E-Book, Spanisch, 384 Seiten
Cobb Hablando de violencia
1. Auflage 2016
ISBN: 978-84-16572-03-8
Verlag: Gedisa Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
La política y las poéticas narrativas en la resolución de conflictos
E-Book, Spanisch, 384 Seiten
ISBN: 978-84-16572-03-8
Verlag: Gedisa Editorial
Format: EPUB
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Precursora del modelo circular narrativo en mediación y resolución de conflictos. Es profesora y directora del Centro de Análisis y Resolución de Conflictos de la Universidad George Mason de EE.UU. Investigadora sobre la relación entre la narrativa y los conflictos violentos. Ex directora del programa de mediación de la Facultad de Derecho de Harvard e Investigadora en las Universidades de California, Santa Bárbara, Connecticut y, más reciente, en Ámsterdam. Formadora en organizaciones públicas y privadas como el Alto Comisionado de Naciones Unidas para el Refugiado (ACNUR), Exxon, La American Bar Association, Fox Learning Academy, así como en gran número de universidades europeas y de América Latina. Al unir su labor académica como docente e investigadora de los procesos narrativos con su experiencia práctica de trabajo de campo como coordinadora, negociadora y mediadora, la doctora Cobb es un referente del campo de la resolución de conflictos. Su labor es fundamental para el desarrollo del propio ámbito, mediante el 'giro narrativo'.
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Prefacio
Mark Freeman
Resulta sumamente gratificante lanzar la serie inglesa de libros «Exploraciones en Psicología Narrativa» de la Oxford University Press con este magnífico libro de Sara Cobb. Este libro es no sólo interdisciplinario, sino también omnidisciplinario, ya que abarca el espectro de la filosofía, las ciencias políticas, la estética y la poética, entre otras disciplinas. También apunta a una psicología más rica, más inclusiva y amplia que aquella en boga en la actualidad. Se trata de una psicología con un profundo arraigo en la cultura y en la realidad vivida por las personas. Es también una psicología comprometida y, de hecho, inseparable del campo de la ética, que es donde residen las preguntas sobre el significado y el valor, la paz y la violencia, Eros y Tánatos. Es la clase de psicología que, a mi entender, necesitamos y debemos tener.
De todos los excelentes libros que integraran esta serie de la editorial inglesa Oxford University Press, el presente volumen aborda el área de interés que menos conozco. En efecto, en honor a la verdad, hace poco tiempo que supe de la existencia de esta disciplina. ¡Esto no significa en absoluto que carezca de importancia! Por el contrario, es una muestra, en primer lugar, de mi ignorancia y, en segundo lugar, del hecho de que la psicología narrativa, en términos amplios, sigue ganando lugar en numerosos espacios intelectuales en continuo crecimiento. Aquí uno podría preguntarse: ¿por qué narrativa? Para algunos la respuesta es clara: «narrativa» se ha convertido en una de las palabras de moda de nuestro tiempo, totalmente en boga, au courant. De hecho, tal como decía con insistencia uno de mis colegas hace algún tiempo, es la última moda intelectual y, como sucede con la mayoría de las modas, va a desaparecer en su debido momento. Y podía haber estado en lo cierto. Sin embargo, eso ocurrió hace ya casi treinta años, y aquí estamos, todavía considerando la idea de narrativa como un principio organizativo central para comprender y representar dimensiones significativas de la condición humana. Repito: ¿por qué? ¿Y qué tendría que ver con la clase de violencia que aborda Sara Cobb en este libro? Ya en la primera página leemos que «las historias son importantes», que tienen «seriedad» y «peso», que son «concretas» y sirven para «materializar las políticas, las relaciones y las identidades que circulan a nivel local y mundial, en cualquier lado y en todos lados». Poco después, la autora hace una breve mención al conflicto palestino-israelí. «En cuanto relato, el conflicto de Medio Oriente —escribe Cobb— es fundamental y mítico, primordial, tanto dentro del mundo árabe como del occidental» y, además, «ayuda a fijar las divisiones en el mundo, entre las religiones, las naciones y las culturas». También, «por esa razón, es tóxico para los esfuerzos de paz». Y eso no es todo: «Este conflicto, como todos los conflictos, es una función de los relatos que se cuentan, se vuelven a contar y se vaticinan acerca del conflicto».
Se trata de una afirmación osada. También es una afirmación audaz a nivel intelectual y, por cierto, valiente. Porque, si Cobb tiene razón, aun los conflictos más intrincados y crueles están contenidos en los relatos y, por lo tanto, sólo podemos dejar atrás esos conflictos al repensar, retrabajar y, por cierto, reescribir estos relatos. Desde luego, eso no significa que los conflictos a los que se refiere Cobb sean sólo una función de los relatos. Tampoco implica que el proceso para dejarlos atrás sea sencillo o que las cosas se resuelvan con sólo facilitar tramas nuevas o mejoradas. En este contexto, merece evocarse algunas ideas de Freud acerca del proceso psicoanalítico. Me refiero en particular a su escrito «Recuerdo, repetición y reelaboración»,1 en el que señala que, con el fin de reducir la «compulsión a la repetición», uno debe ver en esa compulsión las huellas de recuerdos e historias que todavía no han llegado a la conciencia: «En tanto y cuanto el paciente se encuentre en tratamiento, no puede escapar a la compulsión a la repetición, y finalmente comprendemos que ésa es su manera de recordar». Más aún, «cuanto mayor sea la resistencia, tanto más la actuación (la repetición) reemplazará al recordar». ¿Cuál es la implicancia? El paciente debe:
[E]ncontrar el valor para dirigir su atención a los fenómenos de su enfermedad. La enfermedad en sí misma ya no debe resultarle despreciable, sino que debe convertirse en un enemigo que esté a su misma altura, una parte de su personalidad que tiene un terreno sólido para su existencia y de la que debe derivar elementos de valor para su vida futura. Así, desde el primer momento se allana el camino para comenzar a reconciliarse con el material reprimido que se expresa en sus síntomas y, al mismo tiempo, se encuentra el lugar para tener cierta tolerancia al estado de estar enfermo (Freud, S., 1958, pág. 152).
El proceso será inexorablemente doloroso y difícil, y seguramente intensificará los conflictos presentes. Junto al material en apariencia primitivo que se ha manifestado de antemano, emerge un material nuevo, aliviando aún más las fuentes más profundas, que hasta ese momento operaban entre bastidores. No debe sorprendernos que este proceso pueda resultar explosivo. La buena nueva es que «si esta novedosa actitud hacia la enfermedad intensifica el conflicto y trae a la superficie los síntomas que hasta ese momento habían sido confusos, uno puede consolar al paciente con facilidad al señalar que son sólo agravamientos necesarios y temporarios, y que uno no puede derrotar a un enemigo que está ausente o fuera de alcance» (pág. 152).
Estas ideas no constituyen un paralelo exacto respecto de las situaciones de conflicto que menciona Cobb. En primer lugar, ella se ocupa en mayor medida de los aspectos interpersonales que de los intrapersonales. En segundo lugar, si bien puede existir cierto grado de «repetición» en los conflictos interpersonales e intergrupales, eso no excluye necesariamente a recuerdos e historias conscientes. De hecho, suelen ir de la mano. Por otra parte, la idea de que «uno no puede derrotar a un enemigo que está ausente o fuera de alcance» parecería ser menos aplicable en el contexto más amplio de la resolución de conflictos, dado que el «enemigo» puede ser bastante visible y estar al alcance de la mano. También puede señalarse que el concepto de «derrotar» al enemigo dista de ser el ideal en el contexto de la resolución de conflictos. Sin embargo, el Otro temido, sospechado u odiado no es el único enemigo a tener en cuenta en el proceso de resolución de conflictos. Las historias propias sobre el otro, sobre «uno mismo» y sobre las relaciones entre ambos también pueden ser el enemigo. Para lograr algún progreso significativo es necesario «derrotar» a esos enemigos. Es probable que se encuentre resistencia y habrá que identificarla como tal. No obstante, la tarea inmediata no es identificar la resistencia. «Uno debe darle tiempo al paciente para familiarizarse más con esa resistencia que ya conoce, reelaborarla, superarla, a través del continuar el trabajo analítico, desafiándola» (pág. 155). Sólo entonces se puede lograr un verdadero progreso.
Quisiera referirme a Freud un instante más. La elaboración, si bien es necesaria, difícilmente sea suficiente para alcanzar los fines terapéuticos deseados. Se debe llevar a cabo, además, una reconstrucción y una renarración: un relato nuevo se debe construir de las cenizas del relato viejo. Uno puede sentir la tentación de enmarcar este proceso utilizando términos meramente pragmáticos, es decir, como un proceso a través del cual se construye un relato mejor y más útil que el precedente. ¡Ojalá el proceso fuera tan simple! Los análisis serían mucho más breves, al igual que los conflictos a los que se refiere Cobb. Entonces, ¿qué más se necesita? Freud nos da algunas pistas cuando responde qué sucede cuando el analista le ofrece al paciente una interpretación o «construcción» errónea.2
No se causa ningún daño si?nos equivocamos y le ofrecemos al paciente una construcción incorrecta como la probable verdad histórica. Desde luego, esto supone una pérdida de tiempo, y una persona que no haga sino presentar al paciente las combinaciones equivocadas no producirá una buena impresión ni llevará el tratamiento demasiado lejos, pero un único error de este estilo no trae aparejado ningún perjuicio.
Luego explica: «Si la construcción es errónea, no se produce ningún cambio en el paciente, pero si es correcta o se aproxima a la verdad, el paciente reacciona con un inequívoco empeoramiento de los síntomas y de su condición general». Por lo tanto, «sólo la continuación del análisis nos permite saber si nuestras construcciones son correctas o inútiles».
Ahora bien, si la psicología...




