de la Luz y Caballero / Agramonte / Zayas | Obras III | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 64, 508 Seiten

Reihe: Pensamiento

de la Luz y Caballero / Agramonte / Zayas Obras III


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9007-484-8
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 64, 508 Seiten

Reihe: Pensamiento

ISBN: 978-84-9007-484-8
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José de la Luz y Caballero nació el 11 de julio de 1800, en La Habana, Cuba, y murió el 22 de junio de 1862. Fue considerado maestro por excelencia y formador de conciencias, pues engrandeció el sentido de la nacionalidad cubana. El pensamiento de José de la Luz y Caballero se centra en la importancia de ahondar en el conocimiento y la comunicación para fusionar en el hombre la verdad científica con el sentimiento de patriotismo. Sus obras aparecieron en diarios y revistas. Alfredo Zayas se encargó de recoger, en 1890, algunas de sus obras en dos tomos bajo el título de Obras de José de la Luz y Caballero. La mejor síntesis de su vida está resumida en este breve aforismo: «Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo.» José de la Luz y Caballero fue director del Colegio de San Cristóbal o de Carraguao, pero todas experiencias y conocimientos educativos los ejecutó con total plenitud cuando fundó, el 27 de marzo de 1848: El Salvador. De esta institución expresó Francisco de la Luz y Duarte: «El Salvador no era un colegio propiamente dicho; era más, mucho más, era más bien un templo donde se congregaban los fieles para oír la palabra vida de un apóstol; era como un oasis en medio del desierto; era toda Cuba en medio de la factoría, de la colonia: allí se respiraba libertad y democracia.» La primera sede del colegio fue en el barrio del Cerro, pero en 1850 fue clausurado debido a la epidemia del cólera que azotó al país en ese año. No obstante, todos los habaneros recuerdan la época gloriosa de la sede. El Salvador reabrió sus puertas en 1853, esta vez en la casa de Teniente Rey. Tales eran las enseñanzas del maestro y el prestigio del colegio que pronto este espacio resultó insuficiente y en 1858 volvieron al Cerro de la Calzada, llegando a tener una matrícula de 400 alumnos internos. Próceres de la independencia como Ignacio Agramonte cursaron estudios en El Salvador. Su gran mérito radicó en revolucionar la enseñanza con nuevos métodos, dejando atrás el sistema rutinario y caduco de una Cuba colonial. En este segundo volumen se recogen, a través de sus escritos, el sistema de educación y el organigrama que se aplicaba en este innovador método de enseñanza. La presente edición de las Obras de José de la Luz y Caballero contiene notas de las ediciones de Alfredo Zayas, Roberto Agramonte y Alicia Conde.

José de la Luz y Caballero nació el 11 de julio de 1800, La Habana, Cuba y murió el 22 de junio de 1862. Fue considerado maestro por excelencia y formador de conciencias, pues engrandeció el sentido de la nacionalidad cubana. El pensamiento de José de la Luz y Caballero se centra en la importancia de ahondar en el conocimiento y la comunicación para fusionar en el hombre la verdad científica con el sentimiento de patriotismo. Sus obras aparecieron en diarios y revistas. Alfredo Zayas se encargó de recoger, en 1890, algunas de sus obras en dos tomos bajo el título de Obras de José de la Luz y Caballero. La mejor síntesis de su vida está resumida en este breve aforismo: 'Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo'.
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II. ÍNDICE RAZONADO DE ALGUNAS MATERIAS FÍSICAS


Propuestas en la clase de Filosofía del Colegio de San Cristóbal. En la primera parte del curso.

Acerca de las cuales serán examinados, practicando asimismo los experimentos que se indican, los alumnos don José Agustín Baró, don Pedro Ignacio Cervantes, don Bartolomé José Crespo, don Carlos Hernández, don Lorenzo Arrieta, don Guillermo, don Lorenzo y don Mauricio Lobé, don Miguel de Cárdenas, don Bernardo y don Pedro Figueredo, don Antonio Guiteras, don Carlos Téllez y don León Goicuría.

EN LOS DÍAS4 DE DICIEMBRE,

Bajo la dirección de don José de la Luz

HABANA Imprenta del Gobierno y Capitanía general por S. M.

1834

Advertencia


Cuando se introduce una novedad es forzoso justificarla. Se hace pues necesario exponer sucintamente los motivos que nos han impulsado a principiar el curso de Filosofía por el estudio de la Física en lugar de la Lógica, como generalmente se practica. Para los inteligentes bastará reproducir las mismas razones alegadas al presentar el proyecto de arreglo de las nuevas clases de Filosofía en los colegios de San Fernando y San Cristóbal; razones que parecieron tan poderosas al excelentísimo señor don Francisco de Arango, encargado especialmente por S. M. de informar en el asunto, que se dignó esforzarlas con las más luminosas consideraciones. Así fue que la autoridad no pudo menos de ordenar que se enseñase desde luego según el plan propuesto. Pero vengamos a las causales expuestas en el expediente, para que los sensatos puedan juzgar. Helas aquí: «Al terminar nuestros artículos sobre la enseñanza de la filosofía, quisiéramos someter a V. E. una indicación, que nos parece importante por la influencia que podrá tener en la reforma de esta clase de estudios. Trátase de disponer que el curso de filosofía principie por la física y concluya por la lógica y la moral, que es precisamente lo contrario de lo que aun se practica y siempre se ha practicado. No es un espíritu de novedad el que nos mueve a proponer este trastorno. La razón y la experiencia son los guías que nos han dirigido en la materia. Muchas y dilatadas serían las pruebas que pueden aducirse para demostrarlo; pero es necesario reducirnos a algunas consideraciones concluyentes, para no exceder los límites de una mera indicación.»

«1. Las ciencias naturales versan sobre objetos sensibles, más al alcance de la primera juventud, y por lo mismo más capaces de entretenerla y deleitarla.

2. De la inagotable variedad de hechos que nos ofrecen, va formando nuestro entendimiento su caudal de datos para discurrir acerca de ellos.

3. Si se nos dice que antes de discurrir sobre cualquier objeto científico, necesitan los jóvenes aprender la Lógica, contestaremos desde luego que no puede haber mejor lógica que la que están practicando en el estudio de la física. Efectivamente, el método es admirable, siendo al mismo tiempo el más natural, como que es esencialmente analítico. En él se procede de los hechos sensibles y particulares a las consecuencias generales por una cadena de inducciones. Con este ejercicio se robustecen de tal modo las potencias intelectuales, que cuando se aplican al examen de cualquier otro género de asuntos, hacen los alumnos progresos tan rápidos como seguros.

4. Por el contrario, comenzar por los estudios ideológicos es comenzar por las abstracciones en sus primeros pasos, es carecer a cada instante de los ejemplos, esto es, de los hechos y observaciones sobre los cuales ha de recaer la exposición de las doctrinas ideológicas, de cuyo examen han de deducirse en último resultado los documentos para la dirección del espíritu humano, o sea, la lógica propiamente tal. En una palabra, en las ciencias naturales, se marcha de los hechos a la teoría; y en la ideología, por más que nos empeñásemos en lo contrario, nos vemos a ocasiones forzados a seguir en orden inverso; fuera de que su objeto no permite apelar a la clara luz de la experiencia. En fin, la ideología es la teoría de las teorías, como ha dicho enérgicamente el conde de Tracy».

«Acaso se nos objetará que no necesitándose más que el estudio de la Lógica para cursar leyes, se hace un perjuicio a los que intentan seguir la carrera del foro, en obligarlos a estudiar todo el curso de filosofía antes de pasar a Derecho. Cierto es que pasarán menos pronto, pero también irán más preparados. Así pues, si bien se examina, este reparo es una nueva razón para hacer preceder el estudio de las ciencias físicas al de las intelectuales y morales. Obligando a los alumnos a permanecer por todo el curso, se desterrará el espirita de superficialidad que ha reinado en algunos puntos de la instrucción, lográndose simultáneamente que aun los juristas alcancen aquellas nociones en el estudio de la naturaleza, que han de necesitar no solo en la sociedad, sino aun en el ejercicio de su misma profesión, y hasta un grado de que no se tiene idea generalmente. Por último, excusamos alegar más razones, como lo haríamos del mejor grado, cuando el artículo 73 del Reglamento general trae la prevención expresa de que en los colegios donde se establezca la enseñanza de las Matemáticas, Historia natural, Física y Química, deberán preceder estos ramos al estudio de la Filosofía; entendiendo por filosofía, según se evidencia de todo el tenor de éste y otros artículos, la parte del curso que comprende las ciencias intelectuales y morales. Nos asisten, pues, sobrados fundamentos para apoyar la alteración que proponemos».

Hasta aquí las palabras de nuestro informe. Séanos lícitos añadir tan solo, que pues la ciencia de la naturaleza ofrece abundante materia para el desengaño de la razón humana, ninguna nos suministrará documentos más apreciables para la conducta de la vida.

Se ha formado este elenco así tan detallado, para que los alumnos puedan recordar siempre las materias con la debida conexión.

Preliminares


1. Una sola es la ciencia de la naturaleza. Su inmensa variedad y la limitación de nuestro espíritu han obligado al hombre a separar las ramas del mismo tronco.

2. La Física es una de estas ramas. Indicaremos su objeto, deslindando sus relaciones con las demás partes de la ciencia.

3. De aquí inferimos que así como para principiar fue necesario dividir, así para completar se hace indispensable reunir. En una palabra, serían superficiales nuestros conocimientos aislando totalmente unos ramos de otros.

4. Asimismo manifestaremos la necesidad del auxilio de las matemáticas para el progreso en los conocimientos naturales.

5. Puede sin embargo abusarse, y en efecto se ha abusado de este precioso instrumento, en su aplicación a las ciencias físicas, ora por no depender la exactitud en los cómputos de la realidad de las cosas, ora por querer vestir los objetos más sencillos con cierto aparato científico, antes embarazoso que expeditivo, ora, en fin, que es lo más temible, por el empeño de aplicar los principios y propiedades de las abstracciones a las realidades. Aun los cortos pasos que hemos dado en la Física, nos han ofrecido ya ejemplos notables de todos estos extremos.

6. Siendo el objeto de la Física propiamente tal el estudio de los agentes naturales, claro está que debe descansar en las bases de la observación y la experiencia, a cuyas revelaciones debe someterse la razón.

7. Esta, empero, ha de ser a su vez lumbre y guía en los procedimientos experimentales. Con este motivo expondremos los requisitos que deben concurrir en los experimentos para que se eleven a la clase de demostraciones.

8. Entonces comprenderemos la fuerza del quia experientia falax del grande Hipócrates, no menos que la profundidad de aquella máxima de Kant: «El sabio lo trae todo ante el tribunal de la razón, hasta a la razón misma».

9. Tócanos también aquí manifestar el lugar que deben tener las analogías. Ellas a veces nos llevan al error; pero otras, y no pocas, han sido el camino de los grandes descubrimientos.

10. En pos de los experimentos viene el eficaz auxilio del cálculo, que apoderándose de las circunstancias de los fenómenos, los aísla para mejor entenderlos y seguirlos hasta en sus últimos pormenores. Jamás puede aplicarse con mayor exactitud la máxima de divide et impera; esto es, abstrae, y dominarás el objeto.

11. El estudio de la naturaleza, más que ningún otro, provee a las necesidades y conveniencias del hombre, satisface su curiosidad, fortifica su entendimiento, ofrece más seguro criterio a su juicio, disipa los vanos terrores, ahuyenta la superstición y le levanta, en fin, mejor que ningún otro, al verdadero conocimiento de su Criador. El gran Newton debía ser y fue profundamente religioso.

12. De aquí inferimos que pocas ciencias, si es que hay alguna, habrá más a propósito que las naturales, así para infundir buenos hábitos al entendimiento como para cimentar más sólidamente el edificio de la religión.

13. Y pues ofrecen estas ciencias el mejor modelo de métodos, deducimos igualmente que las demás no pueden menos de ganar con la aplicación. He aquí el verdadero medio de reformarlas todas: «detallar fenómenos, y buscar relaciones y causas».

14. Pero aquí se abre un campo vasto e interesante que bien puede llamarse la Filosofía de la Física. Mas la mejor oportunidad de recorrerlo no ha llegado todavía; la terminación del curso será la época sazonada.

15. No se nos tache, sin embargo, por las generalidades que desde ahora presentamos; los escasos datos que ya tenemos en la materia, bastan para establecerlas. Todo...



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