Calderón De La Barca | No hay cosa como el callar | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 88, 162 Seiten

Reihe: Teatro

Calderón De La Barca No hay cosa como el callar


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-356-8
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 88, 162 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9953-356-8
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Sería desacertado catalogar No hay cosa como callar de Calderón de la Barca como una comedia de capa y espada. Abordar temas como el silencio de la víctima y el secreto, la pérdida del honor y el desenlace final, la sitúan más cerca de la tragedia que del mundo de la comedia. No hay cosa como callar escenifica la frustración y desolación de Leonor, una mujer violada y casada contra su voluntad con el cínico e infame Don Juan.

Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681) Calderón de la Barca nació el 17 de enero de 1600, en Madrid, como segundo de cinco hermanos, en el seno de una familia de mediana hidalguía procedente de las montañas cántabras. Su padre fue escribano del Consejo y Contaduría Mayor de Hacienda. La madre murió en 1610 y el padre en 1615. Al parecer, su padre había dejado como voluntad y requisito para que Pedro y sus hermanos heredaran el que siguieran las carreras que él había marcado; a Calderón le estaba destinada la de sacerdote. Al igual que Lope de Vega, Quevedo y otros literatos, Calderón cursó estudios en el madrileño colegio Imperial de los jesuitas (hasta 1613), y los continuó en las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca (hasta 1620), donde, quizá por la exigencia paterna, estudió teología, pero también lógica, retórica, historia y derecho natural y político. Su bagaje cultural era muy amplio, tocado por la escolástica y las ideas existencialistas agustinianas. Calderón vivió tres reinados (con Felipe III, Felipe IV y Carlos II) durante los cuales se fue desintegrando el poder español y el país quedó cada vez más aislado del escenario internacional, sobre todo a partir de la pérdida de Flandes por la paz de Westfalia, en 1648. Pero no fue tanto así en la creación literaria, ya que Calderón vivió de lleno el Siglo de Oro español, tan prolífico y rico en cuanto a las artes. Hacia 1620, los hermanos Calderón debieron resolver un litigio relativo a la herencia con la segunda mujer de su padre. Ese mismo año, Calderón de la Barca abandonaría los estudios religiosos e iniciaría sus primeras tentativas literarias con la poesía. Así, participó como poeta en varios certámenes y justas, pero pronto descubriría su atracción por la 'comedia nueva' de Lope de Vega, quien debió despertar su fascinación por el teatro. Calderón desarrollaría la mitad de su producción paralelamente al ascenso del valido conde-duque de Olivares (entre 1621 y 1643), protector de artistas y literatos. Su bautismo teatral se produce, en 1623, con la obra Amor, honor y poder. Calderón realizará algunos viajes por Flandes e Italia, entre 1623 y 1625, como secretario del duque de Frías. Después, será asiduo escritor de obras para la Corte y para los corrales de comedias. Su prestigio en la Corte fue aumentando, y Felipe IV le otorgó el ingreso como caballero de la orden de Santiago, hacia 1637. También debió vivir algunos episodios oscuros, como una acusación por violar, junto a su hermano, la clausura de un convento de trinitarias, tema del que no se sabe a ciencia cierta la verdad. Por otro lado, su buena relación con Lope de Vega debió enfriarse hacia 1629, aunque tampoco hay datos fiables sobre los motivos. Se habla de un extraño incidente: un hermano de Calderón fue agredido y, éste al perseguir al atacante, entró en un convento donde vivía como monja la hija de Lope.
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Jornada segunda


[Sala en casa de Don Diego.]

Salen Don Diego y Juana.

Don Diego¿Y qué hace tu señora?

Juana¿Ya no lo sabes tú? Suspira y llora,

que es lo mesmo que todos estos días

la divierte, señor.

Don Diego Tú que debías

saber (como que siempre acompañada5

de ti está, aún más amiga que criada)

la causa de que nace su tristeza,

¿también la ignoras?

Juana Sí, que la extrañeza

con que a mí me ha tratado

también en esta parte, su cuidado10

saber no ha permitido

de qué causa, señor, haya nacido.

Don Diego¿Pues no es fuerza, al mirar sus ansias sumas,

que cuando no la sepas, la presumas?

JuanaMi pecho sólo sabe15

que la ocasión, señor, penosa y grave

de su melancolía,

dos meses ha que dura, pues el día

nació que a verte fue a tu retraimiento.

Don DiegoAquese sentimiento,20

cuando deso naciera,

ya al verme libre a mí cesado hubiera;

pues habiendo sanado

aquel hombre que herí, y efectuado

con él las amistades,25

trocara los rigores en piedades;

pues en cualquiera aprieto,

cesando la ocasión, cesa el efecto.

JuanaLo que en el mismo día también pudo

su sentimiento ocasionar, no dudo30

que fue, señor, el fuego

que en casa se encendió.

Don Diego También lo niego,

que si deso naciera,

muriendo el fuego, la pasión viviera.

La hacienda ni la vida35

no peligró, una y otra defendida

por la piedad y estilo lisonjero

de aquel anciano y noble caballero,

que en su casa hospedada

la tuvo aquella noche: luego en nada40

esas dos ocasiones han causado

su mal; y más habiéndose mudado

de la casa a otro día,

por el azar que dice que tenía

con ella.

Juana Pues en vano45

decir más que eso puedo yo.

(Sale Leonor.)

Leonor (Aparte.)(Mi hermano

aquí está. ¡Oh!, ¡quién pudiera

de sus ojos faltar!, pues de manera

me acusan mis desdichas, que no puedo

verle la cara sin vergüenza y miedo.50

Propio temor de un pecho delincuente

pensar que todos saben lo que él siente.

Don DiegoLeonor, hermana mía,

pues ¿por qué sin hablarme se volvía

tu divina belleza?55

LeonorPor no darte pesar con mi tristeza.

Don DiegoEso no es excusarle,

sino antes aumentarle,

añadiendo a tu gran melancolía

el rigor con que tratas la fe mía.60

Merezca, por tus ojos,

saber la causa yo de tus enojos.

LeonorSi de causa naciera,

¿a quién con más cariño lo dijera?

Toda melancolía65

nace sin ocasión, y así es la mía;

que aquesta distinción naturaleza

dio a la melancolía y la tristeza;

y para ella, los medios son más sabios

llorar los ojos y callar los labios.70

Don DiegoOtros hay.

Leonor ¿Qué?

Don Diego Aliviarla

y ya que no vencerla, desecharla.

¿Quieres aquesta noche

salir a ver la máscara, en un coche,

que hace Madrid en generosas pruebas75

de cuánto estima las felices nuevas

de la mayor victoria

que ha de durar eterna a la memoria

del tiempo, en duras láminas grabada?

LeonorNo, que no puede divertirme nada80

la común alegría;

que antes la pena mía

halló para afligirme nuevos modos,

viéndome triste, estando alegres todos.

Don DiegoPues ¿qué podrá alegrarte?,85

¿qué podrá divertirte, qué aliviarte?

No me trates ahora como hermano,

trátame como amante, pues es llano

que lo soy, ya que no de tu belleza,

de tu virtud. ¿Qué singular fineza90

no hará por ti?

Leonor ¿Tú quieres hacer una,

que es la que más te estime mi fortuna?

Don DiegoMi amor con imposibles acrisola.

LeonorPues la mayor será dejarme sola.

Don Diego¡Qué pasión tan tirana!95

Mas si en esto te sirvo, adiós, hermana.

(Vase.)

Juana¡Gracias, señora, al cielo,

que presto cesará tu desconsuelo,

pues ya vendrá Don Luis!

Leonor Está advertida

que a Don Luis no me nombres en tu vida;100

que ya expiró en mi pecho

todo cuando antes fue. Nada sospecho

que en mi pecho ha quedado,

porque hasta las cenizas han volado

de aquese ardor violento;105

búscalas, y hallaráslas en el viento.

JuanaSiempre creí...

Leonor No creas

nada, sino la pena que en mí veas;

y si quieres saber cuánto es severa,

haz una cosa.

Juana ¿Qué es?

Leonor Irte allá fuera,110

que estorbas a la grave pena mía

la soledad, y no haces compañía

JuanaFuerza es obedecerte.

(Vase.)

Leonor¡Oh!, ¡cuánto estimo verme desta suerte,

pues pueden sin testigos mis enojos115

desahogarse! Hablad, labios; llorad, ojos.

Solos estáis, decid vuestros agravios,

quejaos al cielo, pues, ojos y labios;

que aunque juré callar, siendo testigo

el cielo, no es hablar hablar conmigo.120

¿De un fuego huyendo a otro fuego

fui?... Tente, memoria, tente;

que pues yo no lo olvido,

no es bien que tú me lo acuerdes.

Pensé al principio que fuera125

el fiero agresor aleve

de mi honor, mi huésped, ya

persuadida inútilmente

a que el ser traidor e injusto

fuese conjunto al ser huésped.130

Quise dar voces; no pude,

que a un mismo tiempo fallecen

mi aliento y mis fuerzas. Dudo

a cuál de los accidentes

desmayada entre sus Brazos...135

¿Qué frase habrá más decente

que lo refiera? Ninguna,

porque la más elocuente

es la que, sin decir nada,

el más rústico la entiende.140

Volví del desmayo, cuando

el que (aquí el dolor se aumente)

más osado estuvo, más

cobarde la espalda vuelve.

¡Oh infames lides de amor,145

donde el cobarde es valiente,

pues el vencido se queda

mirando huir al que vence!

Más animosa yo entonces

(propia acción de los que tienen150

poco valor, alentarse

en sintiendo que los temen)

por conocer mi enemigo,

quise (¡ay de mí) detenerle,

y echando la mano al cuello155

diciendo: «Traidor, deténte»,

así una banda, de quien

estaba esta cruz pendiente.

Abrióse el asa, y dejóme

con ella, al tiempo que sienten160

ruido en el cuarto y a él llaman.

A abrir fui, por que me diesen

favor, cuando a...



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