JORNADA PRIMERA
Campo cercano a Zalamea.
Salen REBOLLEDO, la CHISPA y Soldados.
REBOLLEDO
¡Cuerpo de Cristo con quien
de esta suerte hace marchar
de un lugar a otro lugar,
sin dar un refresco!
TODOS
Amén.
REBOLLEDO
¿Somos gitanos aquí,
para andar de esta manera?
Una arrollada bandera
¿nos ha de llevar tras sí,
con una caja?
SOLDADO I.º
¿Ya empiezas?
REBOLLEDO
Que este rato que calló,
nos hizo merced de no
rompernos estas cabezas.
SOLDADO 2.º
No muestres de eso pesar;
si ha de olvidarse, imagino,
el cansancio del camino
a la entrada del lugar.
REBOLLEDO
¿A qué entrada, si voy muerto?
Y aunque llegue vivo allá,
sabe mi Dios si será
para alojar; pues es cierto
llegar luego al comisario
los alcaldes a decir
que, si es que se pueden ir,
que darán lo necesario.
Responderles, lo primero,
que es imposible, que viene
la gente muerta; y, si tiene
el Concejo algún dinero,
decir: «Señores soldados,
orden hay que no paremos;
luego al instante marchemos.»
Y nosotros, muy menguados,
a obedecer al instante
orden que es, en caso tal,
para él orden monacal,
y para mí, mendicante.
Pues ¡votó a Dios!, que si llego
esta tarde a Zalamea,
y pasar de allí desea
por diligencia o por ruego,
que ha de ser sin mí la idea;
pues no, con desembarazo,
será el primer tornillazo
que habré yo dado en mi vida.
SOLDADO I.º
Tampoco será el primero
que haya la vida costado
a un miserable soldado,
y más hoy, si considero
que es el cabo de esta gente
don Lope de Figueroa,
que si tiene tanta loa
de animoso y de valiente,
la tiene también de ser
el hombre más desalmado,
jurador y renegado
del mundo, y que sabe hacer
justicia del más amigo,
sin fulminar el proceso.
REBOLLEDO
¿Ven ustedes todo eso?
Pues yo haré lo que yo digo.
SOLDADO 2.º
¿De eso un soldado blasona?
REBOLLEDO
Por mí, muy poco me inquieta:
pero por esa pobreta
que viene tras la persona...
CHISPA
Señor Rebolledo, por mí
voacé no se aflija, no;
que bien se sabe que yo
barbada el alma nací;
y este temor me deshonra,
pues no vengo yo a servir
menos que para sufrir
trabajos con mucha honra;
que para estarme, en rigor,
regalada, no dejara
en mi vida, cosa es clara,
a casa del regidor,
donde todo sobra, pues
al mes mil regalos vienen;
que hay regidores que tienen
menos regla con el mes.
Y pues al venir aquí,
a marchar y a perecer
con Rebolledo, sin
ser postema, me resolví,
por mí, ¿en qué duda o repara?
REBOLLEDO
¡Viven los Cielos, que eres
corona de las mujeres!
SOLDADO 2.º
Esta es verdad bien clara.
¡Viva la Chispa!
REBOLLEDO
¡Reviva!
Y más si, por divertir
esta fatiga de ir
cuesta abajo y cuesta arriba,
con su voz el aire inquieta
una jácara o canción.
CHISPA
Responda a esa petición
citada la castañeta.
REBOLLEDO
Y yo ayudaré también.
Sentencien los camaradas
todas las partes citadas.
SOLDADO 1.º
¡Vive Dios, que ha dicho bien!
Cantan Rebolledo y la Chispa.
CHISPA
«Yo soy tiritiri, tina,
flor de la jacarandina.»
REBOLLEDO
«Yo soy tiritiri, taina,
flor de la jacarandaina.»
CHISPA
«Vaya a la guerra el alférez,
y embárquese el capitán.»
REBOLLEDO
«Mate moros quien quisiere,
que a mí no me han hecho mal.»
CHISPA
«Vaya y venga la tabla al horno,
y a mí no me falte pan.»
REBOLLEDO
«Huéspeda, máteme una gallina,
que el carnero me hace mal.»
SOLDADO I.º
Aguarda; que ya me pesa
que íbamos entretenidos
en nuestros mismos oídos,
caballeros, de ver esa
torre, pues es necesario
que donde paremos sea.
REBOLLEDO
¿Es aquella Zalamea?
CHISPA
Dígalo su campanario.
No sienta tanto vusté
que cese el canticio ya;
mil ocasiones habrá
en que lograrle, porque
esto me divierte tanto
que, como de otras no ignoran
que a cada cosica lloran,
yo a cada cosica canto,
y oirá uced jácaras ciento.
REBOLLEDO
Hagamos aquí alto, pues
justo, hasta que venga, es,
con la orden el sargento,
por si hemos de entrar marchando
y en tropas.
SOLDADO 1.º
El solo es quien
llega ahora; mas también
el capitán esperando
está.
Salen el CAPITAN y el SARGENTO.
CAPITAN
Señores soldados,
albricias puedo pedir.
De aquí no hemos de salir
y hemos de estar alojados
hasta que don Lope venga
con la gente que quedó
en Llerena; que hoy llegó
orden de que se prevenga
toda, y no salga de aquí
a Guadalupe, hasta que
junto todo el tercio esté,
y él vendrá luego. Y así,
del cansancio bien podrán
descansar algunos días.
REBOLLEDO
Albricias pedir podías.
TODOS
¡Víctor nuestro capitán!
CAPITAN
Ya está hecho el alojamiento:
el comisario irá dando
boletas, como llegando
fueren.
CHISPA
Hoy saber intento
por qué dijo, voto a tal
aquella jacarandina:
«Huéspeda, mátame una gallina,
que el carnero me hace mal.»
Se van todos y quedan el Capitán y el Sargento.
CAPITAN
Señor sargento, ¿ha guardado
las boletas para mí,
que me tocan?
SARGENTO
Señor, sí.
CAPITAN
Y ¿dónde estoy alojado?
SARGENTO
En la casa de un villano,
que el hombre más rico es
del lugar; de quien después
he oído que es el más vano
hombre del mundo y que tiene
más pompa y más presunción
que un infante de León.
CAPITAN
Bien a un villano conviene
rico esa vanidad.
SARGENTO
Dicen que esta es la mejor
casa del lugar; señor;
y si va a decir verdad,
yo la escogí para ti
no tanto porque lo sea,
como porque en Zalamea
no hay tan bella mujer...
CAPITAN
Di.
SARGENTO
...como una hija suya.
CAPITAN
Pues,
por muy hermosa y muy vana,
¿será más que una villana
con malas manos y pies?
SARGENTO
¿Que haya en el mundo quien diga eso?
CAPITAN
¿Pues no, mentecato?
SARGENTO
¿Hay más bien gastado rato
(a quien amor no le obliga,
sino ociosidad no más)
que el de una villana, y ver
que no acierta a responder
a propósito jamás?
CAPITAN
Cosa es que en toda mi vida,
ni aun de paso, me agradó;
porque, en no mirando yo
aseada y bien prendida
una mujer, me parece
que no es mujer para mí.
SARGENTO
Pues para mí, señor, sí,
cualquiera que se me ofrece.
Vamos allá; que, por Dios,
que me pienso entretener
con ella.
CAPITAN
¿Quieres saber
cuál dice bien de los dos?
El que una belleza adora,
dijo, viendo a la que amó:
«aquella es mi dama», y no
«aquella es mi labradora».
Luego si dama se llama
la que se ama, claro es ya
que en una villana está
vendido el nombre de dama.
Mas ¿qué ruido es ese?
SARGENTO
Un hombre,
que de un flaco rocinante
a la vuelta de esa esquina
se apeó, y en rostro y talle
parece a aquel don Quijote
de quien Miguel de Cervantes
escribió las aventuras.
CAPITAN
¡Qué figura tan notable!
SARGENTO
Vamos, señor, que ya es hora.
CAPITAN
Lléveme el sargento antes
a la posada la ropa,
y vuelva luego a avisarme.
Se van.
Salen DON MENDO, hidalgo de figura, NUÑO, criado.
DON MENDO
¿Cómo va el rucio?
NUÑO
Rodado,
pues no puede menearse.
DON MENDO
¿Dijiste al lacayo, di,
que un rato le pasease?
NUÑO
¡Qué lindo pienso!
DON MENDO
No hay cosa
que tanto a un bruto...