E-Book, Spanisch, Band 31, 148 Seiten
Reihe: Teatro
Calderón De La Barca El escondido y la tapada
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-225-2
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 31, 148 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-225-2
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Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681) Calderón de la Barca nació el 17 de enero de 1600, en Madrid, como segundo de cinco hermanos, en el seno de una familia de mediana hidalguía procedente de las montañas cántabras. Su padre fue escribano del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda. La madre murió en 1610 y el padre en 1615. Al parecer, su padre había dejado como voluntad y requisito para que Pedro y sus hermanos heredaran el que siguieran las carreras que él había marcado; a Calderón le estaba destinada la de sacerdote. Al igual que Lope de Vega, Quevedo y otros literatos, Calderón cursó estudios en el madrileño colegio Imperial de los jesuitas (hasta 1613), y los continuó en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca (hasta 1620), donde, quizá por la exigencia paterna, estudió teología, pero también lógica, retórica, historia y derecho natural y político. Su bagaje cultural era muy amplio, tocado por la escolástica y las ideas existencialistas agustinianas. Calderón vivió tres reinados (con Felipe III, Felipe IV y Carlos II) durante los cuales se fue desintegrando el poder español y el país quedó cada vez más aislado del escenario internacional, sobre todo a partir de la pérdida de Flandes por la paz de Westfalia, en 1648. Pero no fue tanto así en la creación literaria, ya que Calderón vivió de lleno el Siglo de Oro español, tan prolífico y rico en cuanto a las artes. Hacia 1620, los hermanos Calderón debieron resolver un litigio relativo a la herencia con la segunda mujer de su padre. Ese mismo año, Calderón de la Barca abandonaría los estudios religiosos e iniciaría sus primeras tentativas literarias con la poesía. Así, participó como poeta en varios certámenes y justas, pero pronto descubriría su atracción por la 'comedia nueva' de Lope de Vega, quien debió despertar su fascinación por el teatro. Calderón desarrollaría la mitad de su producción paralelamente al ascenso del valido conde-duque de Olivares (entre 1621 y 1643), protector de artistas y literatos. Su bautismo teatral se produce, en 1623, con la obra Amor, honor y poder. Calderón realizará algunos viajes por Flandes e Italia, entre 1623 y 1625, como secretario del duque de Frías. Después, será asiduo escritor de obras para la Corte y para los corrales de comedias. Su prestigio en la Corte fue aumentando, y Felipe IV le otorgó el ingreso como caballero de la orden de Santiago, hacia 1637. También debió vivir algunos episodios oscuros, como una acusación por violar, junto a su hermano, la clausura de un convento de trinitarias, tema del que no se sabe a ciencia cierta la verdad. Por otro lado, su buena relación con Lope de Vega debió enfriarse hacia 1629, aunque tampoco hay datos fiables sobre los motivos. Se habla de un extraño incidente: un hermano de Calderón fue agredido y, éste al perseguir al atacante, entró en un convento donde vivía como monja la hija de Lope.
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Jornada segunda
(Salen por una de las dos puertas don César y Mosquito.)
Mosquito Ésta es la casa, sin duda,
que aquel famoso estremeño
Carrizales fabricó
a medida de sus celos;
pues no hay puerta ni ventana,
guarda, patio ni agujero
por donde salga un Mosquito.
Dígalo yo.
César Si el ingenio
quisiera inventar un caso
extraño, ¿pudiera hacerlo
con mayores requisitos
fingidos que verdaderos
están presentes? ¿Habrá
quien crea que es verdad esto?
Venir llamado de Celia;
tener aviso a este tiempo
de que su hermano venía;
hacer con tanto secreto
este tabique; llegar
Félix a Madrid primero
que yo; esconderme por fuerza;
y, en estando una vez dentro,
mudarse toda la casa;
dejarme aquí; y en efecto
no haber por donde salir;
cosas son, ¡viven los cielos!,
que han menester más paciencia
que la mía.
Mosquito Pues no es eso
lo peor.
César Pues ¿qué será,
si esto no es?
Mosquito Que no tenemos
que comer; porque el gigote
que se olvidó en un puchero
a la lumbre, el medio pan
de la alacena, ya dieron
fin. Y así es fuerza rendirnos
por hambre; porque no hay dentro
del sitio para dos horas
munición ni bastimiento.
César ¡Que tuviese yo una llave
maestra de casa, al tiempo
que, ausente su hermano, entraba
a hablar a Celia, y que luego
se la volviese el día que
de aquí me ausenté! Mas esto
¿quién lo pudo prevenir
con humano entendimiento?
MosquitoYa mal distinta la luz
en los distintos reflejos
se va declarando. En fin,
¿qué piensas hacer?
César Un medio
solamente se me ofrece.
Mosquito¿Y es, señor...?
César Escucha atento.
En este cuarto de abajo
a Celia oí que un extranjero,
hombre de negocios, vive.
A éste declararme pienso;
que menos importará
que sepa uno más aquesto
que dejarme matar; pues
no dudo que es el intento
éste de haberse mudado
don Félix.
MosquitoY ¿cómo haremos
para llamarle?
CésarDar golpes
por la escalera.
Mosquito Yo apuesto
que piensan que andan ladrones
al primer golpe que demos,
y que nos matan a palos
antes de oírnos.
César No creo
que hay otra cosa que hacer.
Voy a llamar. Mas ¿qué es esto?
(Al ir a llamar él, llaman de dentro.)
MosquitoEl extranjero de abajo,
que llama antes que llamemos
nosotros. Mas ¿cuánto va
que nos mudaron a un tiempo
y, estando él también cerrado,
ha pensado allá lo mesmo?
(Llaman otra vez.)
César Esto es llamar a la puerta.
Mosquito¿Quién es?
César ¡Tente! ¿Qué haces, necio?
MosquitoResponder a quien nos llama;
que la llave no tenemos;
que vaya por ella.
César Espera;
que responder no es acierto.
MosquitoDéjame sólo llegar
a ver por el agujero
de la llave quién es.
César Mira.
Mosquito¡Buena hacienda habemos hecho!
¡Ay, señores!
César ¿Qué hay, Mosquito?
MosquitoLa justicia por lo menos
es quien llama.
César¿La justicia?
MosquitoSí, señor.
César ¡Por Dios, que es cierto!
¿Quién presumiera que así
se vengara un caballero?
MosquitoCelia, señor, te ha vendido.
(Golpe de martillo.)
César ¡Vive Dios, que aun no lo creo
de Celia!
Mosquito Yo sí; ya escampa.
César ¿No es descerrajar aquello?
MosquitoSí. Yo conozco los golpes;
que estos son los golpes mesmos
que, al empezar las comedias,
se dan en los aposentos.
César ¿Qué hemos de hacer?
Mosquito Confesarnos
es el más útil remedio.
César Por si acaso es otra cosa,
lo mejor es escondernos;
y no sea lo de anoche,
oír el ruido y no el suceso.
(Abren la puerta, y salen Octavio, dos alguaciles, un Escribano y gente.)
Octavio ¿Para qué es romper la puerta?
Que, pues yo las llaves tengo,
yo abriré. Y ya que lo está,
díganme, sobre qué es esto,
vuesas mercedes; que yo,
a los golpes que he oído, vengo
desde ese cuarto, en que vivo.
Alguacil I Buscamos un caballero,
don Félix de Acuña es
su nombre, por haber muerto
anoche un hombre en mi calle.
Octavio (Aparte.) (Aquí importa el fingimiento.)
¿Dón Félix de Acuña?
Alguacil I Sí.
Octavio Pues ya ha más de mes y medio
que no vive en esta casa,
y que yo las llaves tengo
del cuarto para alquilarle,
con poderes de su dueño.
Bien lo muestra el verle así.
Alguacil II Tarde venimos.
Escribano ¿Qué haremos?
Alguacil II Poner esta diligencia
por escrito.
(Sale Otáñez.)
Otáñez Aquí don Diego,
mi señor, viene a saber
qué hay de aquel despacho.
Octavio Necio,
¿que estoy ahora no veis
con estos señores? Luego
bajaré; que en mi escritorio
me espere.
(Vase Otáñez.)
Alguacil I Aquí no tenemos
que hacer. Vuesasted se quede
con Dios.
Escribano Si hubiéramos hecho
anoche la diligencia,
quizás no se hubiera puesto
en salvo.
Alguacil II Nadie nos dijo,
aunque se anduvo inquiriendo
anoche, dónde vivía.
(Vanse los alguaciles y el Escribano. Salen don Diego y Otáñez.)
Diego Señor Octavio, viniendo
tan de mañana a saber
si había venido en el pliego,
que anoche llegó de Italia,
la dispensación que espero
para casar a mi hija
con su primo, que deseo
salir ya de este cuidado;
y esperando, por saberlo,
allá abajo, vi bajar
justicia; y así me atrevo
a subir acá por ver
si en algo serviros puedo.
Octavio En cuanto a vuestros despachos,
muy bien las albricias puedo
pediros; que ya han venido.
Diego Mil años os guarde el cielo.
Octavio En esto de la justicia,
es que un noble caballero
aseguró su persona
y su hacienda; que él, atento
a su honor, dejar no quiso
sola a su hermana; y, diciendo
estaba que no vivían
ya aquí.
Diego ¡Ay de mí, lo que siento
el traer a la memoria,
a vista de este suceso,
mis...




