Calderón De La Barca | Las tres justicias en una | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 78, 138 Seiten

Reihe: Teatro

Calderón De La Barca Las tres justicias en una


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-291-2
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 78, 138 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9953-291-2
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En Las tres justicias en una, la tragedia reside en que los pecados cometidos atentan contra quienes los cometen.La visión trágica de la vida adquiere en Calderón de la Barca la convicción de que los hombres arrastran consigo los pecados ajenos. Esta imagen moral y cristiana aparece en varias obras de Calderón.

Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681)Calderón de la Barca nació el 17 de enero de 1600, en Madrid, como segundo de cinco hermanos, en el seno de una familia de mediana hidalguía procedente de las montañas cántabras. Su padre fue escribano del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda. La madre murió en 1610 y el padre en 1615. Al parecer, su padre había dejado como voluntad y requisito para que Pedro y sus hermanos heredaran el que siguieran las carreras que él había marcado; a Calderón le estaba destinada la de sacerdote. Al igual que Lope de Vega, Quevedo y otros literatos, Calderón cursó estudios en el madrileño colegio Imperial de los jesuitas (hasta 1613), y los continuó en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca (hasta 1620), donde, quizá por la exigencia paterna, estudió teología, pero también lógica, retórica, historia y derecho natural y político. Su bagaje cultural era muy amplio, tocado por la escolástica y las ideas existencialistas agustinianas. Calderón vivió tres reinados (con Felipe III, Felipe IV y Carlos II) durante los cuales se fue desintegrando el poder español y el país quedó cada vez más aislado del escenario internacional, sobre todo a partir de la pérdida de Flandes por la paz de Westfalia, en 1648. Pero no fue tanto así en la creación literaria, ya que Calderón vivió de lleno el Siglo de Oro español, tan prolífico y rico en cuanto a las artes. Hacia 1620, los hermanos Calderón debieron resolver un litigio relativo a la herencia con la segunda mujer de su padre. Ese mismo año, Calderón de la Barca abandonaría los estudios religiosos e iniciaría sus primeras tentativas literarias con la poesía. Así, participó como poeta en varios certámenes y justas, pero pronto descubriría su atracción por la 'comedia nueva' de Lope de Vega, quien debió despertar su fascinación por el teatro. Calderón desarrollaría la mitad de su producción paralelamente al ascenso del valido conde-duque de Olivares (entre 1621 y 1643), protector de artistas y literatos. Su bautismo teatral se produce, en 1623, con la obra Amor, honor y poder. Calderón realizará algunos viajes por Flandes e Italia, entre 1623 y 1625, como secretario del duque de Frías. Después, será asiduo escritor de obras para la Corte y para los corrales de comedias. Su prestigio en la Corte fue aumentando, y Felipe IV le otorgó el ingreso como caballero de la orden de Santiago, hacia 1637. También debió vivir algunos episodios oscuros, como una acusación por violar, junto a su hermano, la clausura de un convento de trinitarias, tema del que no se sabe a ciencia cierta la verdad. Por otro lado, su buena relación con Lope de Vega debió enfriarse hacia 1629, aunque tampoco hay datos fiables sobre los motivos. Se habla de un extraño incidente: un hermano de Calderón fue agredido y, éste al perseguir al atacante, entró en un convento donde vivía como monja la hija de Lope.
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Jornada segunda


(Salen don Lope hijo y Vicente vestidos de camino, y por otra parte doña Blanca, don Lope padre y Beatriz.)

Lope hijo Una y mil veces el día,

señor, venturoso sea

en que llegar a tus plantas

humilde mi amor merezca.

Lope padre Álzate, Lope, del suelo,

y tan bien venido seas

como has sido de tus padres

deseado.

Lope hijo Sin que me ofrezcas

tu mano a besar, no es justo

levantarme de la tierra.

Lope padre Toma. Dios te haga tan bueno

como yo le pido. Llega,

besa la mano a tu madre.

Lope hijo Con temor y con vergüenza

llego, señora, a tus ojos,

por tantas lágrimas tiernas

como les debo.

Blanca No sólo

aquéllas, Lope, me cuestas,

pero éstas también; si bien

son con una diferencia;

que aquéllas lloró el pesar

y llora el placer aquéstas.

Tú seas muy bien venido.

Vicente ¿Darásele ahora licencia

a un ermitaño del diablo,

que ha vivido entre dos peñas,

haciendo en servicio suyo

muchísima penitencia,

para llegar a besar

tu mano?

Lope padre ¡Qué buena pieza!

¿Vos también venís?

Vicente Si soy

el cojín de esta maleta,

la silla de este cojín,

y de esta silla la bestia,

¿no era preciso, señor,

que donde viniere venga?

Lope padre Con tan buena compañía

segura traerá la enmienda.

Vicente ¿Ves que te parece mala?

Pues ¡por Cristo, que no es buena!

Lope padre No juréis.

Vicente Rezagos son

que me han sobrado de aquella

mala vida. Vos, señora,

permitidme que me atreva,

si no a besaros la mano,

a besar la feliz tierra

que pisáis.

Blanca Alza del suelo;

que es justo que te agradezca

la lealtad que con don Lope

tienes, pues que no le dejas

en ningún trabajo.

Vicente Soy

criado adquirido ad perpetuam

rei memoriam.

Beatriz ¿Mi señor

vino ya?

(A Blanca.)

Pues aunque sea

delante de ti, he de darle

un abrazo en mi conciencia.

Lope hijo Guárdete el cielo, Beatriz.

Lope padre Todos de verte se alegran,

pero más que todos yo;

y pues ya ir a ver es fuerza

a don Mendo, y darle gracias

del cuidado y la fineza

con que acudió a tu perdón,

Beatriz, a su cuarto llega;

mira lo que hace, y en tanto

quiero, Lope, que me atiendas.

(Vase Beatriz.)

Vicente (Aparte.) (Plática espiritual

tenemos.)

Lope hijo (Aparte.) (Calla, y paciencia,

pues ya sabes que venimos

a escuchar impertinencias.)

Lope padre Lope, ya ves el estado

en que estamos; nuestra hacienda,

que es lo de menos, está

toda empeñada y deshecha.

Estefanía, la dama

que tantos sustos nos cuesta,

está en un convento; yo

la he dado el dote y la renta.

Sabe Dios si, por poder

hacerlo y cumplir con ella,

poco menos he quedado

que a pedir de puerta en puerta.

En fin, hijo, tú estás hoy,

por la piadosa nobleza

de don Mendo, perdonado;

con que parece que cesa

ya todo lo padecido.

Lo que rogarte quisiera,

con lágrimas en los ojos,

con suspiros en la lengua,

y aun de rodillas, si a esto

dieren mis canas licencia,

es, Lope, que desde hoy haya

en tu vida alguna enmienda.

Restauremos lo perdido

de la opinión, y parezca

que a quien tiene entendimiento

los trabajos le escarmientan.

Hijo, seamos amigos,

y no haya más competencias

de amor ni de odio en los dos.

Vivamos en blanda y quieta

paz, haciendo de su parte

cada uno lo que pueda.

Yo de la mía pondré

mi amor, regalo y terneza;

pon tú de la tuya, Lope,

solamente una obediencia.

Tu padre es quien te lo pide.

Y al fin, Lope, considera

que no hay siempre un valedor;

y aun podría ser que venga

tiempo en que este amor y aquellos

favores, si los desprecias,

convertidos en venganzas,

contra tu vida se vuelvan.

Vicente (Aparte.) («Aquí gracia y después gloria»

faltó para ser entera

la tal plática.)

Lope hijo Señor,

palabra doy de que veas

desde hoy en mis costumbres

enmienda tal que agradezca

a mis pasadas fortunas

el conocimiento de ellas.

(Salen don Mendo y Beatriz.)

Mendo Y yo salgo por fiador

de una tan justa promesa.

Lope padre Señor...

Mendo Viendo que querías

pasar a verme, no fuera

justo que yo no ganara

de mano a esa diligencia.

Lope padre No sólo hacéis las mercedes,

mas las hacéis de manera

que ya más que hacerlas viene

a ser el modo de hacerlas.

Lope hijo Dame tu mano, señor,

y plegue a Dios que te veas

tan glorioso en la privanza

del rey que la envidia fiera,

basilisco de palacio,

tu nombre ignore, y le sepa

la aclamación que le escriba

en láminas de oro eternas.

Mendo Dame los brazos, y no,

don Lope, así me agadrezcas

lo que aun no he hecho por ti;

que bien mi valor se acuerda

que te debe honor y vida,

y un perdón solo no es prenda

que pueda satisfacer

el crédito de dos deudas.

Blanca ¡Plegue a Dios, señor, que el cielo...!

Mendo Nada, Blanca, me encarezca

la voz; el silencio solo

en vos ha de hablarme.

Blanca Esa

es la merced que os estimo

más que todas, pues con ella

me dejáis desempeñada

de una continua vergüenza.

Mendo Ahora bien, quedad con Dios;

que Su Majestad me espera.

Lope padre Y a mí un negocio me aguarda.

Lope hijo Yo dividirme quisiera

por ir a los dos sirviendo;

mas, ya que elegir es fuerza,

para que os asista a vos

dará mi padre licencia.

Lope padre Sí doy, y con harta envidia

de ver elección tan cuerda.

(Vase don Lope padre.)

Mendo Y yo lo acepto, no tanto,

don Lope, porque lo sea,

cuanto porque, yendo ahora

vos conmigo, es cosa cierta

que me excusáis de quedarme

yo con vos; pues de manera

está el alma en vuestra vista

ufana, alegre y contenta,

que no quisiera apartaros

un punto de su presencia.

(Vanse don Mendo y don Lope hijo.)

Vicente...



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