Calderón De La Barca | Con quien vengo vengo | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 17, 148 Seiten

Reihe: Teatro

Calderón De La Barca Con quien vengo vengo


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-148-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 17, 148 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-148-4
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Con quien vengo vengo de Pedro Calderón de la Barca es una comedia de enredos amorosos con un argumento lleno de equívocos, cambios de identidades, disfraces y nocturnidad. Los personajes principales de la comedia son dos parejas de damas y galanes: - don Juan y Otavio - y Leonor y Lisarda; - un viejo, padre de don Juan,   - y un caballero, don Sancho, hermano de Leonor y Lisarda. - A ellos se suma la ?gura del gracioso, Celio.La acción se desarrolla en Verona, donde don Juan y Otavio -amigos desde los tiempos de estudiantes en Bolonia- se encuentran porque este último tiene que cumplir una misión secreta, para lo cual se aloja en casa de don Juan. La misión secreta de Otavio es vengarse de don Sancho, hermano de las dos damas, a causa de una antigua contienda amorosa. El personaje de don Juan se enfrenta con la tesitura de defender a su amigo Otavio; o a don Sancho, también amigo, hermano y guardián de la honra de Leonor. Don Juan acude con Otavio a una comprometida cita amorosa con Leonor, a medianoche, y son sorprendidos por don Sancho, en tal circunstancia. Don Juan resuelve el dilema que se le plantea en tal coyuntura poniéndose de parte de Otavio porque es con él con quien ha acudido a la cita. De ahí el título de esta obra: Con quien vengo, vengo.

Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681) Calderón de la Barca nació el 17 de enero de 1600, en Madrid, como segundo de cinco hermanos, en el seno de una familia de mediana hidalguía procedente de las montañas cántabras. Su padre fue escribano del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda. La madre murió en 1610 y el padre en 1615. Al parecer, su padre había dejado como voluntad y requisito para que Pedro y sus hermanos heredaran el que siguieran las carreras que él había marcado; a Calderón le estaba destinada la de sacerdote. Al igual que Lope de Vega, Quevedo y otros literatos, Calderón cursó estudios en el madrileño colegio Imperial de los jesuitas (hasta 1613), y los continuó en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca (hasta 1620), donde, quizá por la exigencia paterna, estudió teología, pero también lógica, retórica, historia y derecho natural y político. Su bagaje cultural era muy amplio, tocado por la escolástica y las ideas existencialistas agustinianas. Calderón vivió tres reinados (con Felipe III, Felipe IV y Carlos II) durante los cuales se fue desintegrando el poder español y el país quedó cada vez más aislado del escenario internacional, sobre todo a partir de la pérdida de Flandes por la paz de Westfalia, en 1648. Pero no fue tanto así en la creación literaria, ya que Calderón vivió de lleno el Siglo de Oro español, tan prolífico y rico en cuanto a las artes. Hacia 1620, los hermanos Calderón debieron resolver un litigio relativo a la herencia con la segunda mujer de su padre. Ese mismo año, Calderón de la Barca abandonaría los estudios religiosos e iniciaría sus primeras tentativas literarias con la poesía. Así, participó como poeta en varios certámenes y justas, pero pronto descubriría su atracción por la 'comedia nueva' de Lope de Vega, quien debió despertar su fascinación por el teatro. Calderón desarrollaría la mitad de su producción paralelamente al ascenso del valido conde-duque de Olivares (entre 1621 y 1643), protector de artistas y literatos. Su bautismo teatral se produce, en 1623, con la obra Amor, honor y poder.
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Jornada segunda


(Salen doña Leonor y doña Lisarda.)

Leonor ¡Notable melancolía

es la tuya! ¿No pudiera,

para ayudarte a sentirla,

tener parte en tus tristezas?

Descansa conmigo a solas.

¿Qué sientes?

Lisarda Si yo supiera

decir, Leonor, lo que siento,

no fuera mi mal, no fuera

grave mi dolor; porque

no es posible que se sienta

más que se dice; y aquello

que se llora y que se cuenta

no es mucho; que antes el mal

con eso se lisonjea.

Y yo estoy tan bien hallada

con el mío que quisiera

que durara sin matarme,

porque las desdichas nuevas

de morir aquel instante

no me tuviesen contenta.

LeonorÉsa no es melancolía,

es frenesí, es rabia, es fuerza

de mayor causa; y, supuesto

que decírmela no quieras,

no me la niegues, si yo

la supiere.

Lisarda (Aparte.) (¡Yo estoy muerta!

¿Si mis extremos la han dicho

la ocasión?) Como la sepas

tú, yo no la negaré.

Leonor ¿Es, por ventura, tu pena

corrida de lo que has hecho

conmigo, siendo tercera

estas noches de mi amor?

Lisarda Aunque alguna parte es ésa,

no toda. Di, si imaginas

otra cosa.

Leonor Sólo ésta

me daba cuidado.

Lisarda Pues

persuádete que no es ésa;

y, supuesto que mi mal

comunicarse no deja,

no apures mi sufrimiento.

LeonorDime, ¿en qué alegrarte pueda?

Lisarda En dejarme; porque un triste

consigo solo se alegra.

LeonorObedecerte deseo.

Contigo, hermana, te queda.

(Aparte.)(¡Gran pasión es ésta, cielos!

¡Quiera Dios que por bien sea!)

(Vase doña Leonor.)

Lisarda Ya estoy sola, ya bien puedo

dejar al dolor la rienda,

dar al aliento la voz,

soltar al llanto la presa

y, en mal pronunciadas voces

y en lágrimas mal deshechas,

dar corrientes y suspiros

a los ojos y a la lengua.

Salgan, pues, salgan del pecho

tantas desdichas y penas.

Mas no salgan; que, aunque estoy

sola, es tan grande la afrenta

que padezco que, al decirlas,

aun de mí tengo vergüenza.

Y, antes que mi agravio diga,

el primer acento sea

la disculpa, como aquél

que en una prisión espera

morir de veneno, y toma

primero la contrayerba.

Tres peligros tiene amor;

uno el que la voz alienta,

otro el que la vista admite,

y otro el que el oído engendra.

Conociendo el de los ojos,

les dio la naturaleza

párpados, porque no fuese

disculpa el ver una ofensa.

En la lengua puso luego,

como a monstruo, como a fiera

terrible, mayores guardas

de candados y de puertas,

tras canceles de coral,

otras murallas de perlas.

Pues, siendo así que previno

para los ojos defensa,

defensa para la voz,

¿cómo olvidó que tuviera

defensa el oído, siendo

el que aprende más apriesa?

Pues de lo que hace y ve

un hombre menos se acuerda

que de lo que oye; y no sólo

no hay guardas que le defiendan,

pero tiene, porque vaya

la voz más sonora y cierta,

quien la recoja, pues son

arcaduces las orejas.

Y, apurado este discurso,

llevada de mis tristezas,

de lo que miran mis ojos,

ya con esta recompensa,

lo que lloran ellos mismos

de sus agravios se vengan;

de lo que la lengua dice

con suspiros la consuela;

mas el oído no tiene

ni consuelo ni defensa.

Dígalo yo que, engañada

oí la falsa sirena

de un hombre...Pero aquí el llanto

anegue la voz, y sea

mar de desdichas mi pecho,

adonde corra tormenta.

¿A un hombre —aquí me suspende

segunda vez la vergüenza—

de humilde estado, de poca

estimación y de prendas

tan bajas, pudo el oído

tanto que la voz sujeta

y el pecho que ha sido el centro

de altivez y de soberbia?

¿Yo —¡cielos!— yo a una pasión

tan rendida y tan resuelta

que me desvele un criado,

un pícaro? La paciencia

me falta. ¡Oh qué bien, amor,

de mis desdichas te vengas!

Un solo camino hallo

de vencer esta inclemencia

del cielo, que es verle presto;

que el verle de día refrena

la pasión que de escucharle

de noche nace. Con esta

intención le dije anoche

que a verme a estas horas venga,

pensando que Nise soy,

y estoy esperando atenta;

que si, viéndole de día

con tal traje y tales señas

de hombre bajo, mi furor

tras sí me arrastra y despeña,

tengo de darle la muerte,

porque con su vida mueran

tantos abismos de males,

tantos piélagos de afrentas,

tantos Etnas de desdichas,

tantos Volcanes de afrentas,

tantos montes de peligros,

tantos mares de sospechas,

tantos linajes de agravios,

tantos géneros de penas.

(Sale Celio sin verla.)

Celio (Aparte.)(Octavio y don Juan me dicen

que a buscar a Nise venga,

que ella dirá que me quiere,

y que la otorgue y conceda

cuanto me dijere. Yo

no sé qué enigmas son éstas.

Ellos se vienen de noche

con disfraces y cautelas

sin mí, que ya no parezco

escudero de comedia,

según que no me hallo en todo;

y, siendo así que recelan

de mí no sé qué secretos,

que allá entre los dos conciertan,

me dicen que hable con Nise.

Pero Lisarda es aquesta.)

Lisarda (Aparte.) (¡Qué presto vino! ¡Que un hombre

tal con cuidado me tenga!)

¿A qué efecto me nombraste?

Celio Por mi devoción; que es buena

la que con Santa Lisarda

tengo, que yo no pudiera

con otro efecto nombraros;

y, si es que os nombrara, fuera

por diosa de la hermosura,

por ninfa de la belleza,

emperatriz de la gala,

y de la discreción reina,

archiduquesa del garbo,

de lo prendido duquesa,

marquesa de lo parlado

y del aseo condesa,

y vizcondesa de nadie;

que no ha de ser vizcondesa,

Lisarda, si en la demanda

perder un ojo me cuesta;

que menos importará,

para lo de Dios, que sea

yo, hermosa señora mía,

bizco que vos vizcondesa.

Lisarda (Aparte.) (¿Que tan frías necedades,

que frialdades tan necias

como éstas a una mujer

como yo cuidado cuestan?

¡Castigo del cielo ha sido!)

Celio (Aparte.) (¡Mucho la vista pasea

por mi estatura; sin duda

que los palos me tantea,

quizá porque los esclavos

los den por razón y cuenta.)

Lisarda (Aparte.) (En esto el remedio hallo;

que no hay cosa que aborrezca

más que a este hombre, si le miro.

Mas disimular es...



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