De La Puente | Vida del padre Baltasar Álvarez | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 51, 462 Seiten

Reihe: Religión

De La Puente Vida del padre Baltasar Álvarez


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-985-5
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

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Vida del padre Baltasar Álvarez es una biografía reflexiva con un estilo propio del siglo XVI concentrada en la ascesis cristiana y en los esfuerzos de martirio y purgación del padre Baltasar Álvarez. Resulta un testimonio de primera mano, de enorme interés para quienes estudien los principios del cuidado del espíritu en la historia de las religiones. Fue escrita por Luis de la Puente en un momento de expansión de la Compañía de Jesús, a la que perteneció el Padre Baltasar.

Luis de la Puente
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Al cristiano lector


Habiendo el Eclesiástico enseñado a su pueblo de Israel, y en él a todos los hombres, los preceptos de la ley divina, y muchos consejos y avisos de grande perfección, quiso luego ponerles delante de los ojos los heroicos ejemplos de sus antepasados, que los guardaron con grande excelencia, y por ello fueron dignos delante de Dios y de los hombres de eterna gloria y alabanza, para que se animasen a imitarlos, y por este medio alcanzasen la gloria y honra que ellos alcanzaron. Y de camino cumplió con la obligación que tenía de refrescar y perpetuar la memoria de tales varones, que con sus hazañas ilustraron su nación, alabando y engrandeciendo más especialmente a los que fueron sus maestros, de quien él aprendió la sabiduría que enseñaba, para pagalles con esto el bien que dellos había recibido. Alabemos, dice, a los varones ilustres, que fueron nuestros padres y progenitores, con quien Dios mostró su magnificencia en los siglos pasados, y ganó para sí grande gloria, los cuales fueron hombres grandes en la virtud, dotados de mucha prudencia, y con ella manifestaban los divinos secretos de los Profetas, que estaban encerrados en sus libros, gobernaban su pueblo y le comunicaban santísimas palabras. Fueron hombres ricos, y pusieron su estudio principal en la virtud, y vivieron pacíficamente en sus casas; alcanzaron grande gloria entre su gente, y en sus días fueron de todos alabados; y los que nacieron dellos quedaron con nombre para contar sus alabanzas.

Todas estas palabras, en sustancia, son del Eclesiástico, cuyo consejo, inspirado por el mismo Dios, como lo demás de su libro, deseo seguir en éste. Porque habiendo escrito algunos libros de la oración y meditación, y de la perfección cristiana en todos los estados, que fuesen guía y medio para alcanzarla, he deseado escribir los heroicos ejemplos de los antepasados, que nos la enseñaron. No digo de los muy antiguos, porque los que vivieron más cerca dellos nos quitaron deste trabajo, sino de los que yo mismo conocí y traté, de cuya santidad y doctrina me aproveché, en quien nuestro Señor estampó las virtudes y verdades que en mis libros he declarado. Uno destos fue el Padre Baltasar Álvarez, insigne religioso de nuestra Compañía de Jesús, padre en espíritu, y maestro no solamente mío, sino de casi todos los ancianos que hay en esta provincia de Castilla, y de muchas personas eclesiásticas y seglares deste reino; hombre en quien Dios mostró su grande magnificencia, enriqueciéndole con sus dones celestiales, y por su medio ganó grande gloria entre los fieles; hombre verdaderamente grande en virtud y dotado de insigne prudencia en declarar los secretos de la ciencia mística, en gobernar y aprovechar las almas, y en hablar las palabras santísimas de Dios, que penetraban y encendían los corazones; hombre grandemente rico con riquezas del cielo, cuyo estudio continuo fue en la hermosura de la virtud, y en el trato familiar con Dios, viviendo entre los suyos con grande paz, y poniéndola siempre entre todos, por lo cual alcanzó grande nombre de santo entre los de la Compañía, y entre todos los que lo trataron; y en sus días fue venerado y alabado dellos: y a mí, que soy uno de los que fueron sus hijos y discípulos, me ha cabido en suerte escribir sus insignes virtudes, para que todos nos animemos a imitarlas. Porque (como dice San Gregorio), la vida de los justos es una viva lección de las virtudes y de los medios que hay para alcanzarlas. Es un clarísimo espejo donde vemos nuestras faltas e imperfecciones, para limpiarnos y purificarnos dellas. Es un vivo dechado de la perfección evangélica, y de los grados por donde podemos subir a ella. Es un perfecto memorial de las maravillas de Dios, que es admirable en sus santos, y los guía a la cumbre de la santidad, unas veces por caminos extraordinarios y prodigiosos, más para admirar que para imitar; otras veces por el camino ordinario y trillado, pero con un modo heroico y perfectísimo, y por esto juntamente admirable e imitable. Y por este camino llevó a este glorioso Padre, en cuya vida hallarán mucho que imitar todos los que pretenden la perfección, y desean alcanzar el don de la oración, y del trato familiar con nuestro Señor, y el acierto en saber aprovechar a los prójimos; y por esto más especialmente su vida es un vivo dibujo de la que deben tener los religiosos que profesan la junta de la vida activa y contemplativa, atendiendo juntamente a los ejercicios de la oración y contemplación, y a los ministerios de ayudar a las almas. Y como ésta es la profesión de los religiosos de la Compañía de Jesús, así a ellos muy más especialmente les pongo delante este dechado, de donde saquen la perfección con que han de guardar enteramente su instituto.

Y generalmente, los que desean ser muy espirituales y perfectos en entrambas vidas, si quieren saber cómo podrán alcanzar el cumplimiento de su deseo, pongan los ojos en los grados por donde nuestro Señor llevó a este santo varón, y caminen por los mismos en el modo que les fuere concedido por el Señor, de cuya gracia y misericordia depende nuestro aprovechamiento, obedeciendo a sus divinas inspiraciones y cooperando con nuestras industrias y diligencias. Porque primero le concedió el don de la oración por el camino ordinario de discursos y meditaciones, especialmente en la vida, pasión y muerte de Cristo nuestro Redentor. Y porque este don no puede andar solo, dióle lo segundo el espíritu de la penitencia y mortificación en todas las cosas. Y para arraigarse más en ambas, fundóle lo tercero en la perfecta guarda de sus tres votos, castidad, pobreza y obediencia, con los demás consejos de perfección que están en las reglas de su religión. Y a esto lo ayudó con el uso devoto del Santísimo Sacramento, haciéndole su sacerdote, para que pudiese, sin impedimento, recibir la Comunión con más frecuencia. Y porque tenemos necesidad de valedores e intercesores para salir con empresa tan alta y tan dificultosa, hízole devotísimo de la Virgen sacratísima nuestra Señora, y de los ángeles, y de muchos santos que son nuestros patrones. Luego le comunicó ferviente celo de la salvación de las almas, con talentos grandes para ayudarlas, empleándole en varios ministerios, con que cogiese mucha mies dellas. También lo quiso emplear en oficio de gobierno, donde ayudase más a los súbditos y apacentase las ovejas de Cristo, a imitación de su buen pastor, el cual le dio el don de la confianza en su infinita bondad y amorosa providencia para acometer cosas grandes de su servicio, y con ella le dio prósperos sucesos, fundándole en profunda humildad, para que no se desvaneciese con ellos. Mas porque la humildad y la paciencia y las demás virtudes no tienen su fineza y firmeza si no son probadas con desprecios en enfermedades y trabajos, quiso darle su parte dellos, donde resplandeciesen y se perfeccionasen más sus virtudes; y cuando estuvo bien labrado y mortificado, lo levantó al más alto grado de oración y contemplación, con que tuviese más alivio, e hiciese sus oficios con más fruto. Finalmente, comunicóle lo supremo del amor de Dios, y la perfecta conformidad con la divina voluntad en todas las cosas prósperas y adversas; y como entonces estaba la fruta madura, cogióla para ponerla en su celestial mesa, dándole una dichosa muerte en medio de su fervorosa carrera.

Mas no se ha de pensar que subió por estos prados por el orden que se han puesto de uno en otro; porque la vida de estos escogidos va mezclada destas variedades de acción y contemplación, de consuelos y desconsuelos, y de oficios altos y bajos, con sucesos prósperos y adversos, sucediéndose unos a otros una y muchas veces.

Esta fue la traza de su vida, y lo será deste libro en lo que contaremos della, para que de tal manera se vaya leyendo la historia, que juntamente veamos el orden de plantar las virtudes, y subir a la cumbre de todas. Y por la misma razón, contando los heroicos ejercicios de sus virtudes, pondremos también los altos sentimientos, y las profundas sentencias y razones que el Señor le comunicó en cada uno dellos.

Y porque la verdad y certeza de lo que se refiere es fundamento del gusto y provecho que se saca en leerlo, ninguna cosa pondré aquí que no la tenga por verdadera y cierta. Porque fuera de las cosas que yo mismo vi y noté en este santo varón, las demás se supieron por relación de personas muy fidedignas de nuestra religión o de otras, o de seglares que las vieron y advirtieron, o las pasaron con el mismo Padre, y después las contaron: o se sacaron de un libro pequeño que se halló en su poder, donde escribía los sentimientos que nuestro Señor le comunicaba en la oración, como los escribían nuestro Padre San Ignacio y su compañero el Padre maestro Pedro Fabro, hombre de grande espíritu, y otros muchos Santos, para que no se les olvidasen las verdades y favores que el Señor les hacía, y para poder aprovecharse de nuevo con la lección dellos. Otras cosas también descubrió él mismo a las personas con quien trataba, en secreto, y a veces en público, en las pláticas, movido de caridad, con celo de alentar a los desmayados y pusilánimes, y con otros santos fines, como sabemos que santamente Job contó sus virtudes, y San Pablo muchas de sus revelaciones, para alentar y confirmar en la fe a los fieles.

Muchas destas cosas recogió primero el Padre Francisco de Salcedo, sobrino del mismo Padre, que entró en la Compañía poco después que murió su santo tío, cuyos pasos comenzó a seguir con tanto fervor y espíritu, así en su propia perfección como en el celo de ayudar a las almas, que fuera varón muy señalado si no lo atajara la muerte en la flor de su edad, siendo rector de nuestro colegio de Soria. Pero antes lo había sido tres años en el de...



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