E-Book, Spanisch, 168 Seiten
Reihe: Contrapunto
Cadahia República de los cuidados
1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-254-5050-1
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Hacia una imaginación política del futuro
E-Book, Spanisch, 168 Seiten
Reihe: Contrapunto
ISBN: 978-84-254-5050-1
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Luciana Cadahia es licenciada en filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba y doctora en filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha sido profesora en diferentes universidades de América Latina, Europa y Estados Unidos. Actualmente es Profesora Asociada del Instituto de Estética de la Pontificia Universidad Católica de Chile y dirige el diplomado «Encrucijadas actuales del pensamiento crítico». También coordina la red internacional «Populismo, Republicanismo y Crisis Global». Es autora de numerosos libros y artículos publicados y traducidos a diferentes lenguas, entre los que destacan Siete ensayos sobre el populismo (junto a Paula Biglieri, Herder, 2021), Mediaciones de lo sensible (2017) y El círculo mágico del Estado (2019). Su campo de trabajo intelectual se centra en la filosofía latinoamericana y continental, con especial énfasis en lo político, la estética y lo popular. También escribe sobre temas de actualidad política y colabora con diferentes medios de comunicación internacionales.
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Prólogo
Este libro recoge una serie de ensayos que me ayudaron a explorar una inquietud que ha ido tomando forma a lo largo de los últimos diez años de trabajo intelectual y militante: ¿es posible pensar juntos el feminismo, el populismo y la república? Esta pregunta, que busca tener un alcance teórico y práctico, nace de un cierto malestar que resulta de los diferentes tipos de desencuentros que han existido entre estas tradiciones de pensamiento y de lucha política. En el caso de la teoría clásica del republicanismo y el populismo, y salvo en contadas excepciones, suele prestarse muy poca atención a la configuración de las demandas feministas, al punto de ser consideradas como problemáticas de segundo orden. Esta desatención a la lucha feminista expresa, al menos, dos limitaciones en el terreno de estos estudios. Por un lado, pierde de vista los diferentes tipos de transformaciones que ha experimentado el campo popular (objeto de estudio del populismo) en las últimas dos décadas gracias a los liderazgos de las mujeres y las disidencias sexuales. Y, por otro, no es capaz de dar cuenta de las nuevas conexiones sensibles (o afectivas) que propicia el feminismo en la articulación de ese mismo campo popular. La teoría populista, cuando trata de pensar la articulación de lo popular, se centra en el antagonismo y en los diferentes conflictos que permiten configurar un nosotros frente a un ellos. Pero la construcción de ese nosotros adversarial, como ha insistido Chantal Mouffe en sus trabajos de los últimos años, no se da de forma abstracta, sino que es el resultado de una coyuntura específica. Y esa coyuntura se organiza a partir de una correlación de fuerzas asimétricas entre los de arriba y los de abajo. O, dicho de manera más precisa, el campo social se configura como una tensión irresuelta entre, por un lado, la violencia de las fuerzas oligárquicas (conglomerados mediáticos, élites económicas, políticas y culturales, corporaciones transnacionales y fuerzas del crimen organizado y paraestatales) y, por otro, las fuerzas populares (trabajadores, migrantes, desplazados, campesinos, mujeres, disidencias sexuales y sectores indígenas y negros) que sufren el despojo simbólico, económico, territorial y político por parte de esas mismas fuerzas oligárquicas. Esas fuerzas populares logran convertirse en un nosotros cuando son capaces de articularse como un pueblo, es decir, cuando pueden darles una orientación moral y política a sus propias fuerzas y disputarles a las élites, en el terreno de la política, las formas de organización de la vida social e institucional de sus repúblicas.
Desde la teoría populista tenemos el desafío de estudiar con mayor rigor qué le sucede al campo popular cuando el feminismo comienza a liderar esa articulación política. Por parte de la teoría republicana, al mismo tiempo, es necesario prestar atención a la traducción institucional de esas conflictividades que acontecen en el orden de la organización popular. Es decir, cuando se convierte en una especie de figura organizativa e institucional capaz de impulsar imágenes de futuro y orientarnos en la acción. No es lo mismo construir un pueblo poniendo en el centro de la escena la figura del trabajador (como sucedió durante los siglos XIX y XX) que hacerlo a partir de la figura del feminismo (tal y como parece vislumbrarse en el siglo XXI junto a otras figuras políticas). Con ello no quiero decir que la figura del trabajador o la lógica capital-trabajo no sigan operando en nuestras sociedades como un factor clave, sino que estoy tratando de sugerir que ya no tienen la misma fuerza de interpelación ni operan como el único sujeto político para configurar un pueblo. Si en los siglos XIX y XX las luchas políticas (y la configuración del campo popular) se dieron alrededor del eje central capital-trabajo, en el siglo XXI, en cambio, pareciera orientarse con más fuerza hacia el eje capital-vida y hacia la pregunta por las formas de vida alternativas al neoliberalismo. Y es ahí donde aparece la pregunta elemental sobre el tipo de pueblo que está comenzando a construir el feminismo. Cómo pensar un pueblo cuando aparece la cuestión de los cuidados (de sí, de los otros y de la naturaleza) como un problema de primer orden, es decir, cuando la otra pata del capitalismo, la reproducción de la vida, comienza a tener un rol más protagónico en el ámbito de las luchas populares. Por todo ello, la relación entre pueblo y vida, que está en la base de las transformaciones políticas del feminismo es una cuestión crucial que ya no puede eludirse desde el ámbito de las teorizaciones republicanas o populistas y que atañe tanto al nivel de las demandas como al de la lógica o la forma misma de articular lo popular. Los ensayos reunidos en este libro, por tanto, buscan saldar esta deuda.
Pero para trabajar esta deuda también se vuelve necesario problematizar una serie de reticencias experimentadas por parte de algunas teorizaciones feministas que tienden a segmentar el campo popular y terminan por desvincular, entre sí, las luchas políticas contra la opresión. Lo primero que resulta necesario revisar son aquellas formulaciones que establecen una especie de dicotomía entre las teorizaciones republicanas o populistas y las teorizaciones feministas. La inquietud que me lleva a hacer este ejercicio teórico se debe a que, en algunos casos, incluso, pareciera que se tratara de elegir entre una u otra apuesta teórica, como si no fuera posible pensar conexiones fructíferas entre estos legados. Y este ejercicio pasa por deshacer algunas generalizaciones abstractas que, a mi entender, terminan por convertirse en una especie de clichés que segmentan el mundo de manera binaria —y a veces maniquea— entre un polo masculino y un polo femenino, asociando el primero con el conflicto, el antagonismo y la lucha (y, por ende, el populismo), y el segundo con el acuerdo, el cuidado y los lazos amorosos (y, por ende, el feminismo). El problema de esta partición es que si el populismo es una teoría que nos habla desde el antagonismo entonces no podría ser una teoría adecuada para pensar los feminismos. Remover este tipo de inercias del campo del pensamiento político me parece una tarea urgente, más que nada cuando se trata de unir fuerzas intelectuales y políticas en un escenario de cambios radicales como el que estamos viviendo a nivel mundial. Por eso, uno de los aspectos clave que se busca pensar en este libro tiene que ver con las conexiones entre las políticas de los cuidados, el antagonismo y la dimensión conflictual y plebeya de las instituciones, dado que busco elaborar una comprensión del conflicto desde un ángulo novedoso tanto para el terreno del feminismo como del republicanismo y el populismo. A fin de cuentas, me parece mucho más fructífero establecer los puntos de encuentro entre los legados teórico-políticos más vivos de las luchas populares contra la opresión (feminismo, republicanismo plebeyo y populismo) que seguir con la inercia dicotómica de tratar de elegir entre uno y otro de los marcos interpretativos. Sobre todo porque suele encerrarnos en debates estériles que no escapan de los escenarios minoritarios (y en muchos casos elitistas) de la academia global. Más aún si no se puede omitir el hecho de que estas tradiciones político-intelectuales están conectadas con el legado marxista.
Ahora bien, el intento de pensar juntos el feminismo, el republicanismo y el populismo evidenció un ejercicio de imaginación teórica que no se limitó a lecturas de textos o interpretaciones canónicas, sino que supuso, más bien, un cierto ejercicio de heterodoxia intelectual en el que se procuró explorar una serie de referencias teóricas y problemas filosóficos que ayudaran a construir el ángulo desde el cual se intentaban pensar estas dos tradiciones teóricas. Y ahí es donde la cuestión de la república entra en escena. Por eso, junto a los problemas de la articulación popular, los cuidados, el antagonismo o los conflictos, exploré cuestiones relacionadas con las conexiones entre el lenguaje y los afectos; la dialéctica, la negatividad y el populismo; el papel de la mitología en la tradición emancipadora de pensamiento y su fuerza plebeya para la interpelación; la supervivencia de lo arcaico en las praxis transformadoras y su secreto para desenterrar el futuro; las representaciones del deseo y lo femenino en el pensamiento filosófico; las posibilidades creativas de pensar las instituciones y los cuidados en clave republicana, populista y feminista; los peligros que supone la reactualización del fascismo para el campo popular feminista y populista; y, finalmente, el carácter fructífero que resulta de pensar un feminismo en clave republicana plebeya y populista.
Para concluir, quiero agradecer a mis estudiantes del seminario de Feminismo en América Latina impartido en el departamento de Romances Studies de la Universidad de Cornell y también a mis estudiantes del Instituto de Estética de la Universidad Católica de Chile. Todos ellos me han ayudado a terminar de darle forma a varias de las problemáticas planteadas en este libro. No puedo dejar de mencionar a Paula Biglieri, Bruno Bosteels, Simone Pinet, Mercedes Barros, Jorge Alemán, Valeria Coronel, Oliver Marchart, Ailynn Torres Santana, José Figueroa, Macarena Marey, Valerio Rocco, María del Rosario Acosta, Yannis Stavrakakis, Jorge Lago, Amanda Hurtado, Julián Santiago Grueso, Soledad Stoessel, Iván de los Ríos, Clara Serra, German Cano, Chantal Mouffe, Manuel Canelas, Lorena Amaro, Julio Guanche, Franklin y René Ramírez, Nuria Sánchez Madrid, Juan David Correa y un largo listado de amistades que me ayudan a pensar todas estas cuestiones con...




