E-Book, Spanisch, Band 20, 62 Seiten
Reihe: Religión
de León Antología
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-012-8
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 20, 62 Seiten
Reihe: Religión
ISBN: 978-84-9897-012-8
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Fray Luis de León (Belmonte, 1527-Madrigal de las Altas Torres, 1591). España. Aunque nació en Belmonte (Cuenca), Luis de León se trasladó pronto a Madrid y, después, a Valladolid, debido a los traslados de su padre, noble que ejercía de abogado y consejero real. En estas ciudades inició su formación, y a los catorce años ingresó en el convento de San Agustín, en Salamanca, tomando votos de dicha orden en 1544. La vida de fray Luis de León transcurrió a partir de entonces en esta ciudad, donde se doctoró en teología, se graduó como catedrático (1560) y participó plenamente en la vida universitaria, así como en la defensa del castellano como lengua académica (hasta entonces la tradición casi prohibía el empleo de otras lenguas que no fueran las clásicas). Consiguió pronto ganar varias oposiciones académicas, y su vehemencia a la hora de expresar sus ideas le debió valer más de un enfrentamiento con algunas personalidades intelectuales eclesiásticas, incluso dentro de su propia orden. Una de estas disputas tuvo que ver con su defensa del texto hebreo de la Biblia, cuestión que, en los dogmáticos tiempos de contrarreforma que corrían, era casi una violación del concilio de Trento, el cual ordenaba atenerse en todo a la traducción en latín de las Sagradas Escrituras elaborada por san Jerónimo (la Vulgata). El interés de fray Luis de León en la versión hebrea de la Biblia se cifraba en cambio en su gran valor como texto de mayor antigüedad y, por lo tanto, más fiel al original; pero esta filiación hebraica y su talante innovador en lo teológico le acarrearon dificultades y acusaciones cercanas a la herejía. También encontró problemas debido a su traducción comentada al castellano del Cantar de los cantares, que no llegó a publicarse pero que circuló en ámbitos universitarios. Como consecuencia del acoso y derribo ejercido por sus enemigos, fray Luis de León sufrió cautiverio entre marzo de 1572 y diciembre de 1576. Privado de libertad, así como de libros, fray Luis de León escribió su Exposición del Libro de Job, con finales de capítulo versificados a modo de resumen. Quizá éste era un anuncio de su definitiva decantación por la poesía, la cual vino acompañada, tras su absolución, por la recuperación triunfal de la cátedra. De este episodio han quedado dos inmortales recuerdos: el primero es su décima 'Aquí la envidia y mentira / me tuvieron encerrado...' y la segunda la famosa frase 'Decíamos ayer...', que se le atribuye como apertura de sus clases tras cinco años de haber estado apartado y prisionero de la Inquisición. Tras su rehabilitación, fray Luis de León ganó nuevas cátedras, la última de las cuales fue la de Biblia, en 1579, y también tuvo nuevas denuncias inquisitoriales en su contra, que no prosperaron. En el momento de su muerte, acaecida el 14 de agosto de 1591, se encontraba redactando una biografía de santa Teresa de Ávila, cuya obra había revisado para su publicación. Sus restos fueron enterrados en la Universidad de Salamanca, a la que dedicó prácticamente toda su vida.
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Traducción y explicación del Salmo 41
Quemadmodum desiderat cervus, etc.
1. Como la cierva brama a los arroyos de las aguas, ansí mi alma brama a ti, Señor.
2. Sed tuvo el alma mía del Señor, del Fuerte, del Viviente. ¿Cuándo vendré y aparesceré ante las faces del Señor?
3. Fue mi lloro a mí pan de día y noche, en decirme cada día: ¿Dó es el Señor tuyo?
4. Acordéme de esto, y derramé mi alma en mí, de que anduve en compañía; anduve paso ante paso con ellos hasta la casa del Señor, en voz de alarido y de alabanza, y en estruendo de danzas.
5. ¿Por qué te encoges, por qué bramas en mí, alma mía? Espera en el Señor, que aun le agradescerá las saludes de las sus faces.
6. ¡Dios mío! Mi alma se encoge en mí, en ansí membrarme de ti en tierra del Jordán, y de Hermonim en el monte Mitzehar.
7. Un piélago vocea a otro piélago con voz de tus canales: todas tus avenidas y tus olas sobre mí han pasado.
8. Dios [habrá que] mandará Dios su misericordia, y [agora] en [esta] noche su cantar conmigo: oración [haré] a Dios de mi vida.
9. Diré a Dios: «Fortaleza mía, ¿por qué me olvidas? ¿Por qué me trae vestido de duelo el perseguirme el enemigo?».
10. Matador [cuchillo] en mis huesos es haberme escarnecido los mis enemigos, diciéndome cada día: ¿Dó es el Dios tuyo?
11. ¿Por qué te encoges, alma mía, y por qué bramas en mí?
12. Espera en el Señor, que aun le bendeciré, diciendo: «Salud es de la mi cara, y mi Señor».
Explicación
1. Como la cierva brama a los arroyos de las aguas, ansí mi alma brama a ti, Señor.
Muchas veces en los profetas se despertaba el espíritu de lo que acaso les sucedía; como aconteció a Samuel cuando, tirándole Saúl del manto, se le rasgó, y vuelto a él de improviso, le dijo: De la misma manera apartará Dios tu reino de ti. Y ansí lleva camino, que los bramidos de los ciervos, que con sed buscaban el agua y le venían a los oídos a David en aquel desierto donde andaba, levantaron su pensamiento para que mirase más en la grandeza de su deseo; y comparando la sed de los ciervos con su fatiga, conociese y dijese que no era menor ansia la suya, por volver a la casa de Dios, que la de los ciervos por el agua.
Demás de que es natural, cuando el ánimo de alguno arde en afición, todo lo que ve y se le ofrece, traerlo a su propósito, declarando y encareciendo con ello lo que siente. El original hebreo dice en ambas partes bramará, de tiempo futuro, de que los hebreos usan algunas veces en lugar del presente.
Los arroyos. La palabra hebrea significa el agua que desciende de lo alto con ímpetu y sonido, cuales eran las que corrían por donde an daba David, que como lugares en riscados y montuosos, se despeñaban de las cumbres con estruendo, y corrían con gran ligereza.
2. Sed tuvo el alma mía del Señor, del Fuerte, del Viviente; ¿cuándo vendré y paresceré ante las faces del Señor?
Dijo que bramaba por volver a la casa de Dios dice agora de que nacía éste su bramido, y es que tenía sed de Dios, como el ciervo del agua; en lo cual muestra que su deseo es muy grande. Porque la sed, ansí como cuando se enciende en el cuerpo, pasa de deseo y es una manera de rabia que no sufre tardanza, ansí en la Sagrada Escritura, cuando se pone en el ánimo y se dice de las cosas que se apetecen y consiguen con sólo el espíritu, es encarecimiento de un deseo ardentísimo y que saca el alma de todos sus quicios. Como se puede entender de lo que dice Amós: Días vendrán, dice el Señor; enviaré hambre en la tierra; no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra del Señor. Y Cristo en el Evangelio: Bienaventurados son los que tienen hambre y sed de justicia.
Dice, pues, David que deseaba incomparablemente a Dios; esto es, verse restituido de su reino, y vuelto pacíficamente al lugar y casa donde le servía y honraba. Y de muchos nombres que da a Dios la Sagrada Escritura, nómbrale en este lugar señaladamente con tres diferentes, los cuales, según la lengua original, suenan Juez, y Fuerte, y Vivo; y esto porque, según el estado en que David estaba entonces, era lo que más había menester. La justicia de Dios, para que conociese del agravio que le había hecho Absalón, su hijo, rebelándose contra él; su fortaleza, para que con ella deshiciese las fuerzas de sus contrarios, que estaban muy pujantes; y el Señor Dios vivo, y, autor y fuente de vida, para que con ella sustentase la de David, a quien por mil partes cercaba y rodeaba la muerte. Y porque al deseo grande todo se le hace tarde, y por natural concierto tras desear mucho una cosa, se sigue luego el tratar que se abrevie y se apresure el término de ella, por eso añade diciendo: ¿Cuándo iré y paresceré ante las faces del Señor? Esto es, ¿cuándo tornaré al lugar do se muestra como presente su divinidad, respondiendo a lo que se le pregunta, y haciendo y recibiendo los servicios que con cantos solemnes y con sacrificios se le hacen? El cual lugar era la casa y tabernáculo adonde estaba el arca del señor.
3. Fue mi lloro a mí pan de día y noche en decirme cada día: ¿Dó es el Señor tuyo?
Dice otra cosa: que en aquel su destierro y en el deseo que tenía de verse fuera de él, le fatigaba mucho más que el mismo deseo; y es que las gentes que le veían tan confiado de Dios y tan desamparado de él, a lo que parecía, escarneciendo de su fe como de pensamiento vano, le preguntaban qué se había hecho de su Dios, y que si era aquél el galardón que le daba por sus servicios.
Lo cual sentía el sancto Rey a par de muerte, ansí porque ponían flaqueza en su fe, que era el fundamento en que estribaba toda su restitución y remedio, como porque menoscababan el honor y reputación de Dios, condenándole o por flaco o por desagradecido.
Y ansí dice: Aunque es incomparable el deseo de ti, Señor, y aunque siento gravísimamente tu esencia; pero sin comparación es muy mayor el dolor que causa en mí el desacato que se hace a tu honra cuando los hombres con sus desconfiadas preguntas quieren poner flaqueza en mi esperanza y falta en tu verdad. Esto me atormenta y me quita el dormir y el comer, y en lugar de dar reposo y sustento a mi cansado cuerpo, me derrito en lágrimas de día y de noche.
Y tras esto, porque es cierto a los que están con pena y dolor de alguna cosa, ofrecérseles luego al pensamiento mil cosas, que les dan grande y nueva pena, y convertir en materia de más dolor todo lo que les viene delante, como el cuerpo flaco y enfermo, que todo le duele y le ofende; por esa causa al ánimo apasionado y como enconado de David, no solamente le fatigaban las palabras atrevidas de los otros, sino también su misma memoria le ofendía y entristecía.
Y ansí dice:
4. Acordéme de esto, y derramé mi alma en mí, de que anduve en compañía; anduve paso ante paso con ellos hasta la casa del Señor, en voz de alarido y alabanza, y estruendo de danzas.
Este lugar se declara diferentemente. Algunos dicen que derramar el alma es ensanchar el corazón con gozo y alegría; y que ansí David en este verso pone el remedio de que usaba para aliviarse y consolarse, cuando más le apretaba el dolor de sus trabajos; y el remedio era que, como él estaba confiado de Dios, que le había de restituir en su reino para alivio del mal que de presente padecía, traía a la memoria y ponía como delante de sus ojos aquel día. Y imaginábase ya cómo entraba en Jerusalén, cercado de una suma innumerable de gentes, parte que tenían con él, y parte que le salían a recibir, y que todos le hacían gran fiesta; y que ansí acompañado con todos —la que en tales casos solía hacer el regocijo público y el deseo de contentar a su Rey—, iba al templo de Dios a hacerle gracia por su restitución, y con este pensamiento aliviaba su pena.
Esta sentencia no es de este lugar; porque el derramar el ánima, o, como dice la lengua original, saphak naphes, en la Sagrada Escritura no hace significación de alegría, sino de tristeza y compasión, que con su fuerza rompe el corazón y le deshace, como que le despide y le derrama por los ojos vuelto en lágrimas. Dice Jeremías en sus lloros hablando con los pocos que habían quedado vivos después de la destrucción de su pueblo: Vierte lágrimas como arroyos de día y de noche; no descanse ni calle tu niñeta; levántate de noche y lamenta la primera vela; derrama como agua tu corazón ante las faces del Señor; alza tus manos a Él por la muerte de tus pequeños, los cuales perecieron de hambre en las plazas y en las calles.
Y conforme a esto, David en todo lo que hasta agora se ha dicho en este lugar, también va por menudo haciendo memoria de sus males, los que en aquel destierro le atormentaban. Al principio dijo cuánta era su ansia por andar ausente de la casa de Dios y de su presencia; después añadió el dolor que le daban los que hacían burla de su confianza; agora dice cuánto le atormenta la memoria de su felicidad pasada, que, comparada con el estado y desventura presente, le era causa de gravísimo desconsuelo.
Y nasce lo uno de lo otro naturalmente, porque cierto es que la experiencia del mal que se padece, despierta la memoria del bien que se poseyó y ya no se posee; y ansí dice que, entre todas sus desventuras, le deshace el corazón y se le vierte por los ojos vuelto en abundantísimas lágrimas, el acordarse de cuanto seguramente poseía lo que agora perdidamente desea; de cuando en las fiestas que hacía a Dios, iba a su sancta casa, como se suele ir en semejantes fiestas; iba despacio, con concierto, dando loores a Dios con cantos y haciendo otras demostraciones de...




