E-Book, Spanisch, Band 470, 164 Seiten
Reihe: Teatro
de Cabrera y Quintero El iris de Salamanca
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9007-528-9
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 470, 164 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9007-528-9
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Cayetano de Cabrera y Quintero (Ciudad de México, 1698-1775). México. Se sabe muy poco de su vida, aunque escribió testimonios valiosos para la comprensión de la historia de México. Doctor en derecho por la Real y Pontificia Universidad, en 1730 fue capellán de pajes del virrey y del arzobispo. Tradujo obras del latín, griego y hebreo. Nació y murió en la ciudad de México.
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Jornada primera
(Salen San Juan y Pedro de clérigos.)
San JuanSígueme Pedro.
Pedro A mi fe
pluguiera que menos corto,
de tu omnia mea meas porto,
no oyera el sequere me.
Cuanto tu ingenio agradando 5
ha ido, señor, adquiriendo
como lo vas poseyendo,
lo vas sin seso dejando.
Niño eras cuando colaste
un beneficio, y muy triste10
a otro el beneficio hiciste,
cuando el tuyo renunciaste.
San JuanSin servirlo, ¿fuera bien
lograr, Pedro, su caudal?
PedroPues digo ¿y quien sirve mal15
no cobra, señor, también?
Todavía de estudiar
tu aplicación no acababa,
y ya tu padre estudiaba
en hacerte familiar20
de aquel ilustre prelado
que, en Burgos constituido,
logró, en riesgos de temido,
obsequios de venerado.
Pero ya en ti se baraje25
el proloquio introducido,
pues, aunque tú paje has sido,
no estudiaste para paje.
San JuanSi tanto erré como viste,
claro está que no estudié.30
PedroPor eso mismo, y porque
dejaste cuanto adquiriste,
hízote este gran prelado
su camarero y después
su limosnero, que es35
cargo muy aprovechado.
Y cuando empezar debías
esta caridad por ti,
el caudal de tu amo, y
aun el tuyo, repartías.40
Premio, que éste es nuevo modo,
de tu virtud extremada;
pues no persistiendo en nada
quiere así dejarlo todo.
San JuanPedro, el consuelo previenen45
los disgustos que te aquejan,
pues bienes que así se dejan,
mejor entonces se tienen.
A otra empresa me convoca
Dios, que mucho más nos ama;50
y pues Dios, Pedro, me llama,
a mí seguirle me toca.
Advierto el sangriento estrago
de esta ciudad, y es buen medio
anticipar el remedio55
a los golpes del amago.
Y si bien las señas oí
nos dio don Félix Manzano,
está la casa a esta mano
de doña María Monroy,60
noble viuda en quien se advierte
que, al rigor de hados prolijos,
de dos sus amados hijos
llora la violenta muerte.
Guía para ella.
Pedro Señor,65
Ya anochece, y no quisiera...
San Juan¿Qué?
Pedro ...que alguno nos dijera
a palos...
Diego (Dentro.) ¡Muere traidor!
(Ruido de cuchilladas. Sale Don Félix de estudiante con cuello, media sotanilla, capa y broquel riñendo con Don Diego.)
FélixObliguen iras y enojos
a quien no obligan corteses70
razones.
Diego Castigue el brazo
al que profanar se atreve
umbrales que yo venero.
San JuanDon Félix, amigo, tente.
Diego(Aparte. Gente llega. Y, pues, llamado75
mi brío en secreto viene
de doña María Monroy,
que me vean no es decente.)
¡Sígueme traidor!
(Vase.)
Félix ¡Tras ti!
San Juan¡Teneos por Dios, don Félix!80
¿Qué ha sido esto?
Félix Nada, padre,
soltad.
San Juan Ved que no parece
bien que quien a Salamanca
pasmada y absorta tiene
con su ciencia, la alborote85
con bríos menos decentes.
Yo he de saber lo que ha sido.
FélixPues vuestra porfía quiere,
declararos amoroso
más que mostraros prudente,90
escuchadlo: en esa casa
que inmediata se previene,
vive una dama tan bella
No que la retrato pienses,
que —pues me quejo celoso-95
no he de pintarla elocuente.
Su nombre callara, pero
mi ingenuidad no conviene
en que ignores algo, cuando
saberlo todo pretendes.100
Doña Leonor de Monroy
es el centro de mis bienes,
la llama en que, mariposas,
mis rendimientos se encienden.
Galantéola tan fino105
que, para verla, impaciente
con el día ruego al Sol
que halle su ocaso en su oriente.
Esta tarde, cuando ya
ese rubicundo fénix110
en las llamas de sí mismo
moría lúcidamente,
a hallar venía en sus ojos
luces más resplandecientes;
cuando ese galán cobarde115
que, en traje de quien no teme,
finca en exterioridades
los resabios de valiente,
a sus umbrales, inmoble
estatua viva parece.120
Yo, en quien las mismas finezas
celan tanto como quieren,
te suplico cortesano,
que tan ardua empresa deje.
Pero él, que quizá medía125
del valor las altiveces
por el cuerpo, con la espada
determinó responderme.
Desnudo está y defendido
de ella y este broquel breve,130
que a las letras no se oponen
armas, y menos broqueles.
Hasta aquí llegué riñendo,
donde tú, molesto quieres
saber de mí lo que ha sido.135
Quise yo que lo supieses.
Obedézcote, y pregunto
si hay más en que obedecerte.
PedroEllo es que no lo dijera
César más concisamente.140
San JuanDon Félix, luego que yo
llegué a este emporio luciente
de las letras, me debísteis
un amor tan sin dobleces,
que estimándoos como a todos,145
como a ninguno os prefiere.
No quisiera que la nave
de vuestro ingenio excelente,
entre escollos de sirenas,
prisionero Ulises fuese.150
FélixLo que debo hacer...
Pedro Lo sabe,
pero no hace lo que debe.
FélixBufones y entrometidos
(Ásele de un brazo.)
si no lo sabe, me muelen.
Y, si no querrá que yo155
contra esa pared lo estrelle.
Pedro (Aparte.)Aquí dicen «guarda, Pablo»
y debe ser «guarda, Félix».
San JuanSaber, amigo, el camino
y en la jornada perderse,160
más que culpas de ignorante,
son errores de rebelde.
Si acaso de vuestro padre,
de quien obligado huésped
soy, el amor no os obliga,165
los respetos os enfrenen.
No queráis que, a estos disgustos,
su robustez consistente
pase de maduro agosto
a ser helado diciembre.170
FélixLa muerte, don Juan amigo,
es deuda que todos deben
y evitarla cada cual
debe en el modo que puede.
Si esto a mi padre acabare,175
muera, que mi ardor no quiere
que de achaques de cobarde
me sobrevenga la muerte.
PedroVea que su vivir torcido
FélixEl charlatán, pues pretende180
enderezar en sus lomos,
rectos haga esos reveses.
(Dale y vase.)
Pedro¡Ay, ay, ay! ¡Tente, demonio!
¿Esto mi Padre...




