, o sólo en parte incluidas en ella. Significa crear otros mundos posibles. Este margen transformador asume que ningún proceso de emancipación, por parcial que sea, está totalmente incorporado o asimilado por las condiciones de vida socioeconómicas predominantes, a las que se opone críticamente. Los márgenes de intervención siguen disponibles, aunque como potencial virtual. La cuestión es cómo activarlos.
Convergencia posthumanista es la expresión que utilizo para indicar la condición histórica del Antropoceno en el presente —no en un futuro utópico— marcado por tres cambios cruciales y relacionados entre sí. En primer lugar, a nivel social somos testigos de un aumento de las injusticias estructurales causado por la distribución desigual de la riqueza, de la prosperidad y del acceso a la tecnología. En segundo lugar, a nivel medioambiental somos confrontadas con la extinción de especies en un planeta que se desmorona, golpeado por la crisis climática y nuevas epidemias. Y en tercer lugar, a nivel tecnológico, el estatus y la condición de lo humano está siendo objeto de una redefinición por parte de las ciencias de la vida y la genómica, las neurociencias y la robótica, las nanotecnologías, las nuevas tecnologías de la información y las conexiones digitales que ellas nos imponen.
La pandemia de COVID-19 que sigue asolando mientras escribo es emblemática de la convergencia posthumana. Es un desastre causado por humanos y agravado por la interferencia indebida de éstos en el equilibrio ecológico y en la vida de muchas especies. La pandemia destaca la importancia de los nexos entre humanos y no humanos y su potencial tan destructivo como generador. Paradójicamente, el contagio resultó en un aumento del uso de tecnologías y del recurso a la mediación digital, y en la fe en las vacunas y las soluciones biomédicas. Así pues, alentó la dependencia de los humanos con respecto a la economía extremadamente tecnológica del capitalismo cognitivo que fue el causante primero de estos problemas.
Vivir...




