De Cervantes Saavedra | El gallardo español | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 107, 132 Seiten

Reihe: Teatro

De Cervantes Saavedra El gallardo español


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-230-6
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 107, 132 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-230-6
Verlag: Linkgua
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El gallardo español pertenece a las llamadas «comedias de cautivos», escritas en la última etapa de la vida de Miguel de Cervantes Saavedra. Es también en otra medida una comedia de enredos sentimentales. En ella aparecen personajes trasvestidos y espías. La historia se inspira en un episodio de la vida del propio Cervantes. Pues este aceptó la misión de viajar a Orán en 1581, en misión de espionaje. Ello resulta peculiar si se tiene en cuenta que apenas un año antes, Cervantes había recuperado su libertad, tras permanecer cinco años apresado en Argel. El gallardo español relata las proezas de un soldado español llamado don Fernando de Saavedra, que abandona a los suyos y combate junto a los moros bajo una identidad falsa. Pese a las peticiones de su amada, Fernando permanece en el ejército enemigo y llega hasta la puertas de la ciudad Orán para asediarla. Cervantes participó en varias expediciones militares, de regreso a España lo apresaron unos piratas berberiscos. Durante cinco años sufrió un duro cautiverio en Argel. Arriesgó su vida en varios intentos de evasión hasta que lo rescataron unos frailes trinitarios cuando era conducido a Constantinopla. Tenía por entonces treinta y tres años. Varias de sus comedias de cautivos muestran su imagen del mundo islámico y su vida en Argelia: - El gallardo español, - Los baños de Argel, - La gran sultana doña Catalina de Oviedo, - también trata este tema El amante liberal, que narra una historia sentimental entre cristianos cautivos en Nicosia.

Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616). España. Miguel de Cervantes Saavedra nació a mediados de 1547, en Alcalá de Henares, como cuarto de los siete hijos del cirujano Rodrigo de Cervantes y Leonor de Cortinas. Después, entre 1551 y 1556, su familia se trasladaría, sucesivamente, a Valladolid, Córdoba, Sevilla y Madrid, donde llevarían siempre una vida modesta y no exenta de dificultades. No se conocen referencias claras sobre la infancia y juventud de Cervantes, y tampoco sobre su formación. Es probable que estudiara en los colegios jesuitas de Córdoba y Sevilla, pero no en la universidad. Sí consta su contacto, a partir de 1566, con el catedrático de gramática y retórica Juan López de Hoyos, en Madrid, quien probablemente lo inició en el arte de la poesía y en la cultura renacentista y humanista de la época. Hacia 1569, tras algún lance callejero o de honor en el que debió herir a un tal Antonio de Sigura, Miguel de Cervantes marchó a Roma con la intención, sobre todo, de eludir a la justicia. Allí entró al servicio del cardenal Giulio Acquaviva y, poco después, trabajó como soldado en el tercio de Miguel de Moncada. Los motivos de este cambio de ocupación son, todavía hoy, un enigma. Los azares bélicos llevaron a Cervantes a la batalla de Lepanto (1571), a bordo de la galera Marquesa, perteneciente a la escuadra mandada por Juan de Austria. En esta batalla fue herido en la mano izquierda, la cual le quedó inútil. Después, tras unos meses de recuperación en Mesina, volvió a participar en las campañas de Bizerta y Túnez. En el prólogo de la segunda parte del Quijote, el mismo Cervantes refiere con orgullo su participación en la batalla de Lepanto, así como su herida y la compensación que obtuvo por su valor.
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Jornada segunda


Arlaxa¿Cómo te llamas, cristiano,

que tu nombre aún no he sabido?

Don FernandoEs mi nombre Juan Lozano;

nombre que es bien conocido

por el distrito africano.

ArlaxaNunca le he oído decir.

Don FernandoPues él suele competir

con el del bravo Fernando.

Arlaxa¡Mucho te vas alabando!

Don FernandoAlábome sin mentir.

ArlaxaPues, ¿qué hazañas has tú hecho?

Don FernandoHe hecho las mismas que él,

con el mismo esfuerzo y pecho,

y ya me he visto con él

en más de un marcial estrecho.

Arlaxa¿Es tu amigo?

Don Fernando Es otro yo.

Arlaxa¿Por ventura, di, salió

a combatir con mi moro?

Don FernandoSiempre de bravo el decoro

en todo trance guardó.

ArlaxaDese modo, Alí es cobarde.

Don FernandoEso no; que pudo ser

salir don Fernando tarde,

cuando no pudiese hacer

Alí de su esfuerzo alarde.

Y imagino que este moro

jarife, no con decoro

de amigo, a Muzel da culpa.

ArlaxaDe su esfuerzo y de su culpa

toda la verdad ignoro.

Don Fernando Haz cuenta que te trae preso

a Fernando tu Muzel;

¿qué piensas hacer por eso?

ArlaxaEstimaré mucho en él

de su esfuerzo el grande exceso.

Tendré en menos al cristiano,

cuyo nombre sobrehumano

me incita y mueve el deseo

de velle.

Oropesa Pues yo le veo

en sólo ver a Lozano.

Arlaxa¿Que tanto se le parece?

OropesaYo no sé qué diferencia

entre los dos se me ofrece;

ésta es su misma presencia,

y el brazo que le engrandece.

Arlaxa¿Qué hazañas ha hecho ese hombre

para alcanzar tan gran nombre

como tiene?

Oropesa Escucha una

de su esfuerzo y su fortuna,

que podrá ser que te asombre:

Dio fondo en una caleta

de Argel una galeota,

casi de Orán cinco millas,

poblada de turcos toda.

Dieron las guardas aviso

al general, y, con tropa

de hasta trecientos soldados,

se fue a requerir la costa.

Estaba el bajel tan junto

de tierra, que se le antoja

dar sobre él: ved qué batalla

tan nueva y tan peligrosa.

Dispararon los soldados

con priesa una vez y otra;

tanto, que dejan los turcos

casi la cubierta sola.

No hay ganchos para acercar

a tierra la galeota,

pero el bravo don Fernando

ligero a la mar se arroja.

Ase recio de gúmena,

que ya el turco apriesa corta,

porque no le dan lugar

de que el áncora recoja.

Tiró hacia sí con tal fuerza,

que, cual si fuera una góndola,

hizo que el bajel besase

el arena con la popa.

Salió a tierra y della un salto

dio al bajel, cosa espantosa,

que piensa el turco que el cielo

cristianos llueve, y se asombra.

Reconocido su miedo,

don Fernando, con voz ronca

de la cólera y trabajo,

grita: ``¡Vitoria, vitoria!’’

La voz da al viento, y la mano

a la espada vitoriosa,

con que matando y hiriendo

corrió de la popa a proa.

él solo rindió el bajel;

mira, Arlaxa, si ésta es obra

para que la fama diga

los bienes que dél pregona.

Probado han bien sus aceros

los lindos de Melïona,

los elches de Tremecén

y los leventes de Bona.

Cien moros ha muerto en tra[n]ces,

siete en estacada sola,

docientos sirven al remo,

ciento tiene en las mazmorras.

Es muy humilde en la paz,

y en la guerra no hay persona

que le iguale, ya cristiana,

o ya que sirva a Mahoma.

Arlaxa¡Oh, qué famoso español!

OropesaHércules, Héctor, Roldán

se hicieron en su crisol.

ArlaxaMejor no le ha visto Orán.

OropesaNi tal no le ha visto el Sol.

ArlaxaAqueste Nacor me enfada;

no me dejéis sola.

Oropesa Honrada

te le muestra y comedida.

Don FernandoDa a sus razones salida:

que espere, y no espere en nada.

Nacor Hermosa Arlaxa, yo estoy

resuelto en traerte preso

al cristiano: y así, voy

a Orán luego.

Arlaxa Buen suceso

y agüero espero y te doy,

porque irás en gracia mía,

y en verte tomó alegría

desusada el corazón.

NacorTienes, Arlaxa, razón;

que yo la tendré algún día

de rogarte que me quieras.

ArlaxaDéjate agora de burlas,

pues partes a tantas veras.

Don FernandoHará Nacor, si no burlas,

sus palabras verdaderas;

que amante favorecido

es un león atrevido,

y romperá, por su dama,

por la muerte y por la llama

del fuego más encendido.

Oropesa Concluyeras tú esta empresa

harto mejor que no él.

Don FernandoCalla y escucha, Oropesa.

NacorYa en este caso, Muzel

por vencido se confiesa,

pues no hace diligencia

por traer a tu presencia

el que yo te traeré presto.

ArlaxaPártete, Nacor, con esto,

que gusto y te doy licencia.

Nacor Dame las manos, señora,

por el favor con que animas

al alma que más te adora.

ArlaxaEn poco, Nacor, te estimas,

pues te humillas tanto agora.

Eres jarife; levanta,

que verte a mis pies me espanta.

¿Qué dirá desto Mahoma?

NacorEstos rendimientos toma

él por cosa buena y santa.

Queda en paz.

Arlaxa Vayas con ella,

que con el fin deste trance

le tendrá el de tu querella.

Don Fernando¡Echado ha el moro buen lance!

OropesaElla es falsa cuanto es bella.

ArlaxaVenid, que habemos de ir

los tres a ver combatir

a mis amantes valientes.

OropesaSi nos vieren ir las gentes,

tarde nos verán venir.

Vozmediano¿Priesa por llegar a Orán,

y priesa por salir dél?

¡Muy bien nuestras cosas van!

MargaritaPréciase Amor de crüel,

y tras uno da otro afán.

VozmedianoYa os he dicho, Margarita,

que su daño solicita

quien camina tras un ciego.

MargaritaAyo y señor, yo no niego

que esa razón es bendita;

pero, ¿qué puedo hacer,

si he echado la capa al toro

y no la puedo coger?

VozmedianoMenos te la podrá un moro,

si bien lo miras, volver.

Margarita ¿Que sea moro don Fernando?

VozmedianoAsí lo van pregonando

los niños por la ciudad.

Margarita¡Que haya hecho tal maldad!

¡De cólera estoy rabiando!

No lo creo, Vozmediano.

VozmedianoHaces bien; pero yo veo

que ni moro ni cristiano

parece.

Margarita Verle...



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