E-Book, Spanisch, 192 Seiten
Braidotti Por una política afirmativa
1. Auflage 2018
ISBN: 978-84-16919-98-7
Verlag: Gedisa Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Itinerarios éticos
E-Book, Spanisch, 192 Seiten
ISBN: 978-84-16919-98-7
Verlag: Gedisa Editorial
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Nacida en Italia, creció en Australia, se formó en Francia y vive en Holanda, donde es catedrática del Departamento de Estudios de la Mujer de la Universidad de Utrecht. Fiel a sí misma, practica lo que afirma y vive como un sujeto verdaderamente nómade. Apasionadamente dedicada a la filosofía como disciplina crítica y basándose en la teoría y la práctica feministas, la autora añade creatividad e innovación a la arriesgada tarea de comprender las complejidades del mundo actual. Entre sus libros más recientes cabe mencionar Patterns of Dissonance, Sujetos nómades y Metamorphoses: Towards a Materialist Theory of Becoming.
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Introducción
Rosi Braidotti y Angela Balzano
Este libro aspira a abrir horizontes de pensamiento, explorando desde diversas posiciones las filosofías y las prácticas políticas afirmativas. Siguiendo múltiples itinerarios éticos —desde el spinozismo crítico que anima las filosofías de la inmanencia radical (Foucault, Deleuze y Guattari) hasta las teorías feministas—, esta obra quiere mostrar de qué modo la ética afirmativa puede representar un inagotable recurso para el pensamiento crítico y la praxis política.
En los momentos históricos en que se imponen las asfixiantes retóricas de la política de emergencia y se difunden pasiones negativas como el miedo, se hace sobremanera fácil instaurar un estado de crisis y guerra globales y permanentes. Lo hemos visto a partir de Estados Unidos al alba del tercer milenio. Hoy, con distinto guión y distintos protagonistas, en Europa y en otras partes del mundo se proyecta una película similar. Los medios de comunicación nos devuelven imágenes de cuerpos despedazados y ciudades reducidas a escombros, los news feeds nos proponen una serie infinita de cadáveres flotantes y de campos de refugiados difusos, mientras los políticos prometen seguridad y los tecnócratas dispensan dispositivos de control cada vez más invasivos.
La atomización social típica del capitalismo avanzado se agudiza por los veloces y múltiples desarrollos de las bio-infotecnologías, ampliando también su estructura violenta. Las promesas de perfección protésica hechas por la tecnocultura occidental deben someterse al examen de una crítica lúcida (Braidotti, 2003). Ha llegado el momento de repetir firmemente que los blancos cuerpos high-tech no valen más que los cuerpos de los emigrantes que Europa rechaza cínicamente. La difusión de los dispositivos necropolíticos de control (Mbembe, 2016) es hoy más que nunca evidente a escala global: de Niza a Bagdad, de Estambul a Bruselas asistimos a una verdadera proliferación no sólo de los mecanismos de vigilancia y de control, sino también de las violencias, que elevan el duelo a nivel de norma cotidiana (Butler, 2015). La presencia material, más que visual, de tales dispositivos se explica tanto en el imaginario protopornográfico del devenir-cadáver de gente y lugares, es decir, de la muerte transmitida en los principales medios de comunicación y en las redes sociales, sea en el espacio antes cívico y ahora incivil, esto es, en los metros y en las calles, en los lugares públicos cada vez más militarizados en que las personas nos vemos obligadas a movernos.
El imaginario social parece envenenado: y es bueno recordar que la del veneno es la imagen elegida por Spinoza para definir el mal en su vertiente social de violencia y negatividad. Los enemigos —poco importa que hayan nacido en Occidente, si son miembros organizados de jerarquías terroristas o individuos no pertenecientes a ningún grupo— son siempre adscritos a la matriz neofundamentalista islámica, el atentado siempre se explica en los términos del «choque de civilizaciones». Sin embargo, el neofundamentalismo, por desgracia, tiene múltiples manifestaciones, incluido un notable componente occidental de raíz cristiana (Cooper, 2013). Ya desde los años 1990, en los albores de las teorías del sujeto nómada (Braidotti, 1995), se reiteraba la importancia de criticar los esencialismos culturales, los mitos eternos de la patria y los héroes. En efecto, ya entonces era urgente reconsiderar la otredad, la hibridación, los nomadismos y las criollizaciones. Criticar la falsedad de la actual escena política, enferma del afán de hacer carrera y de un moralismo interesado, sirve para reiterar la dignidad y la inteligencia de aquellos que no vacilan en ponerse del lado equivocado, del lado minoritario —de los refugiados, clandestinos, de quienes pasan, o tratan de pasar, dirigiéndose a otro lado. Un debate dicotómico, oponiendo el extranjero violento al europeo (y/o al occidental) civilizador, no nos ayudará, por cierto, a construir un planeta en que la libertad de circulación sea un derecho de las personas, y no sólo de mercancías, datos, capitales y megabytes informáticos. Imaginar un mundo en que cada sujeto es libre de moverse y de expresarse es la única manera de garantizar sus derechos básicos y, por tanto, su libertad.
Claro que, en el clima de paranoia difusa en que vivimos, las fuentes de ansiedad se multiplican: pasamos de una crisis —económica, financiera, social, política o diplomática— a otra. Las guerras no sólo aumentan, sino que parecen cambiar de formato: por un lado, se hacen posthumanas con los drones y las tecnologías de asalto; por el otro, retroceden a tiempos pasados: parece que se haya vuelto a la Guerra Fría y, en consecuencia, el calor enceguecedor de lo nuclear comienza de nuevo a crepitar. La condición llamada del Antropoceno, es decir, el calentamiento del clima y la crisis ecológica de nuestro planeta, nos lleva a tener que pensar en la extinción en términos mucho más próximos e íntimos de aquellos a los que estábamos acostumbrados en la era atómica. En un efecto de paradójica dilatación del espacio y el tiempo, todo se acerca, pero se convierte, al mismo tiempo, en más remoto y ajeno. Se oye reiterar cada vez más a menudo la necesidad de recomponer un sentimiento común de humanidad —por ejemplo, en los discursos y las prácticas humanitarias, o en el ethos empresarial de la globalización responsable—, pero, en realidad, las fracturas internas y las divergencias socioeconómicas —sea entre los humanos, sea entre los humanos y no humanos— son más profundas que nunca.
El atentado inesperado, la crisis financiera, el bombardeo aéreo o la epidemia que golpean a cualquiera y en cualquier parte tienen la notable función de hacernos sentir inmediatamente vulnerables y, en cuanto tales, seres necesitados de tutelas. Se cumple, por ende, la apresurada creación de un «nosotros» genérico, una humanidad reunida en el miedo y la vulnerabilidad (Braidotti y Gilroy, 2016).
El mismo Occidente se erige en defensor del feminismo y los derechos civiles sólo ante el aumento de los feminicidios, o después de una masacre como la de Orlando en Florida o en nombre de guerras neocolonialistas que realizar en otra parte. En el interior del mismo mundo proliferan fuerzas neofundamentalistas que presagian otras tantas violencias y más sutiles mecanismos de exclusión e interdicción, articulados en torno a los nudos de la etnicidad y la «blancura», de la juventud y la delgadez, de la salud y la habilidad corpórea, del cuerpo y la sexualidad, para mencionar sólo los ejes más visibles de un fenómeno que se distingue de su complejidad.
El populismo de Trump y Johnson es una evidente forma de manipulación que, por desgracia, hoy encarna estas tendencias. Estamos en el régimen político de la «posverdad», alimentado por pasiones negativas como resentimiento, odio y cinismo. Estimamos que la tarea de los docentes reside en combatir con los instrumentos críticos del pensamiento y la enseñanza, pero también de la resistencia política: no sólo en las aulas, sino también en la esfera pública. En cuanto filósofas creemos necesario llevar a cabo una crítica de los límites de la democracia representativa, a partir del spinozismo crítico y la experiencia histórica de los feminismos. No podemos detenernos en el antagonismo, no es suficiente la fe en la dialéctica de la historia, debemos elaborar una política de la inmanencia y la afirmación, que exige cartografías políticas precisas de las relaciones de poder que nos atraviesan. Después de la derrota del feminismo liberal de Hillary Clinton en Estados Unidos, necesitamos re-radicalizarnos in primis.
Desde hace décadas los debates poscoloniales y aquellos sobre la raza han erosionado el privilegio de los blancos y las otras jerarquías racistas sacudiendo desde los fundamentos el tácito consenso en torno a qué constituye la esencia del sujeto humano (Gilroy, 2000; Hill Collins, 1991). Como nos enseñan los estudios feministas y de género, las investigaciones poscoloniales y antirracistas, está claro que no todas las personas somos vulnerables del mismo modo: las no blancas, las mujeres y las subjetividades LGBTQ saben desde siempre cómo están expuestas al cinismo de toda clase de fundamentalismo, racismo y conservadurismo.
Aun registrando la agudización de los discursos racistas y heteronormativos, queremos ante todo poner en duda las recomposiciones afanosas de una nueva «humanidad» unida sólo en la vulnerabilidad y el miedo. No podemos olvidar el estrecho vínculo existente entre la economía política neoliberal, la multitud de los discursos y prácticas de exclusión, marginalización y eliminación de capas enteras de la población humana y la devastación de los agentes no-humanos y del planeta en su misma sostenibilidad. La respuesta y la reacción a estos fenómenos pasan a través de la composición colectiva de prácticas relacionadas con la ética de la afirmación de alternativas compartidas, situadas y aplicables. El de las pasiones negativas no es el lenguaje preferido de la ética afirmativa que aquí proponemos como antídoto para el envenenamiento de nuestros vínculos sociales. Volveremos sobre ello.
Más allá del hombre y la naturaleza:
hacia las prácticas y las teorías feministas
Quisiéramos iniciar la composición de alternativas situadas poniendo el acento en las recaídas materiales del neofundamentalismo en Estados Unidos, proporcionando algunos ejemplos para ser más claras. Según las estadísticas recogidas por la Federación...




