De La Vega | Églogas | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 140, 98 Seiten

Reihe: Poesía

De La Vega Églogas


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-187-3
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 140, 98 Seiten

Reihe: Poesía

ISBN: 978-84-9897-187-3
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La obra poética de Garcilaso es reducida, pero de gran importancia en el contexto de las letras españolas (tres églogas, dos elegías, cinco canciones, treinta y ocho sonetos, una epístola en verso y algunos poemas breves tradicionales). A la muerte de Garcilaso, sus manuscritos pasaron a manos de Juan Boscán (poeta e íntimo amigo de Garcilaso). La viuda de Boscán, Ana Girón de Rebolledo, se encargó de publicarlos. Garcilaso de la Vega, máximo exponente del Siglo de Oro español, recupera el género clásico de las églogas. El poeta adopta el género eglógico porque le permite expresar los sentimientos más íntimos y dar voz a la introspección, mediante su lenguaje poético. En sus composiciones, especialmente en las tres Églogas, Garcilaso da prueba de su gran talento y sus conocimientos literarios, que abarcan desde los clásicos hasta los renacentistas italianos neoplatónicos. Garcilaso recupera este género en el que la evocación de la naturaleza juega un papel crucial. Sus composiciones tratan temas amorosos en un ambiente bucólico y pastoril. La naturaleza idealizada sirve para mostrar los sentimientos. El amor y el descubrimiento de la naturaleza, aparecen en las tres Églogas de Garcilaso de la Vega. - Égloga I: La más valorada de sus tres composiciones. Los pastores Salicio y Nemoroso lamentan el desdén de sus amadas y de la muerte. Ambos personajes corresponden a dos períodos biográficos de Garcilaso, el de su amor no correspondido por Isabel Freyre y el de la tristeza causada por la muerte de ésta. - Égloga II: La segunda égloga es la más extensa y compleja de las tres. Se cuentan los amores de Camila y Albanio. - Égloga III: La tercera y última égloga recurre al locus amoenus, y en ella se idealiza la belleza de un paisaje del Tajo. Cuatro ninfas bordan tapices que contienen diferentes historias de amor. Aparecen referencias mitológicas (Orfeo y Eurídice, Apolo y Dafne, por ejemplo) y la historia de la ninfa Elisa y el pastor Nemoroso.

Garcilaso de la Vega (Toledo, 1501/1503?-Niza, 1536). España. Los diversos documentos históricos arrojan dudas sobre la fecha y lugar de nacimiento de Garcilaso (García Laso) de la Vega. Se dan como fechas probables entre 1501 y 1503, y como lugares de nacimiento Toledo y Batres (Madrid), que fue señorío de su madre. Su padre, llamado también Garcilaso de la Vega, noble al servicio de la Corte de Enrique IV, luchó posteriormente en la conquista de Granada y ejerció como consejero y diplomático (en Roma) de los Reyes Católicos. Su madre, Sancha de Guzmán, era biznieta de Fernán Pérez de Guzmán, hombre de armas y de letras y tío del marqués de Santillana. Garcilaso tuvo seis hermanos: Leonor, Pedro, Fernando, Francisco, Gonzalo y Juana. En España se empezaba a crear el imperio de ultramar y la Inquisición era entonces muy activa contra los judíos y musulmanes conversos. Más allá de los Pirineos, crecía la organización y el poder de la Iglesia protestante, así como las ideas humanistas del Renacimiento. En la Península se produce el cambio monárquico que lleva a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón al trono, iniciándose la conquista de los últimos reductos musulmanes de Granada. Posteriormente, en 1517, Carlos V comenzará a reinar en España como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. En este panorama, Garcilaso, miembro de una familia enraizada en la nobleza culta y cortesana, recibió una buena formación, la cual incluyó el estudio de griego, latín, italiano y francés (el idioma oficial cortesano durante el reinado Carlos V). También fue instruido en la ejecución de instrumentos musicales como la cítara y el laúd, así como en las armas. Protegido de la casa de Alba, Garcilaso entra al servicio de Carlos V como continuo (vasallo con privilegios) hacia 1520, y más tarde se convertirá en uno de sus fieles hombres de armas y diplomáticos, acompañando a la corte en sus desplazamientos y al emperador en numerosas expediciones militares y políticas por España e Italia. Sin embargo, su hermano Pedro Laso entraría en desgracia al vincularse a los comuneros antiimperialistas, por lo que sufriría destierro en Portugal entre 1522 y 1526. Hacia 1522, en Valladolid, Garcilaso trabó estrecha amistad con el poeta y hombre de armas Juan Boscán, a quien se refirió en algunos de sus poemas (como en la Égloga II), y con quien participó en la expedición a Rodas, ese mismo año. En 1523, Garcilaso es investido caballero de la Orden de Santiago y obtiene nuevas prebendas y cargos más lucrativos. Le siguen unos años de expediciones militares en los Pirineos y el norte de España (recuperación de Fuenterrabía) y algún viaje al país luso, donde conoce a Isabel Freyre, dama de la infanta Isabel de Portugal. Se supone que Garcilaso mantuvo una relación amorosa con Isabel Freyre (según se desprende de la posible identificación de ésta con la Galatea y la Elisa de su Égloga I), y que, en cualquier caso, es esta mujer la que debió motivar gran parte de su poesía de amor y desamor, a lamanera de Petrarca con Laura y Dante con Beatriz.
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Égloga II


Albanio En medio del invierno está templada

el agua dulce desta clara fuente,

y en el verano más que nieve helada.

¡Oh claras ondas, cómo veo presente,

en viéndoos, la memoria d’aquel día

de que el alma temblar y arder se siente!

En vuestra claridad vi mi alegría

oscurecerse toda y enturbiarse;

cuando os cobré, perdí mi compañía.

¿A quién pudiera igual tormento darse,

que con lo que descansa otro afligido

venga mi corazón a atormentarse?

El dulce murmurar deste ruido,

el mover de los árboles al viento,

el suave olor del prado florecido

podrían tornar d’enfermo y descontento

cualquier pastor del mundo alegre y sano;

yo solo en tanto bien morir me siento.

¡Oh hermosura sobre’l ser humano,

oh claros ojos, oh cabellos d’oro,

oh cuello de marfil, oh blanca mano!,

¿cómo puede ora ser qu’en triste lloro

se convirtiese tan alegre vida

y en tal pobreza todo mi tesoro?

Quiero mudar lugar y a la partida

quizá me dejará parte del daño

que tiene el alma casi consumida.

¡Cuán vano imaginar, cuán claro engaño

es darme yo a entender que con partirme,

de mí s’ha de partir un mal tamaño!

¡Ay miembros fatigados, y cuán firme

es el dolor que os cansa y enflaquece!

¡Oh, si pudiese un rato aquí adormirme!

Al que, velando, el bien nunca s’ofrece,

quizá qu’el sueño le dará, durmiendo,

algún placer que presto desparece;

en tus manos ¡oh sueño! m’encomiendo.

¡Cuán bienaventurado

aquél puede llamarse

que con la dulce soledad s’abraza,

y vive descuidado

y lejos d’empacharse

en lo que al alma impide y embaraza!

No ve la llena plaza

ni la soberbia puerta

de los grandes señores,

ni los aduladores

a quien la hambre del favor despierta;

no le será forzoso

rogar, fingir, temer y estar quejoso.

A la sombra holgando

d’un alto pino o robre

o d’alguna robusta y verde encina,

el ganado contando

de su manada pobre

que en la verde selva s’avecina,

plata cendrada y fina

y oro luciente y puro

bajo y vil le parece,

y tanto lo aborrece

que aun no piensa que dello está seguro,

y como está en su seso,

rehuye la cerviz del grave peso.

Convida a un dulce sueño

aquel manso ruido

del agua que la clara fuente envía,

y las aves sin dueño,

con canto no aprendido,

hinchen el aire de dulce armonía.

Háceles compañía,

a la sombra volando

y entre varios olores

gustando tiernas flores,

la solícita abeja susurrando;

los árboles, el viento

al sueño ayudan con su movimiento,

¿Quién duerme aquí? ¿Dó está que no le veo?

¡Oh, hele allí! ¡Dichoso tú, que aflojas

la cuerda al pensamiento o al deseo!

¡Oh natura, cuán pocas obras cojas

en el mundo son hechas por tu mano,

creciendo el bien, menguando las congojas!

El sueño diste al corazón humano

para que, al despertar, más s’alegrase

del estado gozoso, alegre o sano,

que como si de nuevo le hallase,

hace aquel intervalo que ha pasado

qu’el nuevo gusto nunca al fin se pase;

y al que de pensamiento fatigado

el sueño baña con licor piadoso,

curando el corazón despedazado,

aquel breve descanso, aquel reposo

basta para cobrar de nuevo aliento

con que se pase el curso trabajoso.

Llegarme quiero cerca con buen tiento

y ver, si de mí fuere conocido,

si es del número triste o del contento.

Albanio es este que está ’quí dormido,

o yo conozco mal; Albanio es, cierto.

Duerme, garzón cansado y afligido.

¡Por cuán mejor librado tengo un muerto,

que acaba’l curso de la vida humana

y es conducido a más seguro puerto,

qu’el que, viviendo acá, de vida ufana

y d’estado gozoso, noble y alto

es derrocado de fortuna insana!

Dicen qu’este mancebo dio un gran salto,

que d’amorosos bienes fue abundante,

y agora es pobre, miserable y falto;

no sé la historia bien, mas quien delante

se halló al duelo me contó algún poco

del grave caso deste pobre amante.

¿Es esto sueño, o ciertamente toco

la blanca mano? ¡Ah, sueño, estás burlando!

Yo estábate creyendo como loco.

¡Oh cuitado de mi! Tú vas volando

con prestas alas por la ebúrnea puerta;

yo quédome tendido aquí llorando.

¿No basta el grave mal en que despierta

el alma vive, o por mejor decillo,

está muriendo d’una vida incierta?

Albanio, deja el llanto, qu’en oíllo

me aflijo.

¿Quién presente está a mi duelo?

Aquí está quien t’ayudará a sentillo.

¿Aquí estás tú, Salicio? Gran consuelo

me fuera en cualquier mal tu compañía,

mas tengo en esto por contrario el cielo.

Parte de tu trabajo ya m’había

contado Galafrón, que fue presente

en aqueste lugar el mismo día,

mas no supo decir del accidente

la causa principal, bien que pensaba

que era mal que decir no se consiente;

y a la sazón en la ciudad yo estaba,

como tú sabes bien, aparejando

aquel largo camino que esperaba,

y esto que digo me contaron cuando

torné a volver; mas yo te ruego ahora,

si esto no es enojoso que demando,

que particularmente el punto y hora,

la causa, el daño cuentes y el proceso,

que’l mal, comunicándose, mejora.

Con un amigo tal, verdad es eso

cuando el mal sufre cura, mi Salicio,

mas éste ha penetrado hasta el hueso.

Verdad es que la vida y ejercicio

común y el amistad que a ti me ayunta

mandan que complacerte sea mi oficio;

mas ¿qué haré?, qu’el alma ya barrunta

que quiero renovar en la memoria

la herida mortal d’aguda punta,

y póneme delante aquella gloria

pasada y la presente desventura

para espantarme de la horrible historia.

Por otra parte, pienso qu’es cordura

renovar tanto el mal que m’atormenta

que a morir venga de tristeza pura,

y por esto, Salicio, entera cuenta

te daré de mi mal como pudiere,

aunque el alma rehuya y no consienta.

Quise bien, y querré mientras rigiere

aquestos miembros el espíritu mío,

aquélla por quien muero, si muriere.

En este amor no entré por desvarío,

ni lo traté, como otros, con engaños,

ni fue por elección de mi albedrío:

desde mis tiernos y primeros años

a aquella parte m’enclinó mi estrella

y aquel fiero destino de mis daños.

Tú conociste bien una doncella

de mi sangre y agüelos descendida,

más que la misma hermosura bella;

en su verde niñez siendo ofrecida

por montes y por selvas a Diana,

ejercitaba allí su edad florida.

Yo, que desde la noche a la mañana

y del un Sol al otro sin cansarme

seguía la caza con estudio y...



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