E-Book, Spanisch, Band 86, 130 Seiten
Reihe: Teatro
Calderón De La Barca Nadie fíe su secreto
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-353-7
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 86, 130 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9953-353-7
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Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681) Calderón de la Barca nació el 17 de enero de 1600, en Madrid, como segundo de cinco hermanos, en el seno de una familia de mediana hidalguía procedente de las montañas cántabras. Su padre fue escribano del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda. La madre murió en 1610 y el padre en 1615. Al parecer, su padre había dejado como voluntad y requisito para que Pedro y sus hermanos heredaran el que siguieran las carreras que él había marcado; a Calderón le estaba destinada la de sacerdote. Al igual que Lope de Vega, Quevedo y otros literatos, Calderón cursó estudios en el madrileño colegio Imperial de los jesuitas (hasta 1613), y los continuó en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca (hasta 1620), donde, quizá por la exigencia paterna, estudió teología, pero también lógica, retórica, historia y derecho natural y político. Su bagaje cultural era muy amplio, tocado por la escolástica y las ideas existencialistas agustinianas. Calderón vivió tres reinados (con Felipe III, Felipe IV y Carlos II) durante los cuales se fue desintegrando el poder español y el país quedó cada vez más aislado del escenario internacional, sobre todo a partir de la pérdida de Flandes por la paz de Westfalia, en 1648. Pero no fue tanto así en la creación literaria, ya que Calderón vivió de lleno el Siglo de Oro español, tan prolífico y rico en cuanto a las artes. Hacia 1620, los hermanos Calderón debieron resolver un litigio relativo a la herencia con la segunda mujer de su padre. Ese mismo año, Calderón de la Barca abandonaría los estudios religiosos e iniciaría sus primeras tentativas literarias con la poesía. Así, participó como poeta en varios certámenes y justas, pero pronto descubriría su atracción por la 'comedia nueva' de Lope de Vega, quien debió despertar su fascinación por el teatro. Calderón desarrollaría la mitad de su producción paralelamente al ascenso del valido conde-duque de Olivares (entre 1621 y 1643), protector de artistas y literatos. Su bautismo teatral se produce, en 1623, con la obra Amor, honor y poder. Calderón realizará algunos viajes por Flandes e Italia, entre 1623 y 1625, como secretario del duque de Frías. Después, será asiduo escritor de obras para la Corte y para los corrales de comedias. Su prestigio en la Corte fue aumentando, y Felipe IV le otorgó el ingreso como caballero de la orden de Santiago, hacia 1637. También debió vivir algunos episodios oscuros, como una acusación por violar, junto a su hermano, la clausura de un convento de trinitarias, tema del que no se sabe a ciencia cierta la verdad. Por otro lado, su buena relación con Lope de Vega debió enfriarse hacia 1629, aunque tampoco hay datos fiables sobre los motivos. Se habla de un extraño incidente: un hermano de Calderón fue agredido y, éste al perseguir al atacante, entró en un convento donde vivía como monja la hija de Lope.
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Jornada segunda
(Salen don Arias, don Félix, don César, Alejandro, Lázaro, de noche.)
Arias Buena noche.
Alejandro El Sol parece
que quedó a la sombra negra
en pedazos dividido,
depositado en estrellas.
Félix La Luna, embozado el rostro
entre pardas nubes, muestra
trémulos rayos de plata,
[haciendo] al Sol competencia.
Lázaro Cabal, sin faltarla un cuarto,
y sin cercenar la oblea,
por no ser Luna vacía,
hoy quiso ser Luna llena.
César (Aparte.) (¡Ay de mí! ¿Quién creerá, cielos,
que no siento que se pierda
la ocasión, sino pensar
que tendrá tan justa queja
de mí doña Ana?) Señor,
recójase vuestra Alteza;
que el sereno le hará mal,
y ya la noche refresca;
basta lo que hemos andado.
Alejandro Como yo, por mi grandeza,
no puedo con libertad
andar de día, quisiera
ver, una noche que salgo,
toda la ciudad.
César (Aparte.) (¡Paciencia!
Pues, ¡vive Dios!, que he de ver
si puedo con mi tristeza,
divertido a su pesar,
dejar de pensar en ella.)
¿Qué te pareció de Flora?
Alejandro ¿No es la dama milanesa?
Buen lejos tiene.
Lázaro En verdad,
mucho mejor es que el cerca;
pero el lejos ha de ser
tan lejos, que no se vea.
Arias Laura se prende muy bien.
Lázaro Bien se prende, y bien se prenda.
Félix Buenas manos.
Lázaro Pues las tiene,
bien hace en dárselas buenas.
Arias Aquí la doncella vive.
Lázaro Ni la oigas ni la veas,
señor, hasta que se haga;
que son como las comedias,
sin saber si es buena o mala.
Ochocientos reales cuesta
la primera vez; mas luego
dan por un real ochocientas.
Déjala imprimir primero;
que comedias y doncellas,
como estén dadas al molde,
las hallarás por docenas.
César (Aparte.) (Ésta es la hora que estará
doña Ana puesta en las rejas,
diciendo entre sí: «Pues, ¿cómo,
no es hora que venga César?
¿Yo, que pensé que tardaba,
vengo a espararle?». Aquí es fuerza
que se enoje. Mas, ¡ay, cielos!
que no he de pensar en ella;
olvidéme de olvidarme.)
Por extremo cantó Celia.
Lázaro Buena voz y mala cara
pocas veces son opuestas.
César Con el dote de la hermosa
casaba Roma a la fea;
y por no darla, la hizo
de sus gracias heredera.
Lázaro Laura vive aquí, que dijo:
«Con lo que la casa cuesta,
de alquiler he de hacer coche».
Y, respondiéndole a ella
dónde había de vivir,
dijo: «Cuando coche tenga,
en el coche todo el día,
y la noche en la cochera».
César (Aparte.) (¿Qué he de hacer? Vuelvo a olvidarme.)
Señor, la noche se aleja,
y Nísida mi señora,
cuidadosa de tu ausencia,
te esperará desvelada.
Ya sabes de su firmeza
que como hermana te quiere
y como dama te cela.
No la des este cuidado.
Alejandro Más el tuyo me atormenta.
César ¿Qué dices?
Alejandro Importa poco;
que no sabe que estoy fuera.
César (Aparte.) (Pasóse fuerte ocasión.)
Lázaro En esta casa pequeña
viven dos hembras a quien
ningún hombre, aunque más sepa,
mientras con las dos hablare,
hablará cosa a derechas.
Alejandro Pues, ¿por qué?
Lázaro Porque es la una
corcovada y la otra tuerta.
Arias Pues una niña ceceosa
y pobre vive aquí.
Lázaro Ésa,
cuando cecea, no llama,
pues despide, aunque cecea.
Arias Tiene tía.
Lázaro Arredro vaya,
y más si bien se me acuerda
de la vieja del conjuro.
Alejandro ¿Cómo fue?
Lázaro De esta manera;
yo me enamoré, señor,
un día, que no debiera,
o que no pagara. En fin,
consultando cierta vieja,
pidióme, para el efecto,
de su cabello una trenza.
A fuer de Zaide, busqué
ocasión para cogerla,
y halléla, señor, un día
en que, durmiendo mi prenda,
prematicario barbero,
la quité media guedeja;
mas tal que, aunque avecindada
vivió en su frente, no era
natural de su copete,
feligrés de su mollera.
Guedeja heredada fue;
y, haciendo el conjuro en ella,
a la media noche entró
en mi aposento una muerta.
Troqué en miedos los amores,
en responsos las ternezas;
y aunque allí por fuerza vino,
pienso que se fue por fuerza.
César (Aparte.) (¿De qué tanto olvido sirve,
si nunca se olvidan penas,
y ya se acuerda de amor
el que de olvidar se acuerda?
Paréceme a mí que ahora
—mas ¿qué de locuras piensa
un amante?— que doña Ana,
no porque hablarme desea,
sino por desengañarse,
vuelve otra vez a la reja,
y que, no viéndome, dice,
—que la oigo pienso—: «Aunque vengas,
no podrá hacer el amor
que otra vez a verte vuelva».
Mira, señora, mi bien...
¿Hay locura como ésta?
¿Viome alguno? No. Por Dios,
que estaba hablando con ella.)
Alejandro Don Arias, ¡qué mal encubre
su divertimiento César!
Arias Harto procura por ti
sacar fuerzas de flaqueza.
Alejandro Pierda él la ocasión, no es mucho,
pues yo callo, que él la pierda;
que él padece ausencia, y yo
padezco celos y ausencia.
Arias Mira que está aquí su hermano;
habla quedo, no te entienda.
Alejandro No importa; que un noble nunca
de su honor tuvo sospecha.
(Canta dentro un Músico.)
Músico «Al despedirse de Anarda,
dijo Eliso en triste voz:
“¡Ay, que me muero de ausencia!
¡Ay, que me muero de amor!”»
César Buena voz.
Félix Es extremada.
Alejandro ¡Qué agradablemente suenan
a un mismo tiempo conformes
voz, tono, instrumento y letra!
Ahora quiero probar,
don Arias, de qué manera
Lázaro en esta ocasión,
pues la da el músico buena,
disculpa su espada.
Arias ¿Cómo?
Alejandro Aquí quiero que lo veas.
¡Lázaro!
Lázaro ¿Señor?
Alejandro Pretendo
que cierto disgusto sepas.
Todas las noches que salgo
canta este hombre, y me pesa
de que en esta calle cante.
Lázaro Yo llegaré con prudencia
de tu parte, y le diré
que se...




