de Espronceda | Blanca de Borbón | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 136, 110 Seiten

Reihe: Teatro

de Espronceda Blanca de Borbón


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9816-931-7
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 136, 110 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9816-931-7
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La reina Blanca de Borbón era hija de Isabel de Valois y Pedro de Borbón. Se casó con Pedro I de Castilla en Valladolid el 3 de junio de 1353 para propiciar una alianza entre Castilla y Francia.Más tarde fue repudiada y encerrada tras saber Pedro I que la familia de Blanca no pagaría la dote pactada. Blanca murió en la soledad de una celda mientras el rey de Castilla tenía varias amantes. Esta pieza romántica de José de Espronceda relata las vicisitudes de Blanca de Borbón en medio de las intrigas políticas y los caprichos de los monarcas de la época.

José de Espronceda (Almendralejo, Badajoz, 1808-Madrid, 1842). España. Hijo de militar, estudió en el colegio San Mateo de Madrid. Muy joven fundó la sociedad secreta Los numantinos, y por ello fue recluido en el convento de San Francisco de Guadalajara. En 1826 huyó a Lisboa y allí se enamoró de Teresa Mancha, hija de un liberal, a la que siguió a Londres y luego raptó en París, poco después de que ella se casase con un comerciante español. Intervino en la revolución francesa de 1830 y en la expedición fracasada de Joaquín de Pablo contra el régimen absolutista de Fernando VII. De regreso a España (1832) fundó el periódico El Siglo y fue diputado republicano. Durante su destierro conoció a los autores románticos ingleses, franceses y alemanes, en quienes encontró un estilo más cercano a sus ideas.
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Acto II


Un salón del Alcázar de Sevilla, adornado de una columnata morisca que termina en un jardín en el fondo del teatro. (Adorno de la época.)

Escena I


(La Padilla, García.)

GarcíaSí, no lo dudes; pronunció tu nombre

Con orgullo y desdén. «En vano intenta

Mi enemiga humillarme —dijo altiva—;

Ella es súbdita, al fin, yo soy su reina.»

La Padilla¡Mi reina! ¡Sí, mí reina! Su arrogancia

Es la del necio que apagar quisiera

El resplandor del Sol de un leve soplo.

¿Y aún osa en su prisión llamarse reina?

García¿Y acaso no lo es? ¿Qué? ¿Te imaginas,

Tal vez que lo eres tú? ¡Mísera, tiembla!

Tiembla que el rey se reconozca un día,

Y a ti te olvide por amarla a ella!

Blanca es su esposa al fin.

La Padilla ¡Ah, sí! ¡Su esposa!

¡Y yo...! ¡Yo, sólo soy...!

García Tú, su manceba.

La Padilla¡Calla, lengua infernal!

García ¿Tanto te irrita

Escuchar la verdad? ¿Acaso piensas

Que, allá en tu pecho, tus amigos mismos

De otro modo que yo te consideran?

¿Que te dan otro nombre? No, te engañas;

Si ellos te adulan hoy, si se prosternan

Ante tus pies, cual cortesanos viles,

No menos te abominan y desprecian.

Amarga es la verdad; mas yo, tu hermano,

Yo, que te puedo en la difícil senda

De la corte guiar, yo no te amara

Si revistiese de oropel mi lengua.

Si cuando al lado del monarca mismo

Brillabas sola en la pomposa fiesta,

Dama del rey te titulaba el pueblo;

Y para más ajar nuestra soberbia,

Por nombre vil te llaman la Padilla,

Mientras a Blanca la titulan reina.

La PadillaY bien, ¿qué importa? A su despecho mismo

El polvo de mis pies humildes besan.

García¡Guarda, no sea bajo el suyo un día

Te sepulten tal vez!

La Padilla Míseros tiemblan

A mi vista no más; ¿y osar podrían...?

GarcíaTodo osarán, si a despertarse llegan

Del letargo en que están, y Blanca entonces,

Libre, aclamada por Castilla entera...

La Padilla¡Oh, Blanca! ¡Blanca! ¡Aborrecido nombre!

Siempre en mi oído con espanto suena.

GarcíaCon más espanto sonará algún día,

Cuando humillada ante sus pies te veas

Y al pronunciar su labio tu castigo,

Llorosa implores su fatal clemencia.

La Padilla¿Yo implorar su clemencia? ¿Yo postrada

Al pie de mi rival? ¿Yo, su insolencia,

Su escarnio he de sufrir? ¡Mil veces antes

Padezca yo las incesantes penas

Del mismo infierno, al filo del cuchillo

Entregando yo misma mi cabeza!

GarcíaEnrique oculto aquí...

La Padilla ¿Qué escucho? ¿Enrique?

GarcíaSin duda, él mismo. ¿Pero qué? ¿Te aterras

Sólo de que esté aquí? ¿Qué? ¿Te sorprende?

La Padilla¿Cómo? ¿Y adónde está?

García ¿Tanto te inquieta

Saber adónde está? ¿Tú no burlabas

Hace un momento de él? ¿Por qué ahora tiemblas?

¿Temes a un miserable?

La Padilla ¿Yo temerle?

Nunca temió el león en su caverna

Al cordero infeliz, que osó atrevido

Penetrar en su umbral.

García No; mas si fuera

Enrique ahora el cazador astuto,

Que vigilante sin cesar le acecha...

Si él intentara sorprenderte...

La Padilla Entonces

Su propia sangre pagará su ofensa.

GarcíaAntes que llegues a saber tu riesgo,

Abatirá su mano tu soberbia.

¡Insensata mujer! Piensa que Enrique

Adora a Blanca, que elevarla intenta

Al trono de tu amante, que te odia,

Que ya Castilla en su favor se apresta,

Que él ansía sólo libertar a Blanca

Para ofrecerte en holocausto a ella;

Y es necesario...

La Padilla(Con ansiedad.)

¿Qué?

García Sacrificarlos

A nuestro bien, nuestra quietud: que mueran.

La Padilla¿Pedro consentirá?

García ¿Pedro? Su muerte

Es lo que más su corazón desea.

Pedro aborrece a Enrique.

La Padilla ¿Y sus amigos?

GarcíaUno, no más, mi previsión recela:

Castro impaciente, belicoso joven

Ansioso ahora de vengar su afrenta

Y la oprobiosa muerte de su hermana

Que el monarca engañó. Castro no piensa

Sino en vengarse, o perecer. Su arrojo,

Su orgulloso valor, su independencia

Fueran temibles, si imprudente él mismo

No ya el camino de su muerte abriera

Con su loco furor.

La Padilla ¿Y tanta sangre...?

García¿Aún no estás acostumbrada a verla

Continuo derramar? Bastantes veces

Pedro, tu mismo amante, en tu presencia

La hizo correr; elige ahora:

Verter la tuya, o derramar la ajena;

Vivir humilde y despreciable a todos,

O ser de todos absoluta reina.

La PadillaDeterminada estoy.

El rey, García.

Escena II


(Dichos, el rey, Hernando y acompañamiento.)

El rey¿Por qué, María, en tu semblante muestras

Señas de turbación? Tú, que gozosa

Hoy fuiste gala de la alegre fiesta,

Hora con triste faz... Habla, responde.

La PadillaLa traición contra ti su dardo asesta.

El rey(Sonriéndose con desdén.)

¿La traición contra mí? Tu fantasía

Engaña tu razón; los que se atrevan

En mí a fijar sus ojos enemigos,

Fíjenlos sin temor; di: que perezcan.

HernandoNo os sorprendáis, señor, de sus temores;

Un dulce miedo la hermosura aumenta.

La PadillaOye, Pedro: no frívolos recelos

De un miedo mujeril mi pecho encierra.

Cercado está tu trono de peligros,

Y oculto acero la traición apresta.

El reyÉl volverá contra el cobarde pecho

Del que ose alzarlo, cuando brille apenas.

GarcíaPensad, señor, que con atento oído

El consejo que dicta la prudencia

Debe escuchar un rey.

El rey (Con altivez.) Un rey tan sólo

Debe escuchar su voluntad suprema.

GarcíaVuestro interés, el bien de vuestro reino,

A hablar sin miedo la verdad me fuerzan;

Me son más caros que mi vida misma.

Si os causa enojo lo que sólo prueba

Fidelidad y amor, si os hiere tanto

La audacia de un vasallo y su firmeza

Al hablar la verdad, alzad el brazo

Y al punto yo vuestro castigo sienta:

Mas antes pido que me oigáis.

El rey García,

Esas palabras arrogantes templa;

¡Piensa que hablas al rey...!

García Nunca mi labio

Disfrazar supo la verdad austera.

El rey(Arrojándose a él.)

¡Traidor! ¿Y osas a mí...?

La Padilla Señor, teneos.

Perdonadle, señor, ¡ah!, si me amas,

Si de una amante tímida las quejas

Pueden mover tu corazón altivo,

Ya que tu...



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