E-Book, Spanisch, Band 140, 98 Seiten
Reihe: Poesía
De La Vega Églogas
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-187-3
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 140, 98 Seiten
Reihe: Poesía
ISBN: 978-84-9897-187-3
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Garcilaso de la Vega (Toledo, 1501/1503?-Niza, 1536). España. Los diversos documentos históricos arrojan dudas sobre la fecha y lugar de nacimiento de Garcilaso (García Laso) de la Vega. Se dan como fechas probables entre 1501 y 1503, y como lugares de nacimiento Toledo y Batres (Madrid), que fue señorío de su madre. Su padre, llamado también Garcilaso de la Vega, noble al servicio de la Corte de Enrique IV, luchó posteriormente en la conquista de Granada y ejerció como consejero y diplomático (en Roma) de los Reyes Católicos. Su madre, Sancha de Guzmán, era biznieta de Fernán Pérez de Guzmán, hombre de armas y de letras y tío del marqués de Santillana. Garcilaso tuvo seis hermanos: Leonor, Pedro, Fernando, Francisco, Gonzalo y Juana. En España se empezaba a crear el imperio de ultramar y la Inquisición era entonces muy activa contra los judíos y musulmanes conversos. Más allá de los Pirineos, crecía la organización y el poder de la Iglesia protestante, así como las ideas humanistas del Renacimiento. En la Península se produce el cambio monárquico que lleva a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón al trono, iniciándose la conquista de los últimos reductos musulmanes de Granada. Posteriormente, en 1517, Carlos V comenzará a reinar en España como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. En este panorama, Garcilaso, miembro de una familia enraizada en la nobleza culta y cortesana, recibió una buena formación, la cual incluyó el estudio de griego, latín, italiano y francés (el idioma oficial cortesano durante el reinado Carlos V). También fue instruido en la ejecución de instrumentos musicales como la cítara y el laúd, así como en las armas. Protegido de la casa de Alba, Garcilaso entra al servicio de Carlos V como continuo (vasallo con privilegios) hacia 1520, y más tarde se convertirá en uno de sus fieles hombres de armas y diplomáticos, acompañando a la corte en sus desplazamientos y al emperador en numerosas expediciones militares y políticas por España e Italia. Sin embargo, su hermano Pedro Laso entraría en desgracia al vincularse a los comuneros antiimperialistas, por lo que sufriría destierro en Portugal entre 1522 y 1526. Hacia 1522, en Valladolid, Garcilaso trabó estrecha amistad con el poeta y hombre de armas Juan Boscán, a quien se refirió en algunos de sus poemas (como en la Égloga II), y con quien participó en la expedición a Rodas, ese mismo año. En 1523, Garcilaso es investido caballero de la Orden de Santiago y obtiene nuevas prebendas y cargos más lucrativos. Le siguen unos años de expediciones militares en los Pirineos y el norte de España (recuperación de Fuenterrabía) y algún viaje al país luso, donde conoce a Isabel Freyre, dama de la infanta Isabel de Portugal. Se supone que Garcilaso mantuvo una relación amorosa con Isabel Freyre (según se desprende de la posible identificación de ésta con la Galatea y la Elisa de su Égloga I), y que, en cualquier caso, es esta mujer la que debió motivar gran parte de su poesía de amor y desamor, a lamanera de Petrarca con Laura y Dante con Beatriz.
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Égloga II
Albanio En medio del invierno está templada
el agua dulce desta clara fuente,
y en el verano más que nieve helada.
¡Oh claras ondas, cómo veo presente,
en viéndoos, la memoria d’aquel día
de que el alma temblar y arder se siente!
En vuestra claridad vi mi alegría
oscurecerse toda y enturbiarse;
cuando os cobré, perdí mi compañía.
¿A quién pudiera igual tormento darse,
que con lo que descansa otro afligido
venga mi corazón a atormentarse?
El dulce murmurar deste ruido,
el mover de los árboles al viento,
el suave olor del prado florecido
podrían tornar d’enfermo y descontento
cualquier pastor del mundo alegre y sano;
yo solo en tanto bien morir me siento.
¡Oh hermosura sobre’l ser humano,
oh claros ojos, oh cabellos d’oro,
oh cuello de marfil, oh blanca mano!,
¿cómo puede ora ser qu’en triste lloro
se convirtiese tan alegre vida
y en tal pobreza todo mi tesoro?
Quiero mudar lugar y a la partida
quizá me dejará parte del daño
que tiene el alma casi consumida.
¡Cuán vano imaginar, cuán claro engaño
es darme yo a entender que con partirme,
de mí s’ha de partir un mal tamaño!
¡Ay miembros fatigados, y cuán firme
es el dolor que os cansa y enflaquece!
¡Oh, si pudiese un rato aquí adormirme!
Al que, velando, el bien nunca s’ofrece,
quizá qu’el sueño le dará, durmiendo,
algún placer que presto desparece;
en tus manos ¡oh sueño! m’encomiendo.
¡Cuán bienaventurado
aquél puede llamarse
que con la dulce soledad s’abraza,
y vive descuidado
y lejos d’empacharse
en lo que al alma impide y embaraza!
No ve la llena plaza
ni la soberbia puerta
de los grandes señores,
ni los aduladores
a quien la hambre del favor despierta;
no le será forzoso
rogar, fingir, temer y estar quejoso.
A la sombra holgando
d’un alto pino o robre
o d’alguna robusta y verde encina,
el ganado contando
de su manada pobre
que en la verde selva s’avecina,
plata cendrada y fina
y oro luciente y puro
bajo y vil le parece,
y tanto lo aborrece
que aun no piensa que dello está seguro,
y como está en su seso,
rehuye la cerviz del grave peso.
Convida a un dulce sueño
aquel manso ruido
del agua que la clara fuente envía,
y las aves sin dueño,
con canto no aprendido,
hinchen el aire de dulce armonía.
Háceles compañía,
a la sombra volando
y entre varios olores
gustando tiernas flores,
la solícita abeja susurrando;
los árboles, el viento
al sueño ayudan con su movimiento,
¿Quién duerme aquí? ¿Dó está que no le veo?
¡Oh, hele allí! ¡Dichoso tú, que aflojas
la cuerda al pensamiento o al deseo!
¡Oh natura, cuán pocas obras cojas
en el mundo son hechas por tu mano,
creciendo el bien, menguando las congojas!
El sueño diste al corazón humano
para que, al despertar, más s’alegrase
del estado gozoso, alegre o sano,
que como si de nuevo le hallase,
hace aquel intervalo que ha pasado
qu’el nuevo gusto nunca al fin se pase;
y al que de pensamiento fatigado
el sueño baña con licor piadoso,
curando el corazón despedazado,
aquel breve descanso, aquel reposo
basta para cobrar de nuevo aliento
con que se pase el curso trabajoso.
Llegarme quiero cerca con buen tiento
y ver, si de mí fuere conocido,
si es del número triste o del contento.
Albanio es este que está ’quí dormido,
o yo conozco mal; Albanio es, cierto.
Duerme, garzón cansado y afligido.
¡Por cuán mejor librado tengo un muerto,
que acaba’l curso de la vida humana
y es conducido a más seguro puerto,
qu’el que, viviendo acá, de vida ufana
y d’estado gozoso, noble y alto
es derrocado de fortuna insana!
Dicen qu’este mancebo dio un gran salto,
que d’amorosos bienes fue abundante,
y agora es pobre, miserable y falto;
no sé la historia bien, mas quien delante
se halló al duelo me contó algún poco
del grave caso deste pobre amante.
¿Es esto sueño, o ciertamente toco
la blanca mano? ¡Ah, sueño, estás burlando!
Yo estábate creyendo como loco.
¡Oh cuitado de mi! Tú vas volando
con prestas alas por la ebúrnea puerta;
yo quédome tendido aquí llorando.
¿No basta el grave mal en que despierta
el alma vive, o por mejor decillo,
está muriendo d’una vida incierta?
Albanio, deja el llanto, qu’en oíllo
me aflijo.
¿Quién presente está a mi duelo?
Aquí está quien t’ayudará a sentillo.
¿Aquí estás tú, Salicio? Gran consuelo
me fuera en cualquier mal tu compañía,
mas tengo en esto por contrario el cielo.
Parte de tu trabajo ya m’había
contado Galafrón, que fue presente
en aqueste lugar el mismo día,
mas no supo decir del accidente
la causa principal, bien que pensaba
que era mal que decir no se consiente;
y a la sazón en la ciudad yo estaba,
como tú sabes bien, aparejando
aquel largo camino que esperaba,
y esto que digo me contaron cuando
torné a volver; mas yo te ruego ahora,
si esto no es enojoso que demando,
que particularmente el punto y hora,
la causa, el daño cuentes y el proceso,
que’l mal, comunicándose, mejora.
Con un amigo tal, verdad es eso
cuando el mal sufre cura, mi Salicio,
mas éste ha penetrado hasta el hueso.
Verdad es que la vida y ejercicio
común y el amistad que a ti me ayunta
mandan que complacerte sea mi oficio;
mas ¿qué haré?, qu’el alma ya barrunta
que quiero renovar en la memoria
la herida mortal d’aguda punta,
y póneme delante aquella gloria
pasada y la presente desventura
para espantarme de la horrible historia.
Por otra parte, pienso qu’es cordura
renovar tanto el mal que m’atormenta
que a morir venga de tristeza pura,
y por esto, Salicio, entera cuenta
te daré de mi mal como pudiere,
aunque el alma rehuya y no consienta.
Quise bien, y querré mientras rigiere
aquestos miembros el espíritu mío,
aquélla por quien muero, si muriere.
En este amor no entré por desvarío,
ni lo traté, como otros, con engaños,
ni fue por elección de mi albedrío:
desde mis tiernos y primeros años
a aquella parte m’enclinó mi estrella
y aquel fiero destino de mis daños.
Tú conociste bien una doncella
de mi sangre y agüelos descendida,
más que la misma hermosura bella;
en su verde niñez siendo ofrecida
por montes y por selvas a Diana,
ejercitaba allí su edad florida.
Yo, que desde la noche a la mañana
y del un Sol al otro sin cansarme
seguía la caza con estudio y...




