E-Book, Spanisch, Band 130, 154 Seiten
Reihe: Teatro
de la Cruz Amor es más laberinto
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-110-1
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 130, 154 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-110-1
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Sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel de Nepantla, 1651-Ciudad de México, 1695). México. Su nombre seglar fue Juana Inés de Asbaje Ramírez, y nació el 12 de noviembre de 1651 en San Miguel de Nepantla, cerca de Amecameca (en el actual estado de México), de padre vasco y madre mexicana, de origen andaluz. Su padre, el capitán Pedro Manuel de Asbaje, tuvo tres hijos naturales con Isabel Ramírez y murió en 1669. Su madre se casó después con Diego Ruiz Lozano, tuvo otros tres hijos y falleció en 1678. Ya a temprana edad, Juana Inés se entregó a la lectura y, como ella misma escribiría después, se le 'encendió el deseo de saber'. Hacia 1660 fue enviada a vivir con unos familiares a Ciudad de México. Gracias a la extensa biblioteca de su abuelo materno, Juana Inés pudo leer a los escritores culteranos barrocos españoles y a los clásicos griegos y latinos, pero también aprendió la lengua indígena náhuatl y estudió latín. A los catorce o quince años de edad fue dama de la marquesa de Mancera en el palacio del virrey, donde, además de por su gran belleza, fue admirada ya por su locuacidad y sus conocimientos. Debió escribir sus primeros textos hacia los doce años de edad, aunque sólo los escritos a partir de los dieciséis o diecisiete años presentan un pleno concepto literario. Juana Inés, que había mostrado tempranos deseos de estudiar en la universidad, y ante las dificultades que ello suponía para una mujer, acabó optando (por motivos no del todo diáfanos) por ingresar en el convento carmelita de Santa Teresa la Antigua, en 1667; dos años después, debido a la extrema austeridad de las carmelitas, cambió sus votos por los de las jerónimas y vivió en el convento de San Jerónimo. Desde allí siguió en contacto con virreinas, virreyes y personajes de la cultura del México colonial, participando en diversas manifestaciones literarias, teatrales y musicales.
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Jornada segunda
(Salen el rey Minos y Tebandro.)
Minos En esta del horror caverna obscura,
mi venganza insaciable hallar procura
modo con que templar el dolor fiero
del tormento mayor, del más severo
linaje de pesar y alevosía
que pudo fabricar la tiranía.
TebandroYa Vuestra Majestad tiene en Tesco
satisfecho el desastre de Androgeo,
puesto que al Minotauro ya entregado,
pasto suyo, su fin habrá alcanzado,
donde pagado habrá su adversa suerte,
réditos de una vida con su muerte.
MinosAunque es verdad que es príncipe de Atenas,
tan crecido es el golfo de mis penas,
que en ondas de congojas fluctuando,
mi triste vida miro zozobrando
en un mar de tormentos repetido,
donde estoy de congojas sumergido.
TebandroSi opuesto siempre, el hado riguroso
dispuso que en el príncipe, costoso
fuese el fin de sus prendas un violento,
trágico estrago, fúnebre lamento,
siendo los juegos en que se excedía,
tragedia de su misma gallardía;
pues con primor de partes las más diestras,
era rayo galán de las palestras,
en cuyas lides fue, sin desvarío,
el que daba lección al mismo brío.
MinosQué importa el que gallardo, osado lidia,
si feroz contra él tiene la envidia,
enemigo tan fiero e inhumano
que se precia de aleve y de tirano;
pues contra el que feliz más se previene,
tiene sed de lo mismo que no tiene,
cuya injuria de locas esperanzas
hidrópica de horror bebe venganza.
Pero con el tributo,
manjar viviente de un hambriento bruto
que habita el laberinto obscuro tanto
que es eco del pavor, voz del espanto,
han de acabar mis iras repetidas
tantas infames temerosas vidas.
TebandroDé Vuestra Majestad a pena tanta
treguas de alivio hoy.
Minos ¡Tebandro, cuánta
fuera mi dicha, si aliviar pudiera
esta batalla de mi enojo fiera
(Asómase Atún al paño.)
AtúnPor sacar la cabeza, a lo que infiero,
soy atún, y galápago ser quiero.
Minos¡Muera Teseo!
Atún ¡Horrendo disparate!
Éste, no hay que dudar que es fiero mate.
MinosDe cólera en mi enojo no sosiego;
todo soy iras, todo rayos.
Atún ¡Fuego!
TebandroTu Majestad procure divertirse.
AtúnDéjelo, y más que llegue a consumirse,
que con aqueste rey tan aturdido,
el secreto sabré del consumido.
TebandroLas Infantas, Señor, tienen dispuesta
hacer a Vuestra Majestad gran fiesta
de un sarao en el Alcázar de Diana.
Témplese una congoja tan tirana,
y opóngase lo cuerdo al accidente;
porque un sentir, si es cuerdo, menos siente.
MinosPor si puedo aliviar tanto tormento,
iré, Tebandro.
(Vanse Tebandro y el rey Minos, y sale Atún.)
Atún Cierto, que es contento
el ir a ver el Rey, sin más andanzas,
en dos Infantas suyas las mudanzas.
Salgamos a ver el día,
que hay un laberinto grande,
en éste en que estoy metido;
plegue a Dios que ello en bien pare.
Salgamos a ver el día;
que en esta horrorosa cárcel
donde se estudian tinieblas,
se ignoran las claridades.
Cierto, que estoy, a mi amo,
dispuesto en aquesta parte
casi, casi, por no verlo,
por liarlas casi, casi.
(Sale Teseo del laberinto.)
Teseo¡Atún!
Atún Señor, oye al punto
con qué modo, con qué arte
podemos a Ariadna y Fedra
verlas en danza esta tarde.
Dame albricias, y sean luego;
acaba ya, no te tardes.
Dame lo que tú quisieras,
y no lo que tú mandares.
Teseo¿En danza?
Atún Sí, porque tienen
dispuesto un sarao muy grande,
donde príncipes y nobles
entran con bravos disfraces
de galas y mascarillas,
porque los conozca nadie.
No de príncipe papel harás,
sino de danzante;
haz, por Dios, lo que te ruego,
aunque es forzoso que saltes.
TeseoInfeliz soy y dichoso
en un tiempo, pues combaten
a mi pecho, entre imposibles,
amantes neutralidades.
Fedra, a quien mi amor
erige rendimientos por altares,
adoraciones me intima,
afectos me persuade.
Ariadna, a quien no le debo
menos que la vida, amante,
si no me rindo a su cielo,
de ingrato he de hacer alarde;
porque si fue el instrumento
para que yo me librase
dando muerte al Minotauro,
¿en qué pecho noble cabe
recibir el beneficio,
para no saber pagarle?
Pues en este Laberinto
donde vivo, ni aun señales
deja la duda al recelo,
para que riesgos me asalten;
pues con el hilo piadoso
que su amor supo fiarle
sólo a mi valor, mi vida
tuvo en su piedad rescate.
Por cuya fineza quiso,
para que yo me librase,
Fedra que yo de Ariadna
me mostrase fino amante;
acción de amor generosa,
de tan subidos quilates,
que sólo para mis bienes
de sus injurias se vale,
solicitando su ofensa
tan agente, al resguardarme,
que a Ariadna le permite
lo que nunca es dispensable.
Su mal es grande estadista,
porque estudia infatigable,
en escuelas de tormentos,
políticas de pesares.
Pues cuando firme pretende
que por quererla, a otra ame,
cobra sueldos de fineza,
sin tirar de amante gajes.
AtúnAunque pudiera, la muerte,
hoy por el hilo sacarte,
del bruto, tan bien la hiciste,
que el rey de ella está ignorante.
TeseoPero di, el sarao que dices,
Atún, ¿de dónde lo sabes?
AtúnSélo, porque al Rey, Tebandro
avisó, que festejarle
querían Ariadna y Fedra
por divertir sus pesares,
y que habían dispuesto
un festín de aquellos que hacen,
con cortesanos adornos,
las palaciegas deidades.
TeseoYo danzara, si tuviera
decente forma.
Atún Millares,
de príncipes, has de ver,
que en forma y figura salen.
TeseoPara el caso galas tengo,
como tú sabes, bastantes;
pues por príncipe, aunque preso,
traje muy rico homenaje.
AtúnQue no las tienes, presumo,
según es fuerza empeñarte.
Teseo¡Qué sería que con Fedra
danzara!
Atún Siendo el tu autem
de que tú salgas, espero
te baile el agua delante.
Teseo¿En qué lo fundas?
Atún¡Qué lindo!
En lo que llego a fundarme
es que se paga del viento,
y tienes tú muy lindo aire.
(Sale Laura con manto, tapada.)
LauraBuscando vengo a Teseo;
mas, si no llego a engañarme,
éste que miro es Atún.
¡Cé, galán!
Atún Anzuelo trae
para pescarme, sin duda,
este fregatriz...




