de Castro y Bellvís | El conde Alarcos | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 101, 168 Seiten

Reihe: Teatro

de Castro y Bellvís El conde Alarcos


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-206-1
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 101, 168 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-206-1
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La trama de El conde Alarcos tiene su origen en un romance anónimo. Existen numerosas versiones de la obra y entre ellas destacan las de Guillén de Castro, Lope de Vega, Mira de Amescua y José Jacinto Milanés. Lope tituló su obra La fuerza lastimosa, y situó la acción en Irlanda dando a su conde otro apellido. Mira de Amescua sitúa el argumento en la corte francesa. Y Milanés escoge el siglo XII para su versión de la obra.

Guillén de Castro y Bellvís (Valencia, 1569-Madrid, 1631). España. Fue capitán de caballería, gobernador de Scigliano en Nápoles y en Madrid secretario del marqués de Peñafiel. Muy cercano a Lope de Vega, formó parte de la Academia de los nocturnos, la única academia que publicó en actas los poemas discutidos durante sus reuniones semanales y que radicó en Valencia entre 1591 y 1593. Murió en la pobreza y un tanto olvidado.
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Jornada segunda


Margarita Es mi hija y, como es justo,

a mi gusto corresponde.

PríncipeCualquiera parte del conde

será el todo de tu gusto.

Margarita Dale tú como a sobrina

las manos.

Príncipe¡Gracioso brío!

ElenaDémelas, mi señor tío.

MargaritaEs montañesa.

Príncipe Es divina.

Y ¿dónde estuvo hasta agora?

MargaritaEn un lugar de su estado

la tuvo aquel desdichado

por mi causa.

Príncipe No, señora,

que no merece ese nombre

quien a ti te ha merecido.

MargaritaDe mi desdicha ha nacido

las sinrazones de un hombre

como el rey.

Príncipe Muy grandes son,

y yo con razón me aflijo.

MargaritaTras haberme muerto un hijo,

tener al conde en prisión

y a mí también, sin reparo,

condenada a eterno sueño,

si tú, como eres mi dueño,

no hubieras sido mi amparo.

Príncipe Yo soy tuyo, el rey extraño,

pues de tu esposo ofendido

escuchar no me ha querido,

y ha pasado más de un año

que está preso, y esto mismo

con la infanta, que es su hija,

ha hecho.

MargaritaEl cielo corrija

las maldades de ese abismo.

Príncipe Desde aquel día sangriento,

diciendo que así conviene,

no la ha hablado, y la tiene

retraída en su aposento.

Y tan fiero se ha mostrado

de esta contraria fortuna,

que con persona ninguna

de este negocio ha tratado.

Mas ya sale.

Margarita Es un tirano.

Pero, aunque sé lo que es,

quiero arrojarme a sus pies

como tú me des la mano.

Príncipe Cuanto puedo te prometo.

Tuyo soy.

Margarita Mi amparo eres.

ReyLevantaos, que a las mujeres

se les debe este respeto,

condesa

PríncipeTu majestad

me de las manos.

Rey Tu alteza

me agravia.

Margarita Si en tu nobleza

tiene fuerza una verdad,

si el ver la razón que tengo,

entre el fuego en que me abraso,

si el ver la vida que paso

y la muerte que no vengo,

si el ver que entre tantos males

escucho perpetuamente

la voz de aquel inocente

en los coros celestiales,

si el ver que así me destruya

una sangrienta homicida

de aquella sangre vertida,

que fue hidalga por ser tuya,

si el ver que cobras renombre

de injusto y cruel, si el ver

lágrimas de una mujer,

que esto sobra para un hombre,

te obligan, a mi marido

me da. No digan, señor,

que perdona al ofensor

quien castiga al ofendido.

Ayudaráme a llorar

la prenda que me ha faltado,

y ésta que el cielo me ha dado,

podré a su sombra criar.

Rey¿Luego es de los dos también?

MargaritaSí, señor.

Rey Extraña cosa.

MargaritaSiete años ha que de esposa

le di la mano.

Rey Está bien.

Margarita En ellos, para que pene,

me otorgó la suerte mía

ésta, que el conde tenía,

y el otro, que el cielo tiene.

Pedidle al rey, mi señor,

lo que pide vuestra madre.

ElenaSeñor, perdone a mi padre.

Príncipe¡Oh angelico! Si el rigor,

que ha tenido tus oídos

tan sordos para mi ruego

es menos, y si su ruego

dejó libres tus sentidos,

porque con mi prima vengo,

tengo esperanza, señor.

ReyMira como no es rigor,

sino razón la que tengo.

Tuvo el conde tantos bríos,

que en mi casa, y a mis ojos,

con fuego de sus enojos,

mató tres criados míos.

No respetó mi corona,

mas antes la tuvo en poco,

y aun puso, furioso y loco,

en peligro mi persona.

Mira, pues, si es bien que mande

castigar su loco intento.

PríncipeGrande fue su atrevimiento,

pero su culpa no es grande.

ReyÉsa, pues al cielo plugo,

ver al momento conviene,

y si mi hija la tiene,

yo mismo seré el verdugo.

PajeEl conde ha llegado agora,

y la infanta viene ya.

ReyEspera afuera.

Margarita Será

mi razón mi defensora.

ReyTu alteza quedar podría,

si gustas.

Príncipe El alma estima

tal merced, pero a mi prima

es justo hacer compañía.

Infanta Dame las manos.

Rey ¿Yo? ¿Yo?

La muerte, dirás mejor.

Infanta¡Padre!

Rey ¿Yo padre?

Infanta Señor,

¿no eres tú mi padre?

Rey No.

Infanta ¿De qué estás tan ofendido?

ReyLevántate.

Infanta Así he de estar.

¡Mal se podrá levantar

quien de tan alto ha caído!

Manda que me acaben antes.

ReyAcaba.

InfantaSí, pues comienza

mi desdicha.

Rey De vergüenza

los ojos jamás levantes.

Infanta Seguiré tu gusto, pues,

mas, según estás trocado,

lo que me habrán levantado

algún testimonio es.

ReyPara tan justas querellas

no es menester. ¿No ha bastado

lo que yo vi, y ha dejado

enlutadas las estrellas?

Infanta Escúchame...

Rey Di, cruel.

Infanta...y verás, pues eres sabio,

que, por decirte mi agravio,

tomé la venganza de él.

ReyCon la inocencia, el rigor

ninguna ley le concede.

Pero prosigue.

Infanta Eso puede

la malicia de un dolor.

Rey¿No dices?

Infanta El cielo ordena.

Rey¿Qué te turba el corazón?

InfantaNo es poca mi turbación

si es tanta como mi pena.

Porque estés menos airado

de oír mi afrentosa historia,

te volveré a la memoria,

padre, que me has engendrado.

Acuérdate de que fuiste

una cifra del querer,

y después de darme el ser

de nuevo otro ser me diste.

Desde el día que nací

a darte gusto empecé,

como madre te crié,

como hija te serví.

De que alcancé mil despojos

de tus manos soberanas,

de que, peinando tus canas,

solía alegrar tus ojos,

Rey¡Oh amor de padre! No llores,

y di, que algún daño esconde,

la causa.

Infanta Alarcos, el Conde,

solicitó mis amores.

En tu casa me servía,

y el villano...

Rey ¡Extraña cosa!

Infanta...palabra me dio de esposa,

que yo no se la pedía.

Y el vil y de baja casta,

siguiendo su loco intento,

una noche en mi aposento...

ReyNo digas...



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