E-Book, Spanisch, Band 136, 110 Seiten
Reihe: Teatro
de Espronceda Blanca de Borbón
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9816-931-7
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 136, 110 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9816-931-7
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José de Espronceda (Almendralejo, Badajoz, 1808-Madrid, 1842). España. Hijo de militar, estudió en el colegio San Mateo de Madrid. Muy joven fundó la sociedad secreta Los numantinos, y por ello fue recluido en el convento de San Francisco de Guadalajara. En 1826 huyó a Lisboa y allí se enamoró de Teresa Mancha, hija de un liberal, a la que siguió a Londres y luego raptó en París, poco después de que ella se casase con un comerciante español. Intervino en la revolución francesa de 1830 y en la expedición fracasada de Joaquín de Pablo contra el régimen absolutista de Fernando VII. De regreso a España (1832) fundó el periódico El Siglo y fue diputado republicano. Durante su destierro conoció a los autores románticos ingleses, franceses y alemanes, en quienes encontró un estilo más cercano a sus ideas.
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Acto II
Un salón del Alcázar de Sevilla, adornado de una columnata morisca que termina en un jardín en el fondo del teatro. (Adorno de la época.)
Escena I
(La Padilla, García.)
GarcíaSí, no lo dudes; pronunció tu nombre
Con orgullo y desdén. «En vano intenta
Mi enemiga humillarme —dijo altiva—;
Ella es súbdita, al fin, yo soy su reina.»
La Padilla¡Mi reina! ¡Sí, mí reina! Su arrogancia
Es la del necio que apagar quisiera
El resplandor del Sol de un leve soplo.
¿Y aún osa en su prisión llamarse reina?
García¿Y acaso no lo es? ¿Qué? ¿Te imaginas,
Tal vez que lo eres tú? ¡Mísera, tiembla!
Tiembla que el rey se reconozca un día,
Y a ti te olvide por amarla a ella!
Blanca es su esposa al fin.
La Padilla ¡Ah, sí! ¡Su esposa!
¡Y yo...! ¡Yo, sólo soy...!
García Tú, su manceba.
La Padilla¡Calla, lengua infernal!
García ¿Tanto te irrita
Escuchar la verdad? ¿Acaso piensas
Que, allá en tu pecho, tus amigos mismos
De otro modo que yo te consideran?
¿Que te dan otro nombre? No, te engañas;
Si ellos te adulan hoy, si se prosternan
Ante tus pies, cual cortesanos viles,
No menos te abominan y desprecian.
Amarga es la verdad; mas yo, tu hermano,
Yo, que te puedo en la difícil senda
De la corte guiar, yo no te amara
Si revistiese de oropel mi lengua.
Si cuando al lado del monarca mismo
Brillabas sola en la pomposa fiesta,
Dama del rey te titulaba el pueblo;
Y para más ajar nuestra soberbia,
Por nombre vil te llaman la Padilla,
Mientras a Blanca la titulan reina.
La PadillaY bien, ¿qué importa? A su despecho mismo
El polvo de mis pies humildes besan.
García¡Guarda, no sea bajo el suyo un día
Te sepulten tal vez!
La Padilla Míseros tiemblan
A mi vista no más; ¿y osar podrían...?
GarcíaTodo osarán, si a despertarse llegan
Del letargo en que están, y Blanca entonces,
Libre, aclamada por Castilla entera...
La Padilla¡Oh, Blanca! ¡Blanca! ¡Aborrecido nombre!
Siempre en mi oído con espanto suena.
GarcíaCon más espanto sonará algún día,
Cuando humillada ante sus pies te veas
Y al pronunciar su labio tu castigo,
Llorosa implores su fatal clemencia.
La Padilla¿Yo implorar su clemencia? ¿Yo postrada
Al pie de mi rival? ¿Yo, su insolencia,
Su escarnio he de sufrir? ¡Mil veces antes
Padezca yo las incesantes penas
Del mismo infierno, al filo del cuchillo
Entregando yo misma mi cabeza!
GarcíaEnrique oculto aquí...
La Padilla ¿Qué escucho? ¿Enrique?
GarcíaSin duda, él mismo. ¿Pero qué? ¿Te aterras
Sólo de que esté aquí? ¿Qué? ¿Te sorprende?
La Padilla¿Cómo? ¿Y adónde está?
García ¿Tanto te inquieta
Saber adónde está? ¿Tú no burlabas
Hace un momento de él? ¿Por qué ahora tiemblas?
¿Temes a un miserable?
La Padilla ¿Yo temerle?
Nunca temió el león en su caverna
Al cordero infeliz, que osó atrevido
Penetrar en su umbral.
García No; mas si fuera
Enrique ahora el cazador astuto,
Que vigilante sin cesar le acecha...
Si él intentara sorprenderte...
La Padilla Entonces
Su propia sangre pagará su ofensa.
GarcíaAntes que llegues a saber tu riesgo,
Abatirá su mano tu soberbia.
¡Insensata mujer! Piensa que Enrique
Adora a Blanca, que elevarla intenta
Al trono de tu amante, que te odia,
Que ya Castilla en su favor se apresta,
Que él ansía sólo libertar a Blanca
Para ofrecerte en holocausto a ella;
Y es necesario...
La Padilla(Con ansiedad.)
¿Qué?
García Sacrificarlos
A nuestro bien, nuestra quietud: que mueran.
La Padilla¿Pedro consentirá?
García ¿Pedro? Su muerte
Es lo que más su corazón desea.
Pedro aborrece a Enrique.
La Padilla ¿Y sus amigos?
GarcíaUno, no más, mi previsión recela:
Castro impaciente, belicoso joven
Ansioso ahora de vengar su afrenta
Y la oprobiosa muerte de su hermana
Que el monarca engañó. Castro no piensa
Sino en vengarse, o perecer. Su arrojo,
Su orgulloso valor, su independencia
Fueran temibles, si imprudente él mismo
No ya el camino de su muerte abriera
Con su loco furor.
La Padilla ¿Y tanta sangre...?
García¿Aún no estás acostumbrada a verla
Continuo derramar? Bastantes veces
Pedro, tu mismo amante, en tu presencia
La hizo correr; elige ahora:
Verter la tuya, o derramar la ajena;
Vivir humilde y despreciable a todos,
O ser de todos absoluta reina.
La PadillaDeterminada estoy.
El rey, García.
Escena II
(Dichos, el rey, Hernando y acompañamiento.)
El rey¿Por qué, María, en tu semblante muestras
Señas de turbación? Tú, que gozosa
Hoy fuiste gala de la alegre fiesta,
Hora con triste faz... Habla, responde.
La PadillaLa traición contra ti su dardo asesta.
El rey(Sonriéndose con desdén.)
¿La traición contra mí? Tu fantasía
Engaña tu razón; los que se atrevan
En mí a fijar sus ojos enemigos,
Fíjenlos sin temor; di: que perezcan.
HernandoNo os sorprendáis, señor, de sus temores;
Un dulce miedo la hermosura aumenta.
La PadillaOye, Pedro: no frívolos recelos
De un miedo mujeril mi pecho encierra.
Cercado está tu trono de peligros,
Y oculto acero la traición apresta.
El reyÉl volverá contra el cobarde pecho
Del que ose alzarlo, cuando brille apenas.
GarcíaPensad, señor, que con atento oído
El consejo que dicta la prudencia
Debe escuchar un rey.
El rey (Con altivez.) Un rey tan sólo
Debe escuchar su voluntad suprema.
GarcíaVuestro interés, el bien de vuestro reino,
A hablar sin miedo la verdad me fuerzan;
Me son más caros que mi vida misma.
Si os causa enojo lo que sólo prueba
Fidelidad y amor, si os hiere tanto
La audacia de un vasallo y su firmeza
Al hablar la verdad, alzad el brazo
Y al punto yo vuestro castigo sienta:
Mas antes pido que me oigáis.
El rey García,
Esas palabras arrogantes templa;
¡Piensa que hablas al rey...!
García Nunca mi labio
Disfrazar supo la verdad austera.
El rey(Arrojándose a él.)
¡Traidor! ¿Y osas a mí...?
La Padilla Señor, teneos.
Perdonadle, señor, ¡ah!, si me amas,
Si de una amante tímida las quejas
Pueden mover tu corazón altivo,
Ya que tu...




