E-Book, Spanisch, Band 50, 182 Seiten
Reihe: Teatro
Calderón De La Barca La aurora en Copacabana
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-185-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 50, 182 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9953-185-4
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Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681)Calderón de la Barca nació el 17 de enero de 1600, en Madrid, como segundo de cinco hermanos, en el seno de una familia de mediana hidalguía procedente de las montañas cántabras. Su padre fue escribano del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda. La madre murió en 1610 y el padre en 1615. Al parecer, su padre había dejado como voluntad y requisito para que Pedro y sus hermanos heredaran el que siguieran las carreras que él había marcado; a Calderón le estaba destinada la de sacerdote. Al igual que Lope de Vega, Quevedo y otros literatos, Calderón cursó estudios en el madrileño colegio Imperial de los jesuitas (hasta 1613), y los continuó en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca (hasta 1620), donde, quizá por la exigencia paterna, estudió teología, pero también lógica, retórica, historia y derecho natural y político. Su bagaje cultural era muy amplio, tocado por la escolástica y las ideas existencialistas agustinianas. Calderón vivió tres reinados (con Felipe III, Felipe IV y Carlos II) durante los cuales se fue desintegrando el poder español y el país quedó cada vez más aislado del escenario internacional, sobre todo a partir de la pérdida de Flandes por la paz de Westfalia, en 1648. Pero no fue tanto así en la creación literaria, ya que Calderón vivió de lleno el Siglo de Oro español, tan prolífico y rico en cuanto a las artes. Hacia 1620, los hermanos Calderón debieron resolver un litigio relativo a la herencia con la segunda mujer de su padre. Ese mismo año, Calderón de la Barca abandonaría los estudios religiosos e iniciaría sus primeras tentativas literarias con la poesía. Así, participó como poeta en varios certámenes y justas, pero pronto descubriría su atracción por la 'comedia nueva' de Lope de Vega, quien debió despertar su fascinación por el teatro. Calderón desarrollaría la mitad de su producción paralelamente al ascenso del valido conde-duque de Olivares (entre 1621 y 1643), protector de artistas y literatos. Su bautismo teatral se produce, en 1623, con la obra Amor, honor y poder. Calderón realizará algunos viajes por Flandes e Italia, entre 1623 y 1625, como secretario del duque de Frías. Después, será asiduo escritor de obras para la Corte y para los corrales de comedias. Su prestigio en la Corte fue aumentando, y Felipe IV le otorgó el ingreso como caballero de la orden de Santiago, hacia 1637. También debió vivir algunos episodios oscuros, como una acusación por violar, junto a su hermano, la clausura de un convento de trinitarias, tema del que no se sabe a ciencia cierta la verdad. Por otro lado, su buena relación con Lope de Vega debió enfriarse hacia 1629, aunque tampoco hay datos fiables sobre los motivos. Se habla de un extraño incidente: un hermano de Calderón fue agredido y, éste al perseguir al atacante, entró en un convento donde vivía como monja la hija de Lope.
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Jornada segunda
(Dentro cajas, trompetas, voces.)
Unos ¡Arma, arma!
Otros ¡Guerra, guerra!
Unos ¡Caciques, a la muralla!
Otros ¡A la muralla, españoles!
Unos ¡Guerra, guerra!
Otros ¡Al arma, al arma!
(Sale Tucapel huyendo.)
Tucapel Si no hubiera un coronista
que huyera de las batallas,
no hubiera como saberlas,
no habiendo como contarlas.
Y pues es éste el papel
que me toca; mientras andan
allá como suelen, yo,
escondido entre estas ramas,
también como suelo, tengo
de estar a ver en qué para
el trance de hoy, que hasta ahora
sólo dicen en voces altas...
Unos ¡Arma, arma!
(Dentro las cajas.)
Otros ¡Guerra, guerra!
Unos ¡Viva el Perú!
Otros ¡Viva España!
Tucapel ¡O, si el señor Sol quisiera
que sus paisanos lograran
la victoria, y yo el deseo
de poder irme a casa,
no tanto porque en la propia
ningún marido descansa,
cuanto por hacerme el gusto
de hacer el disgusto a Glauca!
Pues desde que el español,
cautivándome en mi patria,
conmigo, sin saber cómo,
dio en unas tierras extrañas
donde su lenguaje y mío
hicieron tal mezcolanza,
que ya ni es mío ni es suyo,
bien que hasta entendernos basta,
y desde que pertrechados
de gentes, bajeles y armas
volvieron él y los suyos
a navegar estas playas,
de donde, tomando tierra,
han talado las campañas
que hay desde el Callao al Cuzco,
cuya gran corte hoy asaltan,
(Dentro las cajas.)nunca me han dado lugar
de escaparme, por dos causas:
una, servirles de guía
para ir salvando sus marchas
de pantanos y lagunas,
y otra, que a decir no vaya
cuán faltos de municiones
y de víveres se hallan.
Y así, por ambos pretextos,
con tal cuidado me guardan,
que al que desmandarme viere,
que me dé la muerte, mandan;
con que me es fuerza esperar
día en que huyendo les hagan
volverse al mar. Mas no creo
(Dentro las cajas.)que hoy sea el de esta esperanza,
pues entre las confusiones,
que sólo repiten varias...
Todos ¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
Tucapel Lo que desde aquí se alcanza
es que aunque las eminencias
de la ciudad coronadas
de indios están, no por eso
los españoles desmayan,
por más que de sus almenas
no solamente disparan
diluvios de flechas, pero
de los peñascos que arrancan
despedazados los montes,
rodando sobre ellos bajan.
Alguno lo diga, pues
cae de la escala más alta,
diciendo...
(Dentro mucho ruido y cajas, sale Pizarro cayendo con espada y rodela.)
Pizarro ¡Virgen María,
vuestra gran piedad me valga!
Almagro (Dentro.) Acudid a retirarle;
no consigan la alabanza
estos bárbaros de que
ni aun muerto pudo su saña
triunfar de él.
(Salen Candia y Almagro, y Soldados, y Pizarro se levanta muy en sí.)
Los dos ¡Pizarro!
Pizarro¡Amigos!
Los dos ¿Qué desdicha es ésta?
Pizarro Nada.
Tucapel (Aparte.) (Pues [que] no enterréis al mozo
[junto con] Luis Quijada,
ésta fue una bagatela.
Volvamos a la importancia.)
Candia ¿Cómo es posible que el golpe
de la peña y la distancia
del precipicio te deje
con la vida?
Pizarro ¿Qué os espanta
si quien invoca a María,
aun de más riesgos se salva,
mostrando su piedad, puesto
que en Perú nos ampara,
repetidos los favores
que nos hizo en Nueva España,
cuánto de aquestas conquistas
se da por servida, a causa
de que mejor Sol se adore
en brazos de mejor alba?
Y pues conserva mi vida
para que vuelva a emplearla
en su servicio, ea, amigos,
volvamos a las escalas,
que hoy en la corte del Cuzco
hemos de entrar si esa valla
primero rompemos, antes
que a socorrerla mañana,
según dicen las espías,
en persona llegue el Guáscar
con inmensas gentes.
Almagro¿Quién
lo duda, si en esperanza
de propagación de fe
y honor de María se ensalzan
la invocación de su nombre
en ti, y en Pedro de Candia,
la exaltación de la cruz,
pues vemos que en las montañas,
como a árbol prodigioso
que vence fieras, la exaltan
ya infinitos indios?
PizarroPues,
con esas dos confianzas,
¡qué hay que temer? ¡Ea, españoles,
al arma otra vez!
(Vanse los tres y soldados, y tocan las cajas. Hablan dentro.)
Los indios ¡Al arma,
otra vez, fuertes caciques!
Unos ¡Viva el Perú!
Otros ¡Viva España!
Todos ¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
Tucapel Pues nunca en estas andanzas
están bien los coronistas
donde las flechas alcanzan,
¿qué haré yo de mí, y más, viendo
que embisten con furia tanta,
que habré de llorar mi ruina
si ellos su vitoria cantan,
pues en venciendo me quedo
en mi patria sin mi patria,
y si quiero irme, a peligro
es la vida? ¡O, mal haya
aquella sacerdotisa,
pues por volver a buscarla
con Iupangui, a mi me toca
todo el daño, y pues de nada
ella se duele! ¡O, que no haya,
de cuantos demonios, dicen
los españoles, que hablan
en nuestros ídolos, uno,
que a costa de vida y alma
me diga lo que he de hacer!
(Sale la Idolatría invisible para Tucapel.)
IdolatríaSí habrá; pues que tú le llamas,
que ésa es la razón con que
Dios la cadena te alarga,
vente, Tucapel, conmigo,
que yo te pondré en tu casa;
(Aparte.)(por lo que me importas
para que vuelva a sus aras
la hurtada víctima del Sol).
Tucapel ¿Quién eres tú que me agarras
sin que te vea?
IdolatríaQuien puede,
abreviando las distancias
que hay desde el Cuzco a tu patria,
valle de Copacabana,
llevarte sin que te vean
las más vigilantes guardas,
sólo a precio de que tú
por mí en el camino hagas
primero la diligencia
que te dictaren mis ansias.
Tucapel Si tienes tanto poder,
¿cómo no la haces tú, y tratas
de que un hombre la haga?
IdolatríaComo
no puedo y cara a cara
oponerme a quien me opongo.
Y así, es fuerza que me valga
del hombre, que él, poseído
de mí, dándome él la entrada,
baste a cometer delitos
a que el demonio no basta.
Tucapel ¿Y cómo ha de ser el irme?
IdolatríaPrestándote yo mis alas.
Tucapel ¿De qué suerte?
IdolatríaDe esta suerte.
¡Ministros, en quien...




