De Molina | Celos con celos se curan | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 232, 132 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina Celos con celos se curan


1. Auflage 2019
ISBN: 978-84-9897-142-2
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, Band 232, 132 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-142-2
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En Celos con celos se curan, de Tirso de Molina, el amante se enamora de una dama esquiva y para seducirla finge indiferencia. La dama se somete y pretende ser la esposa del amante... La obra es una loa al amor por lo inaccesible. En Celos con celos se curan el desdén parece ser la mejor arma para conquistar a la persona amada.

Tirso de Molina
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Jornada segunda


(Salen César y Carlos de luto mediano, y acompañamiento.)

César Yo estoy reconocido

a la lealtad y amor con que ha venido

la ciudad a ofrecerme

la corona ducal y a entretenerme

en las ostentaciones

festivas, que en aquestas ocasiones

a mis antepasados

dejaron aplaudidos y obligados.

Obsequias funerales

sentimientos de amor piden iguales;

que con honras funestas

no dicen, caballeros, bien las fiestas.

Cumpla el culto divino

en primero lugar con mi sobrino

y después darán muestras

con regocijos las lealtades vuestras;

que juzgo por azares

eslabonar placeres con pesares.

[Cortesano] Alabe en vuestra alteza

Milán la discreción con la grandeza

y llámese dichoso,

señor que es heredero generoso

no solo deste estado

de las almas también, que en tanto grado

rinden agradecidas

a dominio de amor feudo de vidas.

(Vanse los [cortesanos].)

César Cúbrete, Carlos, agora.

Carlos¿Yo, señor?

César En la igualdad

dijiste que la amistad

consistía; no lo ignora

quien si en público pudiera

hacer que te respetaran

todos y a mí te igualaran,

mi mismo poder te diera.

Cuando estás solo conmigo

indistinto de mí te hallo;

sé en público mi vasallo,

pero en secreto mi amigo.

Cúbrete.

Carlos Servirte gusto.

César No digas servir aquí.

CarlosCumplo tu gusto.

César Eso sí;

no sirve, sino hace el gusto

de su amigo quien merece

tal nombre. Duque soy ya;

gozoso Milán me da

su corona y me obedece.

No me has de juzgar ingrato,

también tú has de ser marqués

de Monferrato.

Carlos Los pies

te beso. Mas Monferrato

ya es pequeño para mí;

pues si con nombre de amigo

soy una cosa contigo,

distinguiéndome de ti

de ese modo, no podrán

darme título de cuerdo

los que ven que marqués pierdo

el ducado de Milán.

César Bien arguyes; serás pues

por ese mismo respeto

duque conmigo en secreto,

pero en público marqués.

¿Cómo te va con tu dama?

CarlosMás a mi gusto se inclina

a mis ruegos.

César Si adivina

amor, profética llama,

Carlos, que eres ya marqués

de Monferrato, no dudo

que lo que tu amor no pudo

pueda en ella el interés.

¡Ojalá hiciera la mía

otro tanto! Esta mudanza

crece en mí desconfianza:

¡Amor, ciega tiranía!

No me puedo persuadir

que mujer que me desdeña

por ocasión tan pequeña

como es el verme asistir

a tu amistad tenga amor.

CarlosSi hasta agora no heredado,

dueño suyo te ha llamado,

siendo de Milán señor

¿quién duda que este respeto

grados a su amor añada?

César Quien cual yo se persuada

que es la mujer un sujeto

tan leve y sin fundamentos

que en su varia confusión

reinan, ciega la razón,

efímeros pensamientos.

Jardín de diversas flores

que con inconstancia vana

nacen hoy, mueren mañana.

Desta suerte sus favores

logra cualquier voluntad

que en mujer los vinculó,

y por esto se llamó

hermosa la variedad.

(Sale Gascón.)

Gascón Aunque los que ejercitamos

ministerios inferiores

ni hablamos con los señores

ni retretes profanamos

—el uso, excepción de leyes,

que en las comedias admite

porque el vulgo lo permite

hablar lacayos con reyes—

esta vez, que por ser una

se me puede tolerar,

subo, gran señor, a dar

plácemes a tu fortuna.

César Admítolos. Yo os haré

mercedes; andad con Dios.

Gascón«¿Os haré?» y «¿andad?» ¿Ya es vos

lo que tú hasta agora fue?

Pues, vive Dios, que hubo día,

aunque des en vosearme,

que de puro tutearme

me convertí en atutía.

César Gascón, tu estancia es abajo;

vete y despeja.

Gascón Eso sí;

tú por tú, «vete» de aquí,

y no «andad» con tono bajo,

que esto de vos me da pena.

Voyme; pero si te agrada

daréte yo una embajada

de la marquesa Sirena.

César ¿De quién?

Gascón No sé yo si amor,

si desdén, si celibato,

me dio el cargo en breve rato

de lacayo embajador.

Dejéte con ella hablando

a los ribetes del río

y cumpliendo un desafío

del cochero estaba dando

un rentoy, cuando escuché

entre música festiva

decir: «¡César duque viva!».

Alegre el naipe solté,

y viendo que en busca tuya

se despoblaba Milán,

salto como un gavilán

y luego todo aleluya

creyendo hallarte con ella,

—conocíla por las faldas—

vi a un hombre por las espaldas:

El placer ¿qué no atropella?

Los ojos me encantusó;

que era mi duque entendí,

las albricias le pedí;

pero al punto que volvió

la cabeza, en testimonio

de lo que es una mujer,

llegué a ver —y qué mal ver—

tan privado a Marco Antonio

que con el favor ufano

que la señora le dio

con los labios la ensució

las espaldas de una mano.

César ¿En la mano de Sirena

labios Marco Antonio?

Gascón Sí.

Perdón cortés le pedí

y él, en lo hinchado ballena

si en los méritos mosquito,

me dijo: «Sois un grosero».

Respondíle: «Caballero,

yo aquí ni pongo ni quito;

nací a oscuras y he quedado

grosero de conyunturas;

que madre que pare a oscuras

¿cómo puede hilar delgado?».

Quise dejarlos, mas luego

que la marquesa advirtió

ser ministro tuyo yo

me manda que aguarde; llego

a ver favores amantes

y miro que la Sirena

le echó al cuello una cadena,

si no banda, de diamantes.

César ¿Qué dices, loco?

Gascón Una banda,

vive Dios, que vi a tu pecho

mil veces; y él, satisfecho

de necio, oye que le manda

que viniendo a visitarte

cuando en tu presencia esté

muy corto y tibio te dé

un recaudo de su parte,

sin más encarecimientos

ni muestras de regocijo;

porque a aquesto obligan —dijo—,

enfadosos cumplimientos.

Despidióse y luego escucho

que dijo con tierno afecto:

«Correspondedme discreto

y advertid que os quiero mucho.»

Porque vean lo que son

las mujeres, aunque sean

marquesas, y porque vean

la medra de su...



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