E-Book, Spanisch, Band 54, 144 Seiten
Reihe: Teatro
Calderón De La Barca La dama duende
1. Auflage 2013
ISBN: 978-84-9953-724-5
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 54, 144 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9953-724-5
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Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681)Calderón de la Barca nació el 17 de enero de 1600, en Madrid, como segundo de cinco hermanos, en el seno de una familia de mediana hidalguía procedente de las montañas cántabras. Su padre fue escribano del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda. La madre murió en 1610 y el padre en 1615. Al parecer, su padre había dejado como voluntad y requisito para que Pedro y sus hermanos heredaran el que siguieran las carreras que él había marcado; a Calderón le estaba destinada la de sacerdote. Al igual que Lope de Vega, Quevedo y otros literatos, Calderón cursó estudios en el madrileño colegio Imperial de los jesuitas (hasta 1613), y los continuó en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca (hasta 1620), donde, quizá por la exigencia paterna, estudió teología, pero también lógica, retórica, historia y derecho natural y político. Su bagaje cultural era muy amplio, tocado por la escolástica y las ideas existencialistas agustinianas. Calderón vivió tres reinados (con Felipe III, Felipe IV y Carlos II) durante los cuales se fue desintegrando el poder español y el país quedó cada vez más aislado del escenario internacional, sobre todo a partir de la pérdida de Flandes por la paz de Westfalia, en 1648. Pero no fue tanto así en la creación literaria, ya que Calderón vivió de lleno el Siglo de Oro español, tan prolífico y rico en cuanto a las artes. Hacia 1620, los hermanos Calderón debieron resolver un litigio relativo a la herencia con la segunda mujer de su padre. Ese mismo año, Calderón de la Barca abandonaría los estudios religiosos e iniciaría sus primeras tentativas literarias con la poesía. Así, participó como poeta en varios certámenes y justas, pero pronto descubriría su atracción por la 'comedia nueva' de Lope de Vega, quien debió despertar su fascinación por el teatro. Calderón desarrollaría la mitad de su producción paralelamente al ascenso del valido conde-duque de Olivares (entre 1621 y 1643), protector de artistas y literatos. Su bautismo teatral se produce, en 1623, con la obra Amor, honor y poder. Calderón realizará algunos viajes por Flandes e Italia, entre 1623 y 1625, como secretario del duque de Frías. Después, será asiduo escritor de obras para la Corte y para los corrales de comedias. Su prestigio en la Corte fue aumentando, y Felipe IV le otorgó el ingreso como caballero de la orden de Santiago, hacia 1637. También debió vivir algunos episodios oscuros, como una acusación por violar, junto a su hermano, la clausura de un convento de trinitarias, tema del que no se sabe a ciencia cierta la verdad. Por otro lado, su buena relación con Lope de Vega debió enfriarse hacia 1629, aunque tampoco hay datos fiables sobre los motivos. Se habla de un extraño incidente: un hermano de Calderón fue agredido y, éste al perseguir al atacante, entró en un convento donde vivía como monja la hija de Lope.
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Jornada segunda
(Salen doña Ángela, doña Beatriz e Isabel.)
Beatriz Notables cosas me cuentas.
ÁngelaNo te parezcan notables
hasta que sepas el fin
en que quedamos.
Beatriz Quedaste
en que por el alacena
hasta su cuarto pasaste;
que es tan difícil de verse
como fue de abrirse fácil;
que le escribiste un papel
y que al otro día hallaste
la respuesta.
Ángela Digo, pues,
que tan cortés y galante
estilo no vi jamás,
mezclando entre lo admirable
del suceso lo gracioso,
imitando los andantes
caballeros a quien pasan
aventuras semejantes.
El papel, Beatriz, es éste.
Holgaréme que te agrade.
(Lee Ángela.)«Fermosa dueña, cualquier que vos seáis,
la condolida de este afanado caballero,
y asaz piadosa minoráis sus cuitas, ruego
vos me queráis facer sabidor del follón
mezquino o pagano malandrín que en este
encanto vos amancilla, para que segunda
vegada en vueso nombre, sano yo de las
pasadas feridas, entre en descomunal
batalla; maguer que finque en ella, que
non es la vida de más pro que la muerte
tenudo a su deber un caballero. El dador
de la luz vos mampare, e a mí non olvide.
El caballero de la dama duende.»
BeatrizBuen estilo por mi vida,
y a propósito el lenguaje
del encanto y la aventura.
ÁngelaCuando esperé que con graves
admiraciones viniera
el papel, vi semejante
desenfado, cuyo estilo
quise llevar adelante,
y respondiéndole así,
pasé.
Isabel Detente, no pases;
aquí viene don Juan tu hermano.
ÁngelaVendrá muy firme y amante
a agradecerse la dicha
de verte, Beatriz, y hablarte
en su casa.
Beatriz No me pesa,
si hemos de decir verdades.
(Sale don Juan.)
JuanNo hay mal que por bien no venga,
dicen adagios vulgares
y en mí se ve, pues que vienen
por mis bienes vuestros males.
He sabido, Beatriz bella,
que un pesar que vuestro padre
con vos tuvo, a nuestra casa
sin gusto y contento os trae.
Pésame que hayan de ser
lisonjeros y agradables
como para vos mis gustos
para mí vuestros pesares.
Pues es fuerza que no sienta
desdichas, que han sido parte
de veros, porque hoy Amor
diversos efectos hace
en vos de pena y en mí
de gloria, bien como el áspid
de quien, si sale el veneno
también la triaca sale.
Vos seáis muy bien venida
que, aunque es corto el hospedaje,
bien se podrá hallar un Sol
en compañía de un ángel.
BeatrizPésames y parabienes
tan cortesmente mezclasteis
que no sé a qué responderos.
Disgustada con mi padre
vengo, la culpa tuvisteis
pues, aunque el galán no sabe,
sabe que por el balcón
hablé a noche, y mientras pase
el enojo, con mi prima
quiere que esté, porque hace
de su virtud confianza.
Sólo os diré, y esto baste,
que los disgustos estimo
porque también en mí cause
Amor diversos efectos.
Bien como el Sol cuando esparce
bellos rayos, que una flor
se marchita y otra nace.
Hiere el Amor en mi pecho
y es sólo un rayo bastante
a que se muera el pesar
y nazca el gusto de hallarme
en vuestra casa que ha sido
una esfera de diamante,
hermosa envidia de un Sol
y capaz dosel de un ángel.
ÁngelaBien se ve que de ganancia
hoy andáis los dos amantes
pues que me dais de barato
tantos favores.
Juan ¿No sabes,
hermana, lo que he pensado?
Que tú sólo por vengarte
del cuidado que te da
mi huésped, cuerda buscaste
huéspeda que a mí me ponga
en cuidado semejante.
ÁngelaDices bien, y yo lo he hecho
sólo porque la regales.
JuanYo me doy por muy contento
de la venganza.
Beatriz ¿Qué haces,
don Juan? ¿Dónde vas?
Juan Beatriz,
es servirte, que dejarte
sólo a ti por ti pudiera.
ÁngelaDéjale ir.
Juan Dios os guarde.
(Vase.)
ÁngelaSí, cuidado con su huésped
me dio, y cuidado tan grande
que apenas sé de mi vida
y él de la suya no sabe.
Viéndote a ti con el mismo
cuidado, he de desquitarme
porque de huésped a huésped
estemos los dos iguales.
BeatrizEl deseo de saber
tu suceso fuera parte
solamente a no sentir
su ausencia.
Ángela Por no cansarte,
papeles suyos y míos
fueron y vinieron tales,
los suyos digo, que pueden
admitirse y celebrarse;
porque mezclando las veras
y las burlas no vi iguales
discursos.
Beatriz Y él, en efecto,
¿qué es a lo que se persuade?
ÁngelaA que debo de ser dama
de don Luis, juntando partes
de haberme escondido de él
y de tener otra llave
del cuarto.
Beatriz Sola una cosa
dificultad se me hace.
ÁngelaDi cuál es.
Beatriz ¿Cómo este hombre,
viendo que hay quien lleva y trae
papeles, no te ha espiado
y te ha cogido en el lance?
ÁngelaNo está eso por prevenir
porque tengo a sus umbrales
un hombre yo que me avisa
de quien entra y de quien sale.
Y así no pasa Isabel
hasta saber que no hay nadie.
Que ya ha sucedido, amiga,
un día entero quedarse
un criado para verlo,
y haberle salido en balde
la diligencia y cuidado.
Y porque no se me pase
de la memoria... Isabel,
llévate aquel azafate
en siendo tiempo.
Beatriz Otra duda...
¿Cómo es posible que alabes
de tan entendido un hombre
que no ha dado en casos tales
en el secreto común
de la alacena?
Ángela Ahora sabes
lo del huevo de Juanelo,
que los ingenios más grandes
trabajaron en hacer
que en un bufete de jaspe
se tuviese en pie, y Juanelo
con sólo llegar y darle
un golpecillo, le tuvo.
Las grandes dificultades
hasta saberse lo son;
que sabido, todo es fácil.
BeatrizOtra pregunta.
Ángela Di cuál.
BeatrizDe tan locos disparates,
¿qué piensas sacar?
Ángela No sé.
Dijérate que mostrarme
agradecida y pasar
mis penas y soledades
si ya no fuera más que esto;
porque, necia e ignorante,
he llegado a tener celos
de ver que el retrato guarde
de una dama. Y aún...




