E-Book, Spanisch, Band 161, 166 Seiten
Reihe: Teatro
De Larra Don Juan de Austria
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-043-2
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 161, 166 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-043-2
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Mariano José de Larra (Madrid, 1809-Madrid, 1837), España. Hijo de un médico del ejército francés, en 1813 tuvo que huir con su familia a ese país tras la retirada de las fuerzas bonapartistas expulsadas de la península. Como dato sorprendente cabe decir que a su regreso a España apenas hablaba castellano. Estudió en el colegio de los escolapios de Madrid, después con los jesuitas y más tarde derecho en Valladolid. Siendo muy joven se enamoró de una amante de su padre y este incidente marcó su vida. En 1829 se casó con Josefa Wetoret, la unión resultó también un fracaso. Las relaciones adúlteras que mantuvo con Dolores Armijo se reflejan en el drama Macías (1834) y en la novela histórica El doncel de don Enrique el Doliente (1834), inspiradas en la leyenda de un trovador medieval ejecutado por el marido de su amante. Trabajó, además, en los periódicos El Español, El Redactor General y El Mundo y se interesó por la política. Aunque fue diputado, no ocupó su escaño debido a la disolución de las Cortes. Larra se suicidó el 13 de febrero de 1837, tras un encuentro con Dolores Armijo.
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Acto II
Casa de doña Florinda: cámara alhajada a la moruna
Escena I
Doña Florinda (acaba de vestir el traje de boda), Dorotea
DoroteaNunca más bella. (Haciéndose para verla.) Ni más apuesta.
FlorindaDi, nunca más dichosa, Dorotea.
Dorotea¿Qué va a decir don Juan, él que os veía ya tan hermosa con los lutos?
FlorindaCon todo, estaba bien triste entonces; mi pobre padre acababa de dejarme sola en el mundo.
DoroteaConmigo.
FlorindaSí, contigo, mi segunda madre, que no has cesado de velar sobre mi felicidad, que has sabido mantenerme en la fe de mis mayores, en esa fe a que he jurado eterna fidelidad entre los brazos de mi padre expirante.
DoroteaY bien os avino. El Dios de Jacob os galardona enviándoos un esposo de prendas tan aventajadas, mozo, galán, bien parecido, hidalgo, además, entre los hidalgos, y no en fin de esos que en estos tiempos afectan un exceso de religión más cruel que la propia impiedad.
Florinda¡Ah! ¿Por qué ha de querer mi desdicha que ese sea en él un mérito a mis ojos?
DoroteaSi no tuviera más que ese, señora, yo os compadeciera; pero generoso, cuanto noble y valiente como los Macabeos; desde nuestro viaje a Madrid me convencí de la falta que os hace un protector.
FlorindaEse viaje tú le dispusiste.
DoroteaCierto: no se habla de hacer nada para recobrar las sesenta mil doblas prestadas al emperador Carlos V por vuestro padre y...
Florinda¿Qué esperanza podíamos abrigar, después, sobre todo, de su abdicación?
DoroteaEn buen hora que abdicase su corona... ¡pero sus deudas! ¿No podríais escribirle a su retiro? profesaba buen afecto a vuestro padre, y, aunque fraile, ¿quién sabe si no sería agradecido?
Florinda(Sonriéndose.) ¿Piensas que un fraile ha de ocuparse de intereses de este mundo?
Dorotea(Arreglando las flores del peinado de su ama.) ¡Lindas flores! ¡Qué bien van a vuestro rostro! ¡cuán frescas y cuán lozanas!
Florinda¡Pero falsas, Dorotea!
DoroteaTanto mejor; eso más tardarán en marchitarse.
FlorindaFalsas como mi nombre, como mi dictado, como las ofrendas que tributo a Dios en los templos de los cristianos.
DoroteaBien podéis hacer sin escrúpulo lo que el noble Ben-Jochai, vuestro padre, hacía antes que vos: digo noble, porque le era de corazón; pero castellano en la iglesia bajo el nombre de Sandoval, judío en su casa con el suyo propio, supo vivir en paz con la Inquisición sin poner contra sí el Dios de Israel. Hizo bien en abjurar; todo era una restricción mental más o menos.
Florinda¿Pero engañar al objeto de nuestro amor?
Dorotea¡Volvéis a esa fantasía!
Florinda¡Oh! ¡siempre, siempre! al lado suyo, y lejos de él, esta idea me persigue como un remordimiento: ¡qué de veces quise confesárselo todo! detuviéronme unas veces tus razones: selló mis labios otras el temor de verme desdeñada.
Dorotea¿Qué importa que os quiera bien bajo el nombre de doña Florinda o bajo el de Sara?
Florinda¡Sara!... ese nombre fatal...
Dorotea¿Os sonrojaría?...
FlorindaNo a mí; pero no quiero que tenga que sonrojarle a él.
DoroteaRazón de más para ocultarlo.
Florinda¡Oh! no; hoy mismo lo sabrá.
DoroteaGuardaos bien de tal cosa; no habéis cruzado como yo el Zocodover de Toledo: no habéis visto los aprestos del auto de fe que ha de verificarse dentro de tres días. ¿Sabéis que sois perdida, que sois muerta, mi querida Sara, sí, y cruelmente, por poco que os sospechen de judaísmo?
Florinda¿Y quién habla de denunciarme? ¡Bien pudiera don Juan dejarme, pero venderme!! No lo pensaste, Dorotea...
Dorotea¡No, por vida mía!
FlorindaTodo lo sabrá.
Dorotea¿Aún? ¿Qué hacéis?
FlorindaEscribir a don Juan.
Dorotea¿Para qué, si le habéis de ver?
Florinda¿Y tendré ánimo para hablarle?
DoroteaDaos prisa, pues... (Yendo hacia la ventana.) ¡Oh! daos prisa, que él propio viene hacia esta parte. ¡Él es!
Florinda(Levantándose.) ¿Don Juan?
DoroteaEl mismo; ¡viérasle correr! Ya llega, háceme seña de bajar: gran muestra de gozo da su rostro.
FlorindaDorotea, ¿debo acabar esta carta?
Dorotea¡Ah! no, no... corro a abrirle, y os le traigo.
Escena II
Doña Florinda¡Guardar con todo un secreto que ha de amargar su dicha eternamente! ¡por un punto de flaqueza, un suplicio de todos los días, de toda la vida! ¡Oh! no, imposible. Pero si en el exceso de su amor... ¡ah! esta idea me quita la respiración. (Mirando al espejo.) ¡Paréceme sin embargo que no se ha perdido todo todavía!... ¡Si pudiese hoy parecerle mejor que nunca! ¡ah! cobremos ánimo... ¡aún espero!!!
Escena III
Doña Florinda, Don Juan, Dorotea
Juan¿Llego, por ventura, tarde?
Florinda¿Y cuándo no, don Juan?
JuanSi he de dar crédito a mi impaciencia, ¿decislo por mí o por vos?
FlorindaPor entrambos.
Juan¡Oh cuánto es dulce el oírlo! ¡Cielos! no habléis más: dejadme, señora, que os contemple.
Dorotea¿Y bien, señor don Juan? Esa es obra de mis manos.
JuanY de su belleza más. Más hechicera que nunca. ¡Os quedáis, Dorotea!
Dorotea¿Empezáis? Me sentaré a esta parte: pondré mis ojos en la labor, y el pensamiento a mil leguas de aquí. ¿Os estorbo aún?
Florinda¿No es mi segunda madre?
JuanPues lo queréis: ¡oh! y hoy confieso que lo ha merecido, si bien para embelleceros poco ha tenido que poner de su parte.
FlorindaAl menos le habéis dejado el espacio.
Juan¿Todavía? Sois injusta y cruel. Cosas han pasado hoy en casa de don Rodrigo, que a saberlas vos disculparíais mi tardanza. Ni espacio tuve de acudir a San Sebastián a deshacer la orden que había dado.
Florinda¿Qué decís?
Dorotea¡Don Juan!
JuanSí, mi bien; ¡no más misterio! nuestra boda no será ya secreta, sino en el altar mayor, con pompa y con ceremonia.
Florinda¿Consintió por fin don Rodrigo? ¿Podré mostrarme al público ufana con vuestro nombre?
Juan¡Mi nombre, hermosa Florinda! ¡ah! nada deseo como podéroslo ofrecer; pero, al haceros ese don, ignoro, por vida mía, si es rico o pobre el presente que os hago.
Florinda¿Cómo pues?
JuanNo soy hijo de don Rodrigo, y quien sea mi padre lo ignoro.
Florinda¿Habláis de veras?
JuanDe mí pende creerme un gran señor, según dicen, hasta llegar a ser un eminentísimo; pero lo que hay de cierto es que en el punto en que os hablo no soy nadie. Ved, señora, si confié ciegamente en vuestro amor. Vine tan tranquilo como si me fuera dado poner un reino a vuestras plantas, y en todo no puedo ofreceros sino la mano de un joven sin fortuna, sin familia tal vez, y cuyo único derecho a vuestra preferencia es un amor que hará la dicha o la desdicha de su vida.
Florinda(Levantándose.) Eso me basta: en vos no quise bien, don Juan, sino a vos mismo: yo sola os serviré de familia; y tocante a bienes de fortuna, ¿no tengo yo de más para los dos? ¿El resto qué os importa?
Juan¡Ah! no me engañé, Florinda, generosa Florinda. ¡Qué diera porque pudiera oíros en este instante el conde de Santa Fiore!
Florinda¿Quién decís?
JuanUn severo personaje, a quien debo, según dicen, un respeto filial: representa para mí a mi padre difunto, y de buen grado reconozco en él su autoridad.
Florinda¿Vos?
JuanCon tal que use de ella como mejor me convenga.
DoroteaEso es otra cosa.
JuanLo espero aquí.
Florinda¿Aquí?
JuanÉl ha de ser uno de mis testigos, y acaso el más importante. Su poder es mucho con el rey, y a vos deberé el secreto de mi cuna, que él solo puede revelarme, y su apoyo, que me tiene prometido.
Florinda¿A mí?
JuanNo os costará nada, bien mío. Basta con agradarle.
Florinda¡Cielos! ¿Qué decís?
DoroteaUn amigo del rey será devoto.
JuanSí, devoción de corte; sutil y acomodaticia. Hacedle buen recibimiento, granjead su afecto, y nada habré de temer por mí; sólo temblará por su dama, que es también...




