De Granada | Vida del padre maestro Juan de Ávila | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 164, 118 Seiten

Reihe: Historia

De Granada Vida del padre maestro Juan de Ávila


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-984-8
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

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Esta Vida del padre maestro Juan de Ávila escrita por fray Luis de Granada estuvo muy influido por el místico Juan de Ávila, cuya vida aquí se recoge, y ello levantó las sospechas de la Inquisición. Fragmento de la obra Aquel solícito padre de familias que a todas las horas del día anda cogiendo obreros para cultivar su viña, jamás deja pasar edad alguna que no despierte algunos muy señalados obreros, que con su trabajo e industria ayuden a esta labor. Entre los cuales fue Él servido de llamar este nuevo obrero, cuya vida comenzamos a escribir para gloria del mismo padre de las familias y de este obrero que Él escogió, suplicando al mismo padre que, pues este siervo suyo; pues es justo que sea glorificado en la tierra el que tanto procuró todo el tiempo que vivió glorificar al que reina en el cielo. Y aunque va poco en saber el origen de los padres que los siervos de Dios tuvieron en la tierra, pues tienen a Dios por padre en el cielo, todavía se suele esto escribir para gloria de la tierra que este fruto produjo, y de los padres que lo engendraron. Fue, pues, este siervo de Dios natural de Almodóvar del Campo, que es en el arzobispado de Toledo. Sus padres eran de los más honrados y ricos de este lugar y, lo que más es, temerosos de Dios; porque tales habían de ser los que tal planta habían de producir; y no tuvieron más que solo este hijo. Siendo él mozo de edad de catorce años, le envió su padre a Salamanca a estudiar Leyes, y poco tiempo después de haberlas comenzado le hizo Nuestro Señor merced de llamarle con un muy particular llamamiento. Y, dejado el estudio de las Leyes, volvió a casa de sus padres; y como persona ya tocada de Dios, les pidió que le dejasen estar en un aposento apartado de la casa, y así se hizo, porque era extraño el amor que le tenían. En este aposento tenía una celda muy pequeña y muy pobre, donde comenzó a hacer penitencia y vida muy áspera. Su cama era sobre unos sarmientos, y la comida era de mucha penitencia, añadiendo a esto cilicio y disciplinas. Los padres sentían esto tiernamente; mas no le contradecían, considerando, como temerosos de Dios, las mercedes que en esto les hacía. Perseveró en este modo de vida casi tres años. Confesábase muy a menudo, y su devoción comenzó por el Santísimo Sacramento, y así estaba muchas horas delante de él; y de ver esto, y la reverencia con que comulgaba, fueron muy edificados así los clérigos como la gente del lugar. Pasando por allí un religioso de la Orden de San Francisco, y maravillado de tanta virtud en tal edad, aconsejó a él y a sus padres que lo enviasen a estudiar a Alcalá, porque con sus letras pudiese servir mejor a Nuestro Señor en su Iglesia y así se hizo.

Luis de Granada (1504-1588). España. Fray Luis de Granada ingresó en la orden dominica a los veinte años. Y pronto adoptó el nombre de su ciudad natal y allí estuvo durante varios años en el convento de Santa Cruz. También fue prior del convento de Scala-Coeli en la serranía de Córdoba. Hacia 1547 escribió su Guía de pecadores, en la que fray Luis recoge un tratado escrito por Savonarola, y una antología de fragmentos del Nuevo Testamento, que comprende el Sermón del Monte, tres capítulos del evangelio de Juan y una paráfrasis de las cartas de Pablo. Sus últimos años fueron duros, marcados por el escándalo del suceso de la monja de Portugal, en el que defendió a una monja iluminada, que después se descubrió que había mentido. Murió a los ochenta y cuatro años en Portugal.
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Capítulo III. De la especial lumbre y conocimiento que a este siervo de dios fue dado


Hasta aquí hemos tratado de la elocuencia de nuestro predicador; agora será razón tratar de lo que importa más, que es la ciencia y la especial lumbre de Nuestro Señor que para este oficio le fue dada. Y porque de esto no tenemos revelación, mostrarse ha por las conjeturas e indicios que este nos testifican.

Entre los cuales, el primero es el fruto admirable y extraordinario, sobre todo lo que se puede explicar, que hizo con sus sermones en muy gran parte del Andalucía, sacando muchas ánimas de pecado, y esforzando a otras a mudar la vida, de lo cual trataremos adelante. Porque, siendo propio de la palabra de Dios no volver a Él vacía, como el profeta dice, mas antes acabar prósperamente todo que pretende, argumento es que eran palabras de Dios dadas a este su siervo las que éste tan excelente efecto hacían.

Mas pasemos a otro mayor indicio de esta gracia, que es la facilidad y presteza que tenía, así en el estudio de los sermones como en las cartas que escribía. Porque él me decía que la noche que precedía el día del sermón le bastaba para estudiarlo. Y con ser tales los sermones, y frecuentados de tantos oyentes, que las más veces duraban dos horas, no le costaban más que el estudio de una noche; de modo que más tiempo se gastaba en predicarlos que en estudiarlos, costando a otros el trabajo de una semana y el revolver unos y otros libros. Mas, como se dice del grande Antonio, que tenía la memoria por libros, así él tenía por libros en su pecho la lumbre del Espíritu Santo, que le enseñaba todo lo que había de decir. Mas en un tiempo, determinando ser más breve en los sermones, me decía que estudiaba más para esto. En lo cual entenderemos que eran tantas las riquezas y tanta la afluencia de las cosas que su buen espíritu le ofrecía, que tenía necesidad de más estudio, no para hallar qué decir, sino para acortar lo que se le ofrecía que decir.

Mas de la eficacia de sus sermones ya dije que trataríamos adelante; agora diremos de sus cartas, en las cuales no es menos admirable que en los sermones.

1. De la excelencia de sus cartas


Y primeramente, como este siervo de Dios, según que al principio dijimos, determinó cumplir lo que el Apóstol nos pide, que seamos imitadores suyos como él lo era de Cristo, viendo él, como el santo Apóstol, no sólo con palabras en presencia sino con cartas en ausencia, pretendía atraer todos los hombres a Cristo, así este humilde discípulo e imitador suyo de ambas cosas se aprovechaba, para que presente y ausente siempre tratase este mismo negocio. Y así, entre cuantos predicadores hubo en su tiempo, él solo se señaló en esta diligencia, escribiendo tantas maneras de cartas para diversas necesidades como vemos agora impresas. Las cuales nunca él imaginó que saliesen a la luz corno agora han salido por industria y diligencia de sus fieles discípulos, que de diversas partes las recogieron. Y así, como hombre transformado en este deseo de salvar las ánimas, en todo tiempo y lugar trataba de él; en casa y fuera de casa, predicando en público y escribiendo en secreto.

Pues en estas cartas veremos la especial facultad y gracia que Nuestro Señor le había dado. Porque siendo tantas y tan diferentes las materias sobre que escribía cuantas eran las necesidades que se le ofrecían, a todas acudía tan de propósito como si en solas aquellas estuviera resoluto. De esta manera consuela los tristes, anima los flacos, despierta los tibios, esfuerza los pusilánimes, socorre a los tentados, llora a los caídos, humilla a los que de sí presumen. Y es cosa de notar ver cómo descubre las artes y celadas del enemigo, qué avisos da contra él, qué señales para conocer los hombres su aprovechamiento o desfallecimiento; cómo abate las fuerzas de la naturaleza; cómo levanta las de la gracia; con qué palabras declara la vanidad del mundo, y la malicia del pecado y los peligros de nuestra vida; cuán copioso y continuo es en exhortarnos a la confianza en la Providencia paternal de Dios, y en los méritos y sangre de Cristo.

Y como sea verdad lo que el Apóstol dice, que todas las Escrituras santas sirven para nuestra doctrina, para que, por la paciencia y consolación que nos dan, se esfuerce nuestra esperanza, es cosa para notar cuánta eficacia tienen sus palabras para movernos a la paciencia en los trabajos, para alegrar los tristes y para consolar los desconsolados. En las cuales cosas es tan extremado, que puede él en su manera decir aquellas palabras del profeta: El Señor me ha dado una lengua discreta para que sepa yo con mis palabras sustentar a los flacos para que no caigan.

Y no contento con esto, avisa también a las personas de diversos estados lo que deben hacer, imitando al Apóstol, que al fin de sus cartas hace lo mismo. Y conforme a esto, da sus documentos a los señores de vasallos para cumplir con la obligación de sus estados; así también da sus avisos a los sacerdotes para que dignamente celebren, y a los predicadores para que fructuosamente prediquen, y a las vírgenes desposadas con Cristo para que guarden con todo estudio el tesoro de su pureza virginal, y así a todos los demás. En lo cual parece que el pecho de este padre era una espiritual botica, donde el Espíritu Santo había depositado las medicinas necesarias para la cura de tantas enfermedades como padecen nuestras ánimas; que sin duda son más que las de los cuerpos.

Y aunque lo dicho sea cosa notable, mas a mi rudeza confieso que espanta más la facilidad y presteza con que estas cartas se escribían. Porque, con ser ellas tales y tan acomodadas, y, si decir se puede, armadas con razones tan fuertes para persuadir lo que pretende, era tan fácil en escribirlas, que sin borrar ni enmendar nada, porque no le daban sus ocupaciones lugar, como salían de la primera mano las enviaba. Los hombres de ingenio, cuando quieren escribir una cosa bien escrita, la dan mil vueltas, leyéndola y releyéndola, quitando y poniendo y pesando cada palabra; del cual trabajo no estaba libre Demóstenes, maestro de la elocuencia, porque por esto se decía que sus oraciones «olían a candil». Y con ser esto así, siendo las cartas de este padre tales cuales habemos dicho, no le costaban más trabajo que el de la primera mano. Por donde pudiera él, en su manera, decir aquello del Profeta David: Mi lengua es pluma de un escribano que escribe muy aprisa. Lo cual dice, porque así él, como los otros profetas, que escribían inspirados por el Espíritu Santo, no estaban deliberando ni pesando las palabras, sino como órganos suyos, abrían su boca y Él meneaba la lengua como le placía. Lo cual en su manera vemos en este siervo de Dios, pues así le corría la vena de lo que había de escribir con la facilidad que está dicho.

En las cuales cartas se debe también notar que, como muchas de ellas se escriban a grandes señores y otras a otros medianos, también hay otras escritas muy de propósito a personas bajas, a las cuales con la misma caridad escribía él muy largo y muy de propósito, según que la necesidad lo pedía, reconociendo con el Apóstol que era deudor a sabios e ignorantes. Y siendo condición natural de los hombres avisados y discretos holgar de hablar con otros tales, y no con personas bajas y de groseros entendimientos, este siervo de Dios, tan de propósito y tan largo escribía a estos como a los discretos y grandes señores; como persona que no miraba en los hombres más que a sólo Cristo, que los redimió con su sangre, de donde les viene la verdadera nobleza, en cuya comparación toda otra nobleza es nada.

Concluyendo, pues, esta materia, digo que cualquier hombre prudente que leyere estas cartas y notare lo que aquí habemos apuntado, que es la variedad de las materias, la alteza de las sentencias, la fuerza de las razones y lugares de la Escritura con que se tratan y, sobre todo, la facilidad y presteza con que se escribieron, luego entenderá que el dedo de Dios entrevenía aquí.

Y lo que entre estas cosas más nos maravilla es que no sólo tenía esta facultad y gracia en la materia de las cosas espirituales, de que él tenía experiencia, sino también en las que pertenecen al buen gobierno de una república cristiana, como claramente se ve en una larga carta que escribió al asistente de Sevilla, en la cual le da tantos avisos y documentos para el buen gobierno de ella, como si toda la vida hubiera gastado en negocios de república. Los cuales, si se guardasen, tendríamos una república más bien ordenada que la que trazó Platón. Ni se espante de esto nadie; porque del espíritu que este padre tenía se escribe que es unicus et multiplex, esto es, que, con ser sencillo, es múltiple, porque todas las cosas entiende y penetra por su pureza y sutileza. Y es de creer que esta facultad y conocimiento alcanzó él por medio de su oración, que él tenía luego por la mañana, como adelante trataremos. Y así vemos cumplido en él lo que el Eclesiástico dice, que el varón justo luego por la mañana entrega su corazón al Señor que le crió; y que abrirá su boca en la oración y pedirá perdón de sus pecados. Y añade luego el fruto de esta oración, diciendo: Porque si el gran Dios y Señor quisiere, henchirlo ha de espíritu de sabiduría, y él así lleno de este espíritu derramará como lluvia las palabras de su sabiduría. Y alabarán muchos esta sabiduría y eternalmente nunca será olvidada. Vemos, pues, los que hoy somos vivos el cumplimiento de estas palabras y favores de Dios; pues oímos, cuando él vivía, su doctrina, y agora cuan alegre y suave es la memoria de él en los corazones de los que con ella aprovecharon cuando lo oyeron, y agora aprovechan y aprovecharán siempre cuando...



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