E-Book, Spanisch, Band 40, 120 Seiten
Reihe: Teatro
Calderón De La Barca El príncipe constante
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-247-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 40, 120 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-247-4
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Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681) Calderón de la Barca nació el 17 de enero de 1600, en Madrid, como segundo de cinco hermanos, en el seno de una familia de mediana hidalguía procedente de las montañas cántabras. Su padre fue escribano del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda. La madre murió en 1610 y el padre en 1615. Al parecer, su padre había dejado como voluntad y requisito para que Pedro y sus hermanos heredaran el que siguieran las carreras que él había marcado; a Calderón le estaba destinada la de sacerdote. Al igual que Lope de Vega, Quevedo y otros literatos, Calderón cursó estudios en el madrileño colegio Imperial de los jesuitas (hasta 1613), y los continuó en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca (hasta 1620), donde, quizá por la exigencia paterna, estudió teología, pero también lógica, retórica, historia y derecho natural y político. Su bagaje cultural era muy amplio, tocado por la escolástica y las ideas existencialistas agustinianas. Calderón vivió tres reinados (con Felipe III, Felipe IV y Carlos II) durante los cuales se fue desintegrando el poder español y el país quedó cada vez más aislado del escenario internacional, sobre todo a partir de la pérdida de Flandes por la paz de Westfalia, en 1648. Pero no fue tanto así en la creación literaria, ya que Calderón vivió de lleno el Siglo de Oro español, tan prolífico y rico en cuanto a las artes. Hacia 1620, los hermanos Calderón debieron resolver un litigio relativo a la herencia con la segunda mujer de su padre. Ese mismo año, Calderón de la Barca abandonaría los estudios religiosos e iniciaría sus primeras tentativas literarias con la poesía. Así, participó como poeta en varios certámenes y justas, pero pronto descubriría su atracción por la 'comedia nueva' de Lope de Vega, quien debió despertar su fascinación por el teatro. Calderón desarrollaría la mitad de su producción paralelamente al ascenso del valido conde-duque de Olivares (entre 1621 y 1643), protector de artistas y literatos. Su bautismo teatral se produce, en 1623, con la obra Amor, honor y poder. Calderón realizará algunos viajes por Flandes e Italia, entre 1623 y 1625, como secretario del duque de Frías. Después, será asiduo escritor de obras para la Corte y para los corrales de comedias. Su prestigio en la Corte fue aumentando, y Felipe IV le otorgó el ingreso como caballero de la orden de Santiago, hacia 1637. También debió vivir algunos episodios oscuros, como una acusación por violar, junto a su hermano, la clausura de un convento de trinitarias, tema del que no se sabe a ciencia cierta la verdad. Por otro lado, su buena relación con Lope de Vega debió enfriarse hacia 1629, aunque tampoco hay datos fiables sobre los motivos. Se habla de un extraño incidente: un hermano de Calderón fue agredido y, éste al perseguir al atacante, entró en un convento donde vivía como monja la hija de Lope.
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Jornada primera
(Salen los cautivos cantando lo que quisieren, y Zara.)
Zara Cantad aquí, que ha gustado,
mientras toma de vestir
Fénix hermosa, de oír
las canciones que ha escuchado
tal vez en los baños, llenas
de dolor y sentimiento.
Cautivo 1Música, cuyo instrumento
son los hierros y cadenas
que nos aprisionan, ¿puede
haberla alegrado?
Zara Sí,
ella escucha. Desde aquí
cantad.
Cautivo 2Esa pena excede
Zara hermosa, a cuantas son,
pues solo un rudo animal
sin discurso racional,
canta alegre en la prisión.
Zara ¡No cantáis vosotros?
Cautivo 3Es
para divertir las penas
propias, mas no las ajenas.
Zara Ella escucha, cantad, pues.
(Cantan.)
Cautivos. «Al peso de los años
lo eminente se rinde
que a lo fácil del tiempo
no hay conquista difícil.»
(Sale Rosa.)
Rosa Despejad, cautivos, dad
a vuestra canciones fin,
porque sale a este jardín
Fénix a dar vanidad
al campo con su hermosura,
segunda aurora del prado.
(Vanse los cautivos y salen las moras vistiendo a Fénix.)
EstrellaHermosa te has levantado.
Zara No blasone el alba pura
que la debe este jardín
la luz, ni fragancia hermosa
ni la púrpura la rosa,
ni la blancura el jazmín.
Fénix El espejo.
Zara Es excusado
querer consultar con él
los borrones que el pincel
sobre la tez no ha dejado.
(Danle un espejo.)
Fénix ¿De qué sirve la hermosura
—cuando lo fuese la mía—
si me falta la alegría,
si me falta la ventura?
Celima¿Qué sientes?
Fénix Si yo supiera,
ay Celima, lo que siento,
de mi mismo sentimiento
lisonja al dolor hiciera;
pero de la pena mía
no sé la naturaleza,
que entonces fuera tristeza,
lo que hoy es melancolía.
Solo sé que sé sentir
lo que sé sentir no sé;
que ilusión del alma fue.
Zara Pues no pueden divertir
tu tristeza estos jardines,
que a la primavera hermosa
labran estatuas de rosa
sobre templos de jazmines,
hazte al mar, un barco sea
dorado carro del Sol.
Rosa Y cuando tanto arrebol
errar por sus ondas vea,
con grande melancolía
el jardín al mar dirá—
Ya el sola en su centro está
muy breve ha sido este día.
Fénix Pues no me puede alegrar
formando sombras y lejos
la emulación que en reflejos
tienen la tierra y el mar;
cuando con grandezas sumas
compiten entre esplendores
la espumas a las flores,
la flores a las espumas.
Porque el jardín, envidioso
de ver las ondas del mar,
su curso quiere imitar;
y así, el céfiro amoroso
matices rinde y olores
que, soplando, en ellas bebe;
y hacen las hojas que mueve
un océano de flores;
cuando el mar, triste de ver
la natural compostura
del jardín, también procura
adornar, y componer
su playa, la pompa pierde
y, a segunda ley sujeto,
compite[n] con dulce efeto
campo azul y golfo verde;
siendo, ya con rizas plumas,
ya con mezclados colores,
el jardín un mar de flores
y el mar un jardín de espumas.
Sin duda mi pena es mucha,
no la pueden lisonjear
campo, cielo, tierra y mar.
Zara Gran pena contigo lucha.
(Sale el rey con un retrato.)
Rey. Si acaso permite el mal,
cuartana de tu belleza,
dar treguas a tu tristeza,
este bello original
—que no es retrato el que tiene
alma y vida— es del infante
de Marruecos, Tarudante,
que a rendir a tus pies viene
la corona. Embajador
es de su parte, y no dudo
que embajador que habla mudo,
trae embajadas de amor.
Favor en su amparo tengo.
Diez mil jinetes alista
que enviar a la conquista
de Ceuta, que ya prevengo.
Dé la vergüenza esta vez
licencia. Permite amar
a quien se ha de coronar
rey de tu hermosura en Fez.
Fénix (Aparte.) (¡Válgame Alá!)
Rey ¿Qué rigor
te suspende de esa suerte?
Fénix La sentencia de mi muerte.
Rey¿Qué es lo que dices?
FénixSeñor,
si sabes que siempre has sido
mi dueño, mi padre y rey,
(Aparte.)¿qué he de decir? (¡Ay, Muley,
grande ocasión has perdido!)
El silencio —¡ay infelice!—
hace mi humildad inmensa.
(Aparte.)(Miente el alma, si lo piensa.
Miente la voz, si lo dice.)
Rey Toma el retrato.
Fénix (Aparte.) (Forzada
la mano le tomará;
pero el alma no podrá.
(Disparan una pieza.)
Zara Esta salva es a la entrada
de Muley, que hoy ha surgido
del mar de Fez.
Rey Justa es.
(Sale Muley con bastón de general.)
Muley Dame, gran señor, los pies.
ReyMuley, seas bien venido.
Muley Quien penetra el arrebol
de tan soberana esfera,
y a quien en el puerto espera
tal aurora, hija del Sol,
fuerza es que venga con bien,
dame, señora, la mano,
que este favor soberano
puede mereceros quien
con amor, lealtad y fe
nuevos triunfos te previene,
y fue a serviros, y viene
tan amante como fue.
Fénix (Aparte.) (¡Válgame el cielo! ¿Qué veo?)
(Aparte.)Tú, Muley (¡Estoy mortal!)
vengas con bien.
Muley (Aparte.) (No con mal
será, si a mis ojos creo.)
Rey En fin, Muley, ¿qué hay del mar?
Muley Hoy tu sufrimiento pruebas,
de pesar te traigo nuevas
porque ya todo es pesar.
Rey Pues cuanto supieres di,
que en un ánimo constante
siempre se halla igual semblante
para el bien y el mal... Aquí
te sienta, Fénix
Fénix Sí, haré.
ReyTodas os sentad... Prosigue
y nada a callar te obligue.
(Siéntanse el rey y las damas.)
Muley Ni hablar, ni callar, podré.
Salí, como me mandaste,
con dos galeazas solas,
gran señor, a recorrer
de Berbería las costas.
Fue tu intento que llegase
a aquella ciudad famosa,
llamada en un tiempo Elisa,
aquella que está a la boca
del Freto Eurelio fundada,
y de Ceido nombre toma
—que Ceido, Ceuta, en hebreo
vuelto al árabe idioma,
quiere decir, hermosura,
y ella es ciudad siempre hermosa—
aquélla, pues, que los cielos
quitaron a tu corona
quizá por justos enojos
del gran profeta Mahoma;
y en oprobio de las armas
nuestras, miramos agora,
que pendones...




