Catalá Carpintero | Salgamos a buscarlo fuera de la ciudad | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 170, 160 Seiten

Reihe: Sauce

Catalá Carpintero Salgamos a buscarlo fuera de la ciudad


1. Auflage 2013
ISBN: 978-84-288-2486-6
Verlag: PPC Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 170, 160 Seiten

Reihe: Sauce

ISBN: 978-84-288-2486-6
Verlag: PPC Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Los contextos de marginación y de exclusión social  nos llevan a un quehacer teológico que no se conforma con una lectura ética de la actuación de Jesús, sino que lleva a buscar al Dios comunidad de amor implicado en la historia de los excluidos. El autor ha trabajado durante muchos años tanto en los contextos de exclusión como en la reflexión teológica sobre estos lugares de encuentro con el Dios crucificado. Indispensable para los creyentes que transitan por estos lugares y necesitan alimentar una mística del compromiso entre los  excluidos.

Jesuita y profesor en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Coordinador de 'Estela' (Escuela de Teología para Laicos) y miembro del Centro Arrupe de Valencia.
Catalá Carpintero Salgamos a buscarlo fuera de la ciudad jetzt bestellen!

Autoren/Hrsg.


Weitere Infos & Material


PRESUPUESTO E INTRODUCCIÓN


Hace diecinueve años publiqué el cuaderno Salgamos a buscarlo. Ha pasado tiempo desde entonces, tiempo de experiencias diversas, de confrontaciones y contrastes, de asomarme a mundos nuevos y desconocidos para mí… Sigue confirmada la percepción de la implicación «de una vez por todas» del Compasivo con sus criaturas abatidas y excluidas. Estas páginas amplían aquella primera reflexión, pero la vivencia de fondo es la misma, más ahondada y cribada. La ampliación ha sido ya publicada a modo de retales teológicos en diversos lugares. Aquí los he recogido y los he recosido entre sí, intentado ahondar la primera publicación.

Quiero agradecer a tantos compañeros y compañeras de camino de seguimiento su ayuda y su fortaleza. Quiero agradecer de corazón especialmente a Agustín Rodríguez Teso lo compartido los primeros años a partir del «primer» Salgamos a buscarlo.

Toda lectura teológica supone para nosotros, creyentes cristianos, acercarnos a los contextos de marginación social desde la tradición de Jesús de Nazaret –él es el que nos ha interpretado al Dios vivo–, y en este acercamiento captar el sentido global de la implicación y el trabajo en dichos contextos. Esta lectura no anula otras lecturas desde otros saberes, sino que las supone como necesarias en su autonomía de presupuestos y metodologías. Tenemos que evitar, en la medida de lo posible, la «invasión carismática y acrítica» en los contextos de marginación. Entendemos por invasión carismática y acrítica la pretensión, más o menos consciente, de que, por el hecho de sentirnos empujados por el Espíritu hacia la periferia, tenemos ya las claves para entender la realidad desquiciada, compleja y rota de los contextos de marginación. No podemos acceder a los contextos de marginación sin mediaciones. La precipitación crea frustración y rompimientos si no tenemos instrumentos para orientarnos con lucidez en dichos contextos.

Si hay algún territorio de misión evangélica en el que no se puede prescindir de la profesionalidad, ese es el campo de la exclusión y marginación. Con todo el riesgo de exageración –aunque tan solo digo lo que he visto– puedo afirmar que es el territorio en el que más prejuicios y prevenciones se dan hacia lo profesional. Parece ser que los pobres no merecen nuestra preparación y capacitación profesional y técnica. Más de una vez he tenido que oír a algún voluntario o voluntaria, con mucho dolor por mi parte, que, para estar con los pobres, no hace falta tanto tiempo de formación. Mi respuesta es siempre la misma: los ricos merecen que nos preparemos; los pobres son tan pobres que ni eso.

El tema me parece serio y preocupante. En mi mundo, me guste o no me guste –y eso es otro tema–, no podemos montar en los bajos de un edificio una escuela a nuestro antojo ni un dispensario a nuestro aire, no estamos en la época de juglares que cuentan cuentos por las esquinas, ni sanadores que en la plaza motan su tinglado. Esto nos parece normal. ¿Por qué nos parece normal que solo con nuestra buena intención y voluntad, que no se niega, nos podamos adentrar en una realidad que necesita un buen mapa para orientarse, como es el mundo de los excluidos?

Creo que subyace algo no dicho y que está operando: el miedo a que la competencia profesional sea una barrera o dificultad para una implicación compasiva. En nuestra cultura «psi», la compasión se reduce a una mera cuestión de empatía, cuando la compasión consiste fundamentalmente en tomarse radicalmente en serio a las criaturas en su alteridad. En el fondo, también se pueden dar, aunque de un modo más sutil, unos rasgos de prepotencia: en la marginación siempre estaré preparado, porque, en el fondo, en los recovecos de mi conciencia religiosa, mi comportamiento es más correcto, mi cultura más evangélica y religiosa…

Tenemos que evitar el hecho de creer que en los contextos de marginación, en los que proyectamos nuestros deseos de ausencia de contradicciones y ambigüedades, se da una especie de manifestación diáfana de la Buena Noticia: lugares en los que el pobre y el marginado sea considerado algo así como el «buen salvaje», limpio de toda contradicción y contaminación de nuestros denostados contextos integrados. Los contextos de marginación condensan y expresan las contradicciones y violencia de este mundo concreto nuestro. Son lugares en los que emerge una gran ternura y una gran violencia.

No se trata de negar, en absoluto, el momento carismático como don del Espíritu que empuja a encontrar a Jesús «fuera del campamento, cargados con su oprobio» (Heb 13,12). Se trata de no negar la necesidad de otros saberes y mediaciones, saberes y mediaciones que nos orienten en el lento ir entrando descalzos, como Moisés ante la zarza, en territorios que no son los nuestros. La referencia a la tradición de Jesús de Nazaret, en la que agraciadamente nos encontramos, tiene que ser reflexionada. Es necesario que nos preguntemos por la cristología que manejamos cuando percibimos que, desde lo acontecido en Jesús de Nazaret, somos llamados a adentrarnos en los contextos de marginación.

Esta pregunta y su respuesta tematizada se presenta como una tarea urgente y necesaria por varias razones: si Jesús de Nazaret es meramente un referente ético, un modelo de actuación, el portador de una causa noble que hay que seguir, estamos abocados al fracaso y a la frustración. Entonces «la obra de Jesús me induce a desesperar de mí mismo, ya que no puedo igualar al modelo» 1.

¡Cuantos rompimientos personales, sequedades y rigideces, abandonos y amarguras por no percibir que el Evangelio no es un manual de compromiso, sino la expresión de la Buena Noticia de Dios! Ya tendremos ocasión más adelante de considerarlo.

Se trata, por tanto, de estar avisados. Ningún seguidor de Jesús afirmará que Jesús es meramente un modelo ético, pero cuando en los contextos de marginación se empieza a desesperar de uno mismo y de la realidad –y esto ocurre muy pronto– es cuando comienza el proceso apasionante, frente a la tentación del abandono, de descubrir que «si Jesús es el Cristo, el Verbo de Dios, ya no estoy llamado primordialmente a igualarme con él, sino que su obra me atañe como atañe a quien no puede realizarla por sí mismo. Por su obra conozco yo al Dios de misericordia» 2.

Mejor no se puede decir. Si no se articula la cristología trinitariamente (teo-lógicamente), podemos convertir en absolutas, como mandato imperativo y nueva ley, las derivaciones prácticas de la actuación de Jesús. No se afirma que la actuación de Jesús no sea normativa para el que lo sigue. Estamos afirmando que las prácticas de Jesús no se pueden desvincular de su origen referencial: la captación de Dios como Padre/Madre y Creador, que siente ternura por sus hijos, que se acuerda de que somos barro (cf. Sal 103,14). Jesús no es un modelo ético convertido en Absoluto. Jesús es el Hijo del Padre. Las prácticas que se derivan de estas dos percepciones, el modelo ético o el Emmanuel, no son las mismas. No se trata de negar la dimensión ética del seguimiento. Se trata de percibir la presencia creativa y vivificante del Espíritu, que libera nuestra libertad ante toda ley. Jesús nos introduce en el ámbito de la compasión y la ternura, no nos introduce en el imperativo kantiano.

No podemos utilizar la cristología opresivamente. Una utilización opresiva supone olvidar que, junto a las derivaciones prácticas de implicación y compromiso con la realidad, todo lo acontecido en Jesús es también una llamada a la liberación de nuestra libertad. Es la posibilidad de abrir nuestra vida al perdón y la misericordia, que nos lleva a hacer justicia, porque experimentamos que nuestra vida no se centra en nosotros mismos. Confiar radicalmente en la fuerza del Evangelio es anunciarlo como una oferta de vida que nos abre solidariamente a la realidad. Si no se disciernen los procesos de compromiso para que, junto con la implicación, se experimente la Buena Noticia sobre nuestras vidas, seguimos en la antigua Ley. Tenemos que discernir muy seriamente si no seguimos agobiando conciencias e imponiendo cargas pesadas a costa del santo nombre de los pobres y excluidos. Se trata de confiar radicalmente en la fuerza del Evangelio.

Es muy frecuente seguir accediendo a los contextos de marginación desde la mala conciencia, desde nuestras insatisfacciones personales, comunitarias e institucionales. Se impone el «mucho examinar» de Ignacio de Loyola sobre nuestras motivaciones, para no utilizar el sufrimiento de los pequeños y excluidos como búsqueda de autojustificación. En este asunto tenemos que ser terriblemente lúcidos. Solo desde nuestra experiencia personal de seres agraciados y perdonados podemos acceder a los contextos de marginación. No se trata de un proceso que hay que realizar apriorísticamente antes de acceder a dichos contextos (esto sería bloqueante y paralizante). Se trata de estar avisados. La implicación en los contextos de exclusión depura las motivaciones del compromiso, se va tejiendo solidaridad compasiva desde la gratuidad y se van abandonando las pretensiones «redentoras».

Por tanto es necesario pensar la distancia entre Jesús y Dios. Jesús no es Dios, sino el Hijo del Padre, aunque, como nos avisa Duquoc, «se...



Ihre Fragen, Wünsche oder Anmerkungen
Vorname*
Nachname*
Ihre E-Mail-Adresse*
Kundennr.
Ihre Nachricht*
Lediglich mit * gekennzeichnete Felder sind Pflichtfelder.
Wenn Sie die im Kontaktformular eingegebenen Daten durch Klick auf den nachfolgenden Button übersenden, erklären Sie sich damit einverstanden, dass wir Ihr Angaben für die Beantwortung Ihrer Anfrage verwenden. Selbstverständlich werden Ihre Daten vertraulich behandelt und nicht an Dritte weitergegeben. Sie können der Verwendung Ihrer Daten jederzeit widersprechen. Das Datenhandling bei Sack Fachmedien erklären wir Ihnen in unserer Datenschutzerklärung.