E-Book, Spanisch, Band 17, 176 Seiten
Reihe: Religión
De Granada Historia de sor María de la Visitación
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-982-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 17, 176 Seiten
Reihe: Religión
ISBN: 978-84-9897-982-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Luis de Granada (1504-1588). España. Fray Luis de Granada ingresó en la orden dominica a los veinte años. Y pronto adoptó el nombre de su ciudad natal y allí estuvo durante varios años en el convento de Santa Cruz. También fue prior del convento de Scala-Coeli en la serranía de Córdoba. Hacia 1547 escribió su Guía de pecadores, en la que fray Luis recoge un tratado escrito por Savonarola, y una antología de fragmentos del Nuevo Testamento, que comprende el Sermón del Monte, tres capítulos del evangelio de Juan y una paráfrasis de las cartas de Pablo. Sus últimos años fueron duros, marcados por el escándalo del suceso de la monja de Portugal, en el que defendió a una monja iluminada, que después se descubrió que había mentido. Murió a los ochenta y cuatro años en Portugal.
Autoren/Hrsg.
Weitere Infos & Material
PRÓLOGO
En el cual se declara el argumento y materia de lo contenido en esta historia y de los fundamentos que hay para dar crédito a las cosas que en ella se escriben
Costumbre fue de muchos insignes autores escribir las vidas de algunas personas notables que florecieron en sus tiempos, como lo hizo San Hierónimo, y San Gregorio en sus Diálogos, y Teodoreto en la Historia religiosa, y Paladio en la suya, y otros que sería largo de contar; y, si éstos no usaran de esta diligencia, careciera hoy la Iglesia de la edificación y fruto que de estas historias se recibe. Movíme por este ejemplo (aunque mi autoridad sea tan desigual), a escribir las vidas de algunas personas de gran virtud que en mi tiempo conocí y traté familiarmente, pareciéndome que, no lo haciendo, cometía hurto contra la sangre de Cristo (de la cual proceden todos estos bienes) y contra la gloria de Nuestro Señor cuyas obras y maravillas dijo el ángel San Rafael a Tobías que debían ser publicadas.
Y no faltan en nuestros tiempos por la bondad y providencia de Nuestro Señor, en diversas partes de la cristiandad, algunas personas de notable santidad que han dado y pueden dar materia de escribir a los que tovieren celo de la gloria de Nuestro Señor y de sus siervos. Porque en la ciudad de Valencia han florecido agora dos grandes varones, uno de la orden de nuestro padre Santo Domingo por nombre fray Luis Bertrán y otro de la orden del glorioso padre San Francisco, por nombre fray Nicolás Factor, cuyas vidas ordenó Nuestro Señor que se escribiesen, y así se leen no sin mucho fructo y edificación de los fieles. Y el mismo Señor, que honró a Valencia con estos dos santos varones, honró también a Lisboa con dos señaladas mujeres, una dominica, por nombre soror María de la Visitación, y otra de la tercera regla del glorioso padre San Francisco, por nombre Ana de las Llagas; y, lo que más es, a ambas señaló Nuestro Señor con las insinias de su sagrada pasión. Porque la dicha madre soror María de la Visitación tiene impresas en pies y manos y costado las señales de cinco llagas del Salvador, y la otra religiosa tiene encima del pecho esculpido a Cristo puesto en una cruz y el nombre de Jesús al lado, perfetísimamente fabricado de la misma carne, con letras grandes y bien figuradas, y esto de tal manera que, puesta una pasta de cera blanda encima de este lugar, queda lo uno y lo otro figurado, como por autoridad del Santo Oficio se verificó. De manera que Nuestro Señor, que en un mismo tiempo quiso que se hallasen juntos en la ciudad de Roma dos tan grandes santos como fueron Santo Domingo y San Francisco, fundadores de dos órdenes tan principales, quiso también que se hallasen en las dos ciudades susodichas, dos hijos y dos hijas ligítimos de ellos, que representasen muy bien la santidad de sus padres.
He dicho esto para que se entienda, que, pues agora es el mismo Dios que era entonces, no se haga increible a los hombres hacer Él agora lo que entonces hizo, pues no hay agora menor necesidad de hacer milagros y maravillas, en tiempo que la fe está tan menoscabada con tantes herejías y las vidas de muchos hombres estragadas con tantos vicios como lo estaban en aquel tiempo. Y costumbre es de Nuestro Señor acudir a su Iglesia en tiempo de la mayor necesidad, pues ella ha de durar hasta la fin. De esta manera acudió a su Iglesia en tiempo de la ley (cuando las cosas estaban más caidas) con profetas santísimos y con Reyes religiosísimos como fueron David, Miqueas y Josías y otros semejantes. Y por esto no es cosa extraña criar Nuestro Señor personas tales que con su mérito y oraciones detengan su ira y con el ejemplo de sus vidas despierten los negligentes y con la virtud de sus milagros sustenten la fe.
Pues, por ser tan grande el fructo de semejantes leturas, confiado en la misericordia de Nuestro Señor, tomé a cargo escribir la historia de nuestra virgen, así por razón de ser de mi orden como por haber tenido yo particular noticia de sus cosas, y porque las que de ella hay que escribir son muy grandes y muy extraordinarias, mayormente para la condición de nuestros tiempos en los cuales no hay tanta santidad como en los pasados.
Para que no tropiecen aquí los que esto leyeren, diré de la manera que supe todo lo que aquí escribo. Porque primeramente el Padre Fray Pedro Romero que era su confesor (a quien ella como a su ligítimo juez daría cuenta de los favores que de Nuestro Señor recibía) me la daba también a mí y yo la asentaba por memoria para escribirla más de propósito en su lugar. Después de esto el Padre Provincial de esta provincia mandó a esta virgen por obidiencia escribiese por su mano todos los favores que de Nuestro Señor había recibido, lo cual ella mucho tiempo rehusó, recelando que esta escriptura se había de publicar; mas, todavía apretada por el perlado, hizo lo que le mandaban y así escribió un cuaderno de tres o cuatro pliegos de estas cosas, el cual después se me entregó y las cosas de él puse en los lugares de esta historia, a que pertenecían. Después de esto, porque era muy penoso a esta virgen escribir por su mano, por razón de la llaga y clavo que en ella tiene, diose esta orden por el perlado: que ella diese cuenta a su confesor de estas cosas, el cual las escribe fielmente de la manera que las oyó a ella y, para ratificarse en lo escripto, las vuelve a leer a esta virgen y ella borra cualquier palabra o cosa que desdiga de lo que pasó. Y es cosa notable ver el sentimiento y alegría que recibe, cuando con esta letura le remueven la memoria de estas cosas, de las cuales no tenemos otro testimonio sino habellas ella testificado y ratificado de la manera que decimos; y cuán firme sea este testimonio adelante se declarará. Y es cosa muy notable ver la simplicidad y llaneza y cuán sin encarecimiento, da cuenta esta virgen a su confesor de los favores que recibe de Nuestro Señor, porque, aunque a los principios recibía gran pena y vergüenza de esto, pero después, con la familiaridad y confianza que tenía del secreto de su confesor, comenzó a declararse más; pero esto como dije, tan sin engrandecer sus cosas y los favores que de Dios recibía, como si contara otra cualquiera cosa en que fuera poco. De suerte que, como el santo José contaba con grande simplicidad los sueños que había soñado, mas el padre tácitamente consideraba lo que aquello pesaba, así también cuenta ella con toda simplicidad sus cosas, mas los padres espirituales ponderan lo que aquello es. Lo cual me parece que procede, o de haberle dado Nuestro Señor esta simplicidad y humildad, o de la costumbre tan frecuentes que tiene de andar siempre transportada de Dios gozando tan a la continua de estos favores. Y así me parece que le acaeció como a un hombre pobre que, cuando llega a la casa de algún príncipe, si acaso le dan algunos relieves de los majares y del vino de la mesa del señor, no se harta de alabar el gusto y precio de lo uno y de lo otro mas los señores que están acostumbrados a estos regalos no hacen ya caso de ellos. Lo mismo en su manera podemos decir de esta virgen, por estar acostumbrada de muchos años a gozar de tan grandes favores, que a otros serían materia de grande y nueva admiración, mas a ella no lo son por la costumbre, y así da tan llanamente cuenta de sus cosas como si la diese de las ajenas.
I. [Responde a algunas cuestiones]
Agora me pareció satisfacer a algunas dubdas o preguntas que los letores podrán hacer acerca de lo que aquí leyeren. Y primeramente porque aquí se escribe que muchas veces el Esposo Celestial aparecía a esta virgen y rezaba alguna hora del Oficio divino familiarmente con ella, como se escribe de Santa Catalina de Sena, dubdaría alguno si realmente era la persona del mismo Cristo, porque por alguna parte parece que sería algún ángel que representase la persona del mismo Señor, como en los tiempos pasados apareció a los Padres antiguos. Porque, aunque el que dio la ley en el monte Sinaí, puesto caso que se llama Dios, no era sino ángel que representaba la majestad y persona de Dios y así era tratado y reverenciado como tal, de la manera que vemos hablar por alteza a los oidores cuando están en sus estrados porque representan la persona real; mas por otra parte, considerando que ya el Hijo de Dios humanado tiene verdadero cuerpo puédese decir que Él mismo sea el que aparece, porque no es cosa nueva haber aparecido Él, después que subió al cielo, a algunos santos, como apareció a San Pablo, según él lo testifica. Y este aparicimiento no fue con visión imaginaria, sino con la real y verdadera presencia del cuerpo de Cristo, ca por este aparecimiento pretende el apóstol probar la verdad de la resurrección del Salvador y por ella la de nuestros cuerpos. Esto dice Santo Tomás, y Cayetano en el mismo lugar.
Cuéntase también en esta historia, después de haber tratado de las virtudes y ejercicios espirituales de esta virgen, muchos y diversos aparecimientos de Nuestro Señor y de su bendita Madre y de algunos santos, las cuales señaladamente acaecieron en las fiestas principales que celebra la Iglesia. Porque como en los tales días esta virgen se dispone a celebrarlas con mayor devoción y recogimiento, así Nuestro Señor, que nunca niega su favor y gracia a quien se dispone para ella, le correspondía con alguna especial visitación con que le representaba alguna cosa notable del misterio de aquella fiesta, con que encendía el corazón de esta virgen en su amor. Mas en otros aparecimientos (demás de éstos) pretendía este Esposo, como maestro de las virtudes, inducirla a alguna de ellas, como a la virtud de la humildad, de la paciencia, del amor de la cruz y de los trabajos y a la desconfianza en sí y confianza en Dios, del conocimiento de su propria vileza, lo cual...




