De Cervantes Saavedra | El trato de Argel | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 125, 108 Seiten

Reihe: Teatro

De Cervantes Saavedra El trato de Argel


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9816-968-3
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 125, 108 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9816-968-3
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Los escritos iniciales de Miguel de Cervantes Saavedra datan de los tiempos de su reclusión en Argel. A su regreso a España, entre 1582 y 1587, escribió sus primeras obras teatrales. Solo se conservan dos obras de esa etapa: El cerco de Numancia y El trato de Argel. El trato de Argel pertenece al periodo clasicista de su teatro y contiene escenas autobiográficas de su vida en Argel. En el presente volumen seguimos la división en cuatro jornadas de la edición de Florencio Sevilla Arroyo. Cabe agregar que El trato de Argel es un relato psicológico en que Aurelio y Silvia luchan por la pureza de sus almas y sus cuerpos. Lo hacen en medio de las crueldades a que son sometidos en Argelia. Esta obra es una profunda reflexión sobre - la libertad, - la venganza - y el suicidio.Aurelio y Silvia ven de cerca las de existencias de ladrones, cristianos conversos al Islam y contrabandistas sin ética alguna. Al final de la historia, Aurelio y Silvia sufren el olvido y la indiferencia de sus compatriotas. Con este final Cervantes reclama al rey Felipe II que tome medidas para erradicar una práctica usual en su época que el propio autor vivió en carne propia. Tras concebir estas obras, en la tradición clásica y el teatro humanista, durante cierto tiempo Cervantes dejó de escribir para la escena. En los últimos años de su vida publicó Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados (1615). Varias de esas comedias muestran también su imagen del mundo islámico y su mísera vida en Argelia y la prisión que allí sufrió durante cinco años. Durante ese tiempo intentó escapar varias veces y tras cada intento fracasado sufrió duros castigos. Las obras que destilan ese dolor son: - El trato de Argel, - El gallardo español, - Los baños de Argel, - y La gran sultana doña Catalina de Oviedo.Cabe añadir que el Trato de Argel fue imitada por Lope de Vega en Los cautivos de Argel.

Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547-Madrid, 1616). España. Miguel de Cervantes Saavedra nació a mediados de 1547, en Alcalá de Henares, como cuarto de los siete hijos del cirujano Rodrigo de Cervantes y Leonor de Cortinas. Después, entre 1551 y 1556, su familia se trasladaría, sucesivamente, a Valladolid, Córdoba, Sevilla y Madrid, donde llevarían siempre una vida modesta y no exenta de dificultades. No se conocen referencias claras sobre la infancia y juventud de Cervantes, y tampoco sobre su formación. Es probable que estudiara en los colegios jesuitas de Córdoba y Sevilla, pero no en la universidad. Sí consta su contacto, a partir de 1566, con el catedrático de gramática y retórica Juan López de Hoyos, en Madrid, quien probablemente lo inició en el arte de la poesía y en la cultura renacentista y humanista de la época. Hacia 1569, tras algún lance callejero o de honor en el que debió herir a un tal Antonio de Sigura, Miguel de Cervantes marchó a Roma con la intención, sobre todo, de eludir a la justicia. Allí entró al servicio del cardenal Giulio Acquaviva y, poco después, trabajó como soldado en el tercio de Miguel de Moncada. Los motivos de este cambio de ocupación son, todavía hoy, un enigma. Los azares bélicos llevaron a Cervantes a la batalla de Lepanto (1571), a bordo de la galera Marquesa, perteneciente a la escuadra mandada por Juan de Austria. En esta batalla fue herido en la mano izquierda, la cual le quedó inútil. Después, tras unos meses de recuperación en Mesina, volvió a participar en las campañas de Bizerta y Túnez. En el prólogo de la segunda parte del Quijote, el mismo Cervantes refiere con orgullo su participación en la batalla de Lepanto, así como su herida y la compensación que obtuvo por su valor.
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Jornada segunda


(Salen Yzuf y Aurelio.)

YsufTrescientos escudos di,

Aurelio, por la doncella.

Esto di al turco, que a ella

alma y vida le rendí;

y es poco, según es bella.

Vendiómela de aburrido,

que dice que no ha podido,

mientras la tuvo en poder,

en ningún modo atraer

al amoroso partido.

Púsela en casa de un moro,

sin osarla traer acá,

y allí está donde ella está

todo mi bien y tesoro,

y la gloria que amor da.

Allí se ve la bondad

junto con la crueldad

mayor que se vio en la tierra;

y juntas, sin hacer guerra,

belleza y honestidad.

No pueden prometimientos

ablandar su duro pecho.

Veme en lágrimas deshecho,

y ofrece siempre a los vientos

cuantos servicios la he hecho.

No echa de ver su ventura,

ni cómo el dolor me apura

poco a poco sospirando;

antes, cuando yo más blando,

entonces ella más dura.

A casa quiero traella

y reclinar en tu mano

mi gozo más soberano:

quizá tú podrás movella,

siendo, como ella, cristiano;

y desde aquí te prometo

que, si conduces a efecto

mi amorosa voluntad,

de darte la libertad

y serte amigo perfecto.

AurelioEn todo lo que quisieres,

he, señor, de complacerte,

por ser tu esclavo y por verte

que melindres de mujeres

te tengan de aquesa suerte.

¿De qué nación es la dama

que te enciende en esa llama

sin mirar a su interés?

YsufEspañola dicen que es.

Aurelio¿Y el nombre?

Ysuf Silvia se llama.

Aurelio¿Silvia? Una Silvia venía

adonde yo cautivé,

y, según que la miré,

no en tanto allá se tenía.

YsufÉsa es: yo la compré.

AurelioSi ella es, yo sé decir

que es hermosa sin mentir,

y que no es tan cruda altiva,

que su condición esquiva

a ninguno hace morir.

Traéla a casa, señor, luego,

y ten las riendas al miedo;

y tú verás, si yo puedo,

cómo a mis manos y ruego

amaina el casto denuedo.

Ysuf Yo voy; y, mientras se ordena

su venida, por estrena

del contento que me has dado,

yo diré a mi renegado

que te quite esa cadena.

(Vase Yzuf y queda Aurelio solo.)

Aurelio¿Qué es esto, cielos? ¿Qué he oído?

¿Es mi Silvia? Silvia es, cierto.

¿Es posible, oh hado incierto,

que he de ver quien me ha tenido

vivo en muerte, en vida muerto?

ésta es mi Silvia, a quien llamo,

a quien quiero y a quien amo

más que a todo lo del suelo.

¡Gracias hago y doy al cielo,

que a los dos ha dado un amo!

Tregua tendrán mis enojos

entre tanta desventura,

pues, por estraña ventura,

vendrán a mirar mis ojos

tu sin igual hermosura.

Y si della está rendido

mi amo, está conocido

que quien la supo mirar

es imposible escapar

de preso o de malherido.

Y, pues que con tales bríos

él descubre sus amores,

si nos vemos, sus dolores

se callarán y los míos

te diré, que son mayores.

Y, mientras pudiere ver

tu hermosura y gentil ser,

templaré mi desconsuelo,

hasta que disponga el cielo

de entrambos lo que ha de ser.

(Vase Aurelio, y Salen mercaderes moros (primero y segundo), y Mamí, soldado cosario. Y luego un pregonero, padre y madre con Francisco y Juan sus dos hijos cautivos.)

Mercader 1 En fin, Aydar, ¿que en Cerdeña

habéis hecho la galima?

MamíSí; y aun no de poca estima,

según se vio en la reseña.

Mercader 2 Dícennos que os dieron caza

de Nápoles las galeras.

MamíSí dieron, mas no de veras,

que el peso las embaraza.

El ladrón que va a hurtar,

para no dar en el lazo,

ha de ir muy sin embarazo

para huir, para alcanzar.

Las galeras de cristianos,

sabed, si no lo sabéis,

que tienen falta de pies

y que no les sobran manos;

y esto lo causa que van

tan llenas de mercancías,

que, si bogasen dos días,

un pontón no tomarán.

Nosotros, a la ligera,

listos, vivos como el fuego,

y, en dándonos caza, luego

pico al viento y ropa fuera,

las obras muertas abajo,

árbol y entena en cru jía,

y así hacemos nuestra vía

contra el viento sin trabajo;

y el soldado más lucido,

el más flaco y más membrudo,

luego se muestra desnudo

y del bogavante asido.

Pero allá tiene la honra

el cristiano en tal extremo,

que asir en un trance el remo

le parece que es deshonra;

y, mientras ellos allá

en sus trece están honrados,

nosotros, dellos cargados,

venimos sin honra acá.

Mercader 1 Esa honra y ese engaño

nunca salga de su pecho,

pues nuestro mayor provecho

nace de su propio daño.

Un mozo de poca edad

destos sardos comprar quiero.

MamíYa los trae el pregonero

vendiendo por la ciudad.

Mercader 2 ¿Hay españoles entre ellos?

MamíSí hay; que también tomamos

una nave, y allí hallamos

hasta viente y cuatro dellos.

(Entra el pregonero, con el padre y la madre y los dos muchachos y un niño de teta a los pechos.)

Pregonero ¿Hay quien compre los perritos,

y el viejo, que es el perrazo,

y la vieja y su embarazo?

Pues, ¡a fe que son bonitos!

Déste me dan ciento y dos;

déste doscientos me dan;

pero no los llevarán.

¡Pasá acá, perrazo, vos!

Francisco ¿Qué es esto, madre? ¿Por dicha

véndennos aquestos moros?

MadreSí, hijo; que sus tesoros

los crece nuestra desdicha.

Pregonero ¿Hay quien a comprar acierte

el niño y la madre junto?

Madre¡Oh amargo y terrible punto,

más terrible que la muerte!

Padre¡Sosegad, señora, el pecho;

que si mi Dios ha ordenado

ponernos en este estado,

él sabe por qué lo ha hecho!

Madre Destos hijos tengo pena,

que no sé por dónde han de ir.

PadreDejad, señora, cumplir

lo que el alto cielo ordena.

Mercader 2 ¿Qué han de dar déste, decí?

PregoneroCiento y dos escudos dan.

Mercader 2¿Por ciento y diez darlo han?

PregoneroNo, si no pasáis de ahí.

Mercader 2 ¿Está sano?

Pregonero Sano está.

(Ábrele la boca.)

Mercader 2Abre; no tengas temor.

Francisco¡No me la saque, señor;

que ella misma se cairá!

Mercader 2 ¿Piensa que sacalle quiero

el rapaz alguna muela?

Francisco¡Paso, señor, no me duela;

tenga, quedo, que me muero!

Mercader 2 Destotro, ¿cuánto dan dél?

PregoneroDoscientos escudos dan.

Mercader 2¿Y por cuánto le darán?

PregoneroTrescientos piden por él.

Mercader 1 Si te compro, ¿serás...



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