Cadahia | Fuera de sí mismas | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 400 Seiten

Reihe: Contrapunto

Cadahia Fuera de sí mismas

Motivos para dislocarse
1. Auflage 2020
ISBN: 978-84-254-4398-5
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

Motivos para dislocarse

E-Book, Spanisch, 400 Seiten

Reihe: Contrapunto

ISBN: 978-84-254-4398-5
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection



Una de las interacciones humanas más complejas es la que se da entre el médico y el paciente. Ya Hipócrates formuló una 'receta' que enfatiza la poderosa influencia que tiene la comunicación en la acción terapéutica: 'solo el contacto, el remedio y la palabra pueden realmente curar'. Bien lo saben las autoras de esta obra -una psicóloga y psicoterapeuta experta en comunicación estratégica y una médica-, quienes ofrecen una visión detallada de los aspectos de la comunicación en el ámbito médico, así como un análisis de las estrategias de lenguaje verbales y no verbales, de las modalidades relacionales y de las técnicas capaces de lograr que la interacción con el otro sea emocionalmente envolvente y persuasiva. A medida que las tecnologías proporcionan técnicas más avanzadas de detección y curación, es necesario que se le dé la misma importancia a la comunicación con el paciente, ya que ningún fármaco o máquina moderna puede desempeñar el papel insustituible de la relación personal.

Luciana Cadahia es doctora de filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente es investigadora asociada en CALAS-Andes y Visiting Professor en FLACSO- Ecuador y Cornell University (USA). Ha publicado numerosos artículos y libros en América Latina y Europa, entre los que destacan Mediaciones de los sensible o El Círculo Mágico del Estado: feminismo, populismo y antagonismo. Ana Carrasco Conde es doctora por la Universidad Autónoma de Madrid, y actualmente es profesora de Filosofía Moderna y Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid. En el año 2012 recibió el premio internacional de investigación Julián Sanz del Río. Su trabajo se centra en analizar las formas de destrucción de la subjetividad, así como en las influencias del idealismo alemán en el pensamiento contemporáneo. Entre sus libros destacan Infierno horizontal, La limpidez del mal y Presencias irReales.
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Prólogo

Fuera de sí mismas: motivos para dislocarse


¿Y si el lugar de enunciación condiciona la forma de lo enunciado? ¿Y si la forma de lo enunciado delimita el contenido mismo de lo que se quiere decir? ¿Y si el contenido queda de alguna forma lastrado y anclado a ese lugar? Que nadie se llame a engaño: por recuperar una conocida afirmación de Hegel en el prólogo de su Filosofía del Derecho, la filosofía es su propio tiempo aprehendido en pensamientos, pero esa aprehensión que capta o agarra (hendere) su tiempo ocupa un lugar desde el cual se realiza y desde el que se recoge aquello que constituirá su cuerpo. Aún más, por mucho que se haya afirmado que la filosofía trasciende la experiencia y lo que hace es pensar sobre ella, no se puede obviar el hecho de que no existe la Filosofía como ente abstracto. Oh, anatema. Existen personas, esto es, cuerpos de carne y hueso, que la hacen posible, que la encarnan en el acto mismo de pensar. Y este cuerpo ocupa un lugar y un tiempo, y con ellos un modo de emplazamiento y una posición.

La filosofía a veces invierte el cuento de El traje nuevo del emperador de Hans Christian Andersen y piensa que está desnuda, cuando son muchos sus vestidos. Pero otras veces es consciente de este hecho y no solo analiza el patrón del traje que la cubre, sino que busca nuevos patrones no para confeccionar un nuevo vestido que se ajuste al cuerpo de la reflexión, sino sobre todo para mostrar que su propio cuerpo, constituido por un plexo de relaciones sociohistóricas, ocupa un lugar y desde este lugar se piensa. Quien hace filosofía se inserta entonces en un lugar (locus) y ha de tratar salirse de él desquiciando el marco dado y de paso desquiciándose a sí mismo y a los demás con el propósito de ver el mundo de otro modo… o ver otros modos de entender el mundo, es decir, el orden que, por dado, no se suele pensar hasta las últimas consecuencias. Pero el orden está hecho a la medida de un lógos imperante, que visibiliza algunas cosas, invisibiliza otras y coloca, siempre coloca, cada «cosa» (Ding) en su sitio condicionándola (bedingen). No menos sucede con los que quedan «sujetos» o «anclados» en una posición por la cual se determina su modo de mirar, de decir y de actuar… que es también una forma de pensar. A veces lo mejor es una sacudida que desquicie los marcos dados, que disloque los miembros, que agriete allí donde hay un ensamblaje invisible y muestre así el patrón que confeccionó nuestros modos de estar.

Por tanto, es necesario pensar, en primer lugar, los patrones que nos condicionan, como quien analiza con detalle los planos del edificio que habita y cuyas líneas dirigen sus pasos, y en segundo lugar, salir de aquel plano, desviarse del camino y alterar la trayectoria. Romper el patrón incluso. Salirse del lugar que se ocupa. Dislocarse para pensar el mundo, ¿acaso no menciona Platón en el Fedro que el modo del quehacer filosófico tiene mucho de manía? (Fedro, 249d-e) ¿Y no es la manía una forma de locura que consiste en salirse de la norma? Dislocarse para desquiciar los lugares de enunciación habituales, luxar la estructura habitual del pensamiento, es decir, desviar la conducta habitual sacando al pensamiento de su confinamiento espacial, de su corsé, y al hacerlo ejercitar de un modo reflexivo y meditado un ejercicio de paránoia en el sentido griego del término, es decir, de desvío del noûs establecido… y noûs, recuérdese, en su origen no significa otra cosa, y así lo utiliza Homero, que plan o proyecto.

Podemos decir, entonces, que en este libro tratamos de salirnos del plan que fue siempre del otro, del orden hegemónico construido para cuerpos que no son los nuestros. De una filosofía encarnada en una voz masculina que ha condicionado aquella encarnación de la filosofía hecha por mujeres. Dislocamos el locus. Así pues, el título Fuera de sí mismas alude a pensar de otro modo haciendo de la filosofía una herramienta para dislocar que hace posible romper el marco dado y abordar las grandes cuestiones filosóficas desde otro locus. El problema, claro está, es que el cuerpo, el nuestro, estas cuatro manos que escriben este texto, y el suyo, que con otras manos sostiene el volumen, no solo se encuentra en un lugar de enunciación «externo» que tiene que ver con el topos que se ocupa, sino también con una determinación interna como resultado del plexo de relaciones sociohistóricas que constituyen nuestra subjetividad y que se encuentran interiorizadas. Por tanto, no es solo preciso salirse del corsé sociohistórico cuyo lugar de enunciación condiciona la forma del decir, del pensar y del hacer, también es necesario salir de una misma.

Esto es algo complicado sobre todo si el traje que se viste se ajusta tan bien a nuestra piel que pensamos que no hay vestido. Pero lo hay, todo está trufado y entretejido de mediaciones. Allí donde la costura se clava es donde hay que enfocar el pensamiento. Para pensar de otra manera nuestro presente es preciso abandonar aquellos lugares que han condicionado y orientado las reflexiones desde una filosofía construida para y desde un marco masculino, incluso la propia filosofía elaborada por mujeres, como si nuestro ámbito de pensamiento fuera un patio de recreo, de relevancia menor, del gran edificio de la Filosofía. Decía Kant que la metafísica fue despreciada como Hécuba. El problema es que la Filosofía ha sido construida desde Odiseo, el rico en ardides e inspirado en susurros por una diosa, Atenea, que nació de la mente masculina de un dios que, por temor, fagocitó a su amante, Métis. Desde Odiseo tenemos un lógos que este volumen propone luxar: un poco de loxós (del griego: sacar de sitio) en el lógos (razón) para destramar una red de tupidas mediaciones que hacen visible, como en aquel extraño aforismo del diario de Hegel, la media que cubre nuestro cuerpo y que condiciona y determina nuestro pensar. Atenea, como bien sabe el pobre Áyax, es una experta en enloquecer. Pero este fuera de sí mismas no apunta a una disfunción del pensar, sino a una desviación de lo habitual para pensar de otro modo. Pensemos en Antígona, pensémonos como ella y descubramos que su estar fuera de sí por quebrar la ley de la ciudad era una forma de recuperar una voz. Nunca estuvo más cuerda y al mismo tiempo nunca tuvo más fuerza. Y fuerza en griego se dice ménos, de ahí manía. Es preciso tener fuerza para sacar de sí el orden habitual de las cosas.

Y esta fuerza, la de Antígona, la nuestra, la de ellas, es lo que nos permite decir que durante muchos siglos la filosofía encarnada por mujeres ha estado ausente del campo de la Filosofía. Si bien algunos nombres perduraron a lo largo del tiempo, nombres aislados que resuenan como un eco lejano dentro de la tradición griega, medieval o moderna, ninguno de ellos pasó a ocupar un lugar propio en el canon filosófico. Es posible elaborar distintos argumentos que nos ayuden a explicar las razones de esta omisión, pero lo cierto es que la filosofía se ha construido alrededor de una voz masculina. O tal vez ese distinto modo de decir de la mujer no tenía «lugar» en el locus de la Filosofía: existía, pero, al no encajar, quedaba fuera. Recién a mediados del siglo pasado las mujeres dejaron de ser una excepcionalidad dentro de este terreno y tuvieron, con mucho esfuerzo y no pocas críticas, la posibilidad de asumir su propia voz. Y asumir la voz propia no es otra cosa que descubrir la extrañeza que habita en una, esa extrañeza que hace de lo propio algo común construido por las voces de muchas otras que esperaban el momento de una voz. Una voz, dicho en plural y en femenino. Sin saber muy bien qué signifique eso todavía. Pero lo cierto es que esta voz propia nada tiene de dominio y posesión, y que en el despojo de esa estructura podrá resplandecer lo otro que nos habita. Por eso nos ponemos fuera de sí cuando se nos dice que se nos hizo «sitio» en el «pensamiento». Un sitio que, inicialmente, se encaminó por la necesidad de comprender y pensar en el lugar de la mujer, un lugar incómodo e inhóspito. Lo incómodo no era solo aquella estancia que se nos prestaba: era el traje con el que se nos vestía porque este no encajaba en nuestros cuerpos, como un patrón que, diseñado por un sastre, nos era impuesto. Un pensamiento en corsé. Los primeros textos encaminados a entender este patrón han sido un paso necesario. Pero el patrón ha de ser dejado atrás.

La «norma académica» o «casa académica» nos ha concedido una «habitación propia»: la de ponernos a nosotras mismas como objeto de indagación. O dicho de otra manera, las filósofas solamente tendríamos autorización para irrumpir en la escena de la filosofía en los casos en que pudiéramos decir algo sobre nosotras o sobre nuestro género. En absoluto estamos desdeñando los estudios de género en los que muchas de nosotras nos reconocemos y, menos aún, la importancia de pensar filosófica y críticamente la forma que se ha construido a lo largo del tiempo algo así como «la condición de género». Por el contrario, lo que tratamos de decir es que resulta un poco problemático identificar sin más la aparición de una filosofía hecha por mujeres con la necesidad de reducirse a la explicitación de contenidos propios de los problemas de género. Por otra parte, la irrupción de las mujeres en el ámbito de la...



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