E-Book, Spanisch, 256 Seiten
Brinkmann Culturas del diagnóstico
1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-19407-30-6
Verlag: Ned Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Una aproximación cultural a la patologización de la vida moderna
E-Book, Spanisch, 256 Seiten
ISBN: 978-84-19407-30-6
Verlag: Ned Ediciones
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Svend Brinkmann es profesor en el Departamento de Comunicación de Psicología de la Universidad de Aalborg (Dinamarca) y codirector del Centro de Estudios Cualitativos, dedica sus investigaciones a explorar las dimensiones filosóficas, morales y metodológicas de la psicología, especialmente a propósito de su connivencia con el capitalismo y la lógica de la productividad. Ganador del prestigioso Rosenkjær Prize, estudia en sus últimos trabajos problemas centrales de la vida contemporánea como el estrés, la adicción al trabajo o el afán de autosuperación. Sus obras han sido traducidas a varios idiomas. Ned Ediciones ha publicado Sé tú mismo (2020) y El viaje de Andrés (2021).
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Introducción
Cuando hablamos sobre nuestros problemas, los diagnósticos psiquiátricos como la depresión, ansiedad, autismo y TDAH se han vuelto omnipresentes: operan como poderosas categorías en los sistemas sociales y de salud de nuestros estados de bienestar modernos, y han permeado en los medios masivos y en la cultura popular. Los conceptos de enfermedad y trastorno —y los diagnósticos con los cuales designamos nuestros problemas— ya no son solamente conceptos médicos, biológicos y psicológicos, sino también entidades burocráticas, sociales y administrativas (Rosenberg, 2007: 5). McGann incluso llega a la conclusión de que «los diagnósticos se han vuelto parte de cómo nos entendemos a nosotros mismos, a los otros y al mundo» (McGann, 2011: 343). El propósito de este libro es describir y analizar este fenómeno, al cual me refiero como el desarrollo de las culturas del diagnóstico.
En las culturas del diagnóstico hay ingentes cantidades de dinero involucradas. El costo global de las enfermedades mentales se estima en 2.5 billones de dólares estadounidenses; un número que, se estima, crecerá hasta alcanzar los 6 billones de dólares en el 2030 (Kincaid y Sullivan, 2014: 1). Muchos estudios calculan que alrededor del 25 por ciento de la población de los países occidentales sufrirá por lo menos un trastorno mental diagnosticable a lo largo de un año (Kessler, 2010). Cuando se toma en cuenta la duración de la vida, la prevalencia suele situarse alrededor del 50 por ciento. De acuerdo con muchos psiquiatras, esto demuestra que su disciplina ha progresado hasta alcanzar finalmente el grado necesario para ser capaz de diagnosticar y tratar las enfermedades mentales que siempre han estado presentes. Quizás, en lo tocante a ciertos desórdenes, haya más gente enferma que antes, pero, de acuerdo con este argumento, la diferencia entre el tiempo pasado y el actual es que ahora podemos, finalmente, identificar a los afectados por una enfermedad o un trastorno. Algunos sociólogos opinan lo contrario: que estas cifras son prueba de que la vida moderna crea nuevas epidemias de patologías sociales. En realidad, mucha más gente que antes sufre trastornos mentales porque vivimos en tiempos trastornados. La alta incidencia es un signo de que algo está profundamente mal en nuestra cultura. La gente en Occidente rara vez muere en la actualidad a causa de pobreza material, hambruna o condiciones de trabajo físico deplorables —como en la época de Karl Marx—, pero está sufriendo diversos desórdenes mentales que van desde la depresión y la ansiedad hasta desórdenes alimenticios y condiciones bipolares, debido a las circunstancias terribles y alienantes de la vida social.
Sin descartar por completo estas interpretaciones, en este libro sostengo que algo más fundamental ha estado pasando en los últimos años: el desarrollo de lo que llamo «culturas del diagnóstico». El concepto de culturas del diagnóstico se refiere a las numerosas maneras en que la gente —pacientes, profesionales y casi todos los demás— usa categorías psiquiátricas para interpretar, regular y mediar diversas formas de autocomprensión y actividad.
En las culturas religiosas del pasado, eran en particular los conceptos religiosos aquellos que mediaban las relaciones de las personas consigo mismas y con los demás, y eran ideas religiosas las que la gente utilizaba para darle significado al sufrimiento que experimentaban. Aunque la religión está lejos de desaparecer en nuestra sociedad postsecular (McLennan, 2010), ahora lo más común es que se invoque a la psiquiatría y a sus diagnósticos para explicar los problemas que la gente experimenta. En ese sentido, sigo el camino emprendido por Bowker y Star, quienes, en su clásico estudio en torno a cómo funcionan las clasificaciones en la sociedad, señalaron que «la clasificación se ha convertido en una herramienta directa para mediar el sufrimiento humano» (Bowker y Star, 2000: 26). El concepto de culturas del diagnóstico busca arrojar luz sobre las muchas formas en que los diagnósticos median el sufrimiento humano, y es importante usar el concepto de culturas en plural, ya que esto sucede de modos muy diferentes en ámbitos sociales distintos.
En este libro pretendo enfocarme específicamente en los diagnósticos psiquiátricos entendidos como clasificaciones, y mi meta es analizar cómo las culturas del diagnóstico se manifiestan en la sociedad en su totalidad, llevándonos a esta situación en que, cada vez más, interpretamos nuestro sufrimiento a la luz de conceptos psiquiátricos y terminología diagnóstica. Digo «interpretamos» porque las culturas del diagnóstico no son predicadas únicamente por médicos y otros profesionales pertenecientes al «sistema». Ya no podemos simplemente acusar a psiquiatras de promover la «medicación desde arriba» (¡con el argumento de que son los médicos y «el sistema» quienes nos enferman!), como se hiciera en el movimiento antipsiquiatría de los 70; ahora, son los pacientes y los ciudadanos mismos quienes están exigiendo «la patologización desde abajo» (McGann, 2011), a través de la búsqueda de diagnósticos que sirvan como explicaciones para muchos de los problemas de la vida. La cuestión es que reconocer el surgimiento de las culturas del diagnóstico como un aspecto ampliamente difundido y omnipresente de la vida contemporánea debería llevarnos a discutir la oposición entre la postura psiquiátrica (¡al fin podemos ubicar a los enfermos!) y la sociológica (¡una sociedad trastornada nos enferma!) con una mirada fresca. No es que dichas posturas estén equivocadas per se (de hecho, ambas pueden tener más de una pizca de verdad), sino que puede que ambas se estén enfocando en aspectos superficiales de un fenómeno histórico y un cambio en nuestra idea misma del sufrimiento humano.
Este libro se propone analizar y explicar distintos aspectos de las culturas del diagnóstico contemporáneas. Basándose en un análisis psicológico cultural —que se nutre de la sociología y de los estudios culturales— y usando al TDAH en la población adulta como su caso de estudio ejemplar, explica por qué, en una era individualizada y secular, se siente la necesidad de explicar nuestro sufrimiento, incomodidad y problemas en términos psiquiátricos. Lo que es más importante, también se plantea qué pasaría de continuar patologizando el sufrimiento humano; es decir, si continuamos tratando el sufrimiento en términos de enfermedad o trastorno, nos arriesgamos a perder otros recursos fundamentales de autocomprensión. Preocupaciones de índole existencial, política y moral suelen hoy transformarse fácilmente en desórdenes psiquiátricos individuales, y así, nos arriesgamos a perder de vista las fuerzas sociales e históricas mayores que afectan a nuestras vidas. Esto tiene consecuencias graves en nuestra facultad para actuar con el fin de ayudar a la gente a lidiar con sus problemas. Nuestras acciones están cada vez más basadas en diagnósticos, lo que a su vez puede llevar a individualizar y descontextualizar los problemas de las personas.
Además de describir, analizar y criticar el fenómeno de las culturas del diagnóstico, este libro ofrece un análisis filosófico del sufrimiento y de los problemas, desórdenes y enfermedades psiquiátricas, y aboga por un enfoque no reduccionista que haga énfasis en la idea de que el sufrimiento puede ser mucho más que un problema de salud mental. Debería también entenderse en términos políticos, morales y existenciales. Deberíamos evitar estrechar nuestra concepción del sufrimiento como algo que puede ser formulado como una serie de «síntomas» en una lista de control. Deberíamos, en muchos casos, oponernos a la patologización actual de la vida humana, pero ello precisa que, de antemano, comprendamos las culturas del diagnóstico de forma sociológica, y asimismo requiere conceptualizaciones del dolor alternativas que trasciendan el entendimiento diagnóstico.
Este libro no se limita a describir las culturas del diagnóstico, sino que tiene la ambición de contribuir a la teoría social actual integrando el marco teórico de la psicología cultural (por ejemplo, Valsiner, 2007; 2014). Aunque suele hablarse de la psicología cultural como una rama de la psicología, en realidad es un tipo de ciencia social interdisciplinaria (similar a la ciencia cognitiva o a la neurociencia) que teoriza la acción, el pensamiento y el sentir humanos como elementos mediados semióticamente en las prácticas sociales. En la versión formulada en este libro, la psicología cultural integra sobre todo la psicología social con la historia y con la teoría social y cultural. Pienso que este tipo de integración es necesaria para poder captar tanto las formas en que los procesos sociales afectan la manera que tienen los individuos de sufrir y pensar en la enfermedad mental, como la forma en que los problemas y malestares experimentados por los seres humanos dan forma a dichos procesos sociales. Para poder entender las culturas del diagnóstico de la sociedad contemporánea, y el sufrimiento humano de manera más general, necesitamos comprender cómo la vida personal está entretejida con la cultural; es decir, cómo los seres humanos son al mismo tiempo individualmente sociales y socialmente individuales (Valsiner, 2014: 53). El proyecto científico de la psicología cultural es justamente analizar esta relación, y se distingue de otras perspectivas relacionadas (tales como los paradigmas de estructuración o el interaccionismo simbólico, por ejemplo) por su visión de las personas como unidades irreductibles de la vida social (Harré, 1983). Volveré sobre ese punto, pero por ahora expondré algunos de los...




