E-Book, Spanisch, Band 106, 168 Seiten
Reihe: Teatro
de Castro y Bellvís Los mal casados de Valencia
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-317-9
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 106, 168 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9953-317-9
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Guillén deCastro y Bellvís (Valencia, 1569-Madrid, 1631). España. Fue capitán de caballería, gobernador de Scigliano en Nápoles y en Madrid secretario del marqués de Peñafiel. Muy cercano a Lope de Vega, formó parte de la Academia de los nocturnos, la única academia que publicó en actas los poemas discutidos durante sus reuniones semanales y que radicó en Valencia entre 1591 y 1593. Murió en la pobreza y un tanto olvidado.
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Jornada segunda
Sale Valerián, con una ropa de levantar, lavándose las manos, un paje dándole agua, y otro le da una toalla.
Valerián ¡Qué mala noche he tenido!
Traedme aguamanos luego.
Loco me tiene este fuego,
con lágrimas encendido.
No quisiera despertarme,
y no he podido dormir.
Es imposible vivir
desta suerte y no matarme.
Este papel tengo escrito,
desta noche imaginado,
donde pinto mi cuidado
y mis glorias solicito.
En versos doy a entender
las penas que estoy pasando;
que un enamorado ¿cuándo
poeta dejó de ser?
Porque es de melancolía,
y de amor, proprios efetos,
y es oficio de discretos
el amor y la poesía.
Bien que entiendo, apruebo y toco
que locos les llama el mundo,
pero ¿qué ingenio profundo
no tiene punta de loco?
¿Con quién podría enviallos?
Que los versos tienen esto:
que si no se logran presto,
da poco gusto el lograllos.
Sácanle aguamanos, y mientras se lava sale Elvira.
Elvira Mil veces mis veras dejo,
destas burlas obligada:
alma tiene enamorada
Galíndez, gracioso viejo;
siempre riendo me estoy
de que me dio este billete
para su dama, ¡alcahuete
de viejo tan loco soy!
¡Oh amor! Tus leyes tiranas,
tu fuego, cuando porfía,
ni con la nieve se enfría,
ni tiene respeto a canas.
Valerián ¿Qué es, Antonio? (¿Si podré
fiarme de éste, que tiene
buen ingenio?)
ElviraQue ya viene
mi señora avisaré.
Valerián ¿A mi mujer?
ElviraSeñor, sí.
ValeriánEspera un poco... estoy ciego...
Que viene Hipólita, luego
a doña Eugenia le di.
Éntranse los pajes que le servían.
Elvira (¿Qué me querrá?)
Valerián(Bien podría
éste... mas temo algún daño.)
Elvira(Si diese algún desengaño
éste a la sospecha mía... )
ValeriánPues, Antonio, ¿cómo os va
en esta tierra?
ElviraMuy bien.
Con tanta merced, ¿a quién
en extremo no le irá?
Valerián ¿Y es la vuestra?
ElviraZaragoza.
ValeriánDe ahí os viene el ser discreto.
Es paraíso, en efeto,
del que la habita y la goza.
Elvira Hombres hay de discreción,
aunque parte no me dan.
ValeriánHarto discretos serán
los que como vos lo son.
Elvira Merced me quieres hacer.
ValeriánDigo verdad.
Elvira(¡Cosa brava!
Quien me detiene y me alaba, Aparte.
de mí se quiere valer.)
Puédesme, señor, mandar.
ValeriánDios te guarde, hacello quiero.
Elvira(Si le doy deslizadero
será fácil resbalar.)
Ten de mí seguridad,
que lograré mi deseo
si te sirvo.
ValeriánEn eso veo
que pagas mi voluntad.
Elvira Mándame, el temor desecha,
que ya te leo en la cara...
Valerián¡Ay, Antonio!
Elvira(Yo jurara
que era cierta mi sospecha.)
No dudes que no habrá cosa
que yo no emprenda por ti.
ValeriánTu señora, Antonio, di,
¿no es gallarda?, ¿no es hermosa?
Elvira De sus honrados despojos
a honrarse la tierra viene,
y muchas disculpas tiene
quien pone en ella los ojos.
Valerián Con eso, Antonio...
ElviraSeñor.
ValeriánHaz, escucha, di, si quieres.
Elvira(¡Ay, amor, qué niño eres!,
¡qué furioso, qué hablador!)
No te turbes.
ValeriánEstoy loco,
vuelve, Antonio, por mi seso...
Pues mis culpas te confieso,
cuanto tengo será poco
para que atices mis penas.
¿Qué dices, Antonio?
ElviraDigo
que soy tu esclavo.
ValeriánY amigo
de mis esperanzas, buenas
si las logras.
Elvira¿Qué he de hacer
para eso?
ValeriánA tu señora
da este papel... Calla agora,
porque sale mi mujer.
Sale doña Eugenia.
Eugenia ¿Secreto y sin mí?
ValeriánEscuchad...
EugeniaA nuevo gusto os convida.
Valerián... señora, por vuestra vida,
que le decía...
EugeniaCallad,
que yo sabré dél agora
el fin de vuestra esperanza.
Valeriánésa es poca confianza
de quien vuestro gusto adora.
Elvira (Bueno es esto.)
ValeriánOídme a mí.
EugeniaDejadme.
Valerián¿Tantos enojos,
mi vida, por vuestros ojos?
Eugenia¿Queréis no enfadarme?
ValeriánSí.
Eugenia Pues id, que quiero saber
deste paje lo que ha sido.
ValeriánVoyme, pues.
Elvira(Este marido
es proprio para mujer.)
Valerián¡Antonio!...
Señálale que calle.
Elvira(¡Graciosas señas!)
ValeriánDi la verdad.
ElviraNiñería
es todo.
Valerián(La pena mía
pudiera ablandar las peñas.)
Elvira (¿Qué diré?)
Eugenia¡Qué atrevimiento!
ElviraSeñora, pierde el cuidado.
Eugenia¡Qué diferente has juzgado,
Antonio, mi pensamiento!
No fueron celos, ¡ay, cielos!,
del marido que entretengo,
que de quien amor no tengo
no es posible tener celos.
Y lo que aquí me ha sufrido
es la causa de este efeto:
que marido muy sujeto
no se ha visto muy querido.
Quieren las mujeres hombres
que no siempre se enternezcan,
y que lo que son parezcan
en las obras y en los nombres.
Y es muy cierto aborrecer
el que a sujetarse viene,
la que imagina que tiene
por marido una mujer.
Y así, yo de ti me fío,
de ti mi remedio espero:
por un marido me muero
que es opósito del mío.
Es...
ElviraYa entiendo: mi señor.
Eugenia¡Ay, Antonio! Por él lloro,
sus libertades adoro,
su desenfado y valor,
aquel seguir sin cansarse,
siendo perro en muchas bodas,
aquel quererlas a todas,
y a ninguna sujetarse,
el remitir a su espada
su cólera y su razón,
dando al uno el bofetón
y al otro la cuchillada;
tras esto, el ser tan honrado
como en mis cosas lo ha sido,
que nunca le vi rendido
cuando le obligué rogado.
Esto me abrasa, por ser
de mi gusto. Y no te asombres,
¡ay, Antonio!, que estos hombres
vuelven loca una mujer.
éstos son para queridos,
éstos son para adorados,
que dan fuego a los cuidados
y despiertan los sentidos.
Y así, es laurel soberano,
venturosa, alegre palma,
poner la cara y el alma
en la palma de su mano,
adorar su pensamiento,
dar crédito a sus razones,
y alentar mil ocasiones
para beber de su aliento.
Y no mi Narciso bello,
aninfado y no feroz,
que lo espanto con la voz
y con el pie lo atropello
cuando, en cualquiera ocasión,
teme el ver que me alborote,
como si fuesen su azote
los ñudos de mi cordón.
Sabe el cielo que no puedo
querello, cuando me aviso
de que adora lo que piso
más que por amor, de miedo.
Elvira (¡Qué graciosa libertad,
aunque de celos me abrasa!)
EugeniaTu mano, Antonio, no escasa,
ha de hacerme una amistad.
Elvira ¿Qué me...




