E-Book, Spanisch, Band 107, 132 Seiten
Reihe: Teatro
De Cervantes Saavedra El gallardo español
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-230-6
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 107, 132 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-230-6
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Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616). España. Miguel de Cervantes Saavedra nació a mediados de 1547, en Alcalá de Henares, como cuarto de los siete hijos del cirujano Rodrigo de Cervantes y Leonor de Cortinas. Después, entre 1551 y 1556, su familia se trasladaría, sucesivamente, a Valladolid, Córdoba, Sevilla y Madrid, donde llevarían siempre una vida modesta y no exenta de dificultades. No se conocen referencias claras sobre la infancia y juventud de Cervantes, y tampoco sobre su formación. Es probable que estudiara en los colegios jesuitas de Córdoba y Sevilla, pero no en la universidad. Sí consta su contacto, a partir de 1566, con el catedrático de gramática y retórica Juan López de Hoyos, en Madrid, quien probablemente lo inició en el arte de la poesía y en la cultura renacentista y humanista de la época. Hacia 1569, tras algún lance callejero o de honor en el que debió herir a un tal Antonio de Sigura, Miguel de Cervantes marchó a Roma con la intención, sobre todo, de eludir a la justicia. Allí entró al servicio del cardenal Giulio Acquaviva y, poco después, trabajó como soldado en el tercio de Miguel de Moncada. Los motivos de este cambio de ocupación son, todavía hoy, un enigma. Los azares bélicos llevaron a Cervantes a la batalla de Lepanto (1571), a bordo de la galera Marquesa, perteneciente a la escuadra mandada por Juan de Austria. En esta batalla fue herido en la mano izquierda, la cual le quedó inútil. Después, tras unos meses de recuperación en Mesina, volvió a participar en las campañas de Bizerta y Túnez. En el prólogo de la segunda parte del Quijote, el mismo Cervantes refiere con orgullo su participación en la batalla de Lepanto, así como su herida y la compensación que obtuvo por su valor.
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Jornada segunda
Arlaxa¿Cómo te llamas, cristiano,
que tu nombre aún no he sabido?
Don FernandoEs mi nombre Juan Lozano;
nombre que es bien conocido
por el distrito africano.
ArlaxaNunca le he oído decir.
Don FernandoPues él suele competir
con el del bravo Fernando.
Arlaxa¡Mucho te vas alabando!
Don FernandoAlábome sin mentir.
ArlaxaPues, ¿qué hazañas has tú hecho?
Don FernandoHe hecho las mismas que él,
con el mismo esfuerzo y pecho,
y ya me he visto con él
en más de un marcial estrecho.
Arlaxa¿Es tu amigo?
Don Fernando Es otro yo.
Arlaxa¿Por ventura, di, salió
a combatir con mi moro?
Don FernandoSiempre de bravo el decoro
en todo trance guardó.
ArlaxaDese modo, Alí es cobarde.
Don FernandoEso no; que pudo ser
salir don Fernando tarde,
cuando no pudiese hacer
Alí de su esfuerzo alarde.
Y imagino que este moro
jarife, no con decoro
de amigo, a Muzel da culpa.
ArlaxaDe su esfuerzo y de su culpa
toda la verdad ignoro.
Don Fernando Haz cuenta que te trae preso
a Fernando tu Muzel;
¿qué piensas hacer por eso?
ArlaxaEstimaré mucho en él
de su esfuerzo el grande exceso.
Tendré en menos al cristiano,
cuyo nombre sobrehumano
me incita y mueve el deseo
de velle.
Oropesa Pues yo le veo
en sólo ver a Lozano.
Arlaxa¿Que tanto se le parece?
OropesaYo no sé qué diferencia
entre los dos se me ofrece;
ésta es su misma presencia,
y el brazo que le engrandece.
Arlaxa¿Qué hazañas ha hecho ese hombre
para alcanzar tan gran nombre
como tiene?
Oropesa Escucha una
de su esfuerzo y su fortuna,
que podrá ser que te asombre:
Dio fondo en una caleta
de Argel una galeota,
casi de Orán cinco millas,
poblada de turcos toda.
Dieron las guardas aviso
al general, y, con tropa
de hasta trecientos soldados,
se fue a requerir la costa.
Estaba el bajel tan junto
de tierra, que se le antoja
dar sobre él: ved qué batalla
tan nueva y tan peligrosa.
Dispararon los soldados
con priesa una vez y otra;
tanto, que dejan los turcos
casi la cubierta sola.
No hay ganchos para acercar
a tierra la galeota,
pero el bravo don Fernando
ligero a la mar se arroja.
Ase recio de gúmena,
que ya el turco apriesa corta,
porque no le dan lugar
de que el áncora recoja.
Tiró hacia sí con tal fuerza,
que, cual si fuera una góndola,
hizo que el bajel besase
el arena con la popa.
Salió a tierra y della un salto
dio al bajel, cosa espantosa,
que piensa el turco que el cielo
cristianos llueve, y se asombra.
Reconocido su miedo,
don Fernando, con voz ronca
de la cólera y trabajo,
grita: ``¡Vitoria, vitoria!’’
La voz da al viento, y la mano
a la espada vitoriosa,
con que matando y hiriendo
corrió de la popa a proa.
él solo rindió el bajel;
mira, Arlaxa, si ésta es obra
para que la fama diga
los bienes que dél pregona.
Probado han bien sus aceros
los lindos de Melïona,
los elches de Tremecén
y los leventes de Bona.
Cien moros ha muerto en tra[n]ces,
siete en estacada sola,
docientos sirven al remo,
ciento tiene en las mazmorras.
Es muy humilde en la paz,
y en la guerra no hay persona
que le iguale, ya cristiana,
o ya que sirva a Mahoma.
Arlaxa¡Oh, qué famoso español!
OropesaHércules, Héctor, Roldán
se hicieron en su crisol.
ArlaxaMejor no le ha visto Orán.
OropesaNi tal no le ha visto el Sol.
ArlaxaAqueste Nacor me enfada;
no me dejéis sola.
Oropesa Honrada
te le muestra y comedida.
Don FernandoDa a sus razones salida:
que espere, y no espere en nada.
Nacor Hermosa Arlaxa, yo estoy
resuelto en traerte preso
al cristiano: y así, voy
a Orán luego.
Arlaxa Buen suceso
y agüero espero y te doy,
porque irás en gracia mía,
y en verte tomó alegría
desusada el corazón.
NacorTienes, Arlaxa, razón;
que yo la tendré algún día
de rogarte que me quieras.
ArlaxaDéjate agora de burlas,
pues partes a tantas veras.
Don FernandoHará Nacor, si no burlas,
sus palabras verdaderas;
que amante favorecido
es un león atrevido,
y romperá, por su dama,
por la muerte y por la llama
del fuego más encendido.
Oropesa Concluyeras tú esta empresa
harto mejor que no él.
Don FernandoCalla y escucha, Oropesa.
NacorYa en este caso, Muzel
por vencido se confiesa,
pues no hace diligencia
por traer a tu presencia
el que yo te traeré presto.
ArlaxaPártete, Nacor, con esto,
que gusto y te doy licencia.
Nacor Dame las manos, señora,
por el favor con que animas
al alma que más te adora.
ArlaxaEn poco, Nacor, te estimas,
pues te humillas tanto agora.
Eres jarife; levanta,
que verte a mis pies me espanta.
¿Qué dirá desto Mahoma?
NacorEstos rendimientos toma
él por cosa buena y santa.
Queda en paz.
Arlaxa Vayas con ella,
que con el fin deste trance
le tendrá el de tu querella.
Don Fernando¡Echado ha el moro buen lance!
OropesaElla es falsa cuanto es bella.
ArlaxaVenid, que habemos de ir
los tres a ver combatir
a mis amantes valientes.
OropesaSi nos vieren ir las gentes,
tarde nos verán venir.
Vozmediano¿Priesa por llegar a Orán,
y priesa por salir dél?
¡Muy bien nuestras cosas van!
MargaritaPréciase Amor de crüel,
y tras uno da otro afán.
VozmedianoYa os he dicho, Margarita,
que su daño solicita
quien camina tras un ciego.
MargaritaAyo y señor, yo no niego
que esa razón es bendita;
pero, ¿qué puedo hacer,
si he echado la capa al toro
y no la puedo coger?
VozmedianoMenos te la podrá un moro,
si bien lo miras, volver.
Margarita ¿Que sea moro don Fernando?
VozmedianoAsí lo van pregonando
los niños por la ciudad.
Margarita¡Que haya hecho tal maldad!
¡De cólera estoy rabiando!
No lo creo, Vozmediano.
VozmedianoHaces bien; pero yo veo
que ni moro ni cristiano
parece.
Margarita Verle...




